Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Perfecto caballero...

Le aguardé en el dormitorio, sentada en una silla. Llevaba ya un rato. Sabía bien a qué hora iba a llegar. Además, siempre me avisaba cuando salía del despacho y sabía el tiempo que iba a tardar en llegar a casa. Me había puesto mis bolas chinas durante casi toda la tarde. Su roce habían provocado en mi unas tremendas ansias de apagar el fuego que me incitaban. Me había puesto aquella camisa de chorreras que tenían cierto toque romántico y sensual, aquellas medias para llevar con liguero, una braguita de encaje que dejaba intuir los pelillos de mi sexo recortado y un sujetador de esos que levantan más los pechos a pesar de que mis tetas ya son voluptuosas de por sí pero una ayudita nunca viene mal, al menos para resaltarlos...

No le dije nada. Tan sólo le miré al entrar. Entró en el dormitorio y se sorprendió en cierto modo. No era la primera vez que lo esperaba para follar, aunque intentaba que fuera cada vez de un modo diferente. Le estaba pidiendo guerra y estaba dispuesto a dármela, batalla a batalla... Y puedo asegurar que como guerrero es uno de los mejores que han pasado por mi cama... Sabía de sus tácticas, de sus estrategias: desesperar hasta aniquilar.  Más bien se lo tomó todo, sin pedir parecer alguno.
Empezó a jugar como quien deshace una margarita. Un perfecto caballero que se fue desprendiendo de cada prenda que cubría mi piel, a bocados, de manera decidida pero sensual, con aquellos ojos que me vuelven loca... Si con esa mirada era capaz de dominarme, no esperaba menos que su virilidad estallara dentro de mí... Empecé a tocarme, a acariciarme despacio, a colar mi mano bajo mi braguita y sobre mi coño... Para entonces ya estaba muy mojada...
Tiene aspecto de ángel, pero es un auténtico demonio que sabe muy bien lo que hace. En esta ocasión no iba a ser menos.
Me da mucho morbo. Me pone. Me busca... y me encuentra. No hace falta tener demasiadas fantasías por que él acaba siendo pura fantasía.
No dejé de mirarme mientras sus manos tanteaban el terreno. Mi sexo se humedeció  y al tacto de sus dedos penetrando, mi coño se encendió y mi cuerpo se estremeció. Su sonrisa pícara me quemaba sobre la piel. Mis tetas se endurecieron y mis pezones se pusieron erectos. Él no evita jamás el contacto. Tomó uno y lo aprisionó bajo su mano, dejando libre el pezón. Me lamió la pierna, justo el trocito de piel que había acabado de descubrir bajo mi media. Con su lengua dibujó círculos sin dejar de observar mi pezón. No lo tocaba pero éste se erguía. Despacio, subió sus manos, mirándome, desde las rodillas hasta el principio de mi intensa humedad, provocando a su paso un resurgir de gemidos que parecían querer apaciguarse lamiéndome los labios.
Sentado de cuclillas frente a mí, desnudo de cintura para arriba, yo me sentía a su merced. Me dejaba hacer y podía percibir su erección por encima del pantalón. Sus dedos empezaron a definir círculos sobre mi clítoris y dibujando subidas y bajadas entre los pliegues de mi sexo, impregnando sus dedos de mi flujo, permitiendo que entrasen  y saliesen son tanta facilidad que no sé si había metido dos o tres... o cuántos... Yo estaba completamente entregada, atrapada en aquella silla nada cómoda, sin más salida que su cuerpo. Mis piernas temblaban apoyadas en sus hombros y notaba aquellas acometidas tan placenteras en el centro de mi coño. Sacó los dedos y los llevó hasta mi boca... Saboreé mi propia excitación, la textura de mis flujos... Y él sonreía pícaramente.
Me dejó bien mojada y se detuvo cuando estaba a punto de correrme. Lo sabía. Era parte de su estrategia, de su castigo. Me apartó las piernas, las apoyó en el suelo y se puso de pie para quitarse el pantalón. Su miembro marcaba la bragueta y cuando su bóxer quedo a la vista, su polla lo tensaba. Sabía que iba a ser completamente mía, mi juguete preferido... Y saqué el que llevaba dentro... No pude evitar correrme. El roce de las bolas saliendo de mi coño provocaron que le siguiera un chorro tibio de puro placer.
Él entornó la mirada. Sonrió mientras se acercaba y puso su polla a la altura de mi cara, de mi boca... mientras él frotaba su mano en mi corrida. Me comí su polla directamente. Abrí la boca y la dejé entrar hasta el fondo, hasta que sus huevos me dieron en la barbilla. Sentí una pequeña arcada pero aguante por un ligero movimiento. Me dejó hacer. Acaricié sus piernas hasta sus caderas, hasta sus huevos... oprimiéndolos entre mis manos mientras mi lengua se recreaba en su dura polla. Lo follé durante unos segundos, que no me parecieron suficientes. Nunca me parece suficiente lograr su placer y el mío. Luego decidí cambiar el ritmo, empezando por un beso suave en la punta del glande. Esa parte dulce, sonrosada, blandita... Predispuesta para rechazar de entrada el roce fuerte de unos dientes. Se conformó con el calor de mi aliento y luego el contraste de un soplido que le hizo estremecer entero. Pude percibir bajo el tacto de mis manos el escalofrío de su piel. Mientras lamía toda su longitud, de arriba a abajo, por delante y por detrás, levantándola, dejando desamparados sus testículos, de su garganta salían gemidos de gusto. Una de sus manos se amparó en uno de mis pechos, jugando, apretando, pellizcando, mientras con la otra me acariciaba el pelo, forzándome de alguna forma a que cogiera su polla con la boca. Así lo hice. La fui introduciendo lentamente, con mucha salivación, lubricándola bien, apretando con mis labios para hacer más intenso aquel acto que sé le encantaba.
- ¡Joder!
Se apartó y, a pesar de decirme algo que no entendí, comprendí lo que quería. Me puse en pie y me apoyé en la silla con las manos en el asiento, mostrándole mi culo por el que notaba el escurrir de mi corrida. Sentí la palma de su mano en mi coño empapado, frotándolo, y extendiendo mi corrida hasta la entrada de mi ano. Su dedo pulgar hizo una ligera presión y apreté mis nalgas, como avisando que no había acceso posible.
Sentí el roce de su boca en uno de mis glúteos y, a continuación, sus dientes hincándose de modo suave; varias veces, como pellizcos... Mi boca no pudo silenciar ninguno de los gemidos que de mi garganta nacieron. Al retirar la mano y darme una palmada en el culo, su polla me penetró, sin contemplación alguna, empezando a entrar y salir a ritmo rápido, entrando hasta el fondo, golpeando con los huevos. Sus embestidas eran fuertes, intensas, obligándome a agarrarme fuerte en la silla. Tenía la sensación, y así me sentía, de ser la yegua sobre la que cabalgaba, a la que fustigaba para que corriera con más energía, a la que hacía relinchar con cada uno de sus taconeos en el anca. Cogía mis caderas con fuerza, como si tirara de las riendas, llevándome, totalmente desbocada, camino de un éxtasis total...

1 comentario:

  1. Ufffff !!
    Pura pasión !
    Y a esta horas....
    Gracias por regalarnos tu imaginación
    Besos

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.