Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Ganas de mí...

Nuestro cuerpo había sido como la tormenta que se desencadenó ajena a nosotros. Después de esa mutua primera experiencia, Sergio se subió a su casa, momento justo en el que mi marido me telefoneó para saber cómo estaba. Estaba muy bien. Demasiado bien. Todavía tenía calor dentro de mi coño, el sabor de Sergio en mi boca y no me había dado tiempo a deshacerme del aroma a sexo que se había impregnado en mi cuerpo. Pero los oídos no perciben el olor.
No me había acordado para nada de mi marido en las dos últimas horas y fingir que lo echaba de menos, sobre todo en ése tiempo, resultaba complicado de creer pero ya había aprendido a disimular, a fingir.

Dejé la ventana un poco abierta, apenas dos dedos, porque la habitación olía a sexo. Cuando colgué , me pasé por el salón a recoger uno de mis juguetitos y me fui directa a la ducha.  Todavía estaban las toallas que Sergio había utilizado. No sé por qué, las cogí y las pasé por mi cuerpo desnudo. Si fuera un tío, seguro que hubiera experimentado una erección. Siendo mujer, me mojé sin más. Noté como cientos de gotas mojaban mis labios, y al tocarme mis dedos se impregnaron de aroma y del flujo que había asomado. Hacía días que me conformaba con una ducha rápida y que no disfrutaba de la bañera ni del hidromasaje. Se me ocurrieron cientos de ideas pero a esas alturas... Sólo quería relajarme aunque no me quitaba de la cabeza el cuerpo de Sergio, sus caricias, su boca... y su polla. Me quité el camisón y lo eché en el cesto de la ropa sucia junto con mis braguitas. Llené la bañera hasta la mitad y eché algo de jabón para que surgiera la espuma. Me miré en el espejo. Se notaba que acababa de follar. Me imaginé a Sergio en su cuarto de baño, desprendiéndose de la ropa de mi marido para meterse en su ducha y quitarse de encima todo rastro de mí. Creo que Sergio y yo ya no volveremos a mirarnos de la misma forma.
Cuando vino a vivir a mi edificio hará unos cuatro o cinco años, ni siquiera me fijé en él. Cada uno hace su vida, coincidimos poco... Una serie de acontecimientos que nos incompatibilizaban. Nuestras pocas conversaciones se remitían a charlar superficiales de vecinos, hablando del tiempo y poco más. A partir de hoy eso cambiará un poco. Seguirán existiendo pero subliminalmente dibujaremos el deseo y las ganas de follarnos.  Soy consciente de la humedad de mi coño.

Metida en mi bañera, con los chorros de agua golpeando mi cuerpo, me dejé llevar por esas sensaciones. El jabón elevaba la sensación de gozo y mis manos se convirtieron en piezas clave de mi autosatisfacción. Introduje dos dedos en mi boca y empecé a moverlos dentro de ella, como si la polla de Sergio estuviera metida en ella. Lamí sus yemas mientras las de la otra mano pellizcaban y estiraban uno de mis pezones en un juego que me pedía más y más. Bajé por el cuello, apretando suave, para llegar a mi otra teta. Mis dos manos sobre mis pechos: grandes, blancos y bien sobados poco antes por aquellas manos de largos dedos, mientras separo mis piernas y dejo que el agua abra mis labios.
Siento como me enciendo, como mis manos discurren sobre mi vientre hacia mi sexo. El agua jabonosa hace que mis manos se deslicen mejor sobre mi piel. Acaricio el interior de mis muslos -aún hay ciertas partes de ellos que parecen dolerme- y vuelvo a subir hasta mis tetas que sobresalen de la altura del agua. Mis pezones, sonrosados, erectos y duros, parecen prestos para que los chupen pero me conformo con pasar mi juguete por ellos y estimularlos más. La fría sensación que me transmite el vibrador se complace con el calor de mi coño cuando mis dedos entran y salen de él.
Un "cómeme la polla" sonó en mi cabeza. Me estremecí y acerqué mi juguete a la boca. Había cogido el de bolas. Con la punta de la lengua, acaricié la primera bola, pensando en la enorme polla de mi nuevo amante. Lo fui metiendo despacio en mi boca, jugando a que entrase y saliese al mismo ritmo que seguían mis dedos. Me mantuve así un rato, mientras oía el sonido de la ducha en el piso de arriba. Sergio estaba encima de mí... ¡Dios, encima de mí! ¡Cómo folla el cabrón! ¡Cómo la mete y como la saca, cómo empuja, como disfruta, desesperándome...!
Saco los dedos de mi coño y sin dejar que se mojen demasiado los llevo hasta mi boca. Saco la lengua y los lamo. Saben a mí. Con razón dice Sergio que le gusta como es mi sabor. Muevo mi juguete en torno a mi coño. Lo paso por mis pelillos. Sé que le gusta como lo tengo. Me lo ha dicho. Le gusta natural, sutilmente repasado, para sentir la caricia del bello en su piel. Introduzco el juguete en mi coño, tan mojado por dentro como por fuera, y empiezo a moverlo lentamente hasta lo más profundo. Ahí lo retengo un poco y lo aprieto con la fuerza de mi vagina, antes de empezar a moverlo con ritmo rápido. Intento oír el ruido del agua en el piso de arriba pero ha debido de terminar de ducharse. Me lo imagino observándome desde la puerta, haciéndolo con esa mirada entornada y canalla que he descubierto que tiene. Gozando de mí sin tocarme.
Alzó mis caderas, apoyando los pies en la bañera. El vibrador entra hasta el fondo y siento esos espasmos que me ponen la carne de gallina. El juguete entra y sale y dos de mis dedos dibujan círculos sobre mi clítoris. Lo noto tenso y sensible. Acelero el ritmo. No quiero parar a pesar de que esa sensación me consume. El corazón me late fuerte, la boca se me seca; entreabierta emite gemidos, sonidos que se extienden por todo el espacio del baño. No se ahogan en mi garganta y se convierten en más profundos, confundiéndose con un grito cuando todas las terminaciones nerviosas confluyen en el interior de mi coño. Apuro la última embestida de mi juguete al ritmo que yo le marco y noto como éste se escurre de mis manos y dejo que se pierda en el agua. Me retuerzo en la bañera. Me agarro a los lados y suelto un grito de placer.
Intento controlar la respiración. El pecho me duele pero mi corrida ha sido inmensa.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

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En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

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