Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

miércoles, 5 de febrero de 2014

El casi ser...

¡Vaya! Habrá que anotarlo en el calendario. Por fin he tenido noticias de Pablo. Por lo menos hace quince días o más que ni tan siquiera nos escribimos un triste mensaje. Para ser que quiere que sea su puta, o eso me propuso aquel día, no es que le ponga mucho interés al tema. Por otra parte, a mí me es indiferente y gano tiempo de cara a una posible respuesta. Lo cierto es que si no me cuidan, dejan de interesarme. Tal vez por eso tampoco le escribí o le llamé. 
Casualidad o no, aquella mañana había quedado con Nuria, a quien también hacía tiempo que no veía, aunque mi contacto con ella es más habitual que con Pablo o que, incluso con Sergio pese a ser mi vecino del cuarto. Llegué con tiempo suficiente. No me gusta hacer esperar -tampoco que me hagan esperar demasiado a mí-, y, en el último momento, me escribió un mensaje diciéndome que se va a retrasar un poco y que se disculpa. Retorcí el morro con cierta resignación pero para esperar fuera, decidí entrar en la cafetería. No era extraño verla abarrotada pues, de hecho, los Juzgados y un ministerio público estaban a tiro de piedra. A pesar de tanta clientela, su bullicio se veía de algún modo minimizado por alguna razón que no voy a ponerme a analizar. Y, entre tanta gente, diferenciada a simple vista aunque solo fuera por su forma de vestir, estaba él. No me fijé al entrar. Fui directamente hacia la barra y cuando el camarero me traía mi consumición y me disponía a pagarla, me advirtió de la invitación. Me giré y busqué con la mirada sin poder caer en la cuenta de que pudiera ser Pablo quien me invitara.
Ahí estaba él, como si fuera el amo y señor de aquel espacio, ocupando una pequeña mesa él solo, con las mangas subidas, con el nudo de la corbata aflojado, pero su aspecto, a pesar de que en su traje se notaban las arrugas de ya varias horas de trote, era impecable. Tenía un aire ciertamente de dandy moderno y, en ese momento, me recorrió completamente una especie de escalofrío o de hormigueo de pies a cabeza y he de reconocer que incluso sentí palpitar mi sexo al mismo tiempo que mi corazón.
Miré el reloj de pulsera de modo instintivo -que nadie me preguntara la hora en ese momento. Fue un gesto de tantos que hacemos por hacer y que no sirven para nada-. En realidad, debería haberme fijado para intuir, más o menos, cuándo podría llegar Nuria.
Hizo sitio en la mesa para mi taza. Los papeles no se acumulaban sobre la tabla pero Pablo había estado inmerso entre ellos. Una sonrisa correspondida. Él se puso de pie para darme un par de besos, pero de esos en los que se posan los labios, no de esos otros en los que se pegan las mejillas como por cumplido. Me gustó el tacto de sus labios en mis mejillas y me senté frente a él, al otro lado de la mesa. Nuestra conversación fue algo trivial. Él andaba ocupado. Había salido a tomar un café y el aire antes de volver a entrar en los Juzgados y presentar aquel caso laboral.

- Deberíamos vernos... y a no mucho tardar.
- Eres tú quien se ha olvidado de mí.
- No creas eso. El problema es que ando muy ocupado y tú necesitas tiempo... -Aquéllo me sonó un poco tal cual. Me limité a sonreír y a no decir nada mientras miraba hacia la puerta por donde todavía no llegaba Nuria. Eso me venía bien porque, por desgracia, era tan cotilla y curiosa como mojigata pero eso no le restaba ser una de las mejores personas que he conocido en mi vida-. He de irme. Tengo una vista en un momento y tengo que hablar antes con mi cliente -dijo poniéndose en pie tras terminar de recoger todos aquellos papeles-. Tendrás noticias mías en breve.  -Sin más, tomó mi rostro de la barbilla y me besó en la mejilla. Un único beso-. Por cierto, sigue en pie mi proposición... -continuó a mi oído-. Quiero que seas mi putilla...

No tuve que explicarle nada a Nuria. Cuando ella llegó, yo ya estaba sola terminando de tomarme un café con leche que se había ido enfriando lentamente. Apenas veinte minutos después, mi móvil sonó. Se había perdido la cobertura y tenía un mensaje de voz.


"Me has puesto tan caliente que he llegado a los Juzgados con una erección de mil pares de cojones... Tus tetas... ¡Ufff! No puedo pasar mucho más tiempo sin disfrutar de ellas... y de tu coño... mi puta... Y esa boca, está hecha para chupar... ¡Cómo te voy a gozar!".  -Escuché esperando que su voz no se oyera más allá de lo que yo podía escuchar. Mientras, Nuria me iba contando las aventuras y desventuras de su pequeño de cinco años.



Quedé con Pablo cuatro días después. Cuando llegué a su casa, su actitud era la de un macho dominante dispuesto a marcar sus reglas de juego. Me había advertido en las llamadas previas pero fingí hacerle caso; es más, no le hice caso pero me dí cuenta de que debería haberlo hecho, al menos en algo. Me saltaré los preámbulos porque fueron largos. Él parecía ordenar, yo replicaba sin parecerlo. Él sugería y yo interrogaba. Él intentaba avanzar y yo cada vez se lo ponía más difícil. Evidentemente, aquella situación de toma y daca tenía una finalidad. No sé si era la prevista pero me dí cuenta de que me ponía. Tal vez no tanto como a él le hubiera gustado pero sí más de lo que yo me había imaginado. ¿Probar algo así? Sí, de algún modo u otro había caído en ello como parte de un juego. Tal vez de este modo, en el que todo parecía más confabulado, seguramente no... Pero quien no arriesga, ni gana ni pierde.

La presión de las cintas en mis muñecas no me era desconocida, ni tampoco la sensación. No admití cuerdas, a pesar de su proposición. No quería marcas en mi piel. La tengo muy sensible y hay que andarse con cuidado y con ojo... Él no es el único hombre que me ve y, es más, basta con que me vea yo. Una puede ser puta en un momento dado pero no por eso dejar de ser fina. Lo cortés no quita lo valiente.
Aquella posición de espera era lo que más me torturaba. La presión en las rodillas, el peso de mi cuerpo sobre mis piernas y las manos a la espalda... Demasiado cómoda no era...
Y la venda sobre mis ojos; ciega y presa, expectante pero no temerosa; silenciosa pero no callada...

Y él, ¿qué estaba haciendo mientras?
Sí, me había desnudado ante sus ojos sin que él hiciera nada para avanzar. Su meditado y metódico avance consistía en permanecer quieto y desnudo, completamente desnudo, a unos metros de mí, como inspeccionando lo bien que lo hacía o el ritmo que le ponía. Y me fui desprendiendo de mis ropas de modo insinuante, con gracia, con cierto estilo, dejando caer cada prenda muy cerca de él, lanzándolas como quien lanza un capote al toro... Toro que, de momento no envestía, pero ya amenazaba desde su distancia. Y cuando ya estuve desprotegida de mis telas, él avanzó, decidido, presto y poco diligente, para acabar empotrándome contra la pared, con cierta rudeza alejada de la violencia. Mi cuerpo quedó en medio de un extraño contraste: la frialdad y rugosidad de la pared, frente al calor y suavidad de su piel. Y envuelto bajo la presión de sus manos y el empuje, intencionado, de sus caderas contra mis nalgas.
Después vinieron las cintas, las posturas, las solicitudes inquisitivas y mis cientos de protestas que no conducían a ninguna parte porque, en realidad, no eran protestas sino mi propia naturaleza y carácter que él, en la medida de sus posibilidades, intentaba reconducir... ¡Imposible! Debía conformarse con que protestara cada orden previamente a cumplirla.

- ¡Va a ser muy complicado domesticarte!... Pero me encanta la idea...

Si en esos momentos pudiera haber leído mis pensamientos, la expresión de mis ojos y tantear la calma que mi espíritu presentaba... No sé... Tal vez yo hubiera obtenido un castigo más incisivo que aquel apretón de las cintas, aquel fuerte cachete en mis nalgas y aquel beso-mordisco en una de mis tetas. Todo ello me puso en alerta... Lenta alerta ya que Pablo se alejó y ahí me tuvo no sé cuánto tiempo porque mi percepción del tiempo en aquellos momentos era más bien dispersa.

Me sobresalté un poco cuando noté una de sus manos tirando de mi melena y la otra apoyarse en mi garganta. Una ligera presión me perturbó y necesité tragar para acomodarme, mientras todo mi cuerpo se vencía hacía atrás, apoyándose en el de él. Separó mis labios e introdujo dos dedos, moviéndolos por todo el interior, como explorándolo; provocando en mí la extraña sensación de un ahogo y de una ocupación masiva que enloquecía a mi lengua.

Estaba tranquila porque sé, dentro de mis limitaciones, cómo funciona esto,, y, porque tengo claro que es lo que no quiero. Nosotros no hemos hablado nada, nos dejamos llevar y sé que no hay un paso más largo que el otro. Esto es un suave juego, un poco de tensión para liberal el placer... Y él sabe hasta dónde llegar porque sabe hasta dónde está mi límite... Y también sabe que me vengaré... que sus gestos y actos no caerán en saco roto. Es mi naturaleza y tiene sus consecuencias.
Me empujó hacia delante y quedé a cuatro patas. Aquellas apreturas de su mano sobre aquella nalga, la pasión de su dedo por perderse entre una y otra, inspeccionando, cerciorándose no sé de qué... Como si estuviera estudiando la forma más idónea de un ataque irreverente... Y mi culo, una vez más, recibió su manotada y de mi boca surgió de nuevo mi protesta y mi queja...

- No te quejes...
- Pues tú deja de darme ya...

Aquello me cabreó y temí porque rompiera la magia que me había llevado hasta allí, pero la cosa se calmó y todo volvió a la normalidad. Sus manos se volvieron más mansas pero no menos impertinentes y curiosas, hasta sentirlas apalancadas sobre mis glúteos, como si estuviera cogido medidas o una perspectiva... Me pregunto cuál. Le siguió un gesto seco, aquél que cubrió todo mi sexo, desde atrás, presionándolo, abriendo mis labios para rozar con las yemas de los dedos la suavidad y humedad de aquellos pliegues, buscando la finura y receptividad de un clítoris que crecía por inercia.
Cuando sus dedos empezaron a entrar, arqueé mi espalda y separé mis piernas, contoneándome de modo que su lentitud se apremiara. Cuanto más pronunciados eran mis balanceos, más pronta era su interrupción, incluso sacaba los dedos y parecía distanciarse... Le busqué con la mirada y la suya se cruzó con la mía. Tomó mi rostro con firmeza, obligándome a levantarlo. Aquellos dedos, que tan sutilmente aparentaban haber entrado en mi sexo, se resbalaron entre mis labios. Probé de mí misma, de la humedad de mi sexo, hasta que ésta desapareció entre las burbujas de mi saliva.
Húmedos los dedos, excitado mi coño, nublada mi mente... Sus dedos entraron sin compasión entre los labios de mi sexo, haciéndome brincar por la sensación y exaltando mi garganta en aquellos gemidos que, casi de inmediato, dejaron de ser acompasados. Más, cuando su lengua empezó a lamer mi piel y aquellos dedos, ligeramente separados entraban y salían,  se retorcían hurgando en el adaptado túnel en el que se empapaban...

- No te corras hasta que yo te lo diga... -pidió.
- No es posible...
- ¡Inténtalo! -pidió minorando el ritmo de las embestidas de sus dedos, llegando, incluso a detenerlas. Quedamos inmóviles los dos y desató la cinta que se anudaba en mis muñecas. Sentí alivio, ciertamente, y tuve el tiempo justo para apoyar mis manos sobre el lecho. Me sujetó la cabeza de tal modo que apenas podía ver más allá de las primeras arrugas de la sábana y mucho menos, percatarme del cabecero de la cama. Con la otra mano me acomodó y, situado detrás de mí, acopló su cuerpo al mío, piernas abiertas recogieron las mías en su hueco..., y su miembro, erecto, hinchado y contundente, paso en fricción entre mis nalgas, camino de la abertura de mi sexo casi llovedizo. Lo sentí entrar con toda su fuerza, hasta que lo percibí en lo más profundo de mi coño, sintiendo un dolor agudo que se minimizaba en sus retiradas y volvía a acusarse en sus envites...
Y sí, me corrí... pero no cuándo él me dijo... sino cuando yo ya no pude más... Justo antes de que él lo hiciera sobre la redondez de mis posaderas.

Creo que ya sé de qué pie cojea este Pablo. Me pregunto si sabe él de cuál cojeo yo.

15 comentarios:

  1. Delicioso e impresionante, como siempre, lady Pi.
    Una hermosa y excitante batalla que, para mi, se resume en una sola frase... "- ¡Va a ser muy complicado domesticarte!... Pero me encanta la idea..."

    Desconozco si Pablo sabe de que pie cojea usted..., pero yo, empiezo a sospecharlo :-)

    Feliz tarde, milady, y con el beneplácito de Neruda... gracias por volver a su senda, esa senda que con tanto placer seguimos los que aquí acudimos cada día.

    Besos salados desde la mansión

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  2. UN RELATO CAUTIVADOR, DE PRINCIPIO A FIN. MUY EXCITANTE.
    JEJEJEJEJE,,,, ME GUSTA ESA REBELDÍA TUYA, YA VEREMOS SI CONSIGUE DOMARTE.
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!

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  3. Gracias a ambos por perderos entre mis líneas y visitar este refugio...
    Besos de Pecado.

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  4. Un relato en donde el deseo y la pasión va aumentado a medida que saboreo sus renglones.

    Enhorabuena por tu blog.

    Besos.

    Lunna.

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    1. Hola, Lunna. Muchas gracias por participar en este Pecado. Acabo de regresar de tu blog y por ahí me iré perdiendo e iré dejando mi huella.
      Besos de Pecado y reitero mi bienvenida.

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    1. A mi este Pablo me tiene mosca ;-) Lo voy a tener que atar corto.
      Besos de Pecado.

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  6. Un relato muy torrido. Me encanta tu forma de describir y expresarte. Una delicia.
    Besos
    http://recuerdodenoche.blogspot.com.es/2014/01/hambre-de-ti.html?m=1#comments

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  7. Hola. Muchas gracias por decir eso. Me halaga. Gracias por venir por aquí. Yo, no lo dudes, no dejaré de visitar tu blog. De hecho, voy a hacerlo ahora mismo.
    Besos de Pecado.

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  8. Hola, acabo de aterrizar en tu casa y he de decir que me has dejado impresionada por tu forma de relatar... Me ha gustado muchísimo y creo que a Pablo le resultará difícil por no decir imposible domesticarte... Se nota tu fuerza y tu carácter en cada una de tus letras...

    Con tu permiso te sigo y me llevo tu enlace a mi casa...

    Enhorabuena por tu blog y por tu pluma!!

    Besinos ;)

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  9. Hola, Haydeé ;-) Bienvenida seas en la también tu casa a partir de este momento. Gracias por todas tus palabras. Ya irás conociendo a los demás hombres de la casa. No hay muchos pero dan algo de guerra. Me tomo la libertad de coger tu tarjeta de visita y guardarla en mi trastienda.
    Besos y mil gracias de nuevo.

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  10. Suerte teneis las mujeres, tantas corridas seguidas.

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    1. Bueno, todo depende del deseo y del conocimiento del propio cuerpo. No olvidemos que, al fin y al cabo, también todo está en la mente... La diferencia entre hombres y mujeres en este tema, es que nosotras tenemos un sin fin de terminaciones nerviosas que están especialmente diseñadas para el placer, única y exclusivamente para ello ;-)
      Bienvenido al Pecado.

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  11. He vuelto a releerlo y cada vez q lo hago me parece mas excitante... besos

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    1. Hola, Dav. Me alegro de que termines con esa sensación porque de eso se trata. Cuando dejo la puerta abierta y alguien decide asomar la cabeza, quiero que, además de ver, disfrute, goce y recree sentimientos y sensaciones...Y cuando retroceda y salga, piense que, no solo es que pueda volver, sino que cuando decida hacerlo de nuevo, todo aquello que en su día experimentó se amplíe.
      Besos de Pecado y bienvenido a la trastienda conocida...

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

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La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.