Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

domingo, 28 de abril de 2013

Sabor a macho...

Me gusta correrme sobre cualquier parte de tu cuerpo, pero cuando más lo gozo es cuando te tengo a mi merced, entre mis piernas, impidiéndote demasiados movimientos; viéndote desesperada ante la inminente caída del codiciado maná.
Cuando veo mi leche borbotear desde mi polla sobre tu boca... Ver como se desborda, como se escurre sobre tus mejillas y se desliza por tu cuello.
Disfruto viéndote relamerte como gata en celo para no dejar ni una gota de mi leche.

El Infiel

sábado, 27 de abril de 2013

Pensando en ti...

Te fuiste sin apenas decir nada: "Ciao, princesa". Y un beso... Ese beso denso, con el sabor dormido, con el juego de dos lenguas que no se sienten vencidas, que luchan y atacan para invadir el espacio de la otra, como dos serpientes ensartadas en una cruenta lucha por la misma rama... Y luego, la mirada, el deseo de no irse. Las frentes juntas, el beso quedo. No hay palabras. Quién las necesita cuando el silencio lo dice todo.
Y te vas.
Y me quedo embriagada en el desnudo vacío de unas sábanas impregnadas con el aroma de nuestros cuerpos... Y un suave portazo, sin querer hacer ruido, me dice que me acabo de quedar sola. Por un momento me posee un sentimiento de tristeza y ansiedad... Ansiedad por querer más de ti, más de tu tiempo, más de tus palabras, más de tu pasión...
El roce de las sábanas en mi piel desnuda, todavía sensible...
Me viene a la mente lo especial de esta noche. No sólo por ese enjambre de sentimientos románticos que he descubierto en ti y que me han enamorado. Sino porque había tenido de ti toda ella y porque ahora en mi soledad pienso como te gusta que piense en ti: Imaginando que me follas, sintiendo el sudor de tu piel en mis venas. Y es que enciendes en mi un fuego descarnado.

Con el recuerdo y los primeros rayos del sol entrando por la ventana abierta de par en par (imagino que los vecinos aquella noche habían descubierto sonidos diferentes), una de mis manos comenzaba a acariciar mis pechos, haciendo más gratos los recuerdos. Puedo percibir la suavidad de mi piel y la dureza de mis pezones que se han acostumbrado a reaccionar al mínimo roce. Mi respiración comenzó a agitarse, a robarme ligeros suspiros... Mi otra mano pasó de mi cintura a avanzar hacia esa zona tan privada, tan íntima, tan mía. Y mis dedos empezaron a juguetear sobre mi pubis, sobre ese bello bosque recortado en el que tú eres el amo. Mi caricia se detiene allí un momento, tan breve, tan sutil... que mis ojos se entrecierran mientras mis dedos llegan a la antesala del preciado tesoro. Mis dedos lo acarician con tal suavidad, primero uno, de arriba a abajo, luego el otro labio... Como lo harías tú. 
Imaginé que no solo tus manos, sino también tus labios, acariciaban mis pies, mis piernas y mis muslos... Que sentía tu respiración sobre mi piel... Esa caricia de tu labios acariciándola hasta llegar y, delicadamente, posarse sobre mis labios mayores, mientras mis dedos los separan, suspiro imaginando tu lengua en ese recorrido, descubriendo un poco más allá.
Mi mano frotando y mi imaginación dibujando esa escena. Es tal mi excitación que realmente siento tu lengua avanzando y retrocediendo sobre mi sexo, deteniéndose en mi clítoris engrandecido, brillante... y arqueo mi cuerpo esperando sentir tu respiración en ese momento. Realmente lo deseo tanto, deseo sentir tus manos nuevamente acariciando mis caderas, mi vientre, mis pechos... Esos que  acaricio ahora con mi mano libre mientras introduzco en mi coño los dedos de la otra. 
Si estuvieras aquí, ahí, de pie, observándome, notarías en mi respiración la evidente proximidad de la explosión de mi orgasmo, de mi corrida. Esa sensación que tú me has hecho disfrutar de sobremanera, con más fuerza, con más intensidad... Tanto que siempre deseo alargarla, prolongarla hasta que mis fuerzas se desvanecen. Retiro la mano, húmeda, todavía con el brillo de mi corrida impregnada en los dedos... En mi boca siento mi propio sabor. Ese que disfrutas tú y que luego compartes conmigo. Ese sabor agridulce y salado que envuelve mi dedos y que descubro en mi boca, provoca en mí un deseo más fuerte de que vengas y me folles. Arrancarte la ropa, sentir tu piel desnuda rozando la mía, besarte y devorar tu sexo, recorrer con mi lengua tu vástago y tu corona, tu polla y tu glande; pasarlo entre mis dientes, chuparlo, hacer con mi boca un nido para tus testículos... Deseo poseerte y ser poseída, perder el recato y entregarnos a la pasión, la deseo más desinhibido y brutal... Explorar tu cuerpo y que tú explores el mío, mamar y ser mamada al mismo tiempo... Pero ya no puedo controlarme más... De nuevo mojo las sábanas, incluso escucho el ruido que produce la salida de mi corrida desde mi interior... Y que ahora se escurre entre mis muslos...
Y el móvil suena sobre la mesilla. Por obligación necesito recuperar la compostura pero a duras penas puedo desenredarme de este huracán que hace que mi corazón siga latiendo tan rápidamente. Sonrió al leer tu nombre en la pantalla. Descuelgo.
- Hola -te digo siendo consciente de que puedes descubrirme.
- Hola, princesa. ¿Sigues en la cama?
- Sí... -el silencio que produzco te incita a seguir preguntado.
- ¿Y bien?
- Muy bien -respondo, provocando en ti una sonora carcajada.
- Eres mala, muy mala... Malísima.
- Tú eres peor que me has dejado aquí con ganas de más.
- ¿Y qué has hecho?
- He dejado que  comieras tomo mi coño, que me lo follaras con tu lengua y tus dedos...
- Mmmmm... No puedes hacerme esto. Estoy rodeado de nueve mujeres que van a notar que mi sonrisa no es con el director del banco -confiesas, haciéndome reír.
- Y luego te la he comido yo a ti. Esa polla que me vuelve loca, dura, erguida... Con toda tu leche escurriéndose entre mis labios...
- Sí, bueno -pronuncias en un tono alegre, desenvuelto. Alguien ha entrado en tu despacho o está a punto de hacerlo-. Esta tarde o mañana me doy una vuelta por ahí y concretamos un poco más.  -Mi carcajada es sonora pero estoy encantada de la contienda-.
- Un beso, cielo.
- Hasta luego.
- "No sabes lo que te espera esta noche ni lo que te aguarda durante todo el día hasta que llegues a casa como un lobo en celo" -pienso para mi mientras me tumbo boca arriba sobre la cama y disfruto de la sensación que todavía mi cuerpo percibe. Te recibiré con ese camisón cortito que me regalaste el otro día, sí ese negro de encaje y finos tirantes, ese que deja que mis tetas sobresalgan un poco por el escote y las haga todavía mas tentadoras. Cena romántica a la luz de las velas en la terraza y el jacuzzi preparado para disfrutarlo juntos. La ciudad a nuestros pies y el deseo rogándonos.

domingo, 14 de abril de 2013

(3) Puro vicio: Maldito cabrón.

Esta vez no llegó a correrse. Me apartó. Me cogió de la mano y me llevó hasta la parte posterior de su coche. Solíamos follar en él, como dos amantes que no tenían otro sitio donde hacerlo. Nos podíamos permitir cualquier hotel, cualquier sitio con encanto, pero el coche se había convertido en el perfecto escenario para nuestros polvos. Habíamos descubierto el lugar perfecto para que nadie nos viera… Y si por alguna casualidad, alguien podía llegar a vernos… Disfrutaría.
Me quedé de rodillas sobre el asiento. Miré hacia atrás y se estaba pajeando. Me gusta ver que lo hace. Luego sé que será mía esa polla dura, enorme y tiesa. Porque me lo habré ganado. Por que siempre obtengo mi premio.
A veces, casi siempre, es un auténtico hijo de perra que sabe cómo sacarme el máximo partido, como hacerme la mujer más puta entre las putas. Me azotó, esta vez algo más bruscamente mi culo y luego dio unos toques de aviso a mi coño. Se mojó toda la mano. Noté su aliento en mi culo y como lo abría para sentir luego su caliente lengua jugando alrededor de mí agujero. Su saliva iba a ser un buen lubricante y sin flaquear, me metió directamente dos dedos dentro de mi coño; empezando a follarme rápidamente, con fuerza. El sonido de mis flujos al roce de sus dedos es un soniquete que nos pone a los dos. Apreto para aprisionar sus dedos pero sus envestidas son rápidas y tan fuertes que mis músculos no logran retenerlo ni frenarlo. Su lengua se apoderó de mi culo: lamía, chupaba, succionaba… Lo preparaba para terminar de jugar con él y usarlo a su antojo…Sus palabras, tan excitantes como groseras, eran el repique de campanas que me hacían chorrear. Reconozco que el principio me costó hacerme a ello. Luego comprendí que formaban parte de su juego. Y aprendí a corresponderle, a ponerme a su altura.

Cuando sentí su polla en mi coño y sus dedos en mi culo, follándome al mismo tiempo, mezclando el dolor con el placer extremo, sabía que estaba en ese punto en el que él hace de mí lo que quiera. Es un maldito cabrón que sabe jugar. Logró de mí una gran corrida pero no por ello dejó de zumbarme, de bombearme, de meterla y sacarla… A mí la cabeza me daba vueltas pero le pedía una y otra vez que siguiera así, que no dejara de follarme, que soy su puta.... Su zorra… Y que soy la única que lo hace ponerse así de cerdo, así de animal… No pude notar la fuerza de su corrida, pero sus espasmos eran increíbles, sus gemidos se unían a mis gritos… Y las últimas gotas de leche se derramaron fuera de mí, sobre mi culo...


Me dejo dar la vuelta. Pude encontrar un momento de paz. Se tumbó sobre mí. Me sonrió. Nos miramos y nos besamos. Nuestras lenguas parecían dos serpientes enroscadas jugando a ser salvajes. El peso de su cuerpo sobre el mío. Allí los dos. Desnudos. Bien follados. El beso tierno. La caricia tibia. El abrazo final. “Yo soy tuyo”, “tú eres mía”; “yo, tu puto amo”, “tú, la puta perfecta”.


Te esperaré, maldito cabrón. Me encontraras.
Atrás...


(2) Puro vicio: La puta que todas llevamos dentro.

Me ha llevado a la cama y ahí ha tomado él la tarea. Apenas ha rozado el agujero de mi coño con la lengua y extraído las bolas chinas, me he corrido. Y eso que no me la ha metido entera, que tan sólo lo ha bordeado mientras sus dedos jugaban con mi clítoris. Cuando le cuente al otro la follada de mi marido se va a poner tan cachondo que me follará como un loco...
Me ha girado de pronto, obligándome a poner a cuatro patas. Ha frotado mi coño con su mano empapada de mi líquido caliente y, antes de que me diera cuenta, deseando que me embistiera, me ha metido toda su polla hasta lo más profundo. Se ha empezado a mover rápido. Me gusta que me follen los dos así de salvajemente, sobre todo cuanto estoy tan salida. Parecía faltarme el aire, la respiración... La boca seca... Pero estaba teniendo un preámbulo que mi macho me lo agradecería más tarde. Menudo gusto sentir su polla, no sé dónde, golpeándome por dentro, y sus huevos chocando contra mi piel, azotándome suave el culo, sintiendo las clavadas de sus dedos en él. Se ha corrido como un auténtico cerdo, gritando de gusto. Yo he sido muy puta pero él, él, muy cabrón... Sólo le ha faltado atarme a la cama, aunque no es su estilo... Pero eso lo hará el otro. O no. A lo mejor decide alguna de sus locuras a las que me someto por puro placer.
Me gusta sentir su polla entre mis piernas y mi coño y a él le gusta saberse muy cabrón. Un cabrón que busca resarcirse rezando las palabras obscenas que sacraliza en una cueva consentida.

Y como no tenemos un sitio fijo donde follar, follamos en todas partes. ¿Dónde tocaría esta tarde? Cualquier excusa es buena cuando se trata de una buena follada. Con el lascivo pensamiento de mi marido follándome desatadamente y sabiendo lo que me podía esperar, he salido de mi casa en busca de mi macho. Apenas ha acelerado el coche, ha buscado mi mano para llevarla a su entrepierna. Ya estaba cachondo. Sólo me ha bastado un par de suaves, y no tan suaves, apretones para que su polla se marcara bajo los pantalones. He esperado a salir de la ciudad para empezar a comérsela mientras conducía. Parecía que a mi la sesión del mediodía no me había bastado. Seguía teniendo ganas de polla. De su polla.

Cuando aparcamos en aquel sitio, al lado de aquel árbol y caía la noche, salí del coche antes de que él me retuviera. Me recosté sobre el capó del vehículo. Estaba caliente. Casi quemaba. Se puso delante de mí. Nos besamos con ganas, como si nos fuera la vida en ello. Me separó ligeramente las piernas y metió la mano. Apretó mi coño por encima de mi braga. Esta vez sí las llevaba. Otras veces le había sorprendido para que se encontrara directamente con un coño ávido y mojado por y para él. No habíamos dejado de mirarnos. Levantó mi falda y bajó mi braga. Ya no le sorprendió sentirme mojada cuando, después de separarme las piernas, metió su cabeza entre ellas y pasó su lengua, maestra lengua, sobre la abertura de mi coño, frotándola hasta el clítoris y llegando hasta el agujero de mi culo. Su saliva se mezclaba con el lubricante que afloraba de mi sexo. Arriba y abajo. Se aplicaba en la tarea. Verle así, escondido entre mis piernas, saboreándome, degustando mis flujos como si fueran manjares dignos de un rey. Extendía sus lametones por mis piernas, por la cara interna de mis muslos y yo gozaba con aquéllo. No podía evitar gemir. Sabía lo excitado que él estaba pero, de igual modo, sé que aguanta y antes de correrse me da mi merecido.
Aproveché aquel momento que utilizó para bajarse el pantalón y el bóxer para darme la vuelta sobre la chapa del coche. Como una perra en celo le puse mi culo a disposición, mientras mi coño rozaba el negro metal.

- Así me gusta, putita -me dijo, dándome un suave cachete sobre uno de mis glúteos, antes de cogerme de las caderas con ambas manos y rozar su rabo entre ellos. No le había dicho nada de la follada con mi marido pero la fricción de su polla, las caricias de sus manos y su respiración fuerte como banda sonora de aquel acto, me estaban calentando mucho. Sentía mi corazón latir con tanta fuerza que pensé que si me la metía ya, saldría de mi pecho. Lo hizo. La fue metiendo muy despacio para sentirla en toda su largura. Entraba bien. Cómo no iba a entrar si estaba que chorreaba. Sonrió. No lo vi pero sabía que su sonrisa pícara iba a ser el punto de salida de un cambio de ritmo. Empezó a meterla y sacarla con fuerza. Le gusta darme caño y se esmera. Mi coño ardía. El roce contra el coche parecía arrastrar mi piel. Sus manos apretaban mis caderas; su polla se clavaba hasta el fondo y mi culo... Mi culo era una tentación segura. Más cuando empecé a moverlo haciendo círculos y apreté bien fuerte mi coño para atrapar su rabo entre las paredes calientes y húmedas del interior. Estaba a punto de correrme. Sabía que él notaba todos mis espasmos porque empezó a masajearme el culo, a abrirlo y cerrarlo, a apretarlo. Mi corrida fue tan brutal que empezó a bombearme con tal fuerza que me quedé temblando de gusto. Me sorprendió que no dejara de follarme, que acelerara tanto el ritmo que pensé que me iba a reventar de gusto. No puedo describir qué sentí cuando su corrida sobresalió el hueco de mi coño y, aún así, no dejó de embestirme. Me estaba dando de lo lindo. Disfrutaba de su puta como siempre. Pero yo también gozaba.

Creo que no le gustó la idea de correrse tan pronto y parecía que el castigo iba a ser para mí. En el fondo, yo era la culpable de que eso fuera así.
Me hizo bajar y arrodillarme a sus pies, obligándome a limpiar su rabo de semen después de restregármelo por la cara. Lo cierto es que cogí su polla como si fuera una golosina para mí. Es una polla deliciosa y me emputezco teniéndola tan a mano. Sentí sus manos cogiendo mi pelo, dejándome lamerle sin dejar ni un ápice de piel. Me regodeo porque él se deshacer de gusto debajo de mi lengua. Su rabo es un dulce caramelo que me dedico, simplemente, a saborear y disfrutar.
Apreté su culo contra mí cuando decidí engullir su polla. Para entonces mi coño estaba de nuevo chorreando al mismo nivel que salivaba mi boca. Su pelvis avanzó hacia mí y sentí ahogarse mi garganta por su fuerza. He sentido chocar sus huevos contra mi barbilla y todo el fluido de mi boca se ha desvanecido entre las comisuras de mis labios, reventadas por su polla. Sé que le encanta verme algo apurada y que disfruta cuando le miro mientras se la como. A mi me gusta perderme en esa mirada lasciva de macho, de dominador... Pero me estaba constando respirar: entre su rabo, mi lengua, la saliva, lo caliente que estaba, lo puta que me quería sentir...

Sus palabras recordándome que tenía que serlo, su mirada de cabrón, con sus putas ganas de que yo me convirtiera en esa perra en celo que lo pone a mil, en esa puta consentida, en doblegada, en una amazona que se lo folle... En su zorra... Yo... Yo estaba a punto de explotar. Es como un veneno que me recorre desde lo más profundo de mis entrañas y se extiende a lo largo y ancho de mi puto cuerpo, infectándolo de lujuria. Él ha sacado la furcia que todas las mujeres llevamos dentro.

Atrás...

sábado, 13 de abril de 2013

(1) Puro vicio: Jodidamente puta.

Anoche me acosté sobrecogida. Había estado viendo un programa de esos de miedo y mi subconsciente y mi extrema sensibilidad habían hecho que me pusiera a pensar en otra cosa para olvidarme del sobrecogimiento. A duras fuerzas pude lograrlo pero algún efecto produjeron las horas porque esta mañana me he levantado muy cachonda. Y lo he podido constatar cuando el agua de la ducha caía sobre mí como lluvia monótonamente provocadora, como una lengua sabia recorriendo mi piel  con ganas de que acabase su recorrido para follarme bien. Y he perpetuado mi calentura a lo largo del día: entremezclándose mis pensamientos tortuosos con los sonidos inequívocos de la calle; con los sonidos poco eclécticos de los coches o el barullo consciente de las personas; mezclándose mis pasos con los de la gente pero yo... Yo, con la sensación de unas bolitas chinas jugando con el ardor de mi coño.
Deseaba llamarte pero estaba tan caliente que ha sido mejor idea no hacerlo. No me hubiera importado ni la gente ni donde estuvieras porque te imaginaba buscándome como un puto cabrón. Me hubiera podido beneficiar de mi marido pero he preferido acumular las ganas hasta cuando éstas me pudieran vencer.
Así que las bolas han ido preparando mi coño hasta que he llegado a casa. Tal y como he llegado y tal y como entraba por la puerta y he visto a mi marido, me he tirado sobre él. Me lo iba a follar ahí mismo. Tenía hambre. Cierto. Pero hambre de polla. Últimamente tengo esta saga de arrebatos. Al principio le sorprendía. Ahora sé que le encanta y que espera que cada día se produzca en mí un ataque de lujuria, sumando a un acto de premeditación y alevosía. La nocturnidad no forma parte de mi devastado agravante. Su polla ha sucumbido ante mi boca. Necesitaba sentirla dentro: tibiarla, calentarla, acrecentarla para ponerla a tono mientras mi coño palpitaba desesperado. Le gusta que vaya directa a su rabo y que me lo coma sin mediar más palabras. En el fondo soy muy puta. Y en este momento estaba siendo la más puta. Igual era por calentarme tanto a lo largo del día y tener retenido tanto deseo allí abajo. Le he lamido la polla de cabo a rabo _¡y qué rabo!_. Pese a mi desesperación lo he hecho despacio; para su goce y disfrute y para posterior satisfacción propia. Le he mamado los huevos con deleite y le he puesto tan cachondo, tan caliente, que casi me pongo mala. Si a todo esto, se sumamos que en mi mente no está él, sino el puto cabrón de mi amante que me folla como nadie, que me convierte en su puta perfecta... En la más puta. Me usa, me goza, me enciende y hace de mi lo que quiere. Me hace sentir jodidamente puta. Pero tengo el privilegio que no tiene su mujer con quien, sencillamente cumple para salvar el papel. Porque es conmigo con quien goza, con quien comparte, con quien disfruta... Me desea, me fuerza, me estremece... Su visión del follar es casi descarnada, muy visceral y en ese estado y desde esa actitud, eleva  alimenta el cariño porque atiende a su puta, a mí, con ternura. ¿Por qué? Por puta y por ser suya. Me gusta que sea así de cabrón con mi coño, con mi boca y con mi culo. Siempre soy su princesa, pero cuando me folla, ni princesa ni reina. Su puta.
Me he comido entera la polla de mi marido. No es como la de mi amante, pero tampoco es tan cabrón. Con las dos disfruto como una perra en celo. Y si puedo usar las dos el mismo día, mejor que mejor. Irme a la cama por la noche sabiendo que he sido bien follada... Me tiemblan los cimientos.
Saber que esta misma tarde me voy a encontrar con el "macho alfa-omega" como llamo a mi amante, que, en realidad, tampoco puedo considerarlo así porque todavía no hay sentimientos involucrados, mientras tengo la polla de mi marido metida hasta la garganta y apretándole el culo contra mí, mientras le retuerzo los pezones sin contemplación alguna y mientras le oigo gemir, me hace sentir más golfa y produce en mí la sensación más perfecta para que mi coño escupa todo el deseo que lleva dentro. Apenas he necesitado tocarme para producir esa corrida.
- ¡Qué bueno! -ha exclamado, relamiéndose como un gato goloso. He sacado su polla de mi boca y le he mirado, provocándole. He sacado bien la lengua para lamerle el capullo y lo he hecho con perfidia y deliberación. He salivado y he dejado caer un pequeño chorro de saliva sobre su tieso rabo. Me he sentido tan tremendamente guarra, tan tremendamente puta que me he sorprendido a mi misma. Me he golpeado con ella en los labios -¡Pones una cara de viciosa..."! -me decía mientras me la restregaba por la cara. Mi coño pedía marcha. Pedía rabo. Pedía dosis. Notaba que mi mojado coño no había dejado de palpitar y calentarse. Estaba jodidamente salida. Así que no he dejado de mamarle, de arañarle la polla con los dientes. No sé si le habré hecho daño. Igual sí pero el gusto que le he proporcionado ha sido mayor que la sensación posible de dolor que haya sentido. Le he visto gozar, disfrutar... Tiene a una buena hembra a sus pies. Lo que no sabe es que todo aquello de lo que ahora gozaba, lo había ido  de sacando de dentro con un hijo de puta que follaba como un dios. Lo estaba matando de gusto...

sábado, 6 de abril de 2013

Por una buena polla...

Creo que ya iba predispuesta a cualquier pequeño juego. Juego por decir algo. Digamos que se trataba de otra forma de pecar.
Cuando le vi, tuve esa sensación habitual de percibir mi cuerpo estremecerse y mis fuerzas flaquear. Sin demasiado tiempo a reaccionar, siendo sí, consciente de que él no era ajeno ni a mi sexo, ni a mi excitación ni a la palpitante humedad y aroma a hembra que atosigaban a mi caliente coño... 

Los músculos de mi vagina se cerraron al sentir su pene dentro de mí. Lo apreté en un movimiento involuntario como para no dejarlo salir, para hacerle sentirse preso de mí. Sentía sus empujones en el fondo de mi coño. Sabía cómo hacerme gozar, cómo dejarme con el latente impacto de un último aliento. Sabía cómo proporcionarme el más intenso de los placeres sin necesidad de sentir su cuerpo sobre el mío; bastaba el roce de su aliento, de su boca, la intensidad de su mirada... Apretaba mis pechos con su cuerpo y su lengua... Su lengua era tan dueña de la mía como esclava insumisa la mía de la suya.

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.