Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

sábado, 11 de enero de 2014

Aún no...

Esta mañana me encontré con Sergio a primera hora de la mañana. Coincidimos en el portal. Él había bajado por la escalera y yo había decidido coger el ascensor. Todavía en su rostro se marcaba el sueño y en sus ojos hinchados, el deseo de volver a la cama. En cambio, yo estaba fresca como una rosa. Hacía muchos días, semanas, que no habíamos coincidido, y tan apenas había oído ruidos en su piso. Tampoco me extrañó demasiado. No estaba ya pendiente de él. Es lo que tiene no estar al tanto de mí. Además, supongo que se ha habituado a otras costumbres.
Con aquella cara de niño me pareció hasta tierno pero no había que olvidar lo cabronazo que había sido conmigo. Todavía no se había apartado de mí aquel calentón al que me había sometido en el ascensor(click) y cómo tuve que autosatisfacerme para sacar toda la tensión que llevaba dentro. No sé qué haría él, pero el suyo no podía ser menor que el mío. Me imaginé que al cerrar la puerta de su casa, tuvo que bajarse los pantalones y dejar su polla libre, empezando a meneársela hasta lograr aquello que yo, encantada, hubiera realizado. Pero a veces, hay que joderse... A veces le toca a uno y otras a todos... Este fue el caso. Nos jodimos los dos...

- Debería invitarte a un café para recuperar nuestra relación de vecinos -mencionó mientras ponía sus cosas en el maletero del coche, dos más allá del mío.
- ¿Y quién tiene la culpa?
- Seguro que yo, sino no lo preguntarías así -me sonrió mientras se quedaba de pie tras cerrar el maletero-. ¿Qué me dices?
- Sí, creo que me lo debes.
- Esta tarde tengo libre y estaré en casa. ¿Qué te parece subir?  -Antes de responder, me acordé de que "tomar café" para algunos es algo más que una bebida excitante en taza y con un azucarillo. Y estaba más que claro que sus intenciones se resumían en lo mismo.
- A las cuatro o cuatro y algo, subiré... Espero que el café sea bueno -respondí terminando de entrar en mi coche. Me despedí con la mano y desaparqué. Él lo hizo a continuación. Supongo que se quedó un poco perplejo por finalizar la conversación de aquel modo pero, en ocasiones, soy algo borde. No lo niego.

Nacho se fue de casa alrededor de las tres y media. Había quedado a las cinco con no sé quién y quería estar en el despacho bastante antes para tener preparadas algunas cosas. La verdad es que su trabajo es de lo más interesante pero también muy estresante. 
Sergio me abrió la puerta. Al hacerlo, una impresionante bofetada de calor me sacudió y, casi de inmediato, empecé a sofocarme. Miré a mi espalda porque con la curiosidad imperante de su vecina de planta, era extraño que no se hubiera acercado hasta la puerta y, sigilosamente, observar a través de la mirilla. En esta ocasión se hubiera llevado por delante una gran visión. El cuerpo desnudo de Sergio era una completa tentación. No era especialmente espectacular, pero tenía muy bien marcados sus músculos y aquel trasero que se dejaba ver bajo el borde de aquella camiseta ... ¡Puro pecado carnal!

- ¿Cómo tienes tanto calor aquí?  -Esta pregunta me recordó a algo parecido en el despacho de Pablo... Y acabé bien follada y con una braga menos.
- Me gusta ir desnudo por casa...
- ¿Y es necesaria esta temperatura?
- Ponte cómoda -me indicó. Cerré la puerta tras de mí y le seguí hasta donde se dirigía él, hacia la cocina.
Su miembro, pese a no estar erecto, presentaba ya un aspecto de lo más apetecible. Tanto que superaba mis deseos de un buen café. Además, el muy cabrón, se había encargado de irme mandando algún mensajito un poco subido de tono para ponerme, precisamente, a tono.

- No me apetece, en realidad, café...
- ¿Prefieres algo mejor que llevarte a la boca? -sonrió no sin cierta ironía, apoyándose en la encimera, de tal modo que su camiseta se subió y dejó, presto a mis ojos, todo su miembro.
- Y tú, ¿qué prefieres?
- ¿Yo? Llevo desde esta mañana pensando en llevarme a la boca algo que merezca la pena... -sentenció, quitándose la camiseta. La vista de aquel cuerpo produjo en mí una oleada de espasmos interiores que repercutieron en que mi coño, mojado ya de antes, empezara a desbordarse, más aún cuando su polla erecta apuntó hacia mí. Temí manchar la silla o que se notara algo, pero mi pantalón estaba ya mojado. 
Se acercó, inclinándose sobre mí, apoyando las manos en la mesa y en el respaldo de la silla en la que yo estaba sentada, dejándome sin escapatoria-. Te he echado de menos, zorrilla -musitó. Podía sentir el calor de su aliento quemándome los labios, y la cercanía de su cuerpo encendiéndome más de lo que ya estaba. Estaba ansiosa por comerme aquella boca y por disfrutar de aquel cuerpo. Y todo empezó de pronto, cuando una de sus manos fue directamente hacia mi sexo. Lo presionó por encima de la tela... Era evidente su comentario sobre lo mojada que estaba a esa altura de la función. Me saqué la camiseta, dejando que solo el sujetador protegiera mis tetas. Cuando noté su mano tocar mi coño, directamente, sin tela que lo defendiera -tampoco me había puesto bragas-, un suspiro de placer salió de mi boca-. ¡Qué putilla eres...! Pero me encanta... ¡Sabes que me la pones muy dura...!

Me levantó, me bajó sin miramiento alguno mi pantalón y yo solté mi sujetador. Ahí estábamos los dos, como locos por follarnos el uno al otro. 
Me llevó hasta la encimera -quedaba más a su altura-, me sentó y se quitó la camiseta. Mi sexo se le ofrecía como la más delicada de las exquisiteces, y le invité a degustarlo. Se arrodilló en el suelo y acercó su rostro a él, pero antes se regocijó tocándolo con los dedos, perfilando mis labios bajo mi vello, ensortijado entre gotas blanquecinas, como gotas de escarcha en una mañana fría, provenientes de un hilillo de flujo que brotaba de entre hinchados labios. La palma de su mano lo estrujó, primero suave, luego con más fuerza, y me hizo probar de mí propio jugo. Mi lengua se untó y esperé a que la suya se enredara con la mía. Surtió efecto la llamada... Y ambos, tomamos el sabor de mujer.
Bajó entre mis piernas y esa lengua se aplicó sobre mi coño, de arriba a abajo y de abajo arriba. Una lamedura que me sobrecogió y me llevó a abrirme más, a inclinar mi cuerpo hacia atrás y apoyar mis pies sobre su espalda. Tenía que claudicar sin vehemencia, tenía que ceder a sus impulsos y a los míos. Me acercó más al borde y, por un momento, pensé que iba a caerme, pero sabía él bien lo que hacía. No era otra cosa que dejarme todavía más dispuesta para él, para poder acercar su boca a la estrechez de mi ano. Se limitó a acariciarlo con la punta de la lengua antes de reemprender sus lamidas. No se recreó en otra cosa.
Empezó a lamer despacio y de forma arrítmica, más despacio, más rápido..., cambiando el sentido: en círculos, de arriba abajo, lateralmente... Me encanta cuando me lo comen así, cuando se aceleran y frenan de golpe y luego se recrean en un movimiento normalizado... Es algo que me pone muy, muy caliente... Luego, solo quiero que me follen.

- Me gusta como sabes... No he probado mejor coño que el tuyo...

Cuando empezó a follarme despacio con su lengua, entrando y saliendo, empecé a moverme a su ritmo, acercándome y alejándome, pero él me agarró fuerte de las caderas y no me dejó tanta libertad y mucho menos cuando sus dedos se acoplaron a ello. Creí volverme loca y de ello me descontrolé. Cogí su cabeza con ambas manos y la pegué bien a mi coño. No evite gemir a voz en grito cuando empecé a correrme. Me temblaba todo pero si Sergio me echaba de menos, se iba a saciar con el arrebato de mi flujo. Apenas me había recuperado, él se incorporó. Su rostro, mojado y con un intenso sabor a hembra, quedó a mi altura. Sonrió vanidoso, con la satisfacción del trabajo bien hecho y el resultado obtenido. Nuestras lenguas se enredaron en una danza llena de lujuria y pasión, justo antes de que en un rápido movimiento, separara todo cuanto le permitieron mis piernas y me folló sin contemplación. Me la clavó hasta el fondo, de golpe... Y morí en ese momento... Me aferré a la encimera. Mi cuerpo temblaba entero con sus empujones... Hasta que se paró de pronto, poco antes de que me corriera... ¡Cabrón!
Vi su polla brillante, embebida de mi miel y quedé en el suelo, de espaldas a él, con los pies casi en puntillas, con las piernas bien abiertas, con mis pechos sobra la encimera que mi culo había calentado y con la cara bien pegada a ella. Percibí su polla entre mis glúteos, resbalando de abajo hacia arriba, sin llegar a metérmela, empapándose de mis líquidos, golpeándome con ella... No quería pedirle nada. Quería que me lo diera en el momento justo, pero él andaba más contenido que yo y continuó lapidándome con aquella polla inmensa...

- ¡Fóllame, ya, hostia! -le recriminé-. ¡Hazlo ya!
- ¡Calla...! ¡Aún no!





3 comentarios:

  1. Aun no…
    Todo a su momento… sin prisas… sin pausas…
    Había oído de los efectos secundarios de la cafeína (taquicardias, sudoración, excitación, elevación de la presión arterial…), pero no los había entendido hasta leer su excitante relato, lady PI.
    Una explicación de lujo.
    Por cierto… ¿usted el “café” lo toma solo… o con “leche”….?
    Buen día y cafeinómanos besos desde la mansión….

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  2. Qué sería de la vida sin los cafés, sobretodo con leche y las esperas, no los desplantes, que nos devuelven la imaginación y ese espacio tan mágico que es la fantasia... Me ha "......" Jejejeje Un placer el deleitarme con este relato. Saludos desde mi isla.

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  3. MENUDA CITA PARA TOMAR UN CAFÉ,,,, PERO MALDITA SEA, QUE NOS HEMOS QUEDADO CON LA MIEL EN LOS LABIOS.
    ESPERO LA CONTINUACIÓN DE ESTA EXCITANTE EXPERIENCIA.
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.