Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

miércoles, 1 de enero de 2014

De cazadora a cazada...

- ¿Recuerdas que te debo una sorpresa?
- Sí, claro... Lo recuerdo... -le respondí, habiéndome olvidado de aquello. Habían pasado casi tres meses desde entonces y pensé que después de nuestra conversación, se habría dado por vencido. Está claro que me equivoqué con él.
- ¿Por qué no quieres nada conmigo? 
¿De verdad no te haces una idea? -pregunté. Él negó-. Que tu matrimonio sea abierto y cada uno haga lo que quiera fuera de vuestra cama, me parece correcto, pero no dejas de ser el amigo, el mejor amigo, casi un hermano, para Nacho... Y yo no quiero formar parte de una trilogía. No quiero formar parte de ese triángulo que formáis él, tú y tu mujer. Lo que vosotros hagáis, planeéis, pactéis... es cosa vuestra. Nada tiene que ver conmigo. 
- Sé que es complicado para ti. También lo es para mí. No quiero engancharme a ti, y lo voy llevando como puedo, porque, verdaderamente, entre tus negativas y alguna aceptación... tengo que luchar mucho por no perder la cabeza. 
- Ha llegado el momento, guapa.
- ¿Ah, si?
- Sí -apercibió-. Y te doy menos media hora para que te prepares.
- No... No puedo...
- ¿Por qué no puedes?
- Porque no quiero, así de claro.
- No voy a suplicarte por que sé que eres rebelde... Y eso me pone. La verdad es que me pones cuando eres más sumisa y cuando eres así de insurrecta. Podemos tomar algo, un café, y charlar...
- ¿Ahora se le llama así a querer follar? ¿Charlar y tomar un café? -ironicé.
- Chiquilla, sabes que eres pecado para mí... y no hay nada que me guste más que pecar.
- ¿Le vas a pedir permiso a mi marido?
 ¿Vas a tener remordimientos de mujer casada? No tengo nada que decirle a Nacho. Ya te dije que hay cosas que no se cuentan. ¿Tú cuentas todos los pecados?
- Yo no cuento nada, así nadie sabe si los tengo o no.
- Entonces..., peca... Sólo tú y yo sabremos todo la verdad. Te paso a buscar en quince minutos.

Y colgó.
No sé por qué demonios digo no y luego es sí. En mí  un no ha sido siempre no y un ha sido siempre sí. Esto es como un poder y no querer y, al final, me dejo convencer. Sólo me falta asentir: "A tus órdenes, señor". Tengo que reconducirme y volver a sacar esa fiera que llevo dentro. Últimamente parece más gata que leona. Recuerdo el juego con Sergio: el uso de las cintas, el uso del hielo, de las velas... Y lo bien que lo pasé, cuándo disfruté siendo ama y señora de aquel juego... En las últimas ocasiones, acabo sucumbiendo a la hipnosis de otro. He de rebelarme. He de desobedecer. He de incitar y hostigar...
Pero con Lucas... Lucas es tan diferente... ¿Cómo voy a castigarle si es más peluche que animal?... Al menos conmigo en las contadas ocasiones en las que hemos estado juntos.

Sí. Había aceptado esa charla y ese café, o lo que fuera. Lo que no sabía era cómo iba a evitar un encuentro sexual con aquel hombre que bien merecía, no un revolcón... si no, tres o cuatro. Un empezar y no acabar. Me gusta su sexo, aunque he de reconocer que tengo suerte o buen gusto, no sé, algo debe ser, a la hora de elegir a mis machos. No puedo quejarme del producto que tienen entre sus piernas ni del uso que saben hacer de él y de sus manos, su lengua... Y del resultado que obtengo yo.
No me preocupaba demasiado Marina. Seguro que ella se habría buscado alguna excusa aquella tarde para no pasarla con su marido. Y el mio estaba en una de esas salidas que le mantenían fuera de casa durante todo el día. Así que me mantenía más tranquila.

Me costó convencerme, pero cuando subí a su coche pareció cambiarme el chip. Aquel pelo relativamente largo, cubriéndole la nuca y saliendo despuntado; su rostro anguloso, muy masculino, su barba de días, su porte en general y sus manos sobre el volante: manos grandes y dedos largos...

- Hola, preciosa.
- Hola, guapo.  -Y sus labios se posaron en mis mejillas. El aroma de su perfume impregnaba el ambiente y al acercarse a mí, creo que me quedé impregnada también de él-. ¡Qué bien hueles!
-Mejor sabré -me respondió ni corto ni perezoso. Sí, suele ocurrir así: si los platos huelen bien, deben de saber mucho mejor.
- ¿Dónde vamos?
- Déjate llevar.
- ¿Y Marina?
- Ha quedado -respondió sin argumentar nada más.

Las calles iban pasando, quedando a nuestra espalda, mientras sonaba la radio a bajo volumen. No pretendía ser simpático. Él lo era por naturaleza. En un determinado momento noté su mano bajo mi barbilla, como a modo de carantoña. Le miré y sonreí. Ya había caído en sus redes... O quizá antes, cuando no supe ponerme en mi sitio.
Sí que lo supe pero en aquella habitación de hotel terminé entregándome. Sin darme cuenta me vi atrapada entre sus brazos, perdida entre sus besos y el juego de sus manos como si el vino de la copa que me había servido hubiera producido sobre mi una locura desmedida o unas ganas incontrolables de ser poseída. O fue el efecto del líquido después de pasar de su boca a la mía, tibiado. Para entonces, ya había perdido yo toda mi arrogancia.

Me senté con intencionada timidez  en ese sillón que parecía tan cómodo y, al mismo tiempo, con cierto aire provocativo al despertar en mí un montón de ideas que no sabía si podría llevar a cabo de forma analítica. Le observé con mirada entornada, llamándolo a gritos en silencio. Permanecía ahí de pie. Todavía no sé por qué iba vestido de traje. Se aflojó la corbata y la tiró sobre la cama, junto con la americana. Se acercó despacio, pero noté la firmeza de sus pasos y el desvelo de sus intenciones. Apoyó sus manos sobre la parte alta del respaldo del sillón y quedé entre ambos.  Mis manos avanzaron sobre sus piernas, primero por fuera, luego por su cara interna, y pude percibir el calor de su piel a través de la tela del pantalón. Y en mi oreja, perturbando la calma de mi lóbulo, el susurro de su respiración, fuerte y profunda, como la de un amante presa de un deseo fiero, vivo e inmediato, que terminó por morderme, no sin cierta avidez, y deslizando la lengua por mi cuello y escote hasta darse con el vértice de uno de mis pechos. No dudó en deleitarse con él… Y yo con el roce de su lengua sobre mi piel.


Pude haberme movido, gravar mi voluntad –sí, esa que pone a prueba a todo macho que intenta acercarse a mi territorio-, pero el gusto que me embriagaba me mantenía espontáneamente quieta y pausada, en tanto sus manos terminaban de apartar la ropa de mi cuerpo. Aquellos dedos, tan sensuales como maestros, tan lentos como prestos, empezaron a recorrer el calor y humedad de mis braguitas. Era un auténtico acto de provocación que tendría sus consecuencias. Las bajó con suavidad, con un gesto de delicado amante, besando mis piernas hasta que la prenda cayó a un lado, sobre el suelo. Por un momento estuve a punto de decirle, como indignada, que se detuviera. Y lejos de eso, arrebaté su gesto, llevando su cabeza al centro oscuro de mis piernas, donde iba a dejarle hacer todo cuanto quisiera hasta que cayera borracho de pecado a mis pies.

 

No me puedo creer que mi sexo esté a su alcance, expuesto ante él, con mis pechos al aire, con los pezones erectos, y empapada de libídine y descarrío. Mis jadeos envolvían toda la habitación, la cama se convirtió en mi muro de lamentaciones libidinosas y puse toda mi atención en esa polla que se acercaba desde un cuerpo que parecía guiarse por las columnas de mis piernas, y tomar freno en la contundencia de mis pechos.



Y cuando penetró en mis entrañas, sentí que todo el fuego que me quemaba se derramaba sobre él. No puedo negar que me gusta, que hay un deseo sostenido que se va dilatando hasta que explota al sentirlo entrar y salir de mi cuerpo... Y no sé disimular. No se me da nada bien y eso no juega a mi favor en absoluto. No puedo pretender que me crea cuando le digo “no”, si al final me folla de esa manera ante la que no puedo otra cosa que dejarme seducir. Sabe follar duro pero no puede evitar desplegar todo un arsenal de caricias y sentimientos que le traicionan del mismo modo que a mí, desenmascarando la realidad de sus sentimientos.
Está claro que disfraza el amor con follar pero mientras yo no le dé a entender que lo comprendo y que lo acepto, iremos bien.
Es obvio, me gusta follar con él porque también me gusta esa forma que tiene de hacerlo.
Atrás...

3 comentarios:

  1. Así que la cazadora… esa hembra lujuriosa e impulsiva que gusta de “poner a prueba a todo macho que intenta acercarse a mi territorio”… también puede ser cazada, ¿no es así?
    Mmmmmmm... Pues no concibo mejor noticia que esa para todo “macho” que pueda considerarse a sí mismo un “cazador”
    Evidentemente, la “presa” lo merece, y no cabe duda de que se trata de “caza mayor”, sólo apta para los mejores y más preparados.
    Empieza usted el año con fuerza, lady PI, mostrándonos nuevas variantes, nuevas perspectivas de su alter ego, que nos permiten seguir conociéndola cada vez más profundamente, aunque debería aprender “a disimular, si no se le da nada bien, eso no juega a su favor en absoluto”.
    Es un consejo, si me lo permite, de “cazador” a “cazador” 
    Feliz día, lady PI, y muchas gracias por este delicioso regalo nada más empezar el año.
    El 2.014 promete 
    Besos desde la mansión.

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  2. HAY PRESAS QUE SE REVUELVEN Y ACABAN COMO CAZADORES, JEJEJEJE...
    REALMENTE UNA EXCITANTE Y GENIAL HISTORIA.
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL Y FELIZ AÑO NUEVO!!!

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  3. Madame PI.
    He leído, con la ayuda del traductor toda la história...
    Ahora pudo entender toda la fuerza de tus palabras....
    Maliciosamente Infiel... y puramente maliciosa.
    Mil besos....

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

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La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.