Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

.

.

Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

martes, 3 de diciembre de 2013

Mojada y caliente: Cabreadamente ardiente…

Me encontré a Sergio en el garaje y, amablemente, me ayudó con las bolsas de la compra. Llegamos al ascensor y fuimos metiendo las bolsas. Un cosquilleó recorrió todo mi cuerpo.
Los encuentros con Lucas son más que esporádicos. De momento, ninguno de los dos somos tan valientes como para vernos más a menudo. A lo mejor no se trata de valentía si no, más bien, de no perjudicar el vínculo sentimental que nos une para tampoco afectar al nuevo vínculo sexual que nos conecta. Intentamos controlar la situación. Dejar pasar un poco de tiempo para no exteriorizar nuestros deseos y nuestro gran secreto, así que no había que descartar otras posibilidades, y Sergio era una de ellas, algo huidiza últimamente pero, al fin y al cabo, una posibilidad.
Le dio al botón de parada y el ascensor se detuvo entre en primero y el segundo. ¡Vaya escalofrío! Se acercó a mí. Me apartó el pelo y besó mi cuello, subiendo hasta el lóbulo de mi oreja. Lo mordisqueó suavemente y, del mismo modo, tiró de él. Sus manos reptaban sobre mi cuerpo, desde la mitad del muslo hasta las caderas, ascendiendo por los costados hasta colocarlas debajo de mis tetas.

- ¡Nos van a pillar! –dije en voz baja.
- Entonces, tendremos que darnos algo más de prisa… -musitó a mi oído. ¿Íbamos a follar en el ascensor? ¿A las once de la mañana? ¿Ante el riesgo de que algún vecino entrase en cualquier momento? Esa sensación de morbo me encendió. Llevé mi mano directamente a su paquete. Estaba excitado. Pude notar toda la extensión de su miembro contra la tela del pantalón. Abrió mi camisa y sobó mis pechos con ambas manos, por encima del sujetador. Bajó ligeramente la cabeza y se dedicó a besar y lamer todo mi escote, hasta que de golpe sacó  mis tetas de la prenda, dejándolas amparadas en la palma de sus manos, con  unos pezones que habían aumentado de tamaño considerablemente-. ¡Qué tetas! -. Se aplicó en ellas con energía. Nada de gestos calmados y sensuales. Iba a lo que iba, con las prisas justas y pocas pausas. Aquel mordisco en mi pezón hizo que ahogara un grito en la garganta pero no un gemido, al que acompañó una ráfaga de chispas en el interior de mi coño. Sabía que ya estaba mojada y estaba loca por sentir aquella polla dentro de mí. Había pasado bastante tiempo desde que no follábamos. No sé si lo echaba de menos pero estaba imprudentemente decidida a volver a hacerlo.

Con un oído pendiente del exterior y el resto de mis sentidos concentrados en mí, sentí la mano de Sergio separar mis piernas y presionar sobre mi coño. Aquella presión me hizo poner casi de puntillas. Desabrochó mi pantalón y pasó la mano por debajo. Sus dedos apartaron el borde de mi braga, coló los dedos y rozó mi vello púbico, vestido con una capa de rocío con sabor a hembra. Jugueteó un poco. Fueron suficientes unos escasos segundos para que mis flujos aumentaran. Sus dedos separaron mis labios y buscaron la entrada de mi vagina. Decidido, metió dos. Gemí y su respiración se volvió bronca y profunda.

- Me gusta… lo puta… que sabes ser… -masculló subiendo aquella mano mojada con mis fluidos hasta nuestras bocas.  Pasé la lengua por sus dedos y él hizo lo mismo, hasta que jugamos con ellos, como dos víboras en celo. Decidí apartar a Sergi unos centímetros, los justos para que yo pudiera ponerme en cuclillas, apoyándome en la pared. Me apetecía probar un poco aquella polla que estaba como a mí me gustada: inmensa, dura y casi a punto de explotar. Ya no estaba pendiente de lo que sucediera fuera del ascensor ni en las muchas posibilidades de ser pillados a esas horas. Creo que eso me excitó todavía más. Desabotoné el vaquero y bajé la cremallera, pasé la mano y me encontré con un bóxer húmedo del que me deshice rápidamente. Su polla, libre de toda presión, surgió hacia arriba, golpeándome la cara. La busqué obsesivamente. Tenía sabor a macho y me la puse directamente en la boca.

Apenas pude darle un par de mamadas cuando Sergio me cogió de la cabeza e hizo que me la tragara de golpe. Aquella sensación que sobrecogió porque la arcada me sobrevino, aunque la controlé. Le golpeé en la pierna a modo de protesta y me dejó a mi ritmo de nuevo, pero solo tres mamadas más. No las conté pero sé que no hubo mucho más antes de que él pusiera el ascensor de nuevo en marcha. Me hizo levantar. Escondió su polla a pesar de lo complicado que estaba reducirla. Me miró a los ojos. Sonrió. Me cerró la camisa, dejando mis tetas fuera del sujetador, y me arregló el chaquetón. Mi cara de gilipollas debió ser de órdago. ¿Me estaba dejando ahí tirada? ¿Con aquella excitación enloqueciéndome? ¿Él iba a ser capaz de perderse una de mis comidas de polla? Pues, sí. Lo hizo. Sacó las bolsas de la compra al rellano. Yo salí detrás sin abandonar todavía de mi asombro e intentando controlar mi cabreo-. Cuando luego te folles a tu marido, piensa en mi polla - me dijo antes de darme un beso en la mejilla y meterse de nuevo en el ascensor. Me dio tiempo a decirle lo cabrón que era… _y que pienso que es_, antes de que se cerraran las puertas. A pesar de mi enfado, el coño lo tenía listo para ser follado. Supongo que eso era lo que el muy mamón quería. Dejé las bolsas de la compra en la cocina, tiré el chaquetón sobre la cama, me quité los zapatos y me bajé el pantalón  y la braga… Tenía mucha prisa. Mi coño estaba tan mojado que noté la corriente de aire fría al separar mis piernas. Tumbada sobre la cama, me abrí la camisa y empecé a jugar con uno de mis pezones. No dudé en poner dos dedos en mi coño, acariciar despacio mi clítoris y notar en él la dureza de mi ardor. Estaba como una perra. Los dedos entraron casi solos y empecé a moverlos con rapidez. No podía parar y no tardó en sobrevenirme una impresionante corrida que dejó una considerable mancha sobre el edredón.
 

 

1 comentario:

  1. Hala..... me ha encantado de principio a fin. Primero la mención a Lucas me ha ganado. Y luego quedarse caliente y lista pero sin hombre... ha tenido su punto.
    Fantástico como siempre.

    Besos :)

    ResponderEliminar

Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

.

.

El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.