Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

domingo, 16 de marzo de 2014

Polvo y final...

Había llegado ya el último día. Y éste había salido estupendo. El mejor de todos los que llevaba ahí y decidí bajar a la playa para tomar un poco el sol. Cierto era que no había mucha gente. Un par de señoras mayores que paseaban junto a la orilla y unas más jóvenes tomando el sol un poco más allá. 
La cala era pequeñita, agreste y salvaje; pequeña porción de arena y un agua impecablemente transparente que dejaba ver los bancos de pequeñas rocas que quedaban bajo ella. 
Esa mañana estaba sola. Jose tenía otras cosas que hacer pero aún recordaba, entre las líneas del libro que estaba leyendo, sus jadeos y embestidas de la noche anterior. Se supone que yo había venido para descansar, para tomarme un respiro pero, en realidad, increíblemente, había llegado para follar como una loca con un desconocido, con alguien con quien, a toda seguridad, no volvería a ver en mi vida.
Anduve por la orilla, me dí unos cuantos baños a pesar de que el agua todavía no estaba muy apetecible pero el sol picaba y, en cierto modo, se agradecía. Subí al chiringuito a comer y me fui a la habitación a darme una ducha. Cierto era que no sabía muy bien qué iba a hacer aquellas últimas horas. Dejé la habitación en penumbra y me tumbé sobre la cama. Leí los mensajes que tenía en el móvil. Un par de Nacho y el doble de Lucas. Verdaderamente, no estoy siendo demasiado justa con Lucas en los últimos tiempos. Sí, me gusta. Es un tipo genial. Es un buen amigo. Folla de vicio pero... Es demasiado complicado para mí. A pesar de ello, caigo y caigo siempre. Decidí llamarle aunque no estaba segura de ser una buena idea. Me lo cogió a la primera. No se oía nada de fondo, salvo el paso de algún coche.

- Hola, cielo -me dijo con un tono de lo más tierno. Me sonreí y pasados las cuatro primeras frases hablando de lo más intrascendente del mundo; de esas cosas que no llevan a ninguna parte pero rellenar el espacio-. Te echo de menos. Tengo ganas de follarte. Me tienes muy olvidado últimamente.
- ¿Tú crees?
- Yo sé -aseguró-. Eres como una gata mala. Juegas, te cansas, me das el zarpazo y te vas... Yo me quedo con las marcas y con las ganas... -Me eché a reír pero tenía mucha razón.
- ¿Dónde estás?
- En el despacho. Tengo muchas cosas que hacer. Se han ido todos a comer pero yo me he quedado para preparar unas cosas. He comido aquí.
- ¿Y el postre?
- No lo tenía pensado... pero, tal vez... a ti se te pueda ocurrir algo -insinuó-. ¿Dónde estás tú?
- En la cama... Medio a oscuras...
- ¿Desnuda?
- Completamente desnuda -acentué, sintiendo como mi coño lubricaba con la sola idea de la tentación y del saber qué iba a suceder a poco que me dejara. De mi boca salía esa sonrisa pícara que se sabe de un éxito previo y seguro.

- Mmmm... Solo de imaginarte se me ha puesto dura. ¿Quieres que me la saque?
- Mmmm... Sí... Y ábrete la camisa... -Y me lo imaginé obedeciendo. Aunque no lo veía sabía que lo haría. Percibí el sonido de sus movimientos y el pitido de mi móvil. Miré la pantalla y un mensaje entrante se reflejaba. A abrirlo, su vientre desnudo y su polla, dura, desenvainada y envenada se mostraba ante mis ojos, a medio refugiarse entre la tela del pantalón.
Las sábanas blancas, mi cuerpo desnudo, su voz a través del móvil con el manos libres puesto, retumbando en toda la habitación, ajena, indiferente y premeditada ante el hecho de que alguien pudiera oírnos en aquella hora tan adecuada para la siesta. Creo que eso me excitaba todavía más. Cerré los ojos, intensifiqué los gestos de mis dedos en mi coño lubricado, la convulsión de mis piernas, abriéndose y cerrándose en pequeñas acometidas de placer, mis pies clavados en el colchón... los jadeos de Lucas...
Acerqué el teléfono a mi entrepierna. Quería que Lucas escuchase el chapoteo de mis dedos entrando y saliendo de la húmeda cavidad que supuraba aquel magnífico jugo que él estaba provocando. Mis dedos se empaparon de mí y la conjunción de sus palabras martillearon mis sentidos, haciendo que mis falanges se perdieran en la oscuridad de mi cuerpo, colándose entre los labios, empujando mi clítoris... sintiendo el fuego de mi interior.
Mi mano libre rozaba mis pechos. Primero jugaron sin centrarse en uno. Luego, decidí que las yemas de mis dedos pellizcaran y tiraran de la emergencia de mi pezón. El corazón me iba a mil, al tiempo que la voz de Lucas se colaba en la habitación pidiéndome que me follara más, que le dijera cosas, que le provocara y le incitara. Me encanta sentirme viva; darme el mayor placer que pueda proporcionarme y permitirme.
Me imaginaba a Lucas follándome con su lengua, abriendo los pliegues de mi sexo con sus dedos y dejando uno para torturar mi clítoris. Contraía mi culo en aquellos espasmos casi involuntarios pensando en cómo la habilidad de su lengua perforaba mi interior, notando toda su fuerza embistiéndome como un animal en celo.

- No puedo aguantar mucho más... Voy a correrme...
- Quiero verlo -le dije con voz entrecortada. Oía su respiración intensificarse y acelerarse como si el aliento le faltara. Sabía que era cierto que no aguantaría mucho más, que su polla estaba a punto de reventar. El ruido de su mano pajeándose llegaba como música celestial para mi coño y como un latigazo para la ejecución de mis dedos sobre él.
- Me corro, puta... Me corro....

Mientras notaba los efluvios de mi sexo aumentando y percibía su lucha por aguantar, la tensión en alza en tanto me acariciaba incrementando el ritmo, abriendo mis dedos al colarse en el húmedo conducto, tan lubricado y mojado como un manantial que nacía del todo, sintiéndome como la serpiente que se retorcía ante las manos de un cazador o deslizándome como una de ellas sobre las sábanas, dejando que mi mano aplicara un dedo más hacia el interior, zambulléndose en aquel libidinoso y placentero hueco; mientras, Lucas se hacia aquella foto. Recuperé el móvil mientras no dejaba el rítmico y acelerado movimiento de mis tres dedos en mi coño, buscando como reventarme en un orgasmo. Ya estaba muy cerca del clímax pero quería seguir disfrutando, retrasar cuando más y mejor al resultado final. Mi mano, humedecida y casi entumecida por la tensión que se corría hasta el codo, se empapaba en caricias y movimientos sobre todo mi sexo. Pellizqué mi clítoris, tan sensible que estuve a punto de correrme pero tuve un segundo de lucidez para ver la foto que me había enviado Lucas...
 las dos...
 las tres fotos...
Mi cuerpo se contrajo. Me retorcí sintiendo como mis dedos me follaban, lasciva y experimentadamente, sabios en el arte de amarme a mí misma. Noté el límite de mi aguante y la tensión de mi sexo contrayendo todos los músculo de mi cuerpo, desvaneciéndome desde lo más profundo de mis entrañas en un volcán líquido que lo impregnó todo. Entre las palabras de Lucas animándome, me llegó aquel orgasmo en medio de un jadeo desproporcionado y de un grito que ahogué en mi garganta mientras mordía la almohada.

- ¿Sabes que me gustaría hacer un día? -me dijo tras aquellos largos segundos de recuperación en los que la única conversación era nuestras respiraciones entrecortadas.
- Dime.
- Depilarte el coño y comértelo luego.
- ¿Sí?
- Sí. Me encantaría... Y después, follártelo... con los dedos... con mi lengua... con mi polla... Volverte loca y que me grites que pare...
- Y no lo harías...
- Sabes bien que no... ¡Cielo, tengo que dejarte! Van a empezar a llegar los demás y yo con la polla fuera...
- Hasta luego.
- Te llamaré más tarde si puedo. Te quiero. Besos.
- Besos -y colgué sin prestar atención a sus palabras. Estuve un buen rato todavía en la cama, recuperado la compostura y el equilibrio que durante unos largos minutos había perdido.

Tres horas después, estaba caminando cerca de los acantilados con Jose. La tarde ya caía y en el horizonte de dibujaban las sombras y nubes variando desde el naranja al violeta... Las copas de los pinos de mar se vencían tímidos con la brisa. Y, por un momento, me imaginé la tórrida escena de verme follando ahí mismo. Ciertamente, llevaba unos días de varios polvos diarios. Mi coño parecía tan ávido como encarnado y parecía que conforme más follaba, más deseos tenía de repetir. Supongo que, en el fondo, es una forma de compensar las temporadas, cortas, de sequía. 

- Este sitio es un lugar muy buscado por las parejas... -me confesó-. ¿Has hecho el amor en la playa?
- No, no se me ha presentado el caso. Pero debe ser algo puñetero con la arena.
- Existen las toallas... y lo baños después...
- ¿Y tú? -le pregunté.
- Alguna que otra vez pero nunca son demasiadas -ironizó mientras acercaba su cara a mi oído-. Me encantaría comerte el coño ahora mismo -confesó, produciendo en mí un escalofrío que me recorrió entera. Sentí su entrepierna pegada a mi, percibiendo sobre la tela su inminente erección. Puede que esté medio salida o salida del todo, pero follar, después de comer, en lo que más me gusta del mundo. Está claro que tampoco desaprovecho las oportunidades que se me brindan. No tengo nada de especial, ni soy una Mata Hari, ni una cobra que danza al ritmo del movimiento de una flauta, ni soy irresistible pero rara es la ocasión en la que un encuentro con un hombre no acaba en acción. Cuando no tengo la situación clara, espero. Cuando la tengo más que evidente, no espero a atacar. A veces, me lo ponen en bandeja y me sirvo. En otras, dejo que me sugieran... Simplemente, disfruto. Lo que haga ahora, no lo haré de más vieja.

Nos apartamos de la carretera, bajamos aquellos escalones de arena y troncos que llevaban hasta la cala. La luna brillaba inmensa, como en la mejor de las películas. Parecía pintada. El mar se estrellaba contra las rocas y el sonido del viento sacudiendo las ramas hacia una melodía que podía incitar a cualquier danza. La mía siempre lleva inscrito el nombre del Pecado.
Apenas pusimos pie en la arena, sus brazos me rodearon y su boca buscó el camino hacia mis pechos desde el cuello. Me apretó contra él y yo me dejé llevar aunque no hice más que corresponder. Casi no sé ni el cómo ni el cuándo pero en un momento me vi desnuda sobre él, con mi cabeza sobre su erecta polla, meneándosela despacio y haciéndole disfrutar con mi boca y mi lengua; mientras él, con su cabeza encajada entre mis piernas, lamía, chupaba y succionaba de mi sexo. Sus manos tanteaban mi terreno: muslos, glúteos y parte baja de la espalda... y sus dedos, curiosos y sabios, no cabía duda alguna, dibujaban los pliegues de mi ano en busca de su apertura. Un ligero azote me espabiló del ritmo lento de mi mamada. Y, a continuación, me sentí tumbada boca arriba, con mis pies clavados en la arena y su cara, de nuevo, entre mis piernas. 
La arena me salpicaba el cuerpo. Me hacía percibir cierta incomodidad pero el gusto que sentía con sus lamidas me evadía de todo ello.

- Eres muy puta... y eso me vuelve loco.

Había aprendido a tomarme aquellas palabras como verdaderos cumplidos. Me había costado pero había aprendido a gozar de esa sensación. Sentía su lengua entrando y saliendo de mi coño; sus dedos apretando y retorciendo mi clítoris mientras mis manos hacían "el ángel" en la arena...
Él parecía un caballo desbocado. Ya me había dado muestras en las sesiones anteriores pero, en esta ocasión, fuera por el mar, por la arena o por el viento... o porque a saber cuándo volvía a follar como en aquellos días, se estaba dejando la vida en hacerme disfrutar. Sus envites eran salvajes, fuertes, broncos, profundos... Mi coño manaba, palpitaba... Yo me retorcía y me sentía más que libre para gemir y gritar como si la vida me fuera en ello. Eso lo estaba volviendo loco. Me giró con rapidez, dejándome a cuatro patas sobre la fría y revuelta arena; me dio dos manotazos, de abajo arriba; separó mis nalgas y me lamíó en la misma dirección, tensando el aro de mi ano. Una suave palmada sobre mi sexo mojado y me penetró sin pensarlo... Hasta el fondo, hasta que sentí sus huevos queriendo meterse también. Grité como una perra y gocé como dos. Me agarró las tetas y me obligó a levantar el cuerpo un poco. Se movía en mi interior sin salir. Me mordisqueaba la espalda, me tiraba del pelo... Hacía de mí como de una marioneta y yo, yo no decía nada... Jose me dejaba gritar y gemir hasta que ya no pude más y me corrí sobre él, que no dejó de bombearme, de darme duro, de soltar por aquella boca aquellas palabras "soeces" que nos encendían a los dos, hasta que sacó su polla de mi interior y se corrió sobre mis glúteos, mientras con una de sus manos me sujetaba la garganta. Una sensación de ahogo y de susto me sobrevino de repente pero cuando él terminó, la mano que le quedaba libre volvió a jugar conmigo, a hacer de mi sexo la masa de su arte, a provocar de nuevo mis gemidos, mi respiración entrecortada, mi enloquecimiento envuelto en gritos que intentaba ahogar en mi garganta, en esa que él mantenía bajo la suave presión de su otra mano. Me movía sobre él como una experimentada amazona, siento el golpe de su pecho en mi espalda y el roce de su polla entre mis muslos en tanto los dedos hacían su papel... hasta que me sujetó con fuerza y volvió a penetrarme.
Lastima que no volvería a follar con este tipo porque estaba segura de que podría haber gozado mucho.

21 comentarios:

  1. xD!!! qué caliente- Preciosa entrada, esas imágenes ufffffff qué bien sabes elaborar un relato ardiente desde que están solos y por teléfono llegan al clímax hasta su encuentro.

    Delicioso. A tus PIES

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    1. Muchas gracias, Gùde. Ya sabes que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón (lo digo por las fotos. Te las puedes llevar).
      Besos de Pecado.

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  2. Calientisima y excitanye entrada,debe de dar unorbo practicar sexo telefonico....
    El sexo en la playa me parece a romántico a la par de excitante.
    Un besazo

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    1. Sandry, a mi eso de la arena no me motiva mucho pero yo creo que no le haría muchos ascos si hay arte como el del tal Jose sin tilde: uno de esos que parecen que no han roto un plato pero se han cargado media vajilla ;)
      Besos de Pecado para ti, guapa.

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  3. QUE VACACIONES TAN EXCITANTES Y CON MUCHO DISFRUTE...
    PERO DE VACACIONES RELAJADAS,,,, COMO QUE NO, JEJEJEJEJE...
    UN EXCELENTE HISTORIA.
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!

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    1. Habrá que empezar a hacer la reserva, Vlador.
      Besos de Pecado, guapetón.

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  4. Vaya, vaya, lady PI... Y a mi que me habían dicho siempre que las vacaciones eran para descansar... Que equivocado estaba... Menos mal que me ha sacado usted de tan tremenda equivocación por mi parte.
    Prometo firmemente cambiar el rumbo de mis vacaciones y no olvidarme nunca el teléfono por si...,, por si..., por si acaso se le ocurre llamar ;-)
    Feliz velada lady PI y que descanse de sus merecidas vacaciones :-)

    Besos salados desde la mansiòn

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  5. Antes te ibas de vacaciones y no te localizaba nadie hasta la vuelta... Ahora estás pillado por todas partes y a todas horas... Algo de bueno tenía que tener llevar móvil encima y operativo. Sí, las vacaciones no solo son para descansar, también para disfrutar... Lo que no las concibo yo es para pegarte madrugones y llegar a las nueve de la noche muerta de cansancio... Vacaciones como éstas son de gozo y disfrute. Por eso, también, elegí está época, por que la temperatura suele tender a subir ;-)
    Besos de Pecado para todos y mi agradecimiento por vuestras palabras y vuestro tiempo.

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  6. Mmmmm.... vaya continuación nos has regalado guapa, me ha encantado de principio a fin pero me quedo con esa llamada a Lucas.... Que tendrán los teléfonos que son capaces de lanzarnos sin red al abismo.... Unas vacaciones para recordar sin ninguna duda....
    CHAPÓ!!!! :)

    Montones de besinos!!!!

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  7. Haydeé, no sé yo si es el teléfono o quién hay hay otro lado. Lucas es mucho Lucas... Parece una cosa pero es un pozo de sorpresas.
    Me quedo con tus montones ;)
    Besos de Pecado.

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  8. En la siesta, al atardecer... relamente aprovechas lo mejor de cada hora, de cada día. Te felicito

    Y qué realismo en tu narración!
    Me parecía estar allí, y ser Lucas, Jose,....
    Enhorabuena y mil besos

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    1. Muchas gracias, Uly. En realidad, creo que todos tenéis algo de Lucas, Jose, Nacho, Pablo... o cualquier otro que aparezca por aquí... Y en el fondo, todas somos un poco de Pura.
      Besos de Pecado.

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  9. Uffff menuda continuación. ... tengo la boca seca tras haberte leido...
    Un auténtico placer leerte.
    Besos

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    1. ¿Voy a tener que dejarte un vasito con agua fresquita cerca?
      Mil gracias.
      Besos de Pecado.

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  10. Quien fuera la cama del hotel para abrazarte mientras...

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    1. ¡Sólo la cama!
      Gracias por venir. Espero verte pronto.
      Besos de Pecado.

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  11. Ya me había pasado por aquí para ver tu blog, y simplemente me encanta... Los textos, Las imágenes, -aunque le tengo pánico a las serpientes xD-
    Tan sólo entrar a éste blog es un placer...

    Besos, muchos besos!!!!!

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  12. Bienvenida, Ivel. Estoy agradecida por tus palabras y por el hecho de que los pasos te hayan llevado hasta aquí.
    No eres la única con pánico a las serpientes pero estas que tengo por aquí son mansas... En alguna parte del blog pongo que éste es un perfecto antídoto ante la Hamartofobia (miedo al Pecado), pues del mismo modo, una prueba de superación al "miedo" a las serpientes...
    De nuevo, mil gracias por dejarte ver por esta tu casa...
    Besos de Pecado.

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  13. Respuestas
    1. ;-) Hola. Jordim. Bienvenido a esta casa, tuya también cuando desees. Sí, evidentemente, aquí suele hacer mucho calor pero también hallas las formas de sofocarlo.
      Besos de Pecado.

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  14. Uf... pues el teléfono está bien pero el asunto en la playa... ese dejarse llevar...

    Es que me he leido dos relatos tuyos seguidos y debo decir que sí. Que cuanto mas tienes más quieres, en eso te doy la razón. Bueno y en más cosas, pero son obviedades.

    Un beso enorme :)

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.