Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

martes, 31 de diciembre de 2013

Perlas del Pecado...

Siempre hay un pecado para un mortal...

Después de lo sucedido, me he dado una ducha. Todos tenemos un pecado pero no hace falta gritarlo a los cuatro vientos. Siempre he pensado que determinadas dudas son mejor que una verdad. Nacho ha llegado a casa. Lucas lo ha ido a buscar al aeropuerto. Le veo cansado pero feliz. Está claro que su esfuerzo ha merecido la pena y ha cerrado un contrato muy sustancial. Ahora hay un motivo de celebración, una excusa perfecta para salir los cuatro a cenar.

Me ha llenado de joyas... Me encantan las perlas... Creo que una vez puestas así para él, son el mejor vestido que podría ponerme. Hay tiempo. Quiero que disfrute de mí, de la mujer que tiene en casa, de su señora y de su puta, aunque él no lo sepa.
No le suplicaré. No hace falta. Sabe lo que quiero, lo que me gusta y lo que debe hacer. Yo, a cambio, seré lo que desea.
Perla a perla, cadena a cadena, me iré descubriendo ante él para que nada le prive de mi piel y de mi cuerpo.

- ¿Sabes cómo te imaginé anoche? -me susurró cerca del oído mientras me tenía abrazada.
- ¿Cómo?
- Había una cama enorme, de esas que tú dices que son para perderse, y te vi ahí, arrodillada, de cara al cabecero, con la espalda bien recta, y con esa cara que pones de no haber roto nunca un plato pero que te has cargado toda la vajilla, si me apuras, la vajilla de la abuela... -sonreímos-. Imaginé que cuando me acercaba para tocarte ya estabas mojada y los jugos de tu sexo ya rezumaban hacia los muslos... Y todavía no había empezado. Imaginé que me incitabas moviendo el culo en círculos... Me gusta tu culo... -y sentí sus manos en mis glúteos, donde las perlas se enredaban en sus manos, sabiendo que mi sexo "lloraba" por él-, como una perrita en celo y como una gatita dispuesta a sacar las uñas... Y ahora creo que debo dejar de contarte...
- ¿Y qué vas a hacer?
- ¿Me lo preguntas o quieres que te lo demuestre? -me preguntó. Me separé de él lo justo para poder mirarle a los ojos. Brillaban en esa intensidad inmensamente negra. Su boca, de mueca irónica y lasciva, se entreabrió. Y de ella, suspiró un beso, un beso de esos profundos, de esos que mordisquean suavemente los labios, convirtiendo el beso en un dulce mordisco. Un beso profundo, de esos que exploran el interior de la boca con el esplendor de una lengua inquieta que se aplica allí donde el labio superior se une con la encía, convirtiendo el beso en un dulce cosquilleo rozando el frenillo. Un beso profundo, de esos que buscan el pliegue del labio inferior con la encía y  la parte baja de la lengua, convirtiendo el beso en una tentación. Un beso profundo, de esos en los que la lengua se vuelve una especie de embudo, que se introduce y sale con ritmo de la otra boca; un gesto similar al efecto que producen las caricias del pene en la vagina. Un beso de esos profundos que succionan le lengua del otro, implicando el cuerpo en semejante caricia.
Y mi cuerpo tembló.


... Y yo soy su pecado.
Y, al mismo tiempo, el uno para el otro, la redención mutua.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Hoy te toca a ti...

Me he desvelado porque he oído un ruido. Te he notado pegado a mi espalda, abrazado a mí, con tu brazo por encima de mi cintura y tu polla pegada a mi culo, inerte, dormida...
Cojo tu mano y la llevo hasta mi pecho mientras me acerco más a ti, pasando mi pierna libre por encima de las tuyas, como encadenándote entre mis curvas. Te mueves y notó como coges mi teta, como la apresas bajo la palma de tu mano, como tus dedos van palpando en busca de mi pezón. Adormilado, localizas mis dos pechos, aunque te recreas en ese, enfatizando la erección de su saliente: redondo, tierno, sonrosado... Una especie de gruñido, de sonido gutural me avisa que de despiertas un poco más. Besas mi hombro y empiezas a morder con los labios en tanto tu mano desciende por mi costado. La mía sobre la tuya acompaña el descenso. Acaricias mi glúteo y se emplea sobre mi sexo humedecido, oculto todavía bajo la suavidad de mi ropa interior.
Me dejo acariciar, sintiendo tu aliento en mi nuca, humedeciendo la piel. Percibo el crecimiento de tu sexo presionando contra el centro de mis glúteos. Mi respiración se profundiza y ese tibio jadeo aumenta tu deseo sobre mí, la avidez de poseerme y las ganas de follarme. 
No lo sabes porque nunca ha pasado pero me voy venciendo hasta quedar boca abajo y no tardas en acomodarte sobre mí. Muerdes de nuevo mis hombros, pasas la lengua por donde mi piel queda desnuda, pero me dejas presa entre el colchón y tú. Siento el empuje de tu polla haciéndose camino y el glande llega a tocarme la abertura de mi ano. Empujas suave. Me gusta percibirte así y tú lo sabes. Me gusta el roce de tu miembro en mi sexo.
Te frotas contra mí, utilizando la presión de mis muslos para calentarte más... y calentarme más... llegando a introducir ligeramente la punta de tu polla en la entrada ardiente de mi mojado coño, pero no quiero que entres todavía.
Lamo los dedos que me ofreces, esos que antes han estado pellizcando y jugando con mis pezones. Entran en mi boca y mi lengua los humedece y saborea. Salivo, salivo mucho. Mi excitación, a pesar de ello, seca mi garganta.
Y levantó mis caderas, flexionó mis piernas y apoyó mis rodillas en el colchón. Quedo resta ante tu sexo, ofreciendo el mío. Mi postura es cómoda y me permite una apertura completa que aprovechas para comprobar el grado de humedad de mi coño. Te recreas en mi clítoris. Primero frotas con la mano, luego con los dedos ante de introducir estos, ligeramente separados ya en el interior, moviéndolos de adentro hacia afuera, hasta que una palmada, de abajo a arriba, en mi glúteo me avisa de tu embestida. Apoyado sobre el final de mi espalda te vences sobre mí...
Dentro...
Fuera...
Te alejas y te acerca, pero nunca te separas. Cierro mis manos sobre la sábana, arrugándola, sufragando mis gemidos y mis ganas de gritar por el placer que siento ante tus envites, tu respiración, las caricias de tus manos y el sonido de tu voz diciéndome cosas que no me detengo a escuchar pero que a ti te encantan.
Aprieto mis músculos, reteniendo entre ellos tu erección, y, cuando noto que te retiras para empezar un nuevo empujón, retrocedo, para que te siga teniendo dentro y para que cuando empujes, entres hasta lo más profundo de mi coño, hasta hacerme gritar de placer.
Sabes que estoy a punto e intensificas tus movimientos. No te importa que lo haga ahora, sin esperarte. Tú ya llegaras. Te recreas en mi placer, en mi corrida, en el líquido caliente y a presión que inunda mi interior y sobresale, rebosando tu sexo. No cejas en tu empeño. Tu combate: asaltas, chocas y golpeas; te arrojas en mi interior y aquel rugido que no contienes me dice que te vacías en mí, que tu esencia infiltra las paredes de mi sexo... hasta que consumado, te postras sobre mí...

Saliste de la cama y me miraste antes de empezar a vestirte. No pude reprimirme. Salté sobre ti, abrazándote. Era como si no quisiera que te fueras, pero tenías que hacerlo... 
Antes de irte, me abrazaste. 
Te esperaba una gran cita, un gran encuentro.
Dos hombres solos a priori: mi marido y tú. Tú con el sabor de mi cuerpo en tu piel y en tus entrañas. Él dispuesto a sentirlo... Pero eso será más tarde... Después de que le deje libre, después de que, como tú, me haya hecho suya todavía con tu estela en mi interior. Traémelo a casa.
Sí, muy guarra, muy puta... Como a los dos os gusta. 
Luego seremos dos parejas que salen a cenar juntas.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Esposados...

Si te suelto, ¿prometes descubrirme?
Poco a poco...

 

Y, cuando por fin, me tengas, átame...
... pero a ti...
y si te apetece, fóllame o hazme el amor...
... para sentirte plenamente.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Dulce Pecado...

Desnúdame despacio: Los zapatos.... y acaricia mis piernas hasta las comisuras de mi vestido.
Baja la cremallera de mi vestido y deslízalo hasta que enrede en tus manos.
Bésame... Por encima de mi ropa interior... Y despréndete de ella porque me sobra y me estorba.
Nos perjudica.
Coge mis medias. Primero una, desde donde ejerce presión sobre mi muslo, y deja que se resbale hasta que, en un arrebato de seda, acaricie mi pie. Luego, la otra.
Sube por mis piernas. Las palmas abiertas, oprimiendo suavemente, hasta que encuentres el velo oscuro que cubre mi desnudez. Piérdete entre sus hilos y descubre el ámbar que refleja mi humedad. Coloca tus dedos, como palillos chicos ante una bolita de miel...Toca, táctil, sensual, sensorio... y explora. Piérdete entre los matices de mi sexo, entre su follaje y sus cumbres, sus laderas y sus montes... Haz que empape el velo de encaje y deshazte de él. Besa la primera meta superada.
Asciende, que tus manos marquen el camino de tu boca y que ésta se abra ante la opulencia e impaciencia de tu lengua. Dibuja rectas y curvas húmedas sobre mi piel y llega al cerro de mis pechos. Salva la prominencia que los encumbra con tibieza de tu lengua y delicadeza de tus dientes, y lubrica tus pasos mientras te anclas en el vértice de mis piernas...
Y solo entonces te diré: ¿Un poco de dulce para condimentar el Pecado?
Sólo tengo los ingredientes: Mi cuerpo, miel y tú.
Usa mis medias... Utilízalas para sentir la viscosidad de la miel bajo tu piel y deja que me embriague de tus jugos y de tu juego.
Derrama un poco sobre mi espalda... pero solo un poco... Su tacto tibio me calma y el roce de tu boca me exalta.
Y devórame bajo las ondulaciones de oro. Y sigue buscando el aroma de mi cuerpo, poro a poro, trozo a trozo... De mi pecho a mi sexo. 
En busca del cáliz en el que se ahoguen los jugos: los míos y la miel. 
Vierte, vuelca y extiende el acaramelado entre el hueco de mis glúteos. Deja que escurran y rebosen y desborden mis curvas. Bebe el néctar que nace entre mis piernas y endulza el camino, prepáralo para mi gloria.  
Deja que tu sexo se impregne de mi miel y pon en guardia mi cuerpo y en alerta mis instintos. Azórate sobre el calor de mi sexo. Defiéndete como si tu lengua fuera uñas y como si tus dedos fueran dientes...

Absorbe hasta la última gota. Toma cuanto puedas porque tras tu lucha, llega tu descanso y seré yo quien devore tu piel bajo mi miel. No me detendré en tantas palabras...

miércoles, 25 de diciembre de 2013

A veces te siento... Y, a veces, te imagino...


A veces te siento y otras, simplemente, te imagino. A veces, con los ojos cerrados y otras, con los ojos bien abiertos. A veces siento el contacto de tus manos abriendo mis muslos, buscando el infiel encanto de un sexo húmedo y vibrante, acariciado por vellos que se escarchan y se desmoronan al contacto del calor de tu boca, del roce de tus labios y del zarandeo de tu lengua... Me imploras y demandas placer...Mi cuerpo se entrega fingiendo ser sumiso pero es tan egoísta como desbordante. Tus manos simulan atar mis muñecas y retienes cruzados mis brazos por encima de mi cabeza en tanto tu boca saborea, disfruta, goza y se satisface de mis deseos. Exploras, cual amante curioso, subido al pico de mis pechos, y dibujas, cual artista engreído, las curvas de mis espacios...Y abocado en tu borrachera, me succionas desde el centro de mis entrañas, separando los labios que se embeben de los tuyos. Introduces tus dedos como osezno ante  un panal cuya miel le desborda y le ansía, devorándola. Sabor ácido, dulce... sexual, sagrado placer que se come lentamente, que se degusta sin pudor.

A veces te percibo erecto, inmerso en la humedad de mi sexo, enterrándote sin compasión, sin remilgos ni estrecheces; quemando, abrasando, horadando un destino final... Y al abrir los ojos, tu cuerpo, sudado, dilatado y exinanido se vence pesado sobre mi envoltura.
Fluidos perfectos, acompasados y rítmicos; compartidos y conquistados, en muta relajación y entrega.
Así te imagino... Así te siento...
¿Y tú?

martes, 24 de diciembre de 2013

Ego te absolvo a peccatis tuis...

Que la grandeza de tu misericordia borre mis excesos...
  Porque hoy mi boca sabe a pecado.
Riégame con tu gracia... de arriba a abajo,
 en cada extremo de mi reo cuerpo hasta llegar a la cumbre de mi pecho: tenso, extenuado y erguido.
Derrama tu gloria y lléname de ti. 
Y así, en cuerpo y alma, a tu esencia me entregaré.
Amén.

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.