Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

jueves, 24 de mayo de 2018

Tedéum...

Me hago silencio y suplica 
postrada a los pies de la Cruz. 
Eres Tú, Mi señor, 
quien da luz en medio de la oscuridad, 
quien cuida de mi piel lastimada, 
de mi razón consentida, 
de mi sentimiento abierto. 

Ante Ti, 
ruego sin llanto, 
la fe de Tu iglesia 
en el altar de mi cuerpo. 

Te imploro la dicha de serTe. 
Conjugación de mi carne sometida para Tus propósitos, 
bendecida en Tu noche,
enardecida entre cintas bermellones, 
entre quejidos y susurros embastados por saliva 
adormecidos con mandril y ronzal. 

Señor, 
invoco Tu misericordia, 
la benevolencia de Tu Alma impresa con la mía. 
Y haz en Mí según dispongas.


 Oración de Pecado


viernes, 18 de mayo de 2018

Senza tempo...


Vibra Chopin en ese Nocturno op.9 No.2. Cada juego de notas es el paseo de tus dedos sobre mi piel, como partitura invidente donde solo el tacto y el sentido pueden hacer fruto en el deseo. Respiro hondo, evocando un aliento de tu boca con el que envolverme y perderme en el fondo de tu garganta como esclava del sediento. 

Te haces cruz en mi pecho en el instante mismo en el que las notas hacen un baile de guirnaldas y levitan sus huellas en el espasmo que produce el roce de tus labios al principio de mi izada, rubato donde el latido se vuelve vértice… y vórtice en un arabesco que seduce como el viento sobre las arenas o como la espuma de mar al atavío de una caracola o al estropicio de mil sirenas en el borde del acantilado.


Crepitan las ansias del artista, ab libitum, sobre la sinalefa de blancas y negras que devoran mis aristas. Se apasionan al ósculo negro donde el bosque se abre entre los humedales henchidos de gozo, y las mariposas, regias de musgo, exudan su alegría en la complacencia impetuosa de tus manos… 
Y vuelan los pájaros, tus ojos y mis ojos, en el intenso amanecer de este tapiz de carne y aires, de miradas y fuego de palabras hilvanadas desde la comisura de tus besos hasta el frunce profundo de mis entrañas. Se hacen halcones de vuelo sin fin, echando raíces que abren el alma de este intenso momento donde arreciamos como tormenta en el desatino de mil violines sobre la organza de un piano que se alborota y gime atrapado en la cima de mi vientre. 

Suena Chopin en el alabastro de tus dientes, andante sostenuto, arreciando mis pulsiones, donde braman exhaustos los delirios de mi pecho y cabalgan con estigmas tus ansías de cordura. Y en la nota final nos hacemos chaparrón, una brevería en estampida, un ultimátum al desvarío, un senza tempo como espegios mudos, poesía en do mayor, un eco al silencio roto de tu carne profanada en mi carne y en la erección arrebatada de tu sacrificio a mi ofrenda...



viernes, 11 de mayo de 2018

La gata sobre la butaca...


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Pude mostrarme fría, serena siempre, ubicada en aquella parte de la biblioteca. Oía de fondo el sonido del teclado machacado por Sus dedos, como si tuviera prisa... No sé si por acabar o porque la inspiración Le dominaba. Yo pasaba las páginas de mi libro con parsimonia, enfrascada en el deleite de la lectura... pero no en la de esas letras sobre blanco roto, sino de las líneas que pasaban por mi mente como fotogramas de película.

Y es que semidesnuda, bajo el foco de lectura, engarzada únicamente en esas medias negras a medio muslo, me sentía la protagonista de un cuadro de esos de coleccionista, presto solo a los ojos de su mentor, de su dueño.
Había bajado la escalera dejando señal del sonido de mis tacones. Mi cuerpo se iba adivinando conforme se reducía el número de escalones. Cuando pude alcanzar Su mirada, esta estallaba de deseo, y pensé en sus deseos, los oscuros, esos que yo descubría incluso ante de que los pensara pero solo Él podía llevarlos a cabo. Recobré el sentido de mis nalgas sonrosadas al paso de Su palma. Soy delicado, me había dicho cuando tras la primera caricia, llegó Su mano de forma intensa para, a continuación, volverse de nuevo un tibio roce. Solo que cuando ya eran unos cuantos la caricia casi picaba tanto como la palmada… Y sí, en mi intencionado francés, Le pedía más: “Oui, Monsieur”. No sé si me gustaba a mí más que a Él.

Y como si tuviera que pensar, yo, abandonaba Él su destino para recobrar la siguiente tarea. Lo hacía adrede. Era como impulsar mi adrenalina. Después venía la sutileza. El recorrido compacto de su boca y sus manos de modo alterno o simultáneo sobre mi piel, perdiéndoSe en ella pero sabiendo muy bien qué hacía y cómo. 

Todo aquello producía en mí un anhelo que fingía entre mis piernas como el traqueteo de sus dedos sobre el teclado. Me podía la curiosidad. Deseaba mirarle y desnudarle ante mis ojos para devorarle caricia a caria, con lentitud y lascivia, con toda la intencionalidad… Que sobre el escritorio me quedara expuesta, abierta encarne y alma a las delicias de sus deseos (míos), sentir el filo de su lengua en el borde de mis pezones, sus yemas estrujando sus sentidos, haciéndome retorcer de gusto (y de dolor) sin dejar de retarle con la mirada. Y esos toques de realidad a mano alzada, como la maza de un juez proclamando un receso, receso que no se me permitía a mí ni aún condenada a la libertad de los instintos. Mis piernas, las torres de Hércules sodomizadas. Mi centro, las fuentes del Nilo en medio de los vergeles. Los labios henchidos y la perla… penitente… enfundada en su saliva, sometida a los vaivenes de sus dedos en espiral…
Sentía la humedad fluyendo de mí… Ahí quieta, sobre la butaca, bajo el flexo de lectura, con el libro en la mano, en la infinita página del deseo… y exhalé un gemido…

Veo que Mi gatita se muestra inquieta, me dijo con esa voz ronca y sensual que pone cuando está dispuesto a todo, cuando el siguiente paso no es la calma, pero sí la imperturbabilidad y Su obra, Su hacer… hasta que, desbordada en tanta lujuria, con Su voluntad planeada, dibujada y proyectada en mí, es capaz de impedirme ser agua, ahogarme en mi sed y en mi necesidad…- Sé qué precisa para calmarse...


domingo, 6 de mayo de 2018

Bendita Tu Ramera...

Nuestras salivas fluyeron sobre la lengua del otro y tus caderas empezaron a subir y bajar con más ritmo, con más fuerza, con más intensidad… Entrabas fácilmente… O era yo quién se aventuraba a tenerte fuera. Mis fluidos se expandían por mis cauces más oscuros, disfrutando del roce de tu verga al abrigo de mi entrepierna. Y… sorprendiéndote, la abrazaba desde lo más profundo de mi caliente y húmedo coño. Mis caderas subían, las tuyas bajaban en una armonía perfecta, a una velocidad adecuada, más rápida que lenta al final como el fruto del ansia ante el hambre y la sed.


Tus manos se agarraron a mis pechos y te lanzaste sobre uno de mis pezones. Jugaste primero como el cachorro que mide. Lamiste con la delicadez de quien degusta un manjar. Mamaste. Arañaste. Retorciste. Mordiste… y reptaste hasta el infinito de mis centros, alimentándote de mí, jugando a enredarte con tu lengua entre los pliegues de mi piel, a volverme loca en una danza donde mi espalda era el arco de triunfo y mis dedos las arpías que buscaban tu piel, llenándome de los que precisabas para bombear en mi interior, para sacar todo mi jugo y derramar el tuyo… como quien descorcha una botella del mejor vino sin importarle más que el hecho de paladearlo y quedarse con el regusto que le haga recordar y desear. 


Te atrapé entre mis piernas. Te hice esclavo de mi deseo en la libertad del tuyo. Quería tenerte en mí, hacerte sentir mi Dueño Absoluto, sucumbir al delirio supremo del sabor, del olor… de la carne. Y sé que te gusta que sea así: una perversa leona que juega contigo a dulce gatita, una hembra que pierde las vergüenzas, y, desinhibida, indecente… se revela de tú a tú, siendo bendita Tu Ramera. 

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.