Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Asuntos pendientes...

Esta mañana me levanté algo más temprano de lo normal, de lo normal que es en mí. Tenía que ir al banco y realizar algunas gestiones. No sabía qué ponerme pero del armario saqué aquella falta a ras de rodilla en color negro, con una abertura lateral que llegaba hasta casi medio muslo y una camisa blanca de chorreras en el delantero pero con un amplio escote abierto desde las grandes solapas que bordeaban el cuello. Unas medias y unos zapatos de tacón rematarían el atuendo. Todavía en camisón, desayuné en la cocina mientras veía si tenía algún mensaje. Nadie se había acordado de mí, al menos, nadie lo había demostrado salvo Nacho. No faltaba ni un solo día en su agenda: "Buenos días, princesa". Me dí una ducha rápida y salí lista del baño para vestirme. Cogí mi coche y puse rumbo al banco. No encontré aparcamiento a la primera y dí varias vueltas hasta encontrar un hueco. Hacía viento y mi abrigo corto se abría, dejando que la falda se viera y, por ende, mi muslo. Cuando llegué a alcanzar la puerta de la oficina del banco, Guille, el director y con quien quería hablar, la abría.
- ¡Hola! -saludé con ese tono que me caracteriza.
- ¡Hola! ¿Vienes a hacer alguna gestión o quieres hablar conmigo?
- Vengo a hablar contigo. Tienes que resolverme unas cuestiones.
- Voy a tomarme un café. Lo necesito -me sonrió-. ¿Vienes? Te invito y luego regresamos y resolvemos esas cuestiones.  -Lo cierto es que su voz es como un chorro de sensualidad y su físico había cambiado algo desde la última vez que lo había visto. Estaba más delgado y parecía que iba al gimnasio, un nuevo corte de pelo y algo más de alegría en su cara, pero no tenía tanta confianza con él como para empezar a preguntarle por ese cambio. Los treinta y tantos largos le sentaban estupendamente.
Cuando entramos en la cafetería se quitó el chaquetón oscuro que llevaba. La camisa ajustada no mostraba una gran musculatura pero le hacía realmente atractivo. Nos sentamos en aquellas banquetas de la barra. Al sentarme, la falda se subió a pesar de tener cuidado. Ya me había dado cuenta cuando me senté en el coche que debía de tenerlo si no quería que alguien me viera el negro de mis bragas. El muslo quedo al descubierto pero apoyé mi abrigo sobre las piernas. Me di cuenta de que Guille había dirigido su mirada a ellas y que antes de subir a mis ojos, se detuvo en mi escote. Sí, me había puesto uno de aquellos sujetadores que levantan los pechos, aunque a mi no me hiciera falta. Desde mi perspectiva se veía más pecho del que los demás pudieran ver, pero era evidente el canalillo y el alto nacimiento de mis tetas. Además, el frío había hecho que mis pezones se erizaran.  Durante unos minutos le puse al tanto de lo que quería. Le miraba a los ojos pero le dejaba intuir mi mirada en su paquete. Estos pantalones de vestir tan ajustados para los hombres, es lo que tienen: que marcan lo que hay debajo... Y Guille... en eso iba bien dotado. Podía imaginarme esa polla aumentando progresivamente, empujar contra su boxer y apretar la bragueta. Sonrió al sentirse descubierto. No dije nada. ¿Qué estaba haciendo? ¿Estaba coqueteando con el director de mi banco? Provocando o no, él correspondía y su mirada me lo confirmaba.
- ¿Nos vamos? -le pregunté. Ya habíamos terminado los dos nuestros cafés.
- ¿Has venido en coche?
- Sí, claro -respondí con notable evidencia mientras una loca idea se me cruzaba en la mente. Si acertaba, yo sería tan infiel como él. Me imaginé que estaba casado pero no me importó ver su alianza en el dedo. No dijo nada. Regresamos a la oficina.
- Espera aquí -me indicó a unos pasos de la puerta. Ni siquiera entró. Avisó a la chica del mostrador que salía y que no sabía cuándo llegaría. Le miré entre sorprendida y excitada. ¿Habría conectado conmigo? ¿Habría leído mis mensajes o yo los suyos?
Lo cierto es que todo sucedió demasiado rápido y de forma muy espontánea. Me pidió las llaves de mi coche y se las entregué. Se puso al volante y yo a su lado. Mis muslos quedaron al aire y vi la erección de su polla por debajo del pantalón. Estaba ya mojada pero no sabía qué me esperaba. Desaparcó y nos perdimos calle arriba. No sé cuánto tiempo estuvimos en la carretera pero sí que su mano derecha se discernía entre el cambio de marcha y mis muslos, la colaba entre ellos y buscaba el fondo. Junté las piernas para sentir la fuerza de su mano. Las acometidas de humedad en mi coño y escalofríos de excitación eran constantes. Alargué la mano y noté más excitado de lo que ya suponía. Su polla estaba dura y mi tacto me indicaba que tenía un buen tamaño.
Hubo un momento en que no supe dónde estaba, ni por dónde habíamos llegado. Al fondo había una casa solitaria. Parecía una especie de nave, pintada de blanco y con tejado de tejas rojas. Una gran puerta metálica aparecía en uno de los laterales. Pensé que íbamos a entrar pero paró el coche al otro lado. A mi derecha quedaba la fachada; al otro, el campo abierto. Nos miramos. Se inclinó sobre mí y su boca se pegó a la mía, tan fuerte, tan intensamente, que me dolieron los labios.
Hace tanto tiempo que no follo en un coche...
Nos besamos ávidamente. Su lengua se hundió en mi boca. Se movía ágil y rozaba mi paladar. Me limité a corresponder mientras buscaba su polla. Le abrí el cinturón y bajé la cremallera. Cuando la cogí en mi mano y oprimí, Guille gimió. Bajó por mi cuello, buscando mi escote y la voluptuosidad de mis tetas. Las apretó e incidió en mis pezones, centrándose en uno. Me desabrochó la blusa y su mano se coló bajo el sujetador. Por fin su piel tocaba la mía. Resbaló la mano por mi vientre y sus dedos rozaron mi coño por encima de las medias y de la braga. Estaba tan mojada que cuando presionó yo gemí. Lo aparté de mí para quitarme la falda y bajarme las medias que al final decidí quitarme. Él se desnudo también, después de reclinar el asiento todo cuanto se pudo. No sabía que se tumbaran tanto. Se abrió la camisa y se bajó el pantalón y el bóxer. Su polla saltó como un muelle. Me encantó. Iba a disfrutar como una loca con aquel nabo... Y a él también esperaba que lo hiciera gozar pero me importaba más quedarme yo satisfecha y salir de aquel coche con la convicción de haber sido bien follada. Eso sí que eran intereses a mi favor.
La masajeé antes de introducirla entre mis labios. Estaba tan caliente como mi boca. La mojé bien mojada y luego me recreé en lamerla de cabo a rabo. Una de sus manos, apoyada sobre mi cabeza, parecía seguir mi ritmo. La otra me acariciaba la espalda, llegando hasta mi culo. Noté mi coño bien mojado, impregnando mis bragas. Quería que me lo tocase, que me follase con sus dedos y luego... con su polla. Me daba igual el orden, pero lo quería en ese momento. Le lamí siguiendo una línea imaginaria desde su polla hasta su garganta y luego me comí su boca... o su boca se comió la mía.
Pude ver el deseo en sus ojos y saltando de cada uno de sus poros. Estaba tan cachonda que me dejé llevar. No seguía un plan, simplemente quería follármelo. Sentada a horcajadas sobre sus caderas, me froté contra su polla. Me golpeaba fuerte, quería introducirse en mi coño pero no quise. Me agarraba fuerte del culo y subía las caderas. Estaba loco por metérmela. Apenas nos decíamos nada. Acaso palabras indescifrables que nos ponían más cachondos. Su polla estaba cada vez más dura y me la metí un poco antes de abandonarla. Subí por su cuerpo, en aquella misma postura, hasta que mi sexo, lubricado, mojado, caliente, quedo a la altura de su boca. Respiró profundamente . Pude notar su aliento quemándome. Sus dedos buscaron la entrada de mi coño. Lo tocó. Mojó sus dedos y dejó paso a su lengua. Me lamió entera. Su saliva se junto con mis flujos. Yo le miraba pero el gusto que me estaba dando, la locura que estaba viviendo, la excitación ante la que mi cuerpo sucumbía, hacían moverme sobre él. Tal vez por eso me dio una fuerte palmada en mi culo para que me estuviera quieta. Así pude percibir como introducía la punta de la lengua en mi coño. Podía sentir cada roce sobre mi sexo recién depilado. Tengo que decir que es una experiencia que no pienso volver a repetir. Me siento algo violenta viendo mi sexo tan desnudo, pero el roce de su barba de quince días es una sensación que me pone a mil.
 Me hizo bajar un poco más.

- Tócate... -me pidió. Lo hice. Lo estaba deseando y lo necesitaba. Me levanté un poco y me acaricié mi clítoris. Estaba muy sensible. Lo acaricié despacio. Si lo hacía con la fuerza que lo precisaba, no tardaría en correrme y quería que aquello se prolongase durante un buen rato. La presión de su lengua me hizo tener una pequeña corrida. Guille murmuró, dejo salir un sonido gutural de su garganta y sus dedos pasaron a ocupar su lugar. Aquella fricción emitía un ruido que parecía encantarnos a los dos. Sus dedos me follaron con tal intensidad que las acometidas de placer me parecían incontrolables pero no quería correrme. Tenía que controlar aquello.

- ¡Fóllame! -le pedí. Me indicó que bajara, que me pusiera de nuevo como antes, con mi coño sobre su polla. Mis labios se abrieron a sus roces y  mis tetas quedaron a su merced. Me las comió y las sobó todo cuanto quiso mientras me penetraba despacio. Subía sus caderas mientras yo le apresaba su nabo en el interior de mi coño. Aquello le excitó tanto que me mordió el pezón. Protesté y busqué los suyos. No dudé en estrujarlos con las yemas de mis dedos, intencionadamente. Lo vi retorcerse y aceleró el ritmo. Comencé a cabalgar sobre él. Saltaba escuchando el choque de su pubis con el mío, la entrada de su polla en mí, chocando sus huevos contra mi carne. Conforme ella entraba, salía con fuerza la fluidez de mi corrida. Él acentuó el ritmo. Sus manos seguían agarrando mis tetas. Noté sus espasmos...
- ¡Voy a correrme! - musitó. Supongo que me lo dijo porque no estaba seguro de si debía hacerlo dentro.
- ¡Correte!
- ¿Dentro? -dudó. Hice ademán de retirarme pero me retuvo. Noté como mi coño se inundaba de más flujos, como daba acometidas y como se detuvo, dejando su nabo dentro de mí. Me encanta sentir una polla dentro de mi coño y me encanta, también, retenerla dentro hasta que pierde su erección-. ¡Ufff...! ¡Qué pasada, chica! -sonreí con picardía y me aparté. Me relajé sobre el asiento del copiloto, sintiendo como salía el semen de mi interior.
- ¿No tenías pensado follarme?
- No tenía pensado ni verte pero te aseguro que me ha encantado hacerlo.
- Ya sabes mi teléfono...
- ¿Y tu marido?
- Mi marido es cosa mía. ¿Tu mujer?
- Mi mujer es cosa mía y esta noche me la follaré pensando en ti -aseguró acariciándome un pezón con el reverso de su mano.


Tenemos pendientes unos cuantos asuntillos...

1 comentario:

  1. Pero quién me manda a mí leerte de refilón con lo relajada que estaba tras llegar a casa!!!!....joderrrrrr....si es que además lo del coche me trae una de recuerdos....y esa forma tuya tan particular de contarlo...que te prometo que aun me tiemblan las piernas...
    Eres tan buena..que teletransportas...
    un besote

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.