Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

viernes, 24 de enero de 2014

Sintiendo el Pecado...

Desde que saliera de casa había recibido tres mensajes suyos y un par de llamadas. Sí, me estaba retrasando pero podía esperar. ¿Qué prisa tenía? Al último mensaje no respondí y a su última llamada, tampoco. 
Cuando aparqué el coche el parquing de aquel hotel que casi se había convertido en nuestro lugar de Pecado, el móvil volvió a sonar y, por descontado, no respondí. Entré, tomé el ascensor y subí hasta la segunda planta. Era un hotelito pequeño, con cierto encanto y, sobre todo, muy, muy discreto. 
Lucas debió verme desde la ventana puesto que la puerta de la habitación estaba entornada. Me aguardaba. Entré. Estaba al otro lado de la cama, de pie, con las manos en los bolsillos... No parecía enfadado pero no me dijo nada. Su mirada se clavó en mí de forma incisiva, como cuando un depredador está estudiando a su presa. Yo solo tenía un par de opciones aparentes: comportarme como si nada estuviera pasando o ponerme a su altura; guardar silencio y clavar mi mirada como lo hacía él, demostrándole que fácilmente no iba a ser su presa... 
Sobre la cama observé que había dejado un pañuelo grande de seda. Mi mirada fue todavía más inquisitiva, más punzante... Y recordé lo que me dijo: "...la próxima vez te ataré de pies y manos...".
Al final, decidí hablar:

- ¿Hemos venido a mirarnos o a alguna otra cosa?

Yo siempre tan correcta, siempre poniendo del dedo en la llaga, echando sal a la herida... Se acercó despacio, sin sacar las manos de los bolsillos y sin cambiar la intensidad de su mirada. Se situó frente a mí. Podía percibir el calor de su aliento en mi rostro y el perfume de su cuerpo me envolvió. El roce de sus labios sobre los míos fue superficial, un suave mimo intencionado, mientras nuestros pechos podían sentir sus movimientos casi concordados y percibir el calor del otro. Pero ni sus manos ni sus brazos se movieron. El resto de su cuerpo permanecía inmóvil. Y el mío parecía reaccionar de la misma forma.

- Hoy vamos a jugar a algo... -pronunció de pronto, tras una larga pausa de silencio. Se alejó de mí hasta quedar al otro lado de la amplia cama. Se desabotonó la camisa despacio sin dejar de mirarme-. ¡Desnúdate! -pidió suavemente en tanto se desabrochaba el pantalón.

Le hice caso. Estaba curiosa por saber hasta dónde iba a llegar...y, sobre todo, hasta dónde le iba a permitir llegar. De entrada, ya había llegado hasta allí portando aquel conjunto de lencería que me había encargado en aquella tienda y que tuve personalmente que ir a recoger. Me había parecido un juego divertido incluso el hecho de tener que probármelo, aunque reconozco que algo de vergüenza sentí, y mucha más cuando aquel tipo decidió dar su visto bueno. Él, evidentemente, estaría acostumbrado a eso y a mucho más pero no así yo. Era perfecto, según me dijo. Pechos casi fuera, elevándolos de un modo más que sugerente. La braga, de caderas altas, dándoles forma, y se encajaba perfectamente a mi cuerpo, dejando los glúteos a la vista... mis ligas negras con su liguero correspondiente. Aquellos lacitos al final de los tirantes y aquellos encajes le daban un encanto y coquetería especial.
He de reconocer que tiene muy buen gusto y un ojo excelente. Parecía una muñeca con tacones altos.
Se acercó hasta mí cuando ya estuve completamente vestida con mi sexy ropa interior. Me  observó detenidamente, haciendo una especie de radiografía, de abajo arriba y de arriba abajo, deteniéndose en mis pechos y en mis ingles. Me preguntaba, ante aquella tentativa, si realmente existía, y existe, placer en saberse que una no es dueña de sí misma, sino que deja en otro toda su voluntad, perderla de modo simulado, para hacer disfrutar al compañero; y me pregunto, del mismo modo, si bajo ese juego y ese cúmulo de fantasías de sumisión y dominación, se encuentran la vergüenza de pedir y la virtud de no dar, o la iniciativa con algunas prácticas sexuales que de otro modo no se permitirían.
Demasiado perdida entre mis pensamientos me mantuve poco atenta a los gestos de Lucas y reaccioné más por instinto que por haberlo oído, cuando me pidió que me detuviera, que me quedara como estaba, con la ropa interior puesta. Sus manos me recorrieron despacio, empezando en las mejillas, descendiendo por el cuello, los hombros, el borde de mis pechos, el centro de mi vientre, las extremos de mis caderas, los exteriores de mis muslos..., para subir desde su centro hasta el de mis pechos. Sus manos eran como mariposas que aleteaban tímidas sobre una piel que se encendía inevitablemente. Cuando regresó de nuevo a mis pechos, acarició con el reverso de sus dedos la línea de carne que el borde del encaje iba perfilando. No dejaba de mirarle mientras intuía que podía ser capaz de sentir los latidos de mi corazón. Lo que sí era evidente era el estado de excitación que aquella escena estaba produciendo y que se transcribía en aquel erizamiento de mi piel y en una respiración más acelerada que hacía que mi pecho subiera y bajara a un ritmo más acelerado de lo habitual. Fue entonces cuando cogió la seda y cubrió con ella mis ojos.

- Ssshhh... -bisbiseó-. Tranquila -musitó mientras yo notaba la presión de la cinta. Respiré profundamente y, a continuación, sentí como me desnudaba, como las prendas dejaban de cubrir mi piel muy, muy despacio, muy sensualmente, y como me cubría, a cambio, de besos, centrándose en mis pechos, en su cima, con los labios, con la lengua y con los dientes... maestramente. En mi boca, un par de sus dedos se introdujeron. Me limité a mantenerlos húmedos y calientes.
Me guió hasta la cama donde me dejo caer suavemente. Sus caricias se siguieron prodigando sobre mi cuerpo, despertándome, exultándome de ganas, hasta llegar al centro de mi sexo donde su lengua se dio de bruces con aquel tacto cremoso que mi excitación producía. No me dejo tocarle. Cada vez que yo, instintivamente, buscaba su contacto, él se encargaba de apartar mis manos o de frenar los impulsos de mi cuerpo. De fondo no se oía nada, salvo nuestras respiraciones, el roce de nuestros cuerpos sobre las sábanas... Jugó conmigo y se detuvo, cuando yo estaba ya en una situación algo delicada en la que lo último que necesitaba era que parase... Pero lo hizo. No supe qué estaba haciendo apartado de mí. A los pocos segundos oí música. No la reconocí pero tenía cierto toque místico.

- Ahora has de acariciarte, sin tocarme... Yo haré lo mismo -dijo tumbado a mi lado-. Sigue el ritmo de la música(click) déjate llevar... No hables. No me digas nada... 

Y así lo hice. Los compases empezaban llevándome a tierras de arena y desierto, a paisajes secos pero enigmáticos, y la serpiente de mis manos dibujaban las ondas sobre la arena caliente de mi piel... Mi respiración se aceleró. A mi lado podía sentir la de Lucas. Podía percibir la vibración de la cama respondiendo a nuestros movimientos, sobre todo al suyo. La música nos llevaba a subir y a bajar el ritmo de nuestras caricias mientras la respiración seguía su propio cauce. Entre mis piernas, mi mano jugaba a ser esa serpiente. Mis dedos eran la lengua bífida que tanteaba y olisqueaba la punta erecta de mi clítoris. Sabía que en cualquier momento podía correrme pero tampoco sabía en qué momento acabaría aquella pieza instrumental. El viento que movía la arena la hacía salpicar sobre mis pechos en forma de pellizcos que bordeaban su aureola y los hundían presionándolos. 
La combinación de instrumentos provocaba una orgía se sensaciones y, en aquel punto exacto de la melodía, mi cuerpo experimento una sacudida que se sumó a aquel gemido, casi alarido, que secó mi boca, que extenuó mi garganta y que se conjugó con el riachuelo que se deslizó entre los palmares de mi vulva, como en un húmedo y frondoso valle que se abría entre las montañas, duras y tensas como las rocas, de mis muslos.
Lucas no me dio tiempo a recuperarme. Sentí el calor de sus manos en mi sexo, frotándolo, extendiendo mis fluidos como quien quiere que empape la tierra. Apenas fui consciente de que la música empezaba de nuevo. Me quitó la venda que cubría mis ojos. Mis ojos tardaron unos segundos en adaptarse a la luz. El rostro de Lucas estaba sobre el mío. Su mirada me decía que el juego seguía. La presión de su pene sobre mi sexo, mojándose, desplazándose en lentos movimientos sin querer entrar en la oscuridad del valle, me lo confirmó. Y su instinto de macho depredador hizo que sintiera sus fauces en mis henchidos pechos y en mis endurecidos pezones. Mis brazos rodearon su cuerpo, las yemas de mis dedos serpentearon a lo largo y ancho de su espalda, anclándose ahí donde los músculos eran más protuberantes, descendiendo hasta la altura de sus glúteos. Mis dedos dejaron de ser lenguas bífidas, convirtiéndose en las garras afiladas de una gata enfurecida peleando panza arriba, enredando mis piernas en torno a las suyas y a sus caderas, asegurándome de que mi presa tampoco escapaba a pesar de la constante lucha ascendente y descendente de aquel macho sobre mí.   
Aquella contienda no quería tener fin y la prolongábamos enredándonos sobre nosotros mismos, como vuelta y vuelta sobre las arrugas de aquellas sábanas, intercambiando nuestros papeles, siendo al mismo tiempo presas que depredadores; jugando con nuestros sexos, aplicando en ellos el aliento de nuestras manos, el empuje de nuestras húmedas caricias o el vigor de nuestras lenguas... y las prendidas de su sexo dentro del mío, la envergadura de su pene rebozada de la lubricidad de mi coño... Y el éxtasis final, la glorificación del deseo, la extenuación de los cuerpos, el empecinamiento de los sentidos... La sublimidad del Pecado con sentimientos encontrados.
Recomendación: Escuchar con la música puesta.
Peter Gabriel, "the feeling begins".

12 comentarios:

  1. Amiga que relato que idea...la sumo a mis cosas por hacer este año te sigo leyendo saludos

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  2. Gracias por seguirme... Y ya sabes, seguro que la experiencia resulta mucho más excitante de lo que puede resultar aquí escrita.

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  3. Grandioso y esas imágenes precisas uffffffff

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  4. EXCITANTE AL MÁXIMO, QUE GRANDIOSA MANERA DE DESCRIBIRLO Y MUY BIEN ACOMPAÑADO POR ESAS IMAGENES,,,, GENIAL!!!
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!

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  5. Don Lord Shadow siempre cierto....
    Imágenes perfectas para una história llena de sensualidad....un cuento que tiene una trama cinematografica..... como se fuera una película al papel.
    Te sigo siempre desde ahora!

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  6. Leerte es ya una adicción, la forma en que nos seduces y nos atraes ....Genial Pura.
    El pecado seria no perderse en la trastienda...contigo ;) jajajajjajajaj

    Besos
    hide

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  7. Muchísimas gracias a todos. Menos mal que no me veis la cara, entre sonrojo y orgullo.
    Espero seguir a la altura de las expectativas, si no mal... ¡A la trastienda!
    Besos de Pecado.

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  8. Maravillosa como siempre, lady PI, haciéndonos, no sólo ver lo que usted ve, sino sentir lo que usted siente.
    Su relato hace que uno dese ser el observador de su lencería, para dar el visto bueno a la sensualidad de su deseable cuerpo y gozar del vicio confesable y confesado de mi vouyerismo, hace que uno quiera ser el mismo Lucas, para gozar de ese mismo cuerpo sensual y animal que se debate entre la dominación pasiva y la sumisión activa…, y hace que uno quiera ser hasta la misma música que la rodea, la acaricia y la estimula hasta colarse en cada, dilatado por la excitación, poro de su tersa y húmeda piel…
    Sus palabras nos hacen ser todos y cada uno de esos personajes, pues en realidad todos son el mismo y todos desean lo mismo…
    En cuanto a lo de mantener las expectativas, seguro que ninguno de nosotros tiene la más mínima duda de que lo hará, yo al menos no la tengo, y si no lo hiciera y eso la relegara a la trastienda…, bueno, seguro que esa trastienda también daría mucho juego, pues es en las trastiendas de nuestras vidas dónde ocurren las cosas más excitantes y maravillosamente deseables e inconfesables…
    Lo que si tendrá que explicarme algún día, lady PI, es su extraña obsesión los ofidios…
    Sin duda, yo ya sabía que usted había habitado en el paraíso terrenal y que, por supuesto, no fue la dulce y sumisa Eva… Más bien pensaba que había sido usted la irreverente e insumisa Lilith…, pero vista su adoración por las sierpes, ahora tiendo a pensar que sus orígenes están más bien en Cnosos, cuna de las Diosas Adoradoras de Serpientes…
    Supongo que, si me lo merezco, algún día satisfacerá usted mis…, mis dudas 
    Buen día, lady PI, y gracias por compartir con nos su siempre sensual y excitante trastienda.
    Besos desde la mansión

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    1. Todas las opiniones me hacen sentir bien y son un gran aliciente para seguir adelante, sobretodo porque son buenas ;), superándome cada día para intentar hacerlo mejor. Pero sus comentarios son ya en sí una magnífica entrada que siempre debo leer dos veces, no porque no las entienda, sino porque plasman, no sólo lo que dice, sino también todo aquello que no dice... Y son magníficas. Cierto que usted tiene mazmorras (sin ratones, espero) y yo, gracias a Hide, acabo de descubrir que tengo trastienda... Y como soy tal que una hormiguita... ¡A saber qué puedo encontrar y qué puedo enseñar!
      Gracias mi l a todos.

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  9. Uf, un relato excitante, y la música fantástico acompañamiento, y eso que no suelo escuchar música...
    Creo que tienes magia a la hora de llevarnos a la escena y que nos adentras en ella de forma que antes de darnos cuenta somos ella, y él. Creo que nos llevas contigo en cada letra.

    Un beso, y por hoy lo dejo... aunque tal vez tarde un poco en dejarme a mí todo lo leído :)

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  10. Yo tampoco suelo poner música porque creo que distrae, pero es una opción como otra cualquiera. Creo que he puesto un par o tres de entradas con ella. No niego que pueda poner alguna otra. A veces, como en esta ocasión, he considerado que merecía la pena, que se trata de un complemento que ayuda a ambientarse un poco más.
    Gracias por creer en mi magia.
    Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.