Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

.

.

Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Follada por sus dedos...

Horadó mi sexo con sus dedos, ligeramente abiertos, mientras sus labios saboreaban la erección de mi clítoris.
Mi sexo y el suyo se acopiaron mientras mi flujo, fruto propio de mi estado de excitación, se adhería a lo ancho y largo de un miembro que iba creciendo dentro de mí.
El roce, la fricción, el resbalar de su polla por las paredes de mi coño me hacía sentir auténticos espasmos y auténticas necesidades de más…
Su pecho sobre el mío, presionando mis tetas. Sus labios soldados a los míos… Su respiración entrecortada cortando mi aliento y su cuerpo estirado, pegado al mío, atrapado en la uve que dibujaban mis piernas abiertas y que se cruzaban sobre sus caderas…
Mi mano en su pene, presionando suave hacia sus testículos… Dulce lugar en el que replegar mis deseos… Restregar, frotar, mojar…
Sin apenas tiempo a recobrar respiro, su cuerpo se resbaló sobre mi piel, estremeciéndome, agitando y zarandeando mis cimientos cuando su boca besó mi pubis, cuando sus labios rozaron mi vello y cuando, sabiamente, con delicadeza avivada, separó mis labios para descubrir otros más suculentos, brillantes y húmedos, sensibles y excitados en los que enterró su lengua para percibir el sabor de su hembra.
Yo levantaba mi culo, apoyándome en los pies, apurando más sus húmedas caricias. Sus manos jugaban… Las yemas de dos de sus dedos… o tres… No puedo precisar… rozaron la entrada de mi coño, embebiéndolos de mi flujo. Su lengua se movía rápidamente y sus dedos entraron y salieron con la misma viveza y avidez: una combinación perfecta para acentuar y profundizar en mis vibraciones. Mis manos se apoyaban suavemente sobre su cabeza aunque no podía evitar presionar sobre ella para pegarla más a mi sexo. Los dedos de mi mano se colaron entre su cabello, apretándolo, estirando de él…
No apartó la mano ni aun cuando percibió el inicio de mi corrida. Tan solo la retiró un poco, separando sus dedos para que el líquido se resbalara hacia su muñeca, bañando el resto de su mano.
- ¡Qué bueno...! exclamó volviendo a jugar con mi clítoris. Estaba tan sensible que atrapé su mano entre mis piernas, inmovilizándola.

Adoro esos dedos...


Entrada publicada en la revista digital DTA Magazine, en su número especial de Navidad.
Pág. 26.

4 comentarios:

  1. Esos dedos tan maestros y traviesos.

    ResponderEliminar
  2. Magníficos.
    Besos de Pecado.

    ResponderEliminar
  3. Respuestas
    1. Bienvenido a mi casa, tuya cuando gustes.
      He ido a visitar la tuya.

      Gracias por tu comentario.
      Besos de Pecado.

      Eliminar

Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

.

.

El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.