Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Por no esperarte...

Esta noche estoy cansada. El día ha sido largo. Mucha tarea por la mañana y no menos por la tarde. Así que tenía unas ganas tremendas de llegar a casa y ponerme cómoda. Apenas me desnudé me fui directa a la ducha. Necesitaba relajarme. Quizá ese era el momento más adecuado para probar aquellas sales que "mi chico" que había regalado hacía unos días. Pero antes de llenar la bañera, decidí darme una ducha. Dejé caer el agua tibia sobre mi piel. Agradecía el contacto y empecé a pensar en ti.


Como cada viernes te escapabas un rato de tu rutina. Salías antes del trabajo y estabas dispuesto a llegar mucho más tarde a tu casa, donde tus mujeres seguro aguardan. Pero antes de que ellas te vieran, tendrías que venir a verme. Tenía tiempo hasta entonces. Tiempo para mi, para relajarme, para descansarme y para prepararme para tu llegada. Llegabas con hambre de mí y nunca parecía que aquello tuviera fin.

Imagino que tanto pensar en ti me produce un efecto de subidón en mi interior. Mi corazón empieza a palpitar con fuerza y mis manos siguen las instrucciones de mi pensamiento. La piel se me eriza solo de pensar en tus besos, en tus caricias, en tus palabras que pueden parecer soeces pero que demuestran que soy la realidad a tu fantasía, de tus arrebatos de pasión, a tus rotundas embestidas, a las exploraciones de tus manos y tus dedos, de tu polla en mi boca o en mi coño o en mi ano...

Estaba tan caliente que deseaba tenerte en ese preciso momento. Tenerte en mi ducha penetrándome con fuerza. Y todavía faltaba un rato para que llegases. Sé que eres puntual. Cuando te cuente que he disfrutado de mis propias caricias y he conseguido correrme... Creo que te vas a poner cachondo y puedo imaginarme esa sonrisa pícara en tu boca. Luego me relajé al llenar la bañera. Me sequé con cuidado, acariciando mi cuerpo como un anticipo de lo que me podía esperar cuando estuvieses a mi lado.


Aquella mañana, mi compañero me había comentado que había bajado unas pelis para verlas con su novia. Al principio me pareció una chorrada. No era una película de amor precisamente, así que el romanticismo brillaba por su ausencia... Me había dejado un CD que tenía en el coche y me había invitado a verla contigo. La verdad, la idea no es que me hiciera gracia. Ni siquiera estaba segura de que te gustara a ti pero experimentar algo nuevo y disfrutar juntos tampoco era algo a desechar. Todavía envuelta en mi albornoz, me dirigí hacia mi dormitorio, ese que tantas veces nos había visto follar, gemir y gritar como loco. Ahí había dejado mi bolso, y ahí dentro había puesto el CD de Guille. No sé por qué me lo imaginé con su novia. Mi mente se ha vuelto más calenturienta que de costumbre. Lo puse para poder verlo en la tele. Tampoco me puse muy cómoda para verla. Sólo quería echarle un vistazo y ver de qué iba. Pero al final me acomodé en el sofá. 

Empecé a notar que me excitaba y mis manos fueron por inercia a mi sexo una y a una de mis tetas, la otra. Empezaron a acariciar mi pezón y mi clítoris, sintiendo como se endurecían y crecían. Aquel tío se chupaba el coño de aquella tía y le metía los dedos sin contemplación, y no eran dos dedos o tres; había pasado de uno a la mano entera y aquella zorra gritaba de placer. Solo de pensar que se te pudiera ocurrir a ti semejante idea me rompía por dentro, pero el trato de mis manos hacia emanar un tremendo calor en mi coño que hizo que mis dedos se impregnaran de mi líquido viscoso que indicaba lo cachonda que estaba.
Tan cachonda y tan ensimismada que no oí cuando mi marido abrió la puerta. Sí, siempre había pensado que un día me gustaría que me pillase masturbándome y fuera partícipe consentido, pero ahora, sin pensarlo, me había pillado. Por un momento deseé que fueras tú.  Me imaginé qué pensarías de verme así pero era ajena a que tus ojos estaban observándome desde el marco de la puerta. Yo seguí a lo mío hasta que tus manos fuertes me agarraron. Mi sobresalto fue increíble. Mi corazón saltó del pecho y no grité porque tenía la boca tan seca que no podía salir nada de ella.


- Así disfruta mi putita cuando no tiene a su macho cerca - me preguntaste rozando tus dedos en mi coño mojado. Había intentado reincorporarme pero me lo habías impedido-. No grites, zorra. ¿Cómo no me has esperado? -me dijiste mientras te arrodillabas a mi lado sin dejar de tocarme el coño.

- No sabía que ya era la hora -me disculpé pero tus caricias no habían dejado que mi coño se secase-. Sabes que siempre te espero...

- Es que eres muy zorra -me dijiste antes de besarme. Lo hiciste con pasión, mordiéndome los labios-. No me has esperado y creo que te voy a castigar por ello, por ser tan puta.
Antes de que pudiera ser consciente de nada y me diera tiempo a decir algo, tus dedos se metieron en mi boca, impidiéndome hablar y obligádome a echar la cabeza hacia atrás.
- Esto es lo que te gusta, ¿no? -me preguntaste señalando la pantalla con la mano libre. Ahí el tío se la estaba metiendo entera. Era una polla impresionante y la tía estaba tan abierta de piernas que parecía se fuera a parir. Intenté negar con la cabeza. Menos mal que ya no era la mano entera del tío dentro de aquel coño acostumbrado a que se lo follaran cientos de tíos. No sé si hubieras sido capaz de hacerlo pero me alegré de que nadie te diera la idea. No estaba segura de que tu mano entrará en mi coño por muy mojado y por muy perra que quieras verme.

Me cogiste de las piernas y no dudaste en girarme para que quedara frente a ti. Me cogiste de los tobillos y me abriste las piernas todo cuando pude. Te soltaste el cinturón, te abriste el pantalón y lo dejaste caer al suelo. Tu bóxer marcaba toda tu polla. Era tremenda. Iba a ser mía pero me la darías cuando tu quisieras. Me encanta tu polla. Tiene un capullo precioso que me vuelve loca. Es mi mejor golosina, mi único vicio. Miré hacia la pantalla. Allí había una tía metiéndole a la de antes su mano. Se relamía los dedos de los jugos de la otra. Me impresioné. Seguiste mi mirada.

- ¿Es eso lo que quieres, mi putita?
- Noooo -exclamé con pleno convencimiento.
-¿Seguro? Tú eres muy puta cuando quieres. Seguro que te gustaría que te lo hiciese así _Tu mano es grande y mi coño no está acostumbrado a algo así_.
- Ni se te ocurra -me atreví a decir. Ufff... tú sonrisa. Dios mio. Temo esa sonrisa.
- ¡Calla, puta, que entra! ¡Claro que entra! Tu coño es tremendo. Además, es tu castigo. Y ya ves lo dura que la tengo de verte así. Vas a sentir mi mano en tu coño mojadito y me suplicaras que no deje de hacerlo.
- ¿Qué dices? ¡Que no!
Intenté protestar, reincorporarme pero no me dejaste.
- Me gusta cuando eres tan puta para mi. -Cuando te empeñas en algo no cabe discutir. Parece que cedes pero al final, quien sucumbe, soy yo. Me abriste más las piernas. Me sobaste el coño bien sobado antes de empezar a meter uno a uno tus dedos mientras me ibas diciendo cosas sobre él-. ¡Qué guapo! Sonrrosadito, húmedo... Precioso... Todo para mi, cariño.

Ese "cariño" te delató la verdad. Mi marido no es de decir demasiadas palabras malsonantes mientras me folla. Sentí sus lametones sobre mi clítoris, su lengua jugando en la entrada de mi vagina. Me hizo gemir, pensando que no se atrevería a follarme como me había dicho. Se apartó un poco para llegar a besarme. Mis jugos estaban en sus labios y en su lengua, y pude saborearme a mí misma. Aquello sólo era una táctica de distracción porque un dedo empezó a entrar en mi coño, como tanteando.

- ¡Estás chorreando, amor! ¡Qué fácil va a ser!
Metió un segundo dedo. Adentro y afuera pero haciendo también movimientos circulares ensanchando la entrada de mi coño. No dejaba de gemir y ni me enteré de cuando introdujo el tercer dedo... Ni casi el cuarto... Empezó a follarme con ellos. Entraban solos.
- ¿Ves como entran bien? Es que eres muy puta, cielo.
- Soy tu puta, cabrón, tu jodida puta -grité. Sé que le sorprendí pero no se dio por aludido.
La verdad es que estaba desatada. Sólo quería que me follase. Como fuera pero que lo hiciera. Las palabras, los gemidos, los gritos salían de mi boca sin sentido. Creo que no se atreviste con el quinto dedo. Tal vez empezó a meterlo pero quizá la presión era ya fuerte. Mi piel tal vez se tensaba demasiado y renegó de sus intenciones. Así que me siguió follando con los cuatro dedos bien lubricados con mis flujos.
- Cómo me gusta ... Eres buenísima...
- ¿Quieres a tu puta?
- Vivo por ti... y que lo sepas.
- Tu puta... tu puta... -repetía gimiendo mientras mi corrida era brutal. Se escurrió por sus dedos, por su mano para resbalarse hasta por la muñeca y caer sobre el sofá...- Quiero tu polla dentro. Fóllame.
- Estoy a punto de reventar. Te vas a enterar. Ahora vas a saber que es que te monte un macho como Dios manda... -Y sacando su mano, poniendo sus dedos en mi boca y saboreando yo el dulce sabor de mi corrida, reemplazó aquélla por su polla... Qué dura... Durísima...- Toma, zorra, toma...

Empezamos a follar como dos perros, salvajemente, clavando mis uñas en su espalda; besándonos como si el mundo se acabara al minutos siguiente. Sus embestidas eran brutales. Mi cuerpo temblaba entero con cada una de ellas. Mis tetas parecían no pertenecer a mi cuerpo de cómo se movían. A mí no me daba tiempo a acariciarme. Me sujetaba como podía al sofá para no caerme... Pero ya casi estábamos en el suelo.

- Me voy a correr en tu culo. Quiero echarte toda mi leche dentro de ese culo de puta que tienes..
No sé cómo pero ahí estábamos unos segundos después tumbados en el suelo del salón. Yo, a cuatro patas, como una perra. Él situado justo detrás mio, azotando suave mi culo, tanteando con un dedo el agujero que iba a penetrar. Te recreaste un rato entre mi coño y mi culo... Hasta que se pegó más a mi... Y su polla empezó a hacerse sitio a través de mis glúteos. La noté dentro, entrando y saliendo. Estaba tan llena de flujo que parecía mantequilla. Le pedía que me encularas más y me me decía sus cositas:
- Ahí la tienes, cabrona, ya la tienes dentro de tu culo.
Le insistía en que siguiera, que no tuviera piedad. Hasta yo misma me sorprendía de lo perra que acababa de volverme. Directa al suelo cayó mi corrida. Fue tremenda y me reprendió por haberlo hecho porque quería correrte conmigo. Así que empezó a embestirme con más fuerza. Mi culo estaba ya muy forzado. Sacó su polla de ella y comprobó el hueco que dejaba.
- Lléname el culo de leche, cabrón...
- ¿Qué dices?

Lo había entendido muy bien pero quería asegurarse de que lo suplicaba. Estabas sorprendido de encontrarse a su mujer tan predispuesta a todo y culminar aquella relación anal que tantas veces se había intentado y yo siempre huía. Tenía mi coño completamente mojado y ambos sabíamos que si seguía podría lograr otro orgasmo. Estaba ya apunto. Podía notarlo a pesar de lo extenuada y excitada que estaba pero cuando volvió a tocarme el clítoris, a meterme sus dedos en mi coño... No tardó en llegar otra corrida y la suya en mi culo.
- Toma... Toma... Toda tuya.
El orgasmo fue brutal para ambos. Sudados, extenuados... Se tumbó a mi lado. Sonrió. Me abrazó y no dejó de besarme. Primero con muchísima pasión. Luego con toda la ternura del mundo.
- Al final te ha gustado mi castigo -me dijo apartándome el pelo de la cara-. Creo que vas a tener que ser mala más a menudo, ¿no?
- La próxima vez te esperaré- aseguré. Y tú te echaste a reír estallando en una sonora carcajada.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.