Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Veinte escalones...

Me he despertado una noche más sola en mi cama. Mi marido a más de mil kilómetros y mi nuevo amante, en el piso de arriba. No se escucha nada. No hay un ruido. No hay un paso. Y me giro hacia el hueco libre de mi cama: el que debería estar ocupando mi marido... o Sergio... Sí, me encantaría que fuera Sergio. Es la novedad en mi vida. La golosina perfecta para deshacerme en mi boca y enterrarse en mi coño.
Sé que duerme justo encima de mi habitación. No han sido pocas las noches que le he oído follar con otra. Supongo que él también me habrá oído gemir y gritar cuando mi marido me folla. La luz entraba por los resquicios de la persiana pero no parecía haber sol. Me giré y me abracé a la almohada. Por un momento, el roce de la sábana en mis piernas hizo que me estremeciera. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y una corriente se acumuló entre mis piernas. Sentí que el camisón me sobraba. Llevé una de mis manos a uno de mis pechos. Pude sentir el pezón erecto, herido por el mismo roce del camisón.

Parece que la doble sesión de sexo del día anterior no me ha dejado del todo satisfecha o es que estoy en esa etapa de entusiasmo con la que suelo sorprenderme de vez en cuando. Estoy tan caliente que parezco más perra que nunca. Si apareciera mi marido de pronto por la puerta no le iba a dejar ni respirar. Me tiraría sobre él y me lo follaría como la mejor de las putas. Si apareciera Sergio... ¡¡Ufff...!! ¡Qué no haría yo con él! ¡Qué no me dejaría hacer!
Me permitiría el lujo de atarlo a los barrotes de mi cama, taparle los ojos y volverlo loco a base de lametones y mordiscos, resbalarme por su cuerpo y martirizarlo sin descanso sobre su sexo: tragarme su polla desde el capullo hasta donde mi garganta lo permitiese, chupar sus huevos y meterlos en mi boca llenándome de ellos...

Siento un calor que me quema desde dentro. Las sábanas se enredan en mi cuerpo como las manos de un buen macho impregnado en mi cuerpo, hambriento de mi piel y calmado en mi sexo.
Me da perece levantarme a buscar mi juguete. Lo dejé en el baño, en la encimera del lavabo... No me intranquiliza la no presencia de mi marido. Sé que me queda todavía un día sin él. Me sorprende el sonido del móvil. Sonrió nerviosa al reconocer el nombre en la pantalla: "Sergio". Descuelgo y una mano sigue jugueteando con uno de mis pezones.

- Buenos días -musito como gata en celo, tontorrona y buscona.
- Buenos días, guapetona. ¿Qué haces?
- Estoy en la cama. ¿Tú?
- Encima de ti... en mi cama. -Y de lo más profundo de mi garganta surgió un gemido que provocó su carcajada-. !Mmmm...! -expresó y mi cuerpo reaccionó-. ¿Sabes cómo me he despertado?
- ¿Cómo?
- Empalmado. Ha sido despertar y tú venir de inmediato a la cabeza. ¡Niña, cómo follas!... Dime qué haces, quiero saberlo...
- Estoy ... entre las sábanas...
- ¡Ufff! No me digas eso... o tendré que hacer... tendrás que hacer algo para bajar mi erección. -Su voz era extremadamente íntima, extremadamente masculina y sensual. Cuando la tarde anterior me susurraba todo aquéllo a mi oído, sentía que me follaba incluso con ella-. Creo que te echo de menos.... Yo... y mi polla. -Si supiera él que en estos momentos lo único que deseo es cogérsela entre las manos, mirarle a los ojos y devorarla con ansia... Creo que no dudaría en bajar los veinte escalones que separan su puerta de la mía y meterse en mi cama. Conocer que añora mi forma de follar no hace más que aumentar mi estado de excitación y  que la humedad de mi sexo fuera notoria. Bajé mi mano hasta mi coño.  Pasé las mano bajo mi ropa interior y los dedos resbalaron mis dedos entre los pelillos y acariciar mis labios vaginales. Pude comprobar esa suave "pomada" lubricar todo mi sexo. No estoy segura de que se me escapara un gemido, pero tampoco me iba a importar. Tal vez fuera muy débil pero muy evidente.
- ¿Me haces un hueco a tu lado? -le pregunté.
- Claro que sí. Aquí mismo.
- Mmmm -musité-. Me apeteces.
- Hummm... pues me tienes en un punto que no veas.
- Me encantaría estar bien cerca de ti, acariciarte el pecho y acercar mi boca a tu cuello... besarlo, acariciarlo con la punta de la lengua hasta llegar al lóbulo de la oreja...
- Hummm -gimió.
- ... Susurrarte algo...
- Cerraría los ojos y me dejaría hacer... Dejaría que me devorases el cuello... ¿Qué me susurrarías?
-  Decirte que me gustas... que te deseo... que me pones... Chuparía el lóbulo, lo mordería y tiraría de él...
- Ufff...
- Pequeños mordisquitos hasta tus labios, encontrar la boca entreabierta...
- Te la ofrecería...
- Me encanta tu boca...
- Dejaría mis labios muertos... sin tensión... para recibir tus besos... - A esa altura de la conversación yo me siento desfallecer. Mis dedos entran y salen de mi mojado coño lentamente. Me imagino que él se la está meneando o al menos, su erección va en aumento.
- Cogería uno de tus labios, lo besaría y lo dibujaría con la punta de la lengua...
- Hummm...  Sí...
- ... Y lo mordisquearía -noté su respiración entrecortada y de fondo el sonido de su mano pasando por su polla.
- Hazlo despacio...
- Muy despacito... Recréate... Quiero que me saborees...
- Me voy a sentar a horcajadas sobre ti...
- Ufff...
- Bien pegadas mis caderas a las tuyas... y mi pecho pegado al tuyo... sujetándote las manos al final de mi cintura... Pasaría mi lengua por tus dientes, haciéndome hueco en el interior de la boca...  buscar tu lengua y lugar con ella...
- Hummm.... Me tienes fatal... Abro bien la boca... Toma mi lengua...
- Mmmm.... la succiono....
- ¡Amor! -pronunció de pronto. Me sonó extraño pero me gustó.
- ¿Qué?
- Abre la puerta de tu casa. Voy a bajar.  -El corazón me dio un vuelco pero mi coño se corrió al mismo tiempo-. Quiero follarte... No dejes de tocarte...

No lo dudé. Colgué y salí corriendo a abrir. Dejé la puerta como si estuviera cerrada y regresé a mi cama. Me desnudé. Apoyé las plantas de los pies sobre el colchón y flexioné las piernas, dejando mi coño bajo la presión de mi mano y las caricias de mis dedos. Mis pechos estaban libres. Los pezones erectos. Dolían de la tensión.

 
Oí los pasos de Sergio encaminarse hacia su puerta. El portazo que le dio para cerrarla y descender rápidamente aquellos escalones. La puerta de mi casa se cerró. El portazo fue más suave. Miré hacia la puerta del dormitorio. Sergio apareció desnudo, con algo de ropa en una mano. La tiró en el suelo sin dejar de mirarme. Luego se sentó a mi lado. Allí seguía yo, con mis piernas abiertas y frotando mi clítoris. Imagino la expresión de mi cara en ese momento. Se atrevió a bajar desnudo y empalmado. Seguíamos solos en todo el edificio.
Se inclinó sobre mi. Puso su mano sobre la mía y su boca sobre mis labios mientras su mano libre se aferraba a una de mis tetas. Muerde. Chupaba un pezón y tiró de él. Me dolió pero estaba tan excitada que necesitaba más. Succionó y los dedos de su otra mano jugaron con los pliegues de mi sexo, rozándolos, separándolos, manoseándolos con sabía calentura. Dócil y, al tiempo, calculador. Sentí que buscaba mi reacción... O la quería.. Me mordía los labios para callar mis gemidos cuando introduje los dedos en mi coño. Mi tensión me convirtió en débil. Me noté flaquear del mismo modo que con mi mirada le suplicaba más. Mi cuerpo temblaba y se deshacía cuando noté su aliento acariciar mi pubis. Su mano alcanzaba mi boca... Introdujo dos dedos... Los dejó a merced de mi lengua... Y mi coño, mi sensible, caliente y mojado coño, se perdía bajo los lametones de su lengua.
Los gemidos se acumulaban en mi garganta. Se atropellaban los unos sobre los otros. Las piernas me temblaban y deseaba, necesitaba, que me follase... Y lo hizo su lengua. Me encanta sentirla perderse en mi interior, separar con los dedos los labios mayores, abrir los menores con esa caricia húmeda de su boca e introducir su ávida lengua dentro de mi; saborear mis flujos, incrementándolos, beber cada una de las gotas que emana mi excitación. Me lamía, me chupaba y empujaba haciéndose camino, cavando su tumba en mis entrañas.
- ¡Grita! - me pedía de pronto y me dejé llevar. Mis piernas seguían flexionadas, agarradas por sus brazos. No podía moverme. Es su forma de torturarme. Me agarraba a las sábanas. Arqueaba mi cuerpo... Y se bebió mi corrida. Me sentía un poco cohibida, como si no fuera mi intención pero sabía  que la disfrutaba. Vi asomar su cabeza sobre mi vientre. No fue necesario decir nada. Su expresión me lo dijo todo. No esperaba mucho más. Me sorprendió. Me levantó. Me tomó por la cintura y se colocó entre mis piernas.
Su polla, dura, tiesa, enorme entró en mi sin contemplaciones. Sentí cómo me abría hasta al fondo, como empezaba a manejarme, a hacerme saltar sobre él. Era como si mi corrida le hubiera dado la fuerza suficiente para hacerlo. Estaba extenuada y a él lo notaba más fuerte. Me besaba. Mordía mis tetas... Saltaba sobre sus caderas. Su polla me golpeaba fuerte, chocando al fondo de mi coño. Una sensación menos dolorosa que placentera... Me dejé seducir entre sus brazos. Veía su rostro. Sudaba ligeramente. Apretaba los dientes y los labios. Notaba a duras penas los espasmos de su cuerpo.
                          
- ¡Correte! -le supliqué en repetidas veces porque yo no sé cuánto tiempo más iba a soportar así. Me acometía  una y otra vez y yo me clavaba en él. La penetración era profunda. Mi cuerpo pesaba  y el suyo me elevaba.
- ¡Jo... der...! -atiendió a pronunciar. Y noté  que se había corrido, que se estaba vaciando en mí y me sentí satisfecha, tanto que me corrí a continuación. Mis líquidos flujos se unieron a los suyos, ligeramente más espesos. Nuestros cuerpos se siguieron friccionando. Sus brazos me retuvieron más fuerte. Yo me limité a rodearlo también con mis brazos, a buscar su boca.. Y él me la entregaba...

2 comentarios:

  1. Dulces, húmedos, placenteros... Pecaminosos...
    Mil gracias por acercarte a esta casa que ya es tuya.
    Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.