Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

miércoles, 18 de julio de 2018

Redención...

Inmaculada y cerúlea el alma que, 
candente, 
espera su agua. 
Fiel el destino que embiste 
desde las manos de Tus Demonios 
y la Gracia de Tus Ángeles, 
con el valor de la Entrega postrada a Tus Pies, 
con el gemido eterno del último quejido, 
enhebrado como hilo de espuma 
en los bodoques de mi garganta. 

Acantilados purpúreos en los vórtices de mi piel,
en las aristas de mi cuerpo, 
egregios los sentidos que me elevan a la bendición de Tu Dogma. 
De Tu Calma consagrada a esta ventura. 
Mujer de Tu Sino. 
Oratoria de Tu Carne. 

Sea en Ti, Mi Señor,
la redención de mi Ser.


jueves, 12 de julio de 2018

Lujuriosa Santidad...

El vaho cubría el espejo. Mi cuerpo se mostraba semidesnudo ante Sus Ojos, envuelto, así, en un halo de lujuriosa vanidad. La erección de mis pechos era tan prominente como la de su sexo. Mi respiración era la calma contraria a Sus pálpitos....y mis dedos eran el pincel que recorrían un paisaje húmedo, tibiamente desbocado sobre anhelos de deseo.

Mis pensamientos eran una cascada de fuego sublevado sobre la carne, resarcidos de miedos y laceraciones, emergiendo sudorosos como estigmas nacientes de sus manos, del principio consentido de quien entiende que ante Él solo un demonio bendecido podría doblegarse. 

Así era mi cuerpo, un demonio doblegado, ungido de voluntad propia, penitente de las caricias ardientes que se zambullían en las entrañas como crucifijo, sacralizando mis aguas, expulsando la oscuridad perversa para encenderme en el altar donde se veneran a los santos y a las vírgenes... 

Percibía Su voz... tenue, ronca, sumergida en una pasión incitada, como un rezo honrando cada uno de mis gestos, exultando mis carnes en una continua espiral de idas y venidas, de emociones conmensuradas, al antojo de Su Señorío. 


viernes, 6 de julio de 2018

Hembra de Su Evangelio...


Me abrazo a mi propia desnudez, la del cuerpo y la del alma, la de la mente despierta cuando Sus Manos han dejado de tocarme pero todavía las siento, cuando en mi boca aún duermen los últimos besos que airearon Su Boca, cuando Sus Ojos, ebrios de deseo, siguen recorriendo mi cuerpo que, sediento de Él, se respira mariposa. 

Esquirlas de fuego desprendidas de Su Aura se clavan en cada poro de mi piel reventando esta calma que me hace temblar de anhelos, de insuflados placeres que desvirgan mis sentidos una vez más mientras mis adentros, desde mis centros, claman aún corpúsculos de Hembra que fraguan en llama viva. 

Él, condescendiente, observa con orgullo el hecho de Su Obra, prendido de celo ante mi complacencia, sabiéndose Dueño y Señor de cada uno de mis sentimientos, de los tesoros que esconden mis entrañas, de los hechizos que nacen de mis pensamientos, de los gestos y dedicatorias que embeben Su Hombría, carne y ánima, y que custodia como reliquias sagradas al amparo de Su Voluntad. Y yo, que soy de Él, derramo el crepúsculo de mis dones que ansía ser devorado por el mundo como manjar decapitado de espinas. Paciente y Maestro, ordeña la luna de mi esperanza, tendida copa de luminosa esencia con el dolor de Su Evangelio.




lunes, 2 de julio de 2018

Nos tradīmus...

Me incliné... 
como se inclina la rama ante el peso de sus frutos. 
Me rendí... 
como se rinde él enemigo ante la estrategia de la batalla. 

Sus manos se hicieron fuego candente al abrigo de mi carne, abierta y profunda, cedida al placer oscuro de una guerra mil veces premeditada de otros mil embates custodiados, y mi humedad se hizo serena cuando sus huestes partieron mi campo de batalla en gemidos convulsos. 

Mis manos tallaron arrugas a la piel de las sábanas y mi boca, sedienta y hambrienta, jadeaba su nombre en plegaría. Una y otra vez, en cada embate, en cada sepultura de su obra, en cada chasquido de sus manos sobre la curva de mis reveses... Y yo, comulgada en esa plenitud, cedía, tantas veces más, a su voluntad de serme en carne y llamas... deseo concedido. 


Nos  tradīmus - Nos entregamos

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.