Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

martes, 4 de marzo de 2014

El guiño de Qadesh...


Creo que es cierto eso de que todo y todos estamos interconectados, a no ser que todo sea una casualidad pero yo no creo en las casualidades. Tengo claro que las cosas pasan y existen por alguna razón que está más o menos a nuestro alcance, al menos del mío. 
Y curioso me parecía que Pablo no hubiese dado señales de vida en más de quince días... A no ser que nuestra relación sea quincenal, denominación evidente después de un corto estudio temporal... Sin embargo, me citó en aquella exposición de arte egipcio. Recuerdo lo qué sucedió en la última exposición a la que acudí -perdí mis bragas y un poco de mi poca vergüenza-. Él es el único que me las ha destrozado y el único que se las ha guardado... No sé si es fetichismo, alguna clase de parafilia o bien, ganas de jorobar sin más para hacerme llegar a casa sin bragas. Eso me hizo pensar en algunas de mis tácticas de sorpresa. Recuerdo que en varias ocasiones, mientras mantuve relación con el Macho Alga, hace ya un tiempo, no habían sido dos las ocasiones en las que me había presentado en la cita sin ellas para gusto y delirio de él. ¿Por qué no repetir las cosas que tan bien habían funcionado en su momento? En algunos aspectos, el Macho Alfa (a quien debo agradecer el relucir de la puta que llevo dentro) y el abogado tienen algo en común.
Así que ahí me presenté, no teniendo demasiado en cuenta las" instrucciones" que me había dado. Las cosas son como son: a mí me cuesta olvidar que me gusta llevar las riendas (aunque creo que, en algún momento, las he entregado, tal vez con el único consentimiento del puro interés). Y él me habla de negociación... ¿Negociación? ¿Negociar conmigo? ¿Mis reglas o sus reglas? Las mías son más bien inegociables... Y, sobre todo una: mi coño no tiene amo.

Entré a la exposición con la invitación que me había hecho llegar: hombres encorbatados y los que no, muy apañados, mujeres más o menos etiquetadas, y digo bien, etiquetadas. Salvo por eso, algo de lo que enseguida me olvidé, lo que estaba viendo me parecía de lo más interesante. Me apasionan estos mundos antiguos, llenos de sabiduría e inteligencia que, en la mayor parte de las ocasiones, nos dan maravillosas lecciones de conocimiento y orden social, amén de salvajadas que no son tan diferentes de las de ahora. Comprobé la hora. Pasaban quince minutos de la hora acordada. Sabía que iba a llegar y que lo haría en el momento más inesperado. 
Me situé ante aquella piedra plana, para decirlo de un modo vulgar: Isis y Osiris, dos serpientes enfrentadas. Tenían cierto misterio. Según el catálogo tenían su historia, y me enfrasqué en la lectura, perdiendo la noción de la realidad que me rodeaba.
Seguí caminando mientras tanto, hasta que me choqué con un caballero (amablemente le pedí disculpas por mi despiste). Y me fijé, entonces, en aquella pintura. Primero no me dí cuenta pero me llamó la atención la posición arrodillada de la egipcia. Claramente se trataba de una felación.

Se situó detrás de mí. Esta vez sí supe que era él. Reconocí su perfume y me dejé embriagar por él. Noté su cuerpo pegado al mío, más sensación en mi piel que consistencia, pero sí la presión de sus manos a ambos lados de mi cadera.

- ¿Interesante? ¿Estás tomando nota?
- Mucho y no necesito tomar notas -respondí sin girarme y dibujando una leve sonrisa entre mis labios-. ¿Por qué me has citado aquí? ¿O acaso se trata de que eres tú quién debe tomar nota? -pregunté sabiendo que se sonreiría.
- Sé que te gustaría y porque si me surgía algo en el último momento que me retrasara un poco, tú estarías entretenida y en tu salsa. 

Estuvimos disfrutando de la exposición durante una hora más. No me apetecía pasar de largo pero me dí cuenta de que iba siempre un par de pasos por delante de Pablo que, desde su distancia, parecía no perderse detalle alguno de mí.

- ¿Te espera tu marido en casa?
- No, no me espera -respondí sin dar más explicaciones. Llevaba desde la mañana fuera y no volvería hasta el día siguiente pero era un dato que a él no le interesaba en absoluto.

Antes de salir, no sé si por casualidad o como una señal, Qadesh. La verdad es que no la reconocí ni sabía bien quién era pero, ciertamente fue una llamada.  Qadesh, Hator o Sejmet, cualquiera podía ser ella. Sí, la diosa con serpientes, sobre un león, con flores de loto... la del placer sexual... Parecía hacerme un guiño.

Subimos a su coche y me acomodé en el asiento. Mientras conducía, a no sé dónde, su mano no se conformó con posarse sobre mi muslo, sino en buscar el surco entre ellas hasta llegar a lo que no esperaba. Aunque intentó disimular no pudo evitar que en su rostro se reflejara la sorpresa. Sonrió con picardía mientras nuestras miradas se encontraban.

- ¡Vaya! No me lo esperaba... Sí que esperaba que no me hicieras caso pero creo que algún día lo harás.
- Igual desistes -ironicé. Él me miró con cierta autoridad, como reclamando la osadía que había tenido al proclamar aquéllo.
- No me conoces lo suficiente.
- Ni tú a mí...
- Tal vez mejor de lo que tú crees.  -Y su sonrisa inundó todo el espacio, llenándolo de puro erotismo. Tanto que me estremecí, sintiendo unas tremendas ganas de gritar y de comérmelo en aquel momento. Abrí mis piernas y dejé que su mano se introdujera entre mis labios, percibiendo la humedad que por ellos resbalaba. Rozó mi clítoris.

Se me escapó un gemido al tiempo que el respingo por notar al suave pellizco que las yemas de sus dedos le propinaron. Bajo mi vestido, los pezones erectos marcaban su hinchazón y el canalillo de mis pechos se agitaba perdido entre la delgada línea de aquel escote. Parecía no importante el hecho de estar entre tanta gente, en un carril del centro de la ciudad en hora de auge circulatorio. Y a él parecía importarle todavía menos cuando su mano, con sus dedos preñados de mi jugo, se los llevó a la boca  y los lamió, descaradamente, a lo largo de su parte interna... Luego, me los puso a la altura de la mía, rozando mis labios, provocando que la abriera... Dejé que fuera él mismo quien los moviera dentro, percibiendo todo el sabor de mi sexo excitado sin dejar de notar como éste, seguía supurando aquellos jugos de los que mi boca disfrutaba.
Sé que lo que quería es que no me adelantara a sus pensamientos... Pero ¿y si piensa demasiado despacio? ¿Qué problema hay? Tampoco a mí me costaría demasiado dejar que los mostrara y hacerle ver que era espontáneo... Pero eso sí que me resultaba algo más complicado. Así que, mientras él conducía hacia no sé dónde, me acomodé mucho mejor en mi asiento. Me levanté la falda para que no pudiera perderse nada (y yo pudiera abrir más mis piernas). Iba a subir una pierna al salpicadero pero era demasiado evidente, así que apoyé mi pierna derecha en alguna parte y la izquierda, la acerqué, peligrosa, pecaminosa e intencionadamente, hacia él. Mi sexo percibió el cambio de temperatura al separar las piernas y aprecié la sensación de un reptar líquido descendiendo hacia mi ano. Cuando mis dedos llegaron a la zona se empaparon del líquido cremoso de esencia a mujer.
Seguí acariciándome y frotando mi coño entre exagerados y no tan exagerados gemidos que se acoplaban a la música que sonaba como ambiente, terminando por anularla. Introduje mis dedos, lentamente, sin dejar de mirar a Pablo que, a duras penas, podía mantener la mirada en la carretera.

- Sigue así hasta que pare en algún sito y no te corras por nada del mundo...

Tendría que centrarme en hacerlo muy, muy despacio, ganando tiempo; recrearme en mí misma y volverlo loco a él. Aquel vestido que me había puesto no permitía demasiadas artes sobre mis pechos. Dejaban ver solo la parte central, el estrecho canal entre mis senos pero creo que tenía bastante recreación con mi húmedo coño y el juego de mis dedos entrando y saliendo o tirando suavemente de mi clítoris.
Miré entre sus piernas. Era evidente el juego hinchado de sus huevos y la erección de su polla tirando de la tela del pantalón, luchando por acoplarse, por buscarse un mejor sitio. Podía definirla desde la base hasta la punta.
Me situé apoyando la espalda en la puerta del copiloto para poder posicionarme de tal forma que pudiera tocarlo con uno de mis pies. Continué dejando que mis dedos entraran y salieran intercambiando ritmos suaves y constantes, lentos con aquellos otros de repentina aceleración... Y mi pie llegó a frotarle por encima del pantalón. Estaba duro, tremendamente excitado. Su pecho subía y ascendía en respiración entrecortada. Sus manos permanecían quietas sobre el volante. Las mías, menos paradas que las de él, se entretenían en mi sexo, en mis piernas, en deslizarse sobre mis tetas -lastima que no pudiera sacarlas de debajo del vestido- y en introducir los dedos mojados con sabor a mí, una y otra vez en mi boca.

Pude notar bajo la presión de mi pie, el palpitar de su polla, como si tuviera vida propia. En realidad la tenía. Ella reaccionaba a mi. Él parecía intentar controlarse. Me extrañó esa actitud suya. Se supone que él es que quiere mandar o, tal vez, era una forma de decirme "a ver qué es lo que sabes hacer"; aunque no creo que fuera necesario demostrarle demasiadas cosas a pesar de que nunca estaba conforme del todo. Yo siempre estoy "abierta" a sugerencias.
Creo que captó la idea. Y si había alguna sugerencia, ésta era la de follarme allí mismo. De haber podido, hubiera parado el coche en seco, echado el freno de mano y abalanzarse sobre mí sin ningún tipo de preámbulo; comerme la boca y comerme el coche, empaparse de mí y beberse todo lo que lograra sacar de mí. Pero...

No sé por dónde fuimos ni sé a dónde llegamos. La puerta de un garaje se abrió. Estaba en la planta calle de un edificio de cuatro plantas. Me chocó que el garaje fuera individual pero no me detuve en esas cuestiones. Estaba lo suficientemente caliente para desear que me follara cuanto antes. Estaba muy húmeda, digamos que casi chorreaba y que me faltaba un "ya" para correrme...
Bajó la persiana del garaje, encendió la luz interior y apagó el contacto del coche. E hizo lo que o esperaba. Se echó sobre mí nada más soltar el volante y fueron sus dedos los que empezaron a entrar y salir de mi coño mientras los míos, con aroma y sustancia, se colaban entre sus cabellos, acercando su cabeza a mi escote, sintiendo su lengua en mi canalillo, como los picaflores cuando buscan el néctar de las flores. Su lengua subía y bajaba por la abertura. Mientras, yo le dí libertad a su polla y ésta me lo agradeció húmedamente, recibiendo una caricia que ligeramente mojó mi mano, lo que me sirvió para lubricarla más, desde la punta hasta los testículos, entreteniéndome con ellos y repetir la operación... Abajo... Arriba...Arriba... Abajo...

Pellizcó mis pezones por encima de la tela, pues la tirantez del escote no le permitía pasar bien la mano. Abrió la puerta del copiloto y me indicó que saliera. Así lo hice, notando como un camino húmedo se abría a lo largo de mis piernas. Me quité el vestido y lo tiré al interior del vehículo mientras él  se abría la camisa. Me acerqué al capó. Estaba caliente, tal vez demasiado... Y dí un respingo. Se quitó la chaqueta y la puso sobre el coche sin dejar que me acercara. Sus manos aprisionaron mis tetas, las masajearon con autoridad y decisión antes de sacarlas del sujetador. Mis pezones estaban tan sensibles por la excitación que cualquier caricia parecía dolerme. Si eso fuera poco decidió usarlo de canica. Su dedo corazón se volvió catapulta en su mano y el dedo pulgar le dio la fuerza necesaria para golpear.


Gemí, placer y dolor al mismo tiempo. Mis dientes se apretaron y mi boca se abrió a continuación cuando él, con la mano libre, sujetaba mi rostro con fuerza. Su lengua me penetró con avidez mientras me separaba las piernas con la suya.

¿Qué había que le impidiera hacer lo que quisiera? Me empujó contra el capó del coche. Me vi ahí boca arriba, con las piernas abiertas y los pies apoyados en el guardabarros. Se inclinó y empezó a chuparme con ganas, con toda la sed del mundo. No dudo que algo saciara pues para entonces estaba tan mojada que chorreaba. Con la misma energía con la que chupaba, me levantó para cambiar de postura. Mi situación era de pleno sometimiento. Mi pelo presa de una de sus manos, con la cara pegada al capó, con mi vientre sobre la caliente chapa y mi culo en pompa, como si me fueran a registrar. Me separó de nuevo las piernas, empujando con su pie los míos sobre aquellos tacones. Quería una puta y la tenía a su merced, muriéndose de gusto por que la follaran cuanto antes. Me dio un azote con la mano, de abajo hacia arriba. Pude oír el ruido del chasquido. Me puso en alerta. Sus dedos recorrieron el estrecho canal que separaba mis nalgas. Las apretó, volvió a palmotear ambas y volvió a tocarme el coño para extender mis flujos a modo de lubricante.


Me la metió hasta el fondo, una y otra vez, mientras yo solo me defendía con gemidos que se enfatizaban con algún que otro grito incontrolable. Sí, no soy lo que se dice escandalosa pero me dejo oír en ocasiones... Le acompañé en sus movimientos y me gustaba la sensación de vacío y de plenitud cada vez que la sacaba por entero y la metía de golpe otra vez.
Yo ardía, él se quemaba. Yo quería más... Él intentaba alargar, cuanto más mejor, la tortura que padecíamos y cuando ya notó que me iba a ir, frenó en seco. Juré y maldije con las mejores palabras que conocía. No son muchas pero se hacen sentir.
Su pantalón en el suelo hizo de alfombra a mis rodillas. Su polla, tremenda polla, quedó ante mis ojos; tan cerca  que pude percibir el aroma a sexo y lujuria. Mi boca no se lo pensó. Abierta como el animal más salvaje, atacado por el hambre, la abalancé sobre aquel miembro que me llamaba en palpito. Las manos de Pablo sujetaron mi cabeza impidiéndome recular y obligándome a tragar su miembro casi de una tacada. Sentí una ligera arcada pero era tan algo mi grado de excitación que me las arreglé para respirar y tragar al mismo tiempo. Me comporté como una auténtica perra o como la puta que quería. No me venía grande ese papel. Venía con ensayos aprendidos y no me molestó, a pesar de ciertos apuros, que llevaran tanto poder sus manos y su cuerpo. Creo que tenía mi rostro algo desencajado y debió de compadecerse de mí o premiarme por mi entrega sin tanta protesta habitual. 

Me levantó tirando de mi pelo al tiempo que del brazo y me volvió de bruces sobre el capo del vehículo. 
Esperaba otra vez algún cachete en mi culo pero no fue así. Me levantó el trasero, lo acarició, resbaló sus manos desde él hasta mis hombros, suave y delicadamente, recreándose; hasta que tomó mis caderas con ambas mano y acercó la suyas hasta que su polla entró directamente en mi desesperado coño. Sus embestidas eran decididas, fuertes, como a mi me gustan: sin contemplaciones. El sonido del choque de nuestras pieles, de la abundancia de mis fluidos empapando su sexo y dilatando el mío... Mis gemidos aumentaron y antes de que se convirtieran en gritos, banda sonora de mi orgasmo, metió los dedos en mi boca y por la reacción de su cuerpo, más intuitivamente que asegurándolo, supe que se iba a correr. Lo hizo al final de la espalda mientras mi corrida prendía sobre el suelo como pocas veces, dejando un charquito en el suelo que caía sin control alguno. Yo no podía pararlo, simplemente mi coño lo dejaba salir.
- Creo que aún sacaré provecho y haré algo de ti -me dijo jadeante al oído, caído sobre mi espalda y apoyados ambos sobre el capo del coche. Yo estaba demasiado extenuada para responder en ese momento. Qadesh había echado su hechizo con aquel guiño. Y una cosa tenía clara: Hoy Pablo no se llevaría mis bragas.

15 comentarios:

  1. Por favorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!!!
    que buenaaa manera de empezarrrr la mañanaa!!!! UEEEEEE!!!!!
    Así quitas las penas de golpe!!!!!! y qué "provecho" le sacaremos al día!!!!! je,je

    (escribes genial!! me encanta!!)

    MUCHOSSS BESOSSSSSSSSS!!!!!

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  2. Jajajaja No puedo menos que echarme a reír ante tu gracia. Te me imagino ;-)
    Muchas gracias por tus palabras. Siempre es bueno que te animen a punto mañana.
    Besos de Pecado.

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  3. Cuanta intensidad.... Cuanta entrega, cuanta "todo"...
    Besos.

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  4. Caliente e intenso, debo decir que Pablo se ha convertido en mi chico preferido de tu casa.... Esa seguridad que muestra a pesar de que tu no te dejas mandar me encanta!!!!
    Me quito el sombrero contigo, narras de lujos y consigues trasladarme al lugar, hoy me he sentido en ese garaje... Enhorabuena guapa!!! Es un placer leerte!!

    Muchos besinos!!!

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  5. Genial entrada,realmente excitante y sensual,realmente muy muy erótico.
    Excelente blog,pasate por el mio cuando desees.
    Un beso

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  6. Una historia que me llevo
    a pensar mucho, cargada
    de humor y realismo.
    Bello..
    Un saludo a mucho pecado.

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  7. NO EXISTE LAS CASUALIDADES, SOLO EXISTE LO INEVITABLE...
    MENUDA VISITA A LA EXPOSICIÓN EGIPCIA,,,, PERO LO DE DESPUÉS FUE MUCHO MEJOR.
    UN RELATO REALMENTE EXCITANTE, PURO FUEGO.
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!

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  8. Vaya, parece que por fin mi buen amigo Pablo va ganando terreno, pues aunque pudiera parecer que de entrada la iniciativa fuera femenina, está claro quien llevaba la voz cantante en el garaje…
    Oh, sí, sé que me dirá que lady infiel sólo se doblega cuando le interesa, pero el hecho cierto es que, por el motivo que fuera o fuese (estimulación divina o mundana), mi estimado y admirado Pablo ha conseguido de tan excitante dama todo lo que de ella ha deseado…
    ¿Será esa la nueva tendencia? ¿O viviremos un efecto rebote?
    La historia no deja de ganar en posibilidades :-)
    Una vez más, toca tener paciencia, y disfrutar de lo vivido hasta el momento.
    Yo, de momento, seguiré confiando en Pablo.
    PD: Si aún siente deseos de inspirarse en algún personaje egipcio, yo le recomiendo que revise la historia de una tal Cleopatra VII, la Ptolomea. Por lo que cuentan, solía tratar con gran cariño a sus visitantes, haciendo gala de sus artes como felatriz experimentada.
    Si necesita referencias, puede pedírselas tanto a Cayo Julio Cesar como a Marco Antonio, y si me apura, hasta a su hermano Ptolomeo XIII.
    Una de las grandes mujeres de la historia que tuvo en sus manos, aparte de otros atributos, la dirección del mundo conocido en su época.
    Besos desde la mansión, milady.
    Espero con impaciencia nuevas historias…

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  9. Interesante Cleopatra VII, era tan buena en eso como mandando pese a que la belleza no la acompañase precisamente (esas cosas que tiene la Historia con suposiciones interpuestas). Dejaremos un poco de lado Egipto y nos trasladaremos a otra parte que también tiene sensualidad, erotismo y mucho, mucho que ofrecer. Pero no dude, mi buen amigo D. Sayiid, que todo buena nota siempre de lo que usted me dice...
    Pablo es un tipo estupendo con muy buenas artes... ;-)
    Besos de Pecado...

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  10. La orden que mas se cumple entre mi pareja y yo es justamente la de las tangas, la mayoria de las veces voy sin ellas, le encanta saber que no llevo nada debajo de la ropa, es su parafilia

    Creo que por mucho que intenmtes resistirte, acabaras por acatar cada orden que el te de, lo se por experiencia

    besitos cielo

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    1. Tienes razón pero entre que te la crees y se la haces creer... Está el entretenimiento. Yo "obedezco" pero luego... "exijo".
      Besos, guapa.

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  11. Un relato lleno de intensidad y deseo, cada instante es un paso hacia delante en la pasión desbordada.

    Besos.

    Lunna.

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    1. Muchas gracias por tus palabras, Lunna. Por cierto, bonito nombre. Pasión es lo que siempre se ha de desbordar.
      Besos de Pecado.

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  12. No creerás que lo que me tenía preocupada a mí era el freno de mano xD!!!!!!!
    Las órdenes/indicaciones... se siguen (o fingen seguirse..... jejeje) por convencimiento, por placer o por conveniencia, y las tres pueden tener resultados tan adversos o indiferentes, como, en este caso, GRATIFICANTES, jeje

    Como siempre, mal de mi parte pasar tan temprano (7:58am por aquí xD!!) porque ahora tengo que ir al agua fría, jajajajajja

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    1. Si es que no tienes remedio... Eres pecadora por inercia ;-) Mira, para el cuerpo y la mente va muy bien esos cambios bruscos de temperatura... sobre todo si te la buscas.
      Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.