Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

domingo, 28 de abril de 2013

Libres de Pecado...

Cuando he querido darme cuenta _he de reconocer que me encanta dejarme llevar_ he notado el aliento de su boca chocando contra mi coño mojado. No me gusta mucho eso de cumplir órdenes pero cuando es tan sutil como pasional, no me importa caer atrapada en sus redes _algo que suele ocurrir con frecuente habitualidad_ y cuando se ha colado entre mis piernas y he notado sus lametones intensos y calientes rozando mi clítoris... ¡¡Ummmm!!
Y sus dedos, fuertes y ágiles, maestros, entrando y saliendo de la húmeda cavidad que se abría entre mis piernas tras un despejado bosque... No podía dejar de moverme para sentir con más intensidad aquel pecado lujurioso... No he parado... Pedía más... Más y más... Hasta que me he corrido con la garganta seca y sin aliento. Me he corrido sobre su cara, como a él le gusta... Cómo sé que él disfruta... Aunque sea algo que no siempre pueda controlar... Cuando me llega, lo dejo salir libre, salvaje y pleno.

Pero yo quería polla. Me gusta su polla y la necesito. Intentaba recomponerme pero le he rogado que me follara. Él sonrió. Luego se carcajeó. Besó mi coño y me apartó de él para dejarme tumbada sobre la cama. Y los papeles y las posiciones se han invertido. Ahora era yo quien estaba sometida a su antojo. Ahora era yo quien estaba atrapada con la cabeza entre sus piernas, sensible a un polla enorme, gruesa, erecta, potente... que se presentaba ante mis ojos buscando un lugar en el que esconderse. Mi lengua la buscaba y mi boca la ansiaba. La ha dejado a mi capricho. He empezado a acariciarla con la lengua, a lamerla... Esa parte suave, tibia, más blanda... Esclava con mis labios. Mi boca se abría y se cerraba mientras su rabo envenado se adentraba en ella. Sus caderas empujaban hacia mí. Parecía no medir la profundidad de su follada. Sus huevos tocaban mi barbilla y en mis oídos repicaban sus gemidos. Podía ver la expresión de su cara. Me ponía todavía más y arrastraba mis dientes por aquella polla que ya goteaba. Mi saliva se mezclaba con sus gotas dulces... Estaba preparada para que se corriera en mi boca. _He de confesar que no dejo que mi marido lo haga_.
Cuando he pensado que ya no podía más, pues se había detenido unos segundos, ha sonreído con esa sonrisa socarrona, canallesca; y se ha apartado de mí. Se ha bajado a la altura de mis piernas. Las ha juntado, elevándome las nalgas y ha permanecido arrodillado ante ellas.
- ¿Qué? -he preguntado.
- ¿Quieres que te folle?
¿Qué si quiero que me folle? Qué pregunta más estúpida a esta altura de la novela. No sólo quería que me follara. Quería que lo hiciera ¡YA!
- Ya sabes qué has de hacer -ha dicho mientras separaba mis piernas.
- ¡Qué capullo! -he protestado porque estaba muy mojada, muy puesta, muy caliente. Me ha parecido muy cabrón pero me gusta su juego. Su polla vibraba entre los dedos de su mano sin dejar de mirarme.
He empezado a acariciarme. Mi clítoris ha reaccionado enseguida. Ha empezado a coger tamaño y supongo que ese color fresa tan intenso. Lo pellizcaba, como he pellizcado mis pezones. Notaba como se hacían duros, como se erguían entre las yemas de mis dedos. Y él se ha puesto a menearsela, a pajearse con ritmo, como marcándolo, para que mío fuera parecido al suyo. Pero yo, a esas alturas, ya no necesitaba de demasiados estímulos. Estaba súper entregada, súper caliente... Deseando que se animara a clavarmela y no dejar que fuera yo quien terminara la faena. Podía ver cómo iba cambiando la expresión de su rostro. Volví a pensar que se correría sobre mí, que me regalaría el tacto de su leche pero...
Me ha cogido de los tobillos y ha puesto mis piernas sobre sus hombros. He notado la punta de su nabo rozándome la entrada de mi ano. Me lo ha clavado sin contemplación en mi mojadísimo coño, empezando a bombear con fuerza. Podía sentir incluso cierta tirantez pero tenía hambre de polla. Apenas dos, tres... embestidas... Y me he corrido como una perra. He gritado, aullado, como una loba. Y él ha ceprenado como si le fuera la vida en ello, corriéndose casi a la vez que yo. Nuestros flujos bien mezclados y nuestros alaridos, al unísono. Se ha corrido tanto que ha dejado un poco para el final, para esparramarlo sobre mi vientre, hasta que ha dejado de sacar leche.
Estaba agotada. Él estaba a morir. Se dejo caer sobre mí y empezó a besarme. Primero me ha regalado un beso largo, sonoro, impetuso... Luego le han sucedido aquellos otros pequeños, más íntimos, más tiernos... Y se ha quedado a mi lado. Ha alargado la mano y subido la sábana para cubrir nuestras desnudeces. Me ha abrazado y me ha dejado esconderme en su abrazo. Ninguno de los dos hemos dicho nada. Supongo que las caricias y los mimos han sustituido a las palabras.
Me gusta.
Le gusto.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.