Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

jueves, 14 de febrero de 2013

Amantes...

Tras toda una noche sin dormir pensando en que ocurriría, al fin llegó la luz del día… Momentos de incertidumbre y minutos que pasaban... Y todo  seguía igual… Parecía que todo iba a salir mal pero tan sólo era una escena de esas películas de adolescentes.
Para no levantar sospechas, salí a la calle antes de tiempo para ir a buscarte. Cada día que nos encontrábamos cambiaba la ruta. Hoy decidí ir calle arriba después de mirar calle abajo. El punto de encuentro era siempre el mismo a pesar de todo. Y allí, en mitad del camino, justo en la esquina, venías tú hacia mi. Y como siempre, después de nuestro primer encuentro, sin mediar palabra alguna, sólo con tu sonrisa como presentación, te lanzabas para abrazarme. Benditos sean tus abrazos y maldito el tiempo que no nos deja estar así eternamente.

Llegamos a la cafetería. El camarero sonrió al vernos. No éramos habituales más que en nuestros secretos encuentros. El lugar estaba tranquilo. Unos cuantos hombres al final de la barra; un par de ellos nada más entrar; y un grupo de mujeres sentadas a una de las mesas. Cada vez que nos veíamos me parecía increíble. Recuerdo el primer día. No fue el mejor. Demasiados nervios, demasiadas inquietudes, demasiados temores... Dos adultos sin miedo a comportarse como adolescentes: las miradas, los guiños, tu mano buscando la mía, tu caricia en mi mejilla... Los besos. Ahora ya no nos conformábamos con aquel café. Habíamos superado el primer eslabón y ya nada parecía que nos podía detener.

- ¿Nos vamos, princesa? - Me encanta que me llames así. 

Llegábamos al lugar donde nos encontrábamos a solas. Una bonita habitación de un hotel coqueto. Sí, era evidente nuestra relación pero sin explicaciones, cabían dudas. Y las dudas no eran nuestras. No podía creerme que estuviéramos allí de nuevo... A solas. Los dos sentados al borde de la cama. Había un silencio roto tan solo por el fuerte latido que sentía de mi corazón. Tus ojos brillaban, tus manos se inquietaban... Todo acababa siendo siempre sinónimo de que mis labios estaban pegados a los tuyos... Y comenzamos a besarnos...

Segundo tras segundo, porque no dábamos tiempo a que se sucedieran los minutos, la ropa iba cayendo al suelo porque iba haciendo más calor. A más desnudez, más fuego. Los besos aumentaban de ritmo, de situación... Y nosotros en nuestro papel. Somos amantes, es cierto, pero en el fondo, algo más. Hoy te iba a martirizar yo aunque sabes que mis torturas van siempre empasteladas. Te vendé los ojos y me vestí de lujuria y perversión. La primera corría por mis venas. La segunda se había apoderado de mi... Y empecé  a jugar siendo tentación a media luz de tarde. Recorrí todo tu cuerpo con mi lengua, humedeciendo cada centímetro de tu piel para después convertirse en un suave soplo convertido en agradable cosquilleo sobre tu polla.

Cuando ya pensaba que no quedaba ni un solo trozo de tu piel dibujado por mi lengua, recorriéndote de arriba a abajo, desde tus labios hasta las puntas de los dedos de tus pies, pasando por tu pecho, por tu estómago, por tus caderas recreándome entre ellas, disfrutando de tu polla erecta, dura y mía. Sí, mía... Cuando todo eso ya había sucedido, te utilicé como el macho vencido, o mejor dicho, como el macho reservando fuerzas y te monté como amazona...

Ya estabas dentro de mi. Te estaba follando con mi sexo húmedo, apretándote desde mi interior...
La agitación, la excitación subía, aumentaba... El calor ascendía acorde al ritmo y tú debajo, sin poder o sin querer moverte. Amante espectador a ciegas, entregado al disfrute. Tus besos mezclados con mi más pura pasión... No quería que el momento llegase a su fin. Eternamente tú dentro de mí: follándome, follándote.

No sé el tiempo que había pasado. Sabiendo del que disponíamos supongo que una media hora y mi pasión se recobró realidad pero antes de ser consciente de ello, tu cuerpo se había convertido en mis cadenas para atarme a tu lujuria... Me sorprendiste... Más bien te esperaba... Y ahora tus ojos se inundaban de morbo, de deseo...

- Yo no hago cosas normales y sabes que soy muy malo... -Me sonreíste mientras tu rostro quedaba sobre el mío-. Ya te has dado cuenta, amor.
Así que volvimos a aquel juego, lo repetimos. Un cuento de deseo y perversión... Un ritual perfecto y aliado de los mismos movimientos... La misma banda sonora sobre el mismo fondo: Tú y yo. Los besos redescubierto, reinventados... Y, al final, siempre tú y yo.

Nos quedamos abrazados, con ese último beso con sabor a pasión, a ilusión, a tensión desmedida... Y dibujaba espirales en tu pecho mientras el tiempo se nos iba escapando... Y junto a él, nosotros deberíamos empezar a huir también de ahí... Pero, ¿quién quería irse? Tú no. Yo, tampoco... Pero era inevitable a pesar de semejante tentación. La tentación tiene dos opciones: Caer en ella o vencerla. Ya habíamos caído, conscientemente. Quedaba vencerla. No había más remedio. Se puede tentar al deseo pero no a la suerte... Y ésta no hay que forzarla.

-Tenemos que vestirnos -Me dijiste antes de aquel beso, antes de verte salir desnudo de entre las sábanas.
- ¿Tenemos que irnos? -te pregunté queriendo alargar el momento.
- Me quedaría pegago a ti sin cansarme de abrazarte, de besarte, de comerte entera... -y ese penúltimo beso me convenció para salir de la cama y empezar a vestirme.

La cama quedó deshecha. La ventana, entreabierta. La puerta, cerrada tras nosotros. Un beso más antes de entrar en el ascensor. El último antes de caminar en direcciones opuestas...
Recoge que nos vamos… (Gracias de nuevo)

Te has convertido en mi excelsa rutina más favorita.

1 comentario:

Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.