Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Intencionadamente aprendiza...

No te supliqué ni te lo pedí a gritos. Ni siquiera pronuncié palabra alguna. Una sucesión de gemidos desembocados en un grito, un grito de placer que te hizo obedecer a unas órdenes que nunca dí. Te arrastraste sobre mí. Reptaste como una serpiente con intención de devorarme, cubierta de tentáculos que se pegaban a mi piel, en busca de oquedades en las que anclarse... Un vacío presto a llenarse de de líquido y sólido...
Mi sexo era como una llamada, la cueva de tu refugio, el hueco profundo en el que esconderte con la humedad y suavidad perfectas y el calor salvaje que abrazó tu polla.
Se ancló y se hundió en las profundidades de mi humedad, subiendo y bajando, envites de tu cuerpo saciándose. Mis piernas se abrieron más, semiflexionadas a tus costados, las agarré por debajo de la rodilla y miré... Vi como tú polla se arrastraba hacia el fondo, como asomaba y dejaba escondida su cabeza.
Tus gemidos roncos se sumaron a los míos. Parecía faltar el aire pero disfrutábamos del calor y deseo de nuestros cuerpos... Y el sudor se hacía placer... cuando mis piernas se apoyaron sobre tus hombros y mi coño, mojado y brillante quedo más cerrado para ti... para que tu placer y el mío fuera in creccendo mientras mis dedos jugaban con tus pezones.
Al relajar mis piernas y abrirlas bien a ambos lados de tus caderas, te cogí de los hombros... con fuerza... atrayéndote hacía mí... Quería tenerte en mí, hacerte sentir dueño absoluto de mí, sucumbiendo sin sumisión. Nuestras salivas fluyeron sobre la lengua del otro y tus caderas empezaron a subir y bajar con más ritmo, con más fuerza, con más intensidad... Entrabas fácil... Mis fluidos se expandían por todo mi sexo, albergaban y acariciaban el roce de tu polla al abrigo de mi entrepierna. Y... sorprendiéndote, la abrazaba desde lo más profundo de mi caliente y húmedo coño. Mis caderas subían, las tuyas bajaban, en un armonía perfecta, a una velocidad adecuada, más rápida que lenta al final... Tus manos se agarraron a mis pechos y te lanzaste sobre uno de mis pezones como el bebé más hambriento... Jugaste, lamiste y mamaste... llenándote de lo que necesitabas para bombear en mi interior, para sacar todo mi jugo y derramar el tuyo... como quien descorcha una botella del mejor champán...
Sé que quieres que sea más guarra, más perra y más puta... Pero hoy, cielo, soy  intencionadamente aprendiza.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.