Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Si tu follas... Yo follo...

Es un cabrón. No tiene otro nombre a pesar del derecho que tiene. Ayer se trajo a alguien. He oído música, he oído voces y he oído risas. Mi marido y yo estábamos en el salón. Le observé tumbado en el sofá de enfrente. Hacía algo con el Ipad. Yo me entretenía en hacer zapping mientras la rabia me comía por dentro.
- Éste tiene fiesta hoy -dijo sin apartar la vista del aparato.
- Parece -terminé de decir.
Seguramente esa noche los iba a oír follar. No se corta un pelo y desde que tenemos nuestra historia, creo que todavía pone más hincapié en hacérmelo saber. Luego se me olvida pero de entrada ya me tiene ganada. Es un puto cabrón. Y yo pensaba que era angelical. El demonio también era un ángel. El más bello, el más listo, el más cabrón... Así es Sergio.
Me retorcía pensando en que esas manos que habían discurrido por mi cuerpo, discurrieran también por otros. No me había importado las de antes pero parecía que sí me estaban importando las de después, aún a sabiendas de que carezco de derecho alguno a protestar. A lo mejor debía pagarle con una moneda parecida. Mi marido tenía la agenda repleta de viajes en los  meses siguientes.  Salir a la caza y captura de otro hombre... No lo tenía demasiado claro, la verdad. No hay que tentar tanto a la suerte. Camelarme a Sergio y dejarlo tirado al final... Podría ser una estrategia.
Al final, decidí irme a la cama, dejando a Nacho liado con sus cosas. Lo normal es que él se fuera antes a la cama pero ese día andaba algo ocupado con no sé qué. La verdad es que no me he preocupado nunca de lo que hace _me refiero a su móvil o demás artilugios electrónicos, como él tampoco se mete en eso conmigo_. Confío en él más de lo que él confía en mí. Saqué los cojines de encima de la cama y me metí entre las sábanas. Arriba, la música había parado y se oía conversación pero no alcanzaba a entender lo que se decía. Se entremezclaba con el sonido de la televisión. Los pasos se multiplicaban a lo largo del piso.  Parecía un paseo breve, entre la cocina y el salón. La distribución del piso de arriba es igual que la mía: Su habitación sobre la mía, su salón sobre el mío...
- ¡Cariño! -me llamó Nacho.
- Dime.
- Me dice Lucas que si vamos este fin de semana con ellos a la playa.
- ¿A la playa? -me extrañé. Era pleno mes de noviembre.
- Sí -respondió mientras lo oía ponerse en pie para acercarse hasta mí-. ¿Que le digo? ¿Te apetece? El resto de tiempo hasta navidad sabes que te voy a dejar sola mucho tiempo.
Lucas y Marina. Lucas me cae muy bien, además, me parece un tipo súper atractivo. Con quien no me termino de hacer con Marina. Sí , es una mujer de bandera pero tiene demasiada tontería en su cabeza. Ha tenido suerte. Por lo que Nacho me cuenta siempre había sido muy fantasiosa y había ido a topar con Lucas: un bendito. Ella es la mismísima reina de Saba, aunque yo no puedo quejarme tampoco.
No sé por qué al final accedí. Supongo que lo ví muy entusiasmado y que lo hacía más por mí que por él.
- ¿Te vienes a la cama?
- Sí. Cinco minutos, cielo y vengo. Termino de mandar un informe a Pablo y me vengo.
No sé... Me gustó verlo así. Siempre ha sido muy atento conmigo, muy cariñoso, entregado a mí... A veces me siento culpable de ponerle los cuernos pero mi cuerpo, como dice la canción, pide más. Lo cierto es que es muy, muy atractivo. Tiene unos enormes ojos oscuros, una boca bonita, una sonrisa envidiable y un cuerpo que se cuida aunque los resultados no son tan óptimos como puede ser en Sergio ni resulta tan impactante a primera vista como puede resultar nuestro amigo Lucas.
Sí, mi marido me gusta y mi marido me pone.
Los demás..., también.
Le esperé medio recostada.  Me quité la parte de abajo de mi pijama y me quedé en braga y camiseta.
Suelo tener varios libros sobre la mesita de noche. Cogí uno de ellos. Me habían dejado una de esas novelas eróticas que se han puesto tan de moda últimamente. En el fondo todas son iguales. Cuentos rosas con tinte erótico. Eso sí, una alabanza a la sumisión y una serie de reglas a cumplir a riesgo de ser castigada según determine su amo. ¿Y eso gusta a las mujeres de hoy? Creo que es algo contradictorio pero no voy a entrar en ello: "Manual de la buena puta". La protagonista me recuerda físicamente a Marina. Rió. No lo puedo evitar. Lucas no se parece al protagonista, es más, no me lo imagino capaz de hacer las destrezas de las que el tal William Scott parece ser un maestro. Pero la lectura sirve para despejar la mente y dejar que vengan pensamientos calenturientos. A veces las escenas me parecen un tanto escabrosas y las situaciones me extralimitan. ¿Las habrá experimentado la autora? Parecen demasiado pautadas. También me sirven para no escuchar nada de lo que pueda acontecer en el piso de arriba pero no para evadir mi mente de las calientes sensaciones  de las que Sergio y yo somos protagonistas.

No sé en qué momento después debí de traspasarme, quiero decir que me quedé dormida. No me sentía tan cansada y mucho menos con falta de sueño, pero sucedió... Y también me pareció extraño que no me diera cuenta de que Nacho llegaba a la cama. No suele ser muy discreto a la hora de acostarse, sí en cambio para levantarse. Me noté desbordada en su abrazo. Mi espalda apoyada contra su pecho, su polla pegada a mi culo y la mano del brazo que está por encima mía, la sentí presionando mi pecho. Sus besos se encaramaron en la parte más alta de mi espalda, debajo de mi nuca. Percibí el calor de su aliento y aún así, fui incapaz de moverme. Y me envolvió el calor. Supongo que mi último pensamiento era tan elevado de temperatura que me dejó ardiendo. Dejé que me acariciara. Me palpó, desde mi pecho, pasando por mi costado, por mi cadera, por mi muslo; primero por la parte exterior y luego, la mano se coló hacia la interior. Intenté girarme un poco pero su cuerpo me lo impidió. Le dejé ampararse en mí, subir ligeramente sobre mí. Su boca, sus besos, se perdieron en mi cuello, en mi hombro... Y su mano volvió a atrapar mi teta, y sus dedos rozaron mi pezón por encima de la camiseta... Empujaba su polla contra mí. Podía sentirla como un punzón en el centro de mis nalgas. Me movía lentamente y lo justo para que la posición de mi cuerpo no ocultase mi sexo. No quería abrir los ojos pero un golpe secó me hizo reaccionar. Pude intuir, sin asegurar, que era la cama de arriba pero estoy adormilada mas no tanto como para no sentir los dedos de mi marido entrando en mi sexo. Echó mi pierna hacia atrás, dejándole espacio... Sé que me iba a encontrar mojada, muy mojada... Su mano quedó presa bajo mi braguita. El calor, la humedad, el suspiro... Gimo... Y me quedé sin ellas... Y sin camiseta.
Mis pezones se pusieron erectos, ligeramente doloridos como consecuencia del deseo. Nacho se acomodó ligeramente sobre mí... Me besó la boca, la entreabrí y se la ofrecí adormilada. Su lengua acarició mis labios y se introdujo entre ellos, convirtiéndose en una especie de lanza que me penetró, rebuscando en cada uno de los rincones de mi boca.
Busqué a mi marido. Su cuerpo desnudo se rozó con el mío. Dibujé su costado hasta llegar a su culo. Palmoteé, presioné y volví a ascender hasta la nuca. Mis dedos se hundieron en su pelo, estrujándolo en mi mano. 
Me pellizcó ambos pezones, gruñí y me retorcí. La sensación al ser succionados terminó de estremecerme. Su lengua los presionó, sus dientes los mordisquearon y su lengua los masajeó. Mi mano buscó su polla. No tardé en dar con ella. Estaba tremenda y mi piel se humedeció con su glande. Empecé a acariciarla, a acompasar sus movimientos respecto a mi grado de excitación. Necesito más, fricciono más fuerte... Me relajo... Suavizo la fricción.
Siempre empiezo despacio. Esta vez no era diferente. Acaricié desde el glande hasta la base y noté como se estremecía. Sus respiración era agitada y ahogaba su sed en el interior de mi boca.

- Sube un poco -pedí. Quería mamársela. Se acomodó y se arrodilló muy cerca de mi cara. Una mano masajeaba y pellizcaba mis pechos y pezones a intervalos, mientras la palma de la otra se restregaba sobre mi coño, mojándose y extendiendo la humedad hasta mi ano. Pasé mi lengua por su polla, rodeando la punta, blandita, apetitosa, dibujando el anillo antes de introducirla en mi boca, presionándola con mis labios y arañándola suavemente, antes de ir introduciéndola en tu totalidad. La empujé hacia el interior, camino de mi garganta, llenándola de saliva, mientras sus huevos son como canicas en mi mano. Siento la humedad de mi coño resbalarse hacia mis músculos aunque todavía no me había corrido. Le miré. Me encanta pellizcar los pezones, casi con malicia, con intención y fue lo que hice. Su rostro se contrajo. Sé que le duele pero también que le gusta. Y yo disfruto. El ritmo de mi mano se aceleró al ritmo que impusiste con tus dedos dentro de mi sexo. Sé que a veces temes que te la arranque del frenesí que pongo pero no dices nada. Esta vez también guardaste silencio. Tampoco protestaste cuando mi mano palmotéo con fuerza tu glúteo y un dedo se resbaló hacia tu ano.
Me imaginaba a Sergio follando a su amiga un par de metros más arriba. A veces oía golpes. Supongo que eran de la cama contra la pared.

- Baja -le pedí. Quería que se pusiera entre mis piernas, que me follara y quería tocarme para él, para hacer más intensa mi corrida. Se acomodó y acaricié su nabo antes de que me lo tragara. Sabe que me gusta que entre despacio. Se lo pido a todos. Y que luego se enfatice el ritmo. Su polla se recreó rozándome el clítoris y el ano, una y otra vez, de arriba hacia abajo, hasta que introdujo la punta como sabe que quiero. Mi clítoris se estremeció bajo el tacto de mis dedos, mojados con su saliva. Círculos alrededor de él, pequeños golpecitos para estimularlo más... Y le embestía para que mi coño se comiera su polla más al tiempo que apretaba con mis músculos para sentir más su penetración y él me sintiera, al mismo tiempo, más intensamente, aumentando su excitación. Sabía que la mía aumentaba también. Él embestía; yo empujaba. La penetración era profunda. Entraba fácil su polla en mí, impregnándose de mis flujos, de mi aroma... Su mano se acompló a los movimientos de la mía. Yo jugué con una de mis tetas, recreándome en un pezón. Él hizo lo mismo con la otra, aunque sus movimientos eran más fuertes, más acentuados... Mis gemidos se incrementaron, el corazón me latía con fuerza y notaba la vibración de aquellas corrientes en en interior de mi coño, golpeado por la fuerza de su polla. Tomé sus hombros con mis manos, clavé los dedos y le marqué tus embestidas. Las quería más fuertes, más salvajes, menos compasivas... Mis uñas se resbalarón por sus costados y volvieron a subir. Sé que le dejarían marcadas. Me da igual. Me gusta marcar a mis presas. Pero él también tiene tu propio juego y sabe parar cuando más excitada estoy. Se convierte cada gesto en una llamada de súplica. Y le supliqué que no pasase, que me follara..., sin contemplaciones...
Su polla volvió a entrar en mí, después de pasar su mano por mi coño. Y yo me dejé llevar. Mis gemidos, mis gritos, mis súplicas... Permití que salieran más sueltas que nunca... Para que me oyera... Para que mi marido se excitara y Sergio se jodiera...
- Estás chorreando... Qué cabrona.... - Él no suele decirme palabras así mientras follamos pero a veces le salen. Me dan gracia pero en él no me excitan. Simplemente las oigo. Apenas había introducido su polla en mí que notó mi corrida. Una chorro de líquido salió de mi interior, mojó toda tu polla, todo tu pubis, todo el mio y se resbalo entre mis muslos... -¡Qué bueno! -se relamió mientras seguía con sus envites, apoyando sus manos en mi cintura o en mis muslos...

La oí gemir con fuerza. No llegaba a ser un grito. La muy puta se debía de haber corrido... Yo también... Y tenía a dos... A mi marido... y a él. Y los dos me habían follado...

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

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En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

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