Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Actus non facit reum nisi mens sit rea...

El acto no hará a persona culpable a menos que la mente sea también culpable...


La verdad es que el tío me pone pero no quiero viciarme pese a que nunca he llegado a tal extremo con nadie, ni con mi marido, aunque hemos tenido, y seguimos teniendo, etapas verdaderamente calientes, fogosas y salvajes... Casi creo que podía definirlas como lujuriosas.
Habíamos quedado en su casa, donde también tiene ubicado su lugar de trabajo. Me había dicho que es abogado y que, precisamente, ese día, tenia la tarde libre de visitas. Su única visita iba a ser yo. Así lo había organizado.
Entré en aquel patio, ligeramente oscuro para mi gusto a pesar del pedazo de lámpara de araña que colgaba del techo. Los buzones me indicaron de la existencia de varias empresas situadas en la planta primera. Me había dicho: "Segunda planta. Oficina D, D de dedo". Me acerqué hasta los buzones y comprobé la ubicación. Más que por asegurarme, era por mera curiosidad.

PABLO MAROSTIN BETA
MARIO LAUT UMA
Abogados laboralistas
Segunda Planta. Oficina D

Pensé que tenía un despacho para él solo. Tomé el ascensor. Me miré en el amplio espejo que cubría la pared de su fondo. Me atusé un poco el pelo, me acomodé el abrigo mientras la puerta se iba cerrando. Vi correr a alguien pero ni a mi me dio tiempo de girarme ni a él, porque era un él, de alcanzar la puerta para impedir que se cerrara. Llegué a la segunda planta. Un trayecto corto. Pasillo a la derecha. Pasillo a la izquierda. Placas de letreros sin estética común: Publicidad, seguros, contable... Abogados... Volví a leer de golpe los nombres y llamé al timbre. Ahí apareció Pablo. Saludos, una sonrisa, un beso en la mejilla... Y cerró la puerta tras de mí.
Creo que eran mis nervios los que producían que tuviera esa angustiosa sensación de calor. Cierto era que venía helada de la calle. Llevábamos unos días con intensa niebla. Cuando entré en el piso, tuve la sensación de entrar en el infierno... ¡Que calor! O tenía la calefacción a tope o el termostato de mi cuerpo no funcionaba adecuadamente.

- Tienes la calefacción muy alta, ¿no?
- Será que vienes muy caliente -me respondió ayudándome a quitar el abrigo. Lo cierto es que pensé que no iría tan al grano. Tal vez un poco de conversación para ir acomodando la situación, un café, un poco de agua... Pero no era esa la tesitura. Tampoco puse ninguna traba. Había ido allí a follar, ni a conversar, ni a tomarme un café... Estaba claro... O él así me lo dejó.

Sus manos se precipitaron directamente sobre mis muslos, arrugando mi falda hacia arriba. Sus dedos tiraron del elástico de mis medias de liga antes de dirigirse sin más hacía mi sexo. Para entonces éste ya estaba mojado. Noté sus dedos apartando los bordes de mi braguita y ambas manos se colaron bajo ella, rozando las puntas de mi vello, pellizcando el borde de los labios, separarlos... y un dedo se quedó en mi clítoris y otros profundizaron en la oscuridad de mi sexo, en tanto su boca y sus dientes mordisqueaban en lóbulo de mi oreja derecha... El calor de su aliento me producía escalofríos y sus palabras me encendieron...

- Quiero que seas mi puta...  -¡Joder! Ya había sido la puta de uno aunque nunca me sentí como tal. Sí, reconozco que en cierto modo hay algo de gusto en una sumisión sexual, siempre y cuando sea mutua y de consenso. Nunca nadie más desde el Macho Alfa me había pedido tal cosa-. Estoy harto de princesitas que solo saben mamarla, que se abren de piernas para que las folles creyendo que son magníficas porque me he corrido, que si las pones a cuatro patas ya te dicen que no les folles el culo... -!A mi tampoco me lo vas a follar, guapo!, pensé-.
- Pues a mi me gusta que me traten como a una princesa y me follen como a una puta... -No sé por qué dije eso en aquel momento pero venía muy a cuento.
- Te trataré como crea que mereces.  -Aquellas palabras daban sensación de autoridad. Quería ser mi dueño, utilizarme y follarme a su antojo. Podía poner sus reglas pero yo solo cumpliría las mías. Me bajó la cremallera de la falda y pudo ver el nacer de mi ropa interior negra y mis dos glúteos duros. Los pellizcó, los manoseó y los mordió al tiempo que la falda caía al suelo y él me daba la vuelta.
Para mandar tanto no tardé en verlo arrodillado ante mí, oliendo mi coño, mordiendo mi braga, buscando un hueco entre mis glúteos. Cogí su cabeza y hundí su rostro entre mis piernas. El calor de su piel y el frío de la mía eran la mezcla perfecta para que mis pezones se erizaran, para que mi coño se estremeciera y para apartarme un lado de la braga para dejar que su boca me lo tocara. Me palmoteó la mano. No quería verla tan cerca. Se levantó, pasando el rostro pegado a mi cuerpo, sobre mi camisa... Sus manos dibujaban mi silueta hasta que se quedaron en la cintura, tomando mi braga con fuerza, tirando hacia arriba. Lo hizo con fuerza. La tela que presionaba mis glúteos se pegó y la parte delantera se metió entre los labios mayores, llegando a presionarme el clítoris. Incomodaba pero él enrolló la tela sobre las caderas alrededor de sus dedos tirando con agresividad. El primer intento fracasó, con el segundo mi braga se rompió, pero no del todo... Un tercer intentó y se quedó con ellas en la mano. Las olió y luego me las dio a oler a mí. Tenían ese olor dulce, incitante, con toda la parte de la entrepierna mojada... Parecía aun gesto dulce aquel que siguió, separándome los labios, rozándolos con las yemas de su dedo... Ingenua de mí... Abrí la boca para absorber sus dedos y me vi con parte de mi braga dentro.

- Sshhhh... -pronunció antes de empezar a pasar su lengua desde mi garganta hasta mis pechos. Sus dedos seguían otro rumbo hasta que se detuvieron sobre los pezones. Pasó la palma entera por encima hasta que las yemas de sus dedos se convirtieron en unas crueles pinzas que me hicieron gritar, aunque la tela negra en mi boca mitigaba todo sonido elevado. Me giró. ¿Qué podía hacer yo? Poco más. Gozar y disfrutar y dejarme llevar hasta donde estuvieran mis límites... O los suyos... Me giró y me inclinó sobre su mesa de despacho: una bonita mesa de madera y un sillón de piel al otro lado. Es lo que me dio tiempo a ver y lo que más tiempo estuvo ante mis ojos.


Por un momento, solo percibí sus manos sobre el centro de mi espalda, como dibujándola, antes de volver a sus artes: martirizarme un pezón y mitigar ese dolor-placer con unos azotes sobre una de mis nalgas. ¡Joder!  Mi blusa sirvió para inmovilizarme. No sé cómo hizo aquel nudo pero cuanto más quería tirar más presa me sentía. Volví a dar un respingo cuando sus dedos llegaron a mi clítoris. Lo pellizcaron y lo estrujaron... con más intención que delicadeza. Estaba empapada y a esas alturas quería ya que me follara. Supongo que sabía que yo lo deseaba pero también sabía que no iba a ser tan fácil concederme un deseo. No sé cuánto tiempo estuve así: martirizada, atosigada, mortificada...agónica, prolongadamente agónica-. No quiero que te corras... -pidió, aunque lo estaba inquiriendo. ¿Obedecerle yo? En esas cosas y en esos momentos mi única preocupación es cumplir conmigo misma. En el sexo me gusta dar placer, pero por encima de darlo, está el obtenerlo.

Y de pronto se detuvo. Se apartó por completo de mí aunque percibía su calor detrás mía. Una fuerte palmada en mi trasero me mantuvo alerta o, más bien, me puso en ella. Me levantó el culo, me separó las nalgas... Volvió a tocar mi sexo... Cuando apartó la mano, me penetró. Era fácil que entrara y lo hizo en su totalidad, hasta el límite de sus testículos, hasta que sus muslos golpearon con fuerza mi culo. Y se detuvo. Una única fricción, una única follada y volvió a quedarse quieto. Intenté mirarle pero me giró la cara y me sujeto el pelo para que no volviera a hacerlo. Un nuevo cachete antes de volver a agarrarme las tetas. Se inclinó con fuerza sobre mí en un perfecto acople antes de empezar a bailar sobre mí. No bailó una balada romántica. Sus embistes se describían más bien como un listado de notas a ritmo de heavy metal. Ambos sudábamos.

Empezó a moverse haciendo círculos. Era cuando su ritmo se atemperaba... y para mí era luchar. Aquella agónica sensación produjo en mí una espectacular corrida pero no por eso él dejó de penetrarme ni redujo su ritmo, al contrario, lo intensificó. Quería pedirle que siguiera. Sabía que me iba a sobrevenir otro orgasmo... Y así fue... Esta vez dejo caer mi chorro de placer sobre el suelo. Mi corazón latía a mil, me faltaba el aire y necesitaba quitarme aquel trozo de tela de mi boca.

Me dio dos segundos de respiro pero no me dejó moverme. Le vi bordear la mesa y sacar un tubo de un cajón. Al abrir el recipiente, me llegó un intenso olor a caramelo de manzana. Se puso un poco en la mano y me lo acercó para que lo oliera y lo cataran mis labios. No creo que fuera a equivocarme sobre sus intenciones. Hacía tiempo que no tenía sexo anal, a lo sumo algún dedo perderse en su estrechez... Estaba segura de que aquella coincidencia iba a dejar de serlo. Se untó todo su pene y lo masejeó un poco. No había perdido ni un ápice su tensión. Ante mis ojos se mostraba grueso, erecto, con las venas marcadas por la excitación... Y, sobre todo, paciente. Regresó a mí, volviendo a situarse a mi espalda. Extendió producto por el centro de mis glúteos, aplicándose en mi pequeña entrada, apurando gestos con un dedo... Tenía que relajarme aunque no era fácil. Noté la entrada de un dedo. La lubricación lo hizo más suave de lo que esperaba pero cuando decidió meter el segundo... No pude gritar y seguía sin poder quitarme la mordaza que me silenciaba-. Relájate o te dolerá... -Sus movimientos eran más pausados. Sus masajes con los dedos favorecían la apertura de aquella entrada. Se esmeró en dilatarme y, cuando creyó que estaba lista, empecé a sentir la punta de su rabo y, poco a poco, mi músculo abriéndose dolorido al grosor de aquella polla. La hendidura pasó de disfrazarse de dolor a vestirse de placer. Ya, cuando se acomodó en mi interior y la sensación aquélla la mitigó con otros movimientos sobre mis pezones y sobre mi clítoris, empezó a moverse despacio hacia adentro y hacia afuera...

Me quitó la braga de la boca y empezó a penetrarme con más ritmo. Ahora sí quería oírme, porque ahora ya no le protestaría. Lo primero que salió de mi boca fue un buen sonante "cabrón", teniendo como respuesta un nuevo azote en mi muslo. Luego me sobrevino un nuevo orgasmo. Mucho más fuerte que cualquiera de los anteriores. Mi fuerza se desvaneció y él me agarró, dejando que fuera quedando de rodillas. Me sujetó del pelo y me echó la cabeza hacia atrás. Me besó. Hundió su lengua en mi boca y la recorrió interiormente. 


- Gírate, mi putilla... -Y así lo hice: con mis manos atadas a la espalda y cogida con fuerza de mi pelo. Mi cabeza quedo a la altura de su erecto miembro. No podía cogerlo y parecía que él no estaba dispuesto a liberarme. No se merecía menos después de aquellos impresionantes orgasmos que me había ocasionado que una buena mamada. Y eso se me daba muy bien. Acercó la punta de la polla hasta mis labios. Lo besé y dejé que el glande se deslizara entre mis labios. Me llegaban tanto el aroma como el sabor de mí. Le miré y empezó a introducir su polla en mi boca hasta que sus hinchados huevos limitaron la penetración. Su pene es tan tremendo que siempre me cuesta mantenerlo entero dentro de mi boca. Me llené de él. Me costaba respirar pero tampoco podía controlar la penetración. Sus envites iban hinchando más sus venas, su respiración se iba haciendo más ronca, más profunda y más excitada... hasta que una presión de mi lengua bajo su glande le hizo correrse en mi cara...

Me fui de su despacho bien follada, con los brazos medio adormilados de aguantar tanto tiempo aquella postura, con un coño más bien escocido y con un ano que había aprendido a consolarse con suaves envites. Me costaba andar con comodidad y lo único que quería al abandonar aquel lugar eran dos cosas: Una, llegar a mi casa para darme una ducha y relajarme, y la segunda, volver a follar con Pablo.
Atrás...

1 comentario:

  1. Veo con agrado que no es usted de las que dejan las cosas a medias.
    Y como no podía ser de otra manera, tras el planteamiento inicial, hemos llegado al nudo de la historia.
    Un nudo tan excitante y arrebatador que le dan a uno ganas de sacarse la... la carrera de abogado, como el protagonista de la historia :-)
    Muchas gracias por complacer a este pobre caballero sin caballo, lady PI.
    Tras el planteamiento y el nudo... habrá un desenlace de tan estimulante historia?
    A tener paciencia de nuevo.
    Con usted... me estoy ganando, si no el cielo, al menos el purgatorio :-)
    Besos desde la mansión.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.