Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

domingo, 14 de abril de 2013

(2) Puro vicio: La puta que todas llevamos dentro.

Me ha llevado a la cama y ahí ha tomado él la tarea. Apenas ha rozado el agujero de mi coño con la lengua y extraído las bolas chinas, me he corrido. Y eso que no me la ha metido entera, que tan sólo lo ha bordeado mientras sus dedos jugaban con mi clítoris. Cuando le cuente al otro la follada de mi marido se va a poner tan cachondo que me follará como un loco...
Me ha girado de pronto, obligándome a poner a cuatro patas. Ha frotado mi coño con su mano empapada de mi líquido caliente y, antes de que me diera cuenta, deseando que me embistiera, me ha metido toda su polla hasta lo más profundo. Se ha empezado a mover rápido. Me gusta que me follen los dos así de salvajemente, sobre todo cuanto estoy tan salida. Parecía faltarme el aire, la respiración... La boca seca... Pero estaba teniendo un preámbulo que mi macho me lo agradecería más tarde. Menudo gusto sentir su polla, no sé dónde, golpeándome por dentro, y sus huevos chocando contra mi piel, azotándome suave el culo, sintiendo las clavadas de sus dedos en él. Se ha corrido como un auténtico cerdo, gritando de gusto. Yo he sido muy puta pero él, él, muy cabrón... Sólo le ha faltado atarme a la cama, aunque no es su estilo... Pero eso lo hará el otro. O no. A lo mejor decide alguna de sus locuras a las que me someto por puro placer.
Me gusta sentir su polla entre mis piernas y mi coño y a él le gusta saberse muy cabrón. Un cabrón que busca resarcirse rezando las palabras obscenas que sacraliza en una cueva consentida.

Y como no tenemos un sitio fijo donde follar, follamos en todas partes. ¿Dónde tocaría esta tarde? Cualquier excusa es buena cuando se trata de una buena follada. Con el lascivo pensamiento de mi marido follándome desatadamente y sabiendo lo que me podía esperar, he salido de mi casa en busca de mi macho. Apenas ha acelerado el coche, ha buscado mi mano para llevarla a su entrepierna. Ya estaba cachondo. Sólo me ha bastado un par de suaves, y no tan suaves, apretones para que su polla se marcara bajo los pantalones. He esperado a salir de la ciudad para empezar a comérsela mientras conducía. Parecía que a mi la sesión del mediodía no me había bastado. Seguía teniendo ganas de polla. De su polla.

Cuando aparcamos en aquel sitio, al lado de aquel árbol y caía la noche, salí del coche antes de que él me retuviera. Me recosté sobre el capó del vehículo. Estaba caliente. Casi quemaba. Se puso delante de mí. Nos besamos con ganas, como si nos fuera la vida en ello. Me separó ligeramente las piernas y metió la mano. Apretó mi coño por encima de mi braga. Esta vez sí las llevaba. Otras veces le había sorprendido para que se encontrara directamente con un coño ávido y mojado por y para él. No habíamos dejado de mirarnos. Levantó mi falda y bajó mi braga. Ya no le sorprendió sentirme mojada cuando, después de separarme las piernas, metió su cabeza entre ellas y pasó su lengua, maestra lengua, sobre la abertura de mi coño, frotándola hasta el clítoris y llegando hasta el agujero de mi culo. Su saliva se mezclaba con el lubricante que afloraba de mi sexo. Arriba y abajo. Se aplicaba en la tarea. Verle así, escondido entre mis piernas, saboreándome, degustando mis flujos como si fueran manjares dignos de un rey. Extendía sus lametones por mis piernas, por la cara interna de mis muslos y yo gozaba con aquéllo. No podía evitar gemir. Sabía lo excitado que él estaba pero, de igual modo, sé que aguanta y antes de correrse me da mi merecido.
Aproveché aquel momento que utilizó para bajarse el pantalón y el bóxer para darme la vuelta sobre la chapa del coche. Como una perra en celo le puse mi culo a disposición, mientras mi coño rozaba el negro metal.

- Así me gusta, putita -me dijo, dándome un suave cachete sobre uno de mis glúteos, antes de cogerme de las caderas con ambas manos y rozar su rabo entre ellos. No le había dicho nada de la follada con mi marido pero la fricción de su polla, las caricias de sus manos y su respiración fuerte como banda sonora de aquel acto, me estaban calentando mucho. Sentía mi corazón latir con tanta fuerza que pensé que si me la metía ya, saldría de mi pecho. Lo hizo. La fue metiendo muy despacio para sentirla en toda su largura. Entraba bien. Cómo no iba a entrar si estaba que chorreaba. Sonrió. No lo vi pero sabía que su sonrisa pícara iba a ser el punto de salida de un cambio de ritmo. Empezó a meterla y sacarla con fuerza. Le gusta darme caño y se esmera. Mi coño ardía. El roce contra el coche parecía arrastrar mi piel. Sus manos apretaban mis caderas; su polla se clavaba hasta el fondo y mi culo... Mi culo era una tentación segura. Más cuando empecé a moverlo haciendo círculos y apreté bien fuerte mi coño para atrapar su rabo entre las paredes calientes y húmedas del interior. Estaba a punto de correrme. Sabía que él notaba todos mis espasmos porque empezó a masajearme el culo, a abrirlo y cerrarlo, a apretarlo. Mi corrida fue tan brutal que empezó a bombearme con tal fuerza que me quedé temblando de gusto. Me sorprendió que no dejara de follarme, que acelerara tanto el ritmo que pensé que me iba a reventar de gusto. No puedo describir qué sentí cuando su corrida sobresalió el hueco de mi coño y, aún así, no dejó de embestirme. Me estaba dando de lo lindo. Disfrutaba de su puta como siempre. Pero yo también gozaba.

Creo que no le gustó la idea de correrse tan pronto y parecía que el castigo iba a ser para mí. En el fondo, yo era la culpable de que eso fuera así.
Me hizo bajar y arrodillarme a sus pies, obligándome a limpiar su rabo de semen después de restregármelo por la cara. Lo cierto es que cogí su polla como si fuera una golosina para mí. Es una polla deliciosa y me emputezco teniéndola tan a mano. Sentí sus manos cogiendo mi pelo, dejándome lamerle sin dejar ni un ápice de piel. Me regodeo porque él se deshacer de gusto debajo de mi lengua. Su rabo es un dulce caramelo que me dedico, simplemente, a saborear y disfrutar.
Apreté su culo contra mí cuando decidí engullir su polla. Para entonces mi coño estaba de nuevo chorreando al mismo nivel que salivaba mi boca. Su pelvis avanzó hacia mí y sentí ahogarse mi garganta por su fuerza. He sentido chocar sus huevos contra mi barbilla y todo el fluido de mi boca se ha desvanecido entre las comisuras de mis labios, reventadas por su polla. Sé que le encanta verme algo apurada y que disfruta cuando le miro mientras se la como. A mi me gusta perderme en esa mirada lasciva de macho, de dominador... Pero me estaba constando respirar: entre su rabo, mi lengua, la saliva, lo caliente que estaba, lo puta que me quería sentir...

Sus palabras recordándome que tenía que serlo, su mirada de cabrón, con sus putas ganas de que yo me convirtiera en esa perra en celo que lo pone a mil, en esa puta consentida, en doblegada, en una amazona que se lo folle... En su zorra... Yo... Yo estaba a punto de explotar. Es como un veneno que me recorre desde lo más profundo de mis entrañas y se extiende a lo largo y ancho de mi puto cuerpo, infectándolo de lujuria. Él ha sacado la furcia que todas las mujeres llevamos dentro.

Atrás...

2 comentarios:

  1. Wow... perdona, es que no encuentro una expresión más concreta... wow, wow...

    Me ha encantado el ritmo. El ritmo in crescendo de la narración que te hace desear más y sentir como inevitable esa corrida prematura (ella así lo menciona) y esas ganas de más...
    Voy a seguir... creo, porque me has dejado sin aliento... y con ganas, de más :)

    Un beso :)

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  2. No había leído yo este comentario tuyo. Disculpa.
    Hay veces que lo único que alivia la sed es el fuego.
    Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.