Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

sábado, 12 de enero de 2013

Reflexiones...

Esta mañana me he despertado temprano. Serían algo así como pasadas las siete porque no tardé en oír el tic que hace mi despertador a la media. Es la hora en que lo tengo programado. Y poco después oí la campanada de la media en la torre de la iglesia que tengo cerca de casa. Me viniste a la mente y no me importa que ocupes ese espacio en ella, porque es importante.
Me puse a imaginar. Me pregunto si eres el primero en llegar al despacho. Si eres quien enciende la luz o bien, llegas cuando todos se están acomodando o ya están acomodados. Yo suelo ser muy puntual para eso. Ahora en el curso soy quien enciende la luz. Me pregunto si eres el último en salir. El que echa el último vistazo antes de cerrar la puerta. Me imagino que llegas a tu coche: grande, no sé por qué. Supongo que por que a mi me gustan los coches así pero con aspecto ligero. No me imagino que sea rojo pero sí te puedo ver salir de uno de ellos.
Me acomodo en ti y puedo ver como te sientas al volante. Suspiras, aunque apenas es perceptible ese suspiro. Pero es el final de la jornada. Puedo imaginar ver a través de tus ojos, como si fueran mios. Veo el edificio donde trabajas y el momento en el que ya ni lo miras por el espejo retrovisor. Y como va quedando atrás.

Me hablaste de puentes. Y veo puentes. Me viene a la mente aquella conversación pero esta vez la puedo escenificar. Puedo estar detrás de ti, mientras tú permaneces sentado en uno de esos taburetes de trabajo que van con esas mesas de dibujo. Me pregunto si realmente son tan cómodo como incómodas me parecen. Me gusta abrazarte por detrás, con mis brazos rodeándote el cuello, con mi mejilla casi pegada a la tuya... Y veo ese puente. Más que verlo lo atisbo. No dejan de ser líneas, curvas, índices, superíndices, medidas... Que forman un dibujo que acabará pudiendo ser una realidad. Pero me esfuerzo en verlo en pie. No se parece a los puentes que me gustan pero no por eso deja de ser bello. Mis puentes son sencillos. Me gustan esos de piedra, de calzada estrecha, de baranda baja... Un simple arco sobre dos columnas que limitan las orillas de un pequeño caudal que sueña con ser río. No importa que las zarzas lo cubran. No pienso que lo invadan. Pienso que lo protegen.
Te hablé de mi pequeña "fobia" por los puentes. Y no es algo que haya cultivado de mayor por esas cosas mentales que nos crean los temores. Mi "miedo" viene desde niña y, la verdad, no sé muy bien por qué. Pero, como ya sabes, soy algo analítica en muchas cosas y me puse a pensar, a buscar una relación en el por qué; en el por qué como una ráfaga aparecía aquella imagen diseñada en mi mente pero que mis ojos parecían ver tan claramente. A veces no hay un por qué lógico, o es lógico pero no asumible y explicable por nuestra mente. Creo en el destino, como hablábamos ayer. Por qué no creer que nos vamos superando etapa tras etapa, por qué no pensar que tenemos un origen y que nos vamos haciendo mejores o peores según hagamos... Por qué no pensar que tenemos una evolución del alma. Y no hablo de religión. Eso, con todos los respetos, es un invento humano para justificar sus miedos y esconder sus vergüenzas. Hablo de un sentido espiritual de la vida. Porque no podía ser esa imagen del puente una especie de yo anterior. No me importa pensarlo si con ello he superado ese estres. Por que no puedo haber sido alguien adelantado a su momento, alguien que sobresaliera por algo, alguien abierta de mente y, además, mujer; víctima de la ignorancia, del dejarse llevar de la gente por criterios que ni siquiera se planteaban, o mejor dicho, que si ni siquiera dejaban que pudieran plantearse. Por qué no pensar que pude ser valiente, diferente y, al final, traicionada. No me importa. Ahora soy mejor y más fuerte. Terminé por cruzar el puente y, ahora, puedo cruzarlos todos.

Y al otro lado de uno de esos puentes , cuyo otro extremo ignoraba y no eran las zarzas que me impedían verlo, sino el poco interés que mostraba por cruzar, apareciste tú. Eras como un silbido al que no haces caso pero que no deja de sonar, como un aviso que no es para una pero que al final no queda más remedio que atender. Y por esas cosas del destino, del azar o de las casualidades que nunca existen, porque yo creo que no existen, que lo que existen son las evidencias; empiezas a cruzar el puente porque alguien lo hace desde el otro lado. Y aquí no hay preferencias, porque nadie es más grande que el otro. Por que, en igualdad de condiciones, hay que agarrarse para llegar al extremo opuesto. Pero hemos decidido quedarnos en el medio, disfrutar del paisaje que se abre ante nuestros ojos, a un lado y otro: Verdes colinas, riachuelos, árboles, nubes grandes, blancas, como de algodón... Casas, callejuelas, avenidas, parques... Y un universo entero justo para nosotros.

Por qué no imaginar, porque no vivir desde el fondo del corazón y en plena libertad, un cuento en el que somos los protagonistas. Por qué no poder dejar aflorar sentimientos que, como te decía anoche, adormecen o se relajan e, incluso, descubrir nuevos o inventarlos. Por qué no inventar. Tenemos todo a nuestro favor y pensar en las cosas que nos unen que, seguramente, son muchas más que las trabas, carencias o diferencias que nos separan. Nos gusta estar juntos, nos buscamos, nos deseamos, esperamos encontrarnos, disfrutamos de la compañía del otro, nos enriquecemos emocionalmente, también mentalmente... Podemos sentir a pesar de la ausencia... ¿No es algo precioso? En el fondo, como en todos los cuentos acaba habiendo una princesa. Yo soy la princesa de este cuento, rebelde en algún momento, dulce en la mayoría, pasional y discreta... Y tú, aunque no vengas al galope sobre un caballo negro, vienes fornido de batallas y doncellas... Pero deseoso de la paz, de la calma, del sosiego y del sentir... Y, al final, con encontramos cruzando un puente: El que te lleva a mi y el que hace que me encuentre contigo. En ese encuentro, en el que lo dejamos todo, donde no hace falta decir demasiado porque solo con mirarnos a los ojos sabemos lo que queremos y deseamos, donde nos quemamos los besos con pasión y también con ternura, donde los brazos son esas zarzas que florecen para protegernos ante la debilidad de unos cuerpos que tiemblan ante tanto sentimiento y las palabras se convierten en pequeños suspiros...
En ese encuentro... Tú y yo.

Suenan las campanas. Once. Luce el sol. No hace viento...

2 comentarios:

  1. Ha sido un placer haber llegado a este puente...
    justo el día que te atreviste a cruzarlo.
    Besos cuasi-castos

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  2. Gracias por venir. Espero que disfrutes del paisaje ;-)
    Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.