Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

martes, 11 de junio de 2013

Y supliqué...

Al sentir el tacto de tu piel en la punta de mi lengua y respirar la hembra; embriagarme de tus líquidos y emborracharme de placer. Perderme en la oscuridad de tu sexo, entre los labios que protegen tu clítoris.
Lamerlo, abrirlo al tacto de mi lengua, y penetrarlo.
Morderlo entre las curvas de mis dientes.
Olisquearlo.
Suplico al perder el sentido en el orgasmo más increíble, viendo como tus labios se abren y tu clítoris explota en un orgasmo que me moja la cara. Ansío beber de ti, impregnarme de ese olor a hembra que pone mi polla a mil...
Y cuando siento el palpito, cuando está a reventar, cuando ya nada me puede detener, cuando la fricción de tu coño mojado hace que mi rabo escupa, derramo mi leche desde lo más hondo hasta el bosque que cubre tu coño. Veo como la escupe, como tu cuerpo trata de tragárselo entero. Bajar mi mano y frotártelo, extendiendo mi semen como la crema que protege tu piel.
Y ver tu cara, muy puta, porque sabes que dejándome mandar, acabo siendo sumiso.
El Infiel

En cul






 Hechos son que no palabras...
Son gemidos que no lamentos.
Hoy, yo me arrodillo. Mañana... Tú suplicaras.

lunes, 10 de junio de 2013

domingo, 2 de junio de 2013

Tu hembra....

No habías dejado pasar ni el tiempo suficiente para que yo pudiera empezar a caminar y ya me retuviste y me abrazaste fuerte. Tus manos empezaron a recorrer lentamente las curvas de mi cuerpo y pude sentir la protuberancia de tu pene presionando sobre mi vientre, mientras se deslizaban tus manos recorriendo mi culo retenido entre tus brazos, lentamente, acercándome firmemente contra tu cuerpo. Sentía tu boca enloquecida sobre mi rostro y yo tan solo podía acariciar tu piel, dejar que me besaras y poder corresponder con mi boca cuando la tuya la cubría.

Podía sentir la presión de tu pecho contra mi cuerpo, aprisionado entre la pared y tú. Poco a poco, los dedos de tus manos se deslizaron para levantarme la falda y un sonido, ronco y extremadamente bajo, vibraba desde tu pecho mientras acariciabas mis muslos. Separaste un poco el cuerpo. Lo justo para comenzar a desabrocharme la camisa. Fuera los botones, y la prenda se deslizó por detrás de mis hombros hasta que cayó al suelo. Como un loco, ansioso, te abalanzaste sobre mis pechos, devorándolos por encima del encaje que los cubría. Un escalofrío me recorrió entera. Para entonces mis bragas ya estaban mojadas. Estar contigo me proporciona un clima de excitación poco usual y al que me cuesta hacerle frente. Pero sé que a ti te pasa algo similar. Nos gusta disfrutar de este hueco en nuestras vidas, dejando paso a la lujuria que estando juntos nos consume por completo.
Deseaba sentir al hombre, a ti, dentro de mi y la sensación de penetrarme y ese violento deslizar de tu polla dentro de mi vagina. No pienso en mi marido cuando estoy contigo pero a ti te pone pensar en qué harán él o tu mujer mientras tú me estás follando.

Me gusta tu reacción. Habías comenzado suavemente pero habías ido aumentado el valor y ritmo de las caricias y ello nos había llevado a agotar los preámbulos. Todo parecía que iba a desarrollarse algo rudamente, como a mi me gusta. Hoy tenía ganas de ser avasallada por ti. Esa faceta tuya de macho dominante, mezcla de pasión y rudeza, no son más que motivos para excitarme más y más. Mi ropa interior estaba más mojada. Podía percibirlo y tú comprobarlo al deslizar tus dedos entre mis muslos y perderse sobre mi coño, decididos y fuertes.
Desabroché tus pantalones, con decisión y dejaste que cayeran al suelo. Acaricié tus testículos y la erecta, dura y firme polla que parecían a punto de explotar, presionando bajo tu bóxer. Me fijé. Me gusta verte desnudo y al igual que a ti te gusta ver la insinuación de mi carne, a mi me gusta ver tu paquete bien marcado bajo la ropa interior. Logré alcanzarte los huevos con mis manos y  deslizarlas hasta el glande... Noto, como tú, que tu bóxer está mojado por esas primeras gotitas preseminales fruto de la excitación. Creí que te dejaras hacer. Y acerté. Dejaste que bajase la prenda y liberara tu polla, que saltó como diciéndome "ven y cómememe, putilla". Acaricié tus huevos grandes y de piel suave. Sólo de pensar en que iba ponerlos en mi boca hizo que me mojase más. Seguiste chupando mis tetas, disfrutando con mis pezones. Tenías uno dentro de tu boca y lo succionabas tan fuerte que percibí que ese pezón tan erecto y duro, me tiraba. Esa mezcla de suave presión y dolor produjo en mi una pequeña corrida que mojó tus dedos. Eso te excitó más todavía.

Dejaste de chuparme las tetas y ya ambos estamos desnudos. No lo resistía más y actué antes de que tú tomases más la iniciativa. Aprendo a interpretarte y sé que he de coger al toro por los cuernos incluso dentro del corral. Si no lo logro antes, sé que acabaras venciéndome. No hubo preámbulos, no hubo contemplaciones. Me arrodillé ante ti para meter tu polla en mi boca. Sé que esa sensación de sentirla bajo o encima de mi lengua mientras aprieto todo el palo, te excita. Reaccionaste tomándome la cabeza entre las manos, hundiendo los dedos entre mis rizos y apretándome contra ti  Por un momento, la fuerza que ejerciste me angustió, pero volví a controlar la profundidad de la mamada. Saqué la polla de la boca y la volví a meter todo lo profundamente que pude antes de que me entrase alguna incómoda arcada. Mi boca se llenó de saliva,  así mordisqueé el glande y usé mi lengua para dibujarlo. Me gusta apurar la punta y sentir la pequeña abertura que aparece en ella. O pasarla luego por todo el pene, lamiéndolo suave hasta llegar a tus huevos, dejando que vayan de un lado a otro mientras los lamo. Me gusta metérmelos en la boca, succionar como tú succionas mis pezones y dejarlos salir de mi boca de golpe, después de tensarlos un poco.

Volví a meterme tu tieso miembro en la boca y mientras deslizaba los labios por la punta pude sentir unas gotillas de líquido caliente. No es tu leche todavía. Sé que eso lo controlas y me satisface. Me alegré entonces porque quería seguir jugando todavía un buen rato. Quería que me comieras el coño, que me chupases el clítoris, que saboreases los fluidos de mi vagina y metieses la lengua dentro, todo lo que pudieses. Es una reacción algo salvaje pero así marcas a tu hembra y te impregnas de mi olor.
Un tirón, no por ello no suave, al tomarme de nuevo la cabeza, me dio a entender que debía levantarme. Mi pose sumisa se cancelaba. Me cogiste de la mano, animándome a sentarme sobre la mesa, con las piernas bien abiertas, cerca del borde. Pusiste dos sillas para que pudiera apoyarlas cómodamente y te arrodillaste frente a mi. Ahora sentía que el acto era una especie de plegaría íntima y religiosa pero no era más que el juego previo de tu dominación. Acercaste tu boca a mi sexo. Mis labios estaban sonrosados e hinchados, mi clítoris duro y turgente. A simple vista ya podrías apreciar lo mojado que estaba mi coño y como brillaba ante semejante cantidad de flujo que lo embriagaba. Sumergiste tu boca en él, separando los labios menores con la lengua y la introdujiste por el orificio, saboreando, gozando y disfrutando de cada gota que tragabas. Me estremecí y moví mis caderas hacia tu cabeza. Tu cara se pegó a mi sexo, empapándose. Tu boca, tus mejillas, tu frente... inundados del brillo y olor de mi viscosa humedad. Como cabreado, separaste más mis piernas y me penetraste con la lengua mientras te aferrabas a ellas. Me quemaba por dentro sintiendo tu lengua entrar y salir de mi coño. Me encanta sentirme tu putilla, aunque sabes que no me gusta nada reconocerlo y menos decirlo. Pero sabes que soy tu puta princesa. Me gusta este término. Es como irremediable.

Sé que tomas mis fluidos como el mejor de los manjares y disfruto de tu goce. Te miraba de vez en cuando. Te veía ahí, sumergido entre mis piernas, buscando el tesoro más grande del mundo. Podía ver tu cuerpo emergiendo fuerza hacia tu cabeza. Tu cara se empapaba de mi. Qué sensación: Extrema e intensa.
Intentaba contraer mis músculos para atrapar tu lengua al ritmo de tus lamidas. Lo conseguía. Lo que no lograba era relajarme pero ahí estaba mi raja... Enterita para mi macho. Y un segundos después, un chorro de líquido caliente salió expulsado con gran fuerza de mi interior. Tu reacción fue increíble. Me besaste el coño, bebiendo de él y no dejaste de lamer con intensidad Yo no quería que parases y la verdad, nunca lo haces. Te gusta seguir martirizándome y me metiste los dedos sin contemplación, ayudados en su deslizamiento por el flujo de mi sexo. Luego te los metiste en la boca, me los pasaste a mi y juntos saboreamos mi coño en aquel beso.
Sabía que ese no iba a ser mi primer orgasmo. Que antes de  que llegara uno tuyo, yo vivo alguno más. No iba a ser esta vez diferente. Saberlo me excitaba más y te rogué que me penetraras... Me cuesta pedírtelo y a  ti te encanta que lo haga, así que hago un gesto de constricción y te digo lo que quiero.

- El coñito de tu zorrita quiere comerse tu polla. Quiero sentir a mi macho follándome. 

Te pajeaste un segundo, pero no era más que una provocación hacia mi. Querías, igual que yo, meter toda tu polla en mi sacrificado coño. Estaba inmensa, tensa... 

- Quiero esa polla.

Me sorprendí al decirlo pero es que la deseaba dentro, llenarme de ella, sentir ese líquido lechoso y espeso dentro de mi. Acercaste tu polla a la entrada de mi coño. Te frotaste contra él y me introdujiste la punta... Sabía que ibas a metérmela entera, de golpe; y lo ansiaba, pero el hecho de saber que yo lo deseaba hacía que tú te recrearas en retrasarte. La sacaste y la metiste varias veces, pero nunca con profundidad, desesperándome. Ni apretarme los pezones o tiraste de ellos me quitaba el ansia de que me follaras de una maldita vez.
- ¿La quieres, zorrita mía? -me preguntaste. Tu mirada era pura maldad y la mía, toda respuesta; pero no era suficiente. Querías escucharme suplicar, rogarte que me follaras; pedirte que me destrozaras de puro placer. Sabías que terminaría diciéndote que sí pero justo antes de decirlo, como leyendo mi pensamiento, me embestiste sin miramientos. Fue tan intensa la clavada que parecía que mi cuerpo se resistiera a semejante invasión pero tu polla entró hasta lo más profundo de mi coño, haciendo que un gemido, que un grito, salieran de mi boca. Se me nubló la vista. Ni siquiera la posición de tumbada me aliviaba. Se me adormecían las piernas de permanecer tanto tiempo en la misma posición y esas punzadas de dolor al final de mi coño se mezclaron y disiparon con el placer que sentía de tener tu polla dentro de mí. Bombeabas sin miramientos, como un macho salvaje. Tus huevos chocaban contra mi piel y casi parecían querer meterse. Me encanta oír el chapoteo de mi coño con la fricción de tu polla en cada enviste. 
El macho se follaba a su hembra con rudeza. 

Intenté sentarme de nuevo. Me ayudaste. Tendiste la mano y abrí mi boca para tragar tu lengua. La succioné. Yo follaba tu lengua... Y tú me follabas el coño. Me habías dando una pequeña tregua durante el beso. Me cogiste un pezón y lo estrujaste entre tus dedos antes de empujarme suave para dejarme otra vez tumbada, a tu disposición. Me sentía como en la consulta del ginecólogo, a diferencia de que a él jamás le suplicaría que me follara. Me palmoteaste ambos muslos. Un par de veces antes de sacar tu polla y dejar solo la punta metida. Buscabas que me corriera de nuevo para hacerlo tú conmigo. Me estremecí otra vez y ,por un momento, deseé que acabaras ya porque no sabía cuánto tiempo más podría aguantar. Un "córrete" salió de mi boca. Notaste la contracción de mi cuerpo. Y un "tómala" salió de ti, dejando que me llenara de tu leche caliente y mezclarse con mi corrida.
Un par de estremecimientos, un par de envistes más... Y yo me di por rendida.
Pero no tanto como para dejar que salieras de mi. Así que cuando estabas dispuesto a apartarte, te retuve con mis piernas adormecidas. Te echaste sobre mi y nos besamos. Un beso profundo, lleno de saliva, en el que nuestras lenguas se entrelazaban en el interior. 
Tu polla se relajó dentro de mi coño y pude sentir como se me escapaba. Te quedaste ahí de pie. Me ayudaste a bajar las piernas. Fue un movimiento casi doloroso. Me cogiste de las manos y me pude poner de pie ante ti. Me sonreíste. Te miré con rabia. Respiré hondo.
- Eres un cabronazo pero follas de vicio - me salió del alma pero a ti te hizo tanta gracia que te echaste a reír a plena carcajada. Eso me encendió más y te di un suave golpe en el pecho con el anverso de la mano, del que te quejaste con más burla que otra cosa antes de abalanzarte sobre mi y comerme a besos. Me gusta cuando dejas salir a ese chico juguetón y adolescente, medio encantado por un sortilegio y que se deshace por su princesa, por su puta princesa.

Ahora nos quedaba pasar el filtro del segurata. Creo que me mira con doble intención. Siempre soy la última en salir y nunca aviso de cuándo llego. Soy tan inesperada como una mal hora. Pero tu putilla no se debe entretener en pormenores porque ella, yo, me debo a quien me folla.

sábado, 1 de junio de 2013

Bendito veneno...

El instante del deseo convertido en esencia... 
Porque tu cuerpo se deshace bajo la plegaria de mi boca.

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.