Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

martes, 1 de abril de 2014

Desayuno para dos...

Sí, follamos... Pero nos falta ese tiempo para estar juntos.
Las dos últimas semanas has sido estresantes. Llegado el fin de semana solo tenía ganas de encerrarme en casa y que no me molestara nadie. Estar cómoda, leer un poco, ver algo de tele, estar con mi marido... Y poco más. Nada de salir. Incluso no sé si me apetecería follar... Sin embargo, no todo lo que se desea se tiene. A cambio, el sábado por la mañana, muy temprano, Nacho vino a despertarme. Me fastidió lo que no está escrito. Era mi mejor hora del sueño y estaba profundamente dormida.

- ¡Arriba, dormilona! -musitó besándome en el hombro desde atrás.
- ¡En lo mejor del sueño, Nacho! ¡Ya te vale!
- Lo siento, cielo, pero hemos de desayunar para marcharnos.
- ¿Eh? ¿Dónde? -pregunté abriendo los ojos con cierta dificultad.
- Es una sorpresa. Anda, vamos, te he traído el desayuno -aseguró dándome un cachete en el culo antes de levantarse para subir la persiana. El sol todavía no había llegado a la ventana pero la luz lo inundó todo, molestándome ligeramente.

Una ducha rápida, equipaje para un fin de semana, algo de dinero, la cámara de fotos... El café con leche rapidito y nos subimos al coche en dirección a..

La dirección era evidente pero había muchos lugares en los que poder detenerse. Me imaginé un sitio bonito, uno de esos que llaman con encanto. Reconocí el desvío. Sabía dónde me llevaba porque le había comentado en más de una ocasión que quería ir a ese lugar y que debía ser una gozada pasar un tiempo en aquella casita rural.
Llegamos al pueblo poco más de dos horas después de salir de casa. Nacho la había alquilado para ese fin de semana. El tiempo se había estropeado y en vez de un fin de semana soleado se planteaba un lleno de nieve. De hecho, todo estaba nevado a esas alturas aunque la carretera estaba limpia, pero había caído una nevada como en pleno invierno y andamos en primavera. Desde la ventana, el paisaje era espectacular. El cielo, inmensamente azul. La nieve, inmaculada, brillante. Los abetos, cubiertos. Era un lugar idílico. Un lugar para enamorarse.
¿Y la casita? La casita era de cuento de hadas, con cierto toque antiguo pero de buen gusto que le daba un toque elegante. Tal vez yo no la hubiera decorado así pero no me disgustaba. Reinaba un agradable olor a madera. Me resultaba exótico más que rústico.
Abrí los ojos. La imagen de la habitación se fue aclarando ante ellos. La mesilla con el tapete, las lámparas con aquel extraño extensor, el gran cabecero de madera... las cortinas echadas... Y sola en la cama... No se oía nada. No era como en casa. Aquí había dos plantas y la cocina estaba en la de abajo.
Sentí frío. Decidí no levantarme y no tardó en aparecer Nacho. Yo estaba de espalda a la puerta, tumbada de cara a la salida al balcón, elucubrando en un pensamiento absurdo. Ya me había venido cuando entré por primera vez en esa habitación y vi la cama: De aquellos dos pivotes en forma de peonza podía bien agarrarse una cuerda, así como de los otros que adornaban los pies... Aquel labrado en la madera le daba un estilo que bien se podría transfigurar en cualquier relato del marqués de Sade...
Y permanecí inmóvil mientras percibía los pasos de mi marido.

Oí como dejaba la bandeja encima de la mesilla y le percibí caminar bordeando la cama para sentarse a mi lado. Le saludé, desperezándome. Fue tierno, como siempre. Me besó en el hombro. No una vez, ni dos... ni tres... Me acarició la espalda, porque sabe que me gusta. Me tomó la mano y me la beso, como el galán de la mejor película de amor.


Descorrió la cortina y subió la persiana. Los cristales estaban empañados y se había acumulado algo de nieve en los relieves. Durante la noche había caído algo y se acumulaban unos cuantos dedos sobre la baranda del balcón.
Fuera, el paisaje seguía siendo indescriptiblemente bello. Un impresionante cielo azul, como si nada hubiera pasado; un espectacular sol, los pinos cubiertos de blanco cristal...
Unas tostadas... Mermelada... Mantequilla.... Fresas y frambuesas: rojas, brillantes, redonditas, pequeñas y gorditas... No son mi fruta preferida pero tenían un aspecto de cómeme... Una pequeña jarrita con chocolate cocido.
No sé adónde íbamos a ir pero si había que desayunar así de fuerte es que la cosa requería energía.
Me pregunté si tenía algo que ver con Lucas o era pura casualidad. Con eso de que se contaban casi todo, no sé si le habría dicho algo de nuestra aventura, aunque no me nombrara implícitamente... Pero la idea... la parafernalia...

En la base de mi taza para el chocolate había espolvoreado un corazón. Ante aquéllo qué podía hacer. Le comí a besos la cara y él rió divertido. Terminé de desperezarme y empezamos a desayunar en la cama... Por primera vez en mucho tiempo, al menos de esa manera porque no era raro que me trajera a la cama mi café con leche de cada mañana si sabía que estaba despierta. Si no, siempre cerraba la puerta de la cocina para evitar ruidos.
Me contó mil tonterías y unas pocas más.
Reímos...
Me comentó lo orgulloso que estaba de mí y lo que le suponía volver a trabajar juntos; y que, por eso y por otras muchas cosas más, me merecía aquella sorpresa.
Sí, he regresado a mi trabajo después de varios años. No era mi intención. Había decidido, dadas las circunstancias y las posibilidades, desconectar de aquéllo y del estrés que me suponía. En otro momento me extenderé sobre ello. Ahora no viene a cuento.
- Me gusta este detalle, Nacho. Hace tiempo... -y me interrumpió colocando la yema de su dedo índice sobre mis labios, acompañándose de un siseó.
- Solo disfruta -prosiguió antes de besarme. Su beso sabía a mantequilla con mermelada de fresa. Me encantó. Me vi en el brillo de sus ojos que exhalaban amor, picardía y pasión. Me quitó el camisón y mi cuerpo quedó completamente desnudo de cintura para arriba. Pasó la mano sobre la que no se apoyaba en el colchón, desde mis labios hasta mi pecho, pasando por el cuello y el escote. Mi pecho sintió el volcán de fuego que cualquier roce suyo provocaba en mí. La respuesta fue la erección de mis pezones. Suavemente acarició ambos con la yema de sus dedos. Observé como cogía una fresa y la introducía, hasta la mitad, en la tacita donde había vertido un rato antes chocolate para él. El contacto no demasiado caliente del chocolate en mi pezón me hizo respirar con profundidad. Lo extendió sobre mi aureola y luego me dio a probar la pequeña fresa. Yo masticaba mientras su lengua lamía mi pecho y hacia crecer más la firmeza de mi pezón.

La prisa por desayunar estaba dejando paso a la aventura de la pasión. No sabía qué caminos tomaríamos pero sí tenía claro a dónde íbamos a llegar. No sabía si era eso lo planeado pero era el plan de ahora.

Apartó la bandeja, dejándola sobre la mesilla. Tomó otra fresa y se la puso en la boca. Me echó hacia atrás. Me tumbó, inclinándose sobre mí para disfrutar juntos de aquella fruta que se había tibiado en su boca. El beso fue profundo y no terminó hasta que la fresa desapareció. Volvió a tomar otra pieza de fruta, esta vez una frambuesa, y la introdujo en mi boca sin tiempo a que olvidara el sabor de la otra.

- ¿Te gusta? -me preguntó en aquel tono entre malicioso y seductor-. Pues creo que ahora te va a gustar más -me aseguró pasando a separar mis piernas, dejando mi sexo abierto para él. Empezó a deslizar la fresa por él que ya se había empezado a deshacer en jugos. Aquella sensación fue increíble. Nunca había sentido una fruta en mi sexo pero la caricia que me estaba proporcionando era placentera. La frotó sobre mi clítoris y éste reaccionó como debía hacerlo, en tanto mi coño segregaba el preciado líquido con la que la empaparía. Sentí la fruta en la entrada, introduciéndose un poquito, untándola antes de dármela a probar. Me saboreé como nunca lo había hecho. El muy canalla repitió aquel ritual con algunas fresitas más al tiempo que comía conmigo y me comía.
¡Qué morbo! ¡Que gustazo! ¡Qué placer!
El juego de sus dedos, el movimiento de su lengua, el tacto de la fruta, el roce del chocolate... Éste se había enfriado. Debió ser el momento. Tiró de mí lo justo para que todo quedara a su alcance. Ascendió por mi cuerpo, besando por debajo de mi ombligo, por encima... acercándose peligrosamente hacia mis pechos... Los lamió. Los estrujó entre sus manos. Apresó mis pezones en un vaivén entre sus dedos y su boca, entre sus dientes y sus labios, perdiéndome...
Se sentó a horcajadas sobre mi cintura. Tomó la jarrita de chocolate, asegurándose antes de que realmente el chocolate no estaba caliente en exceso. Empezó a derramar el contenido lentamente, desde una altura suficiente para sentir el líquido sobre mis tetas. En una mano la jarrita. Con la otra extendía el producto sobre ellas, o las juntaba, o las apretaba o tiraba de mis pezones que se le escapaban. Al fondo, su polla; tremendamente erecta, tremendamene henchida, con la brillantez de un glande humedecido y vibrante, palpitante... que untó sobre mis pechos, golpeando mis pezones con él, frotando mis pezones hasta cubrirlo por completo...


Alcancé su capullo con la lengua y empecé a lamerlo. Lo hice despacio, en toda su extensión, degustando el chocolate que hizo una auténtica y placentera delicia comerme aquella polla, sin dejar de mirarle a los ojos mientras lo hacía. Ver su deseo y el placer reflejados en la contracción de sus músculos o en la dilatación de sus pupilas. Y verle chuparse los dedos para deshacerse del chocolate... ¡¡Ufff.!!.. aquéllo me puso a mil. Y por ende, mi excitación subiendo al mismo ritmo. A pesar de que ya no quedaba chocolate continué comiéndosela, chupándosela hasta que él se apartó para darme la vuelta.

- Ponte a cuatro patas -me indicó a su vez con la voz. Lo hice. Me apetecía que me follara ya. Estaba demasiado cachonda ya y, en ocasiones, no me apetece perderme en demasiados juegos. Prefiero ir más al grano, como entonces.


Noté sus manos en mis glúteos, acariciarlos, separarlos..., frotar los pliegues de mi ano y darme un par de zotes en las nalgas. Me puse tensa pero me excitaba el gesto. Percibí la caída tibia del chocolate, ahora desde la parte más alta de mi culo; deslizándose, acompañado de las caricias de Nacho hasta mi coño. Las puertas del cielo se abrían para él. No debió ser gran cantidad, seguramente la justa para que mi marido se deleitara en lametones de arriba a abajo y viceversa. Mi camisón, mi bonito camisón, tenía el peor estreno que podía haber tenido; eso sí, testigo de todo un morboso ritual. Nunca me había gustado tanto estar pringosa. Y doy por hecho que estaba cumpliendo una de sus fantasías y que nunca me había confesado.

Sus labios empezaron a recorrer mis muslos, siguiendo el camino que los hilos de chocolate formaban sobre mi piel mientras sus dedos seguían hurgando en el interior de mi coño. Ahogaba mis gemidos sobre la almohada y, aquellas acometidas casi eléctricas que se producían en mi interior expandiéndose por todo mi cuerpo, las soportaba apretando mis puños contra las sábanas.
Mis gemidos parecían protestas. Protestas que, por supuesto, solo eran un reclamo para él.  Separó más mis piernas, con lo que mi cuerpo se venció sobre la cama, pegándome más a ella pero dejando mi culo en pompa. Me asió por las caderas, atrayéndome hacia él. Su polla se frotó entre mis nalgas, buscando el orificio de entrada que, suplicante, babeaba por ella. Percibí su capullo, entrando y saliendo; luego, sobrevino el resto hasta tenerla por completo en mí. Sus movimientos, hacia delante, hacia atrás, eran puras y duras embestidas que hacían hundían mi rostro en la almohada. Yo tensaba mis músculos para sentir más su fricción. Sabía que eso a él le gustaba, que le excitaba... como a todos. Y mis movimientos circulares acompasados con sus envites... Creí que moría de gusto en ese mismo instante pero el muy cabrón, lejos de satisfacer mis deseos, se recreó en torturarme, en alargar el desenlace... Mi coño rezumaba, suplicaba... y perdía ante los deseos de mi marido.

Dos azotes con la mano -parecía cogerle gusto a eso de palmotear en mis nalgas. Debía ser por lo tanto que a mi me gustaba-, y me hizo levantarme pero seguí de rodillas. Tiró de mi pelo, obligándome a echar la cabeza hacía atrás. Acercó su boca a mi oreja.

- Dime qué quieres que haga ahora... -susurró para mordisquear mi lóbulo y tirar de él.
- Fóllame.
- ¿Cómo? ¡Más alto! -reclamó tirando un poco más de mi pelo.
- ¡Fóllame! -alcé más la voz.
- No te oigo... ¿Qué quieres? -y con la mano libre, me cogió del cuello, apretando ligeramente mi garganta.
- ¡Quiero que me folles...! -me pareció gritar lo suficiente.
- ¿Cómo quieres que te folle? ¿Cómo a una puta o como a una princesa? -¡Joder! Aquellas palabras eran nuevas en él pero para mí no. El Macho Alfa me las había mencionado ya.
- Como a una puta -respondí. En un brusco gesto quedé de nuevo de bruces contra el colchón. Su mano en mi nuca me impedía moverme.
- Así me gusta... -me susurró antes de soltarme. Volvió a tomarme de las caderas y me penetró sin contemplación alguna, sin ningún tipo de miramiento, hasta lo más profundo de mi mojado coño. Dentro... Fuera... Dentro... Fuera... No paró hasta que yo me corrí y, aún así, mojados los dos, siguió con sus empujes. Se había vuelto salvaje. El hombre calmado, romántico, dulce de minutos antes, era ahora un cabrón que me follaba como lo que le apetecía que yo fuera: como su puta.
Como tal me comporté.
Fresas y chocolate. Suena a película.
Nunca había disfrutado tanto del chocolate. De las fresas, sí, evidentemente.
Me había jodido en lo mejor de mi sueño. Cierto, pero me había encantado cómo lo había hecho. Ese día me levanté bien jodida, quiero decir, bien follada.

21 comentarios:

  1. Otra vez...creo que voy a comenzar a leerte por la tarde noche no por la mañana cuando mi esposa esta lejos...genial te felicito me a encantado y nuevas ideas me has dado...aunque en algo me parezco a él, puedo comenzar muy tierno y suave pero terminar poseído casi un loco ....besos.

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    1. Bueno es saberlo, Fénix. Ya sabes quién te lo agradecerá. Me alegro de darte nuevas ideas. De esas tengo algunas, así que nos queda mucho por hacer.
      Besos de Pecado.

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  2. Ahora guardaras un muy buen recuerdo del pringoso chocolate... Vaya detallazo!!!! Y es que esos detalles no se olvidan nunca.... un fin de semana intenso y muy, muy sensual y excitante guapa!!!
    Me gusta la forma de detallar que tienes, ya te lo he dicho en otras ocasiones, y es que lo haces vivir.... y eso es difícil!!!

    Montones de besinos!!! :)

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    1. ¡Si supieras que el chocolate no me gusta! ¿Cómo par ano acordarse? La verdad es que este hombre es como un oso amoroso. Todo dulzura pero cuando le dan esos ramalazos de pasión... Es la hostia.
      Besos de Pecado.
      ¿A qué sabía el chocolate? :-)

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  3. QUE BUENA MANERA DE EMPEZAR EL DÍA, CON UN BUEN DESAYUNO Y EN MUY BUENA COMPAÑÍA, JEJEJEJEJEJEJE.... EXCITANTE DESAYUNO, EXCITANTE RELATO.
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!

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    1. ¿Qué te crees tú? Imagina si se empieza así, cómo se puede acabar...
      La compañía, estupenda, como siempre.
      Besos de Pecado.

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  4. Hola guapa! Tremendo desayuno,y tremendo polvazo mañanero! Quién pudiese empezar así el días más menudo. Realmente tu forma de describir las escenas me pone los pelos de punta y me dan una envidia....jejeje.
    Un besazo!

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  5. ¡Guapa, tú! ¡Menos mal que no te pringaste de chocolate porque vamos...!
    ¿Los pelos como escarpias? ¡Qué exagerada! Pero me halaga. Sí, lo hago bien, vale :-) Pero cada día aprendo un poquito más de cada uno de vosotros.
    Besos de Pecado.

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  6. Yo no tengo muy buen despertar, pero despues de leerte, cambiaré :)

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    1. A nadie le amarga un dulce, Amow... A mí no me va pero en estas ocasiones se puede hacer un esfuerzo... ¡Cambia, cambia! Fruta hay mucha...
      Besos de Pecado.

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  7. Lady PI, no me va a quedar más remedio que denunciarla a las autoridades competentes...
    Con tanta pasión, seguro que se derritió toda la nieve de la sierra...
    Ahora ya sabemos quien es la culpable del cambio climático :-)
    Tiene vuesa merced más peligro que el anticiclón de las azores :-)
    Continúe, continué voacé... este es el efecto invernadero que a mi me gusta :-)

    Besos derretidos desde la mansión

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  8. ¡Cómo es usted! ¡Acusarme de tal manera! Tengo muchos pecados y otros tantos delitos... pero del cambio climático de la montaña... No, de ese precisamente, no.
    Besos de Pecado (¿con chocolate o con cambio climático?)

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  9. Yo estoy a favor de los despertares... Ojalá fueran todos así.
    Me encanta cómo escribes y describes... es impresionante.

    Un beso enorme :)

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  10. Muchas gracias, guapa. ¡Como si tú no lo hicieras bien! Nos echamos tantos piropos los unos a los otros que cualquier día salimos volando en una pompa de jabón. Me gusta saber que os parece que lo hago bien. No lo hago mal, pero, sobre todo, me gusta transmitir y llevaros a convertiros en protagonistas. Eso me hace sentir muy orgullosa de lo que hago. Y como he dicho tantas veces, también aprendo mucho de todos vosotros.
    Besos de Pecado.
    Besos de Pecado.

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  11. Mmmmhhh ! Chocolate !
    MMmmhhh ! Fresas !
    MMmmhhh ! Fresa bañada en chocolate y empapada en...
    Qué calorías tan deliciosas ! ! !
    Te felicito por haber disfrutado un desayuno tan exquisito, sublime !
    Besos golosos

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  12. Me encantan esos despertares, y mas con chocolate, no me puedo creer que no te guste el chocolate, porque ese es mi vicio, y soy diabetica, asi que hazte idea que lucha la mia jejeje

    Buenisimo relato, me encanta como describes cada momento, besitosss

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    1. Muchas gracias de entrada. Sí, el chocolate es algo que me da enteramente igual. Yo también soy diabética. Creo que lo comentamos en un intercambio de comentarios hace ya un tiempo pero el chocolate negro, cuanto más puro, ya sabes que no es tan malo, así que puedes darte un caprichillo jejeje... Y si no, ya sabes, hay otras formas de disfrutar de él ;-)
      Besos de pecado.

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  13. Los comentarios que leo me parecen un poco absurdos, pero bueno, no quiero entrar en eso......para empezar tu blog me ha sorprendido gratamente, está muy logrado y para ser sincero tú relato no está mal, mejor de lo que leo últimamente....no esta mal, no.

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    1. Ante todo, bienvenido a esta humilde casa donde la única pretensión es que uno se sienta a gusto y disfrute del paisaje. Me alegro que te guste el blog y, además, gratamente. Respecto a los comentarios, cada uno es libre de decir lo que quiera siempre que sea con respeto, ya ves que no hay filtro de ninguna clase. Las palabras siempre son bien recibidas. Nos gusta que nos lean. Nosotros ya sabemos cómo hacemos las cosas pero pueden gustar o no. La palmadita en la espalda, con sinceridad, siempre es buena. ¿A qué a ti también te gusta? Espero verte muy pronto por aquí. Yo ya visité tu casa. No esta mal, no...
      Besos de Pecado.

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  14. Te has superado.... fresas chocolate, un paisaje precioso y esa pasión q te envuelve y q nos ha excitado a todos.
    Un beso

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    1. Muchas gracias, Dav. Feliz fin de semana.
      Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.