Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Un polvo mañanero...

He decidido acompañar a Nacho en este viaje. Me apetecía volver a Praga. Es una ciudad preciosa. La última vez nos pegamos los cuatro días casi encerrados en el hotel porque nos cogió una gota fría de esas y la ciudad se inundó. Eso sí, creo que nunca hemos follado tanto como lo hicimos esos días. Al principio voy a estar sola porque Nacho se debe a su trabajo, a sus reuniones, a sus entrevistas, a formalizar sus contratos... Yo me dedicaré a disfrutar de los alrededores del hotel y a los servicios que éste ofrece, que no son pocos. Tengo tiempo hasta las cinco que él regresa al hotel donde nos alojamos. Sólo serán dos días. Los siguientes cuatro los dedicaremos a hacer turismo.


Además, si he venido ya no es solo porque me apeteciera de verdad, en realidad se trata de alejarme también un poco de Lucas. Sí, está pasando una mala temporada pero no quiero que se vincule tanto a mí. Es mi amigo y estoy a su lado pero no quiero que nazcan sentimientos que no deseo, ni por mi parte ni por la suya...
El otro día, bromeando, le dije "no te enamores...". Él me respondió en su mensaje: "Me avisas demasiado tarde...". No quise incidir más en la cuestión y me lo tomé a broma, con pura ironía... Sabía que no podía ser cierto aunque la atracción es mutua. Por mi parte, más física que otra cosa.
Acostada en la cama, oí el sonido del agua en la ducha. Nacho se estaba duchando para estar fresco de cara a esa primera reunión. El traje color berenjena muy oscuro estaba colgado de una de las manillas del armario, con su corbata y su impecable camisa de un suave tono lavanda. Los zapatos y los calcetines, en el suelo. Me lo imaginaba tras la mampara: su cuerpo desnudo, el agua tibia, el jabón acariciando su piel... Sí, me estaba poniendo a mil pero me sentí vaga. No quería salir de la cama. Estaba ahí la mar de a gusto, calentita entre sábanas blancas con letras bordadas... -Nunca había estado es un hotel que tuviera sus sábanas bordadas de aquella manera. He de confesar que me impresionó ese detalle-. Me sentía entre finas plumas y, además, en una cama inmensa solo para mí. El tacto de las sábanas sobre mi piel desnuda -todavía parecía sentir la presión del cuerpo de mi marido sobre el mío,  haciéndome el amor...- provocaron una reacción inesperada. Se agolparon en mi mente sus caricias y las de Lucas... Sí, Lucas... Tanto intentar no pensar en él y viene solo.

Estaba tumbada boca arriba, con la cara girada hacia la ventana desde la que se veía una impresionante imagen de la parte antigua de la ciudad. De hecho el coqueto y lujoso hotel estaba ubicado en los pies del Castillo y a dos pasos del famosísimo puente de Carlos V. Había una gran penumbra en la habitación. El día estaba nublado y, seguramente, estuviera nevando. Con esas perspectivas, quién iba a levantarse de la cama aunque un pedazo de hombre estuviera desnudo a pocos pasos y de seguro que predispuesto a todo.
Mis dedos llegaron a mi sexo y jugaron con los primeros vellos. Todavía estaban húmedos. Y me humedecí más recordando la explosión de unas horas antes. Al final, decidí levantarme. Mi cuerpo, a pesar de la calefacción reinante, percibió el cambio de temperatura. Aún así, no me puse nada y llegué hasta el cuarto de baño. Abrí con cierto sigilo la puerta y a través de la mampara vi el cuerpo de mi marido. Estaba de espalda: su espalda, su culo, sus brazos... Toda su anatomía bajo un chorro de agua...Y ésta, tibia, discurriendo por su cuerpo. Me parece tan sexual...
Abrí la puerta de la ducha y puse mi mano sobre su espalda. Nacho se sobresaltó.

- ¡Me has asustado, cariño! -expresó girándose rápidamente mientras me detenía a observarlo detenidamente, de arriba a abajo y viceversa. Su piel, tostada de siempre, brillaba salpicada de gotas. Me fijé en su miembro. Estaba reducido a su expresión de relax. No estaba dispuesta a que siguiera así demasiado tiempo. Creo que fui más rápida para meterme dentro de la ducha y abrazarlo. El calor de su cuerpo y el del agua me reconfortaron-. Vas a hacer que llegue tarde el primer día...

- No... -musité-. Voy a hacer que llegues muy motivado -sonreí para comenzar a besarle el cuello.
- No has tenido suficiente con lo de anoche, ¿verdad? -preguntó echando la cabeza hacia atrás mientras yo pasaba la lengua por su garganta y apretaba mis manos contra sus pectorales. Su erección fue inmimente y empujaba contra mi coño. Sus manos se resbalaban por mi cuerpo, deteniéndose a la altura de mis glúteos.
- Nunca tengo suficiente...
- Eres una viciosilla -sonrió mientras mordisqueaba mis labios.



Nuestros cuerpos se deshicieron en caricias y en besos, provocándonos mutuamente, buscándonos... Impregnó sus manos con jabón y llenó mi cuerpo de espuma: Palpó mis pechos y pellizcó mis pezones. Cogió mis tetas con sendas manos. Las apretó, levantó, junto y volvió a presionar mis erectos pezones. Yo iba enjabonándolo también y me detuve en su sexo. A esa altura de la fiesta se mostraba erguido, grueso y palpitante... El jabón hacía de lubricante. Mis manos se resbalaban por su miembro fácilmente. Cogí sus huevos con ambas manos y los masajeé, levantándolos ligeramente mientras él perdía sus dedos entre mis glúteos.


Me empujó hacia el agua. La sensación de su tacto me provocó una oleada de sensaciones que  forzaron su glande en mi mano, con lo que conseguí que él se alterara y gimiera. Su respiración era la banda sonora perfecta para excitarme más.  Me giró y dejó que el agua cayera por la parte delantera de mi cuerpo, quitando el jabón que se acumulaba en mis pechos. Volvió a tomarlos, ahora con su boca. Me encanta cómo los chupa, cómo los succiona y cómo, cuando él sabe, abre la boca como si fuera a engullirlos. Primero uno, mientras con una mano me sujetaba y con la otra acariciaba mi sexo. Noté como separaba mis labios, como acariciaba mi clítoris y lo estrujaba entre las yemas de sus dedos. Respiré profundamente y gemí. Mi respiración se volvió tan profunda como la de él, más cuando sus dedos se empotraron dentro de mí y empezaron a moverse... Él sabía que en aquel grado de excitación no tardaría demasiado en llegarme algún orgasmo. A veces no eran impresionantes pero otras.... Le encanta llenarse de mí...


Me posicionó dejándome contra la pared. Se pegó a mi cuerpo, frotando su polla de entre mis muslos hasta la entrada de mi ano, extendiendo el jabón por mis muslos y caderas como si de una crema se tratase. Mi coño apenas había abandonado la dominación de sus dedos. Abrí la boca cuando su otra mano se acercó a ella y lamí aquellos dos dedos que se movieron despacio dentro de ella. Mi lengua acarició sus yemas... Imaginé el tacto más suave de su glande, y el grosor y largura del resto de su miembro. Un pequeño embate de placer, un tenue orgasmo..., y me sentí con ganas de más, con ganas de que dejara de restregarse contra mí y pasara a la acción. Impaciente, se lo pedí.

Me dio la vuelta y nos comimos la boca. A veces la pasión hace que las cosas se desboquen y, aquéllos besos desbocados llegaban a doler pero, lejos de provocar una reacción adversa lo que producían era una reacción en cadena plagada de excitación e hipnotismo que apremiaba continuar. Me sujetó bien. Mi espalda quedó pegada a la pared. El contraste frío del mármol sobre mi piel caliente y mojada me sobrecogió. Sentí su miembro intentar meterse en mi coño pero solo fue un pequeño aviso. Levantó mi pierna. Pensé que me caía. Me asusté un poco. Una bañera o una ducha no son el mejor lugar para experimentar posturas. Me agarré fuerte a él...



 -No me cojas tan fuerte que no me dejas mover... -advirtió justo antes de que toda su polla entrara en mí hasta que sus testículos  golpearon mi vulva.. Sabía que no iba a aguantar mucho en aquella posición y que me sentía insegura así que se dio prisa en terminar. Nos apremiaba no solo la postura, también las ganas y el tiempo. Pero todos esos factores no menguaron un ápice la satisfacción mutua...

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.