Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

viernes, 11 de abril de 2014

Insaciable...

El ambiente ardía.
Me retorcía de gusto oyendo como se follaba a aquella mujer. Hacía tiempo que no lo oía pero estaba claro que de vez en cuando era muy indiscreto. La oía gemir y los sonidos de él me recordaban a un jugador de tenis cada vez que daba un revés.
Abajo, en mi casa, sola, casi desnuda en el pasillo, apoyada en la pared, al lado de la puerta de mi dormitorio; acariciaba mis pechos y tiraba de mis pezones. Percibía la sensación de los efluvios saliendo de mi coño, mojando mi braga...
Deslicé mis manos por mis costados, por mis caderas, mientras juntaba mis muslos sintiendo mi excitación entre las piernas y me mordía los labios. Oía el traqueteo de la cama y me ponía más cachonda. Me imaginé a Sergio dándole duro y sentí envidia. Folla bien y hace tanto tiempo que no me lo tiro... que no se me tira.
Mi mano izquierda siguió recreándose en mis tetas, alternándose. Mi mano derecha descendió hasta mi húmedo coño. Cuando bajó la braga alcancé mis primeros vellos, éstos ya estaban mojados. Deslizar mis dedos entre los labios mayores fue casi imperceptible. Precipité mis dedos hacia mi clítoris, sí, no eso de perla cultivada o perla ardiente... Mi clítoris: ese que se erigía excitado, que crecía y se sonrojaba como si fuera tímido... No, no lo es. Mi clítoris es tan cabrón como una polla. Lo palpé y fue creciendo y endureciéndose, inundado en los líquidos de iba escupiendo mi coño. Los dedos se adentraron en la oscura cavidad, caliente, suave, palpitante...
En mi mente, Sergio estaba mirándome. No precisamente a los ojos, sino al movimiento de mis dedos, de mis manos sobre mi cuerpo. Y él..., él, de pie junto a la puerta, desnudo, con aquel cuerpo y aquella herramienta entre sus manos, meneándola para mí.

Cesó la juerga arriba pero no en mí. Cogí el móvil. Estuve a punto de llamar pero preferí mandar un mensaje. Si no me contestaba, optaría por la primera opción. Tenía la libertad de que Nacho estaba fuera ese fin de semana y no había sido necesario que yo le acompañase.

- "Deshazte de ella y baja a follarme... Me tienes muy perra."  -No tardó ni tres segundos en responderme.
- "Sabes que puedes usarme siempre que quieras. ¿Por qué no subes tú? Tengo mecha para las dos."
- "Porque quiero una polla y no un coño."
- "Diez minutos y unos tacones altos... Y te voy a follar como hace tiempo que no te han follado, guapa."

¿Qué sabrá él? Me eché a reír. Últimamente, me follan de vicio pero que sigan haciéndolo no es algo que no me encante. Fui a buscar mis taconazos y me pasé unas medias negras hasta medio muslo mientras conservé puesta mi braguita. Estaba  empapada y olía a hembra. pero eso igual le ponía cardíaco. Y era lo que me interesaba.
Oí los tacones de la chica machacar el suelo del pasillo y la puerta cerrarse poco después. Unos minutos después, el timbre de mi puerta sonaba. Me asomé por la mirilla. Estaba muy caliente pero había que dejar de lado la prudencia. Reconocí a Sergio. Abrí, protegiéndome tras la puerta. Ni hola, ni cualquier otro saludo. Cerró la puerta tras de sí, casi de golpe, y contraatacó sin remisión pero, tal vez, con estrategia, dándome la vuelta y dejándome presa entre él y la pared. La pared se convirtió en el muro contra el que mis tetas se aplastaron por la presión de su cuerpo, contra el que mi mejilla se pegó, obligándome a abrir la boca; contra la que mis manos se sujetaron cuando una de las de de Sergio se coló con premeditación y alevosía entre las piernas que había separado con una de las suyas.

- ¡Cómo me pones, cabrona! -espetó tocando mi coño por encima de la braga-.  ¡Estás mojada... qué puta! - Coló sus dedos por un lado de la tela, por una de las ingles. Gemí, inevitablemente, cuando las puntas de sus dedos rozaron mis labios mayores. Golpeé dos veces la pared con las manos cuando los hundió en mi interior. Me hizo ponerme de puntillas y exclamar un jadeo cuando percibí que abría los dedos-. Chorreando... como a mí me gusta... Muy puta... -concluyó, de momento, pasando la lengua por mi hombro hasta morderme en el cuello. Eché mi culo hacia atrás, buscando más el toque de su polla erecta, pero la tela del vaquero la hacía menos consistente de lo que imaginaba y deseaba. Sus dedos seguían hurgando mi interior. ¡Joder! Como si fueran las llaves maestras que abren cualquier puerta. No mencioné palabra alguna. Mis gemidos y mi respiración acelerada y entrecortada eran los mensajes que, supongo, él quería oír.

Intuí sus movimientos. Se abrió el pantalón y acercó su polla a mis nalgas, presionando contra la tela que la cubría, empujando entre ellas hasta que sentí aquella dureza encendida entre mis muslos. La sentí dura, frotándose por encima de la ropa a lo largo de mi sexo. Apretó mis caderas, cogió los lados de mi braga y tiró hacia arriba, introduciéndome la entrepierna en mi coño. Protesté su rudeza pero me ponía a mil. Luego la bajó hasta medio muslo. Cogió su polla con una mano y la deslizó entre mis labios. Creí que moría ahí mismo de gusto. En uno de esos vaivenes, de esas idas y venidas, me la clavó. Sí, me la clavó literalmente, hasta lo más profundo, haciéndome brincar.
Sé que Sergio no es de los que se andan con rodeos. Es de los que van a lo que van, directamente al grano. Poco dado a preámbulos ni a cuentos que pongan la cosa en tensión. Él es tensión por sí mismo, de los que te cogen y se benefician de ti. Le pone el sentimiento justo y la pasión necesaria. Te llevan a la gloria y te abandonan ahí, dejándote con el sabor en los labios, sabiendo que pasará mucho tiempo hasta que vuelvas a tocarla. Es un auténtico cabrón en la cama.. o donde sea que te coja. Qué decir tiene que eso era solo el principio.

Mi coño ardía tanto que me quemaba. La posición no me era demasiado cómoda pero "sarna con gusto, no pica", por eso las fricciones eran más intensas y estaba tan mojada que el oír el chapoteo de nuestros sexo nos encendía a ambos. Eso y que yo me estaba corriendo despacio, facilitó cualquier entrada.
Se detuvo un momento. El tiempo suficiente para echar mis piernas hacia atrás, como si fuera a registrarme., quedando en el hueco que formaban las suyas. Mi vientre se apoyó en la pared. Terminó siendo mi único apoyo puesto que retiró también mis brazos hacia atrás, aprisionándolos bajo la fuerza de uno de los suyos. A su lado, yo soy una muñeca. No necesita dos brazos para inmovilizarme y menos en aquella postura tan contraria. Era como si hubiera pasado una barra de hierro entre mi espalda y los brazos. Me inmovilizó por completo. Me vi obligada a arquear mi cuerpo hacia atrás. Con cada embestida, mis tetas golpeaban la pared. Mi cabeza se apoyaba en lo alto de su pecho.
- ¡Quiero oírte suplicar!
- Sabes que no lo voy a hacer -respondí digna y entrecortadamente para que sus embestidas fueran más rápidas y más fuertes. La tensión de los brazos hacía que éstos me doliesen un poco. Su mano libre tomó una de mis tetas. La apretó con fuerza, retorciendo. No grité por orgullo pero no pude evitarlo cuando hizo lo mismo con el pezón. Él estaba disfrutando. Yo estaba aprendiendo a gozar de aquel pequeño sufrimiento. Nadie me ha enseñado a ser una zorra como dirían muchos. Me satisfago de ser una mujer que sabe gozar de su cuerpo sacando la esencia de otros. Y tengo donde elegir de momento gracias al Pecado. Me cogió con energía en el aire y me llevó hasta la cama. El camino, lo sabía. Me tiró de bruces sobre la cama. Lo cierto es que reboté pero todavía no se me habían desentumecido los brazos-. ¡Eres un cabrón! -le grité. ¿De qué me sirvió? Para alentar y animar su motivación, su ego de macho. Se echó sobre mí, dejando mi cuerpo vencido bajo su peso, salvo los brazos que, al sujetármelos a la altura de la muñeca, permanecían separados del resto.
- ¡Sí, un cabrón al que vienes a buscar para follar! -me dijo al oído con tanta seguridad que me sobrecogió. Noté el calor de su aliento quemándome y el roce de sus labios mordisqueando mi lóbulo-. ¡Estás deseando que te coma el coño pero no lo voy a hacer! -me comentó para pasarme la lengua por la mejilla con un lametazo parecido al de una vaca, en este caso, de un toro- Te encanta comer pollas, así que te vas a comer la mía... Y en la cama desde la que me oyes follarme a otras...

Me volteó para dejarme boca arriba. Se situó de nuevo sobre mí, volviendo a dejarme presa y con la polla muy cerca de mi boca. Pero antes, se esmeró en mis tetas. Rozó su pene contra ellas, golpeó mis pezones con su capullo y se pajeó con ellas sin dejar que yo participara para nada. Mi papel era totalmente pasivo. Luego golpeó con ella mis labios, primero sin dejarme abrir la boca; luego, con ella bien abierta y con la lengua fuera. Y yo, idiota de mí, ahí estaba ,dejando que hiciera de mí lo que se le antojara. ¿Dónde estaban mis "cojones"? ¡Colgados de alguna higuera! No sé si es que le veo tan seguro de sí mismo -pero los demás, también-. Pablo es un tipo con cierta autoridad pero parece que lo manejo mejor que a éste. Sergio me vapulea en cualquier batalla que empiezo con él. Creo que solo una vez he ganado yo. Me sujetó la cabeza y dirigió su miembro de nuevo hacia mi boca. La primera entrada fue suave, la segunda me dio arcada por lo que apaciguó las acometidas pero no las eliminó. Nos mirábamos. Él se echaba hacia atrás. Sentía el gusto que a mi me faltaba.

Me quemaban las mejillas y los labios. No quería imaginar mi aspecto pero si podía ver el suyo y era altivo. A pesar de la sensación tan extraña que yo estaba sufriendo, reconozco que estaba excitadísima. Creo que mi cara era el puro reflejo de la perplejidad mezclada con el deseo: el deseo que sentía por un miembro como aquel. ¡Dios, qué puta soy en ocasiones! Después de mi experiencia con su amigo Diego, ahora me los imaginaba a los dos ahí mismo, follándome. ¿Desde cuándo me he imaginado yo a dos tíos conmigo? ¡Nunca! Ya me supuso un estrés "pensar" que mi marido y Lucas "se" me habían follado. Todavía sigo sin comprender qué sucedió pero no he querido pensar más en ello. Y todavía sigo pensando en que una mujer me comió el coño como lo hizo aquella tía.
Siempre he sido de la opinión de que dos son el equilibrio perfecto; que con tres, cabe la posibilidad de que sobre uno... 
¡Leches, en estos momentos podría montar una orgía!
¡Joder! Ahora estaría loca con dos, pero tengo a Sergio... ¡Y Sergio es un salvaje! ¡Y en salvaje me hubiera gustado convertirme si no fuera porque la fuerza y cuerpo de semejante semental no me estuvieran limitando! ¡Extralimitándome por otro lado!
Me moría de gusto. Mi boca se abría. Mis manos se cerraban fuertemente arrugando la colcha. Mis piernas a lo alto, cruzadas a al altura de los tobillos, con mis pies apoyados en lo alto de su pecho, mientras sus manos me sujetaban fuertemente, levantando mi trasero. Entre mis glúteos, su miembro se resbaló, sin pretensión alguna de entrar en mí. Me desesperaba. Me enloquecía. Me desquiciaba... Pero no le suplico...
Me miró. Su rostro se contrajo. Apretó los dientes y su empuje, de abajo hacia arriba, hizo que su punta friccionase mi clítoris... Me cogió de las muñecas, tirando hacia él, obligándome a incorporarme un poco. Su polla entró en mí sin remisión, profundamente, como si quisiera colar sus testículos también. Varios envites sin sacarla y luego el balanceo... Entrar y salir sin terminar de separarse de mí. Mi boca abierta se secaba. Mis ojos vislumbraban lágrimas de auténtico placer pese a que aquellas penetraciones, en aquella posición, hacía que me cerrase un poco, que la zona entre mi ano y mi vagina se resintiera... Nada importaba. Sabía que me dolería luego pero quería gozar... Solo deseaba que aquel hombre sacara de mi todos los orgasmos del mundo. El primero llegó unos segundos después del primer empujón pero Sergio no cejó en su empeño. Siguió embistiendo, con furia, con energía...
Los gemidos y jadeos de ambos -yo más bien gritaba- eran una pieza musical mezclada a ritmos de empujones, al ritmo de mis pechos al empuje. Los brazos me tiraban pero me resistía a decir nada. Él me miraba y aumentaba tanto la fuerza como el ritmo hasta que, de nuevo, de mí salió el chorro acuoso que lo inundó todo...

- Muy bien, zorra... Así me gusta... -apreció jadeante. Salió de mí y pasó una de sus manos por todo mi sexo, empapándose de él. Mis piernas pudieron descansar a ambos lados de su cuerpo y mis brazos, desentumecerse... Giré mi cara a un lado, como si fuera a poder aprovechar un segundo de tregua. Sus dedos entraron, usurpando el lugar que había abandonado su pene. Los frotó en el interior sin dificultad y los llevó hasta mis labios, dibujando con ellos aquella caricia húmeda casi me bebí. Gesto suficiente para distraerme de sus intenciones, para confundirme, para pensar que iba a ser más manso... ¿Manso? Un movimiento, tal vez dos, y mi cuerpo quedó en posición de entrega sumisa. Me manejó como quien maneja un trapo, eso sí, de calidad y delicado: Mis piernas flexionadas, con mis nalgas hacia arriba y mis muslos bien separados; mis pies muy cerca el uno del otro, mi cabeza, bajo la presión de una mano suya, pegada a la cama... Su otra mano, perdida entre los pliegues de mi sexo: palpitante, sensibilizado y chorreante, perdiendo los dedos en el interior, abriéndolos y cerrándolos, provocando en mí un tercer o cuarto orgasmo más intenso si cabía que cualquiera de los anteriores-. ¿Vas a suplicarme lo que quieres?
- No -respondí -."Me lo estás dando sin decir nada, cabrón."

Cogió mis nalgas con tanta fuerza que creo que me dolió. Las golpeó a mano abierta, como quien marca. Las apretó con intensidad, hundiendo sus dedos, estrujando mi carne. Ahogaba mis gemidos en la sábana, sin dejar de perder la presión de su mano en mi cabeza. El pelo me molestaba e intenté apartarlo. No lo logré. Sirvió de cortina; de cortina para sentir como rompía mi interior, como me atravesaba con su polla como si mi trasero fuera mantequilla. Agradecí ese empuje porque mi coño estaba que ardía...
Ya no controlaba las convulsiones de mi cuerpo, ni los sonidos de mi garganta, ni me importaba las pocas posibilidades de movimiento, ni que mi cuerpo sudara o mi coño estuviera resentido, o que mis piernas temblaran... El centro de mis nalgas ofrecía un camino perfecto para su meta. Fui consciente de sus espasmos, del cambio de su respiración, de su gemido salvaje cuando derramó toda su savia en el interior de mi canal... Y ahí se quedó, liberándome de toda presión pero impidiendo que me tumbara. Permanecí en aquella posición no sé cuánto tiempo. Las rodillas me dolían... Me dolía todo el cuerpo pero la sensación de placer, la sensación orgásmica reverberando cada uno de los poros de mi piel... podían con ello y con más. Mil veces le hubiera gritado que parase porque me faltaba el aliento, porque el placer era tan grande que temblaba todo mi cuerpo con aquella tortura.. pero no... No suplico a nadie.

- ¡Tienes un culo que da gusto follarlo!

Cuando se apartó, pude acomodarme. Se tumbó a mi lado. No dijimos nada. Nuestras respiraciones estaban lo suficientemente agitadas como para mantener cualquier tipo de conversación. Creí que me daba algo. El corazón me iba a mil. El pecho me dolía más que el coño y tanto como el hueco de mi trasero, donde iba notando como había empezado a fluir aquel líquido que se iba resbalando entre mis glúteos hacia mi sexo. Había reventado en un fantástico orgasmo que casi me llevó a perder el sentido.
- !Te has corrido bien! ¿Eh, cabrona? -No respondí. Percibí una nueva palmada en mi trasero. Luego, el silencio. Al cabo de un rato, se levantó y empezó a vestirse. Apenas pude moverme. Tan solo lo justo para girarme y mirarlo.- Por ser tan puta, la próxima vez te traeré un regalito -me confesó para decírmelo al oído.
- ¿Ah, sí?
- Sí. Tendrás para ti solita dos pollas, para tu goce y disfrute.
- Lo tienes claro –¡Ingenua de mí! Ya salgo bastante vapuleada con él como para tener dos iguales.
- Te encantará. Imagínate cogida en el aire por dos tíos y que uno te folle el coño mientras el otro te folla el culo. -Mi cara expresó una cosa pero mi cabeza pensaba otra. Mi cara daba complacencia, como dejándolo pasar, pero mi cabeza ya elucubraba con una posibilidad que, de entrada, no asimilaba.
- No creo…
- Nada es imposible, cariño –me dijo haciéndome una carantoña en la barbilla, dejándola que ésta se resbalase sobre la palma de su mano-. Tampoco te esperabas que te follara así.

Salió de la habitación. Oí el sonido de la puerta al cerrarse y sus pasos subiendo la escalera. Y con eso que me quedé. 
Pero para tenerlo todo, basta con no pedir nada.

26 comentarios:

  1. La última frase lo dice todo... y que cierto es... suplicar??? JAJAJAJAJA.... nunca.... :)
    Hoy me has recordado momentos de mi vida, mi vecino (ahora mi pareja) vivía pared con pared... y también lo escuchaba a veces e imaginaba como sería.... claro, al final tuve que comprobarlo... jajaja... :p
    Y si, estoy de acuerdo este Sergio es un animal.... y a mi me ha encantado esa forma tan poco caballerosa... apunta la dirección y me lo mandas por seur.... jijiji....

    Montones de besinos guapa!!! Y buen finde!!! :)

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    1. Jajaja :-) No sé si se dejará... Yo lo voy a intentar. Pon un farolillo en la ventana que de día se hace de rogar...
      Este más que dejar comprobar, comprueba,.
      Besos de Pecado.

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    1. Muchas gracias. En breve te visito.
      Besos de Pecado.

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  3. La última frase magnífica,he de decirlo. Puffff la entrada realmente caliente,Sergio es realmente un animal. Huy...miedo me da por lo de mencionar el trio...¿que habra pensado?
    Un beso!

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    1. Con él puede serlo todo o nada, según le dé... Lo suyo es pura estrategia. Parece que lees sus pensamientos pero siempre te coge por la retaguardia.
      Bienvenida de nuevo.
      Besos de Pecado.

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  4. Muy muy excitante y atrayente de cara al lector:)
    Besos

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    1. Gracias, Amow, por tus palabras. Siempre son importantes para mí.
      Besos de Pecado.

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  5. Buen relato, niña, ahi pegada a la pantalla , casi comiéndomela para leerte :P
    Una cosa es la razón y otra el deseo... el morbo de que produce en nuestra mente algo nuevo, y no digo más
    Un besito

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    1. La razón tiene sus limites (y sus prejuicios), la pasión es más a su libre albedrío y la imaginación se suele desbordar.
      Besos de Pecado. Me alegro que te haya gustado.

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  6. ANDA QUE MENUDA JUERGA SE HAN MONTADO,,, SEGURO QUE TODOS LOS VECINOS SE HAN ENTERADO DE ESTA FIESTA, JEJEJEJEJE...
    AHORA LE TOCA DESCANSAR PARA REPONERSE Y PENSAR EN ESAS DOS POLLAS, QUE SEGURO LO PASA MUY BIEN.
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!

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    1. Lo mismo pensé yo. Los vecinos deben de haberse escandalizado, pero dentro de casa... qué pase lo que quiera...
      Miedito me da lo que pasa por la cabeza de este hombre.
      Besos de Pecado.

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  7. "El sentimiento justo y la pasión necesaria"?
    Lo del sentimiento puede, pero de pasión andáis, tanto los protas como el cuento muy, pero que muy sobraos. Vaya polvazo !
    Una brizna más de fuego y se incendian hasta las pantallas al leerte.
    No quiero ni pensar (mejor dicho, sí) en la que se organizará cuándo el vecino llegue con la compañía prometida.

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    1. De pasión siempre hay que ir sobrado. Con Sergio siempre hay polvazo garantizado :-)
      Gracias por tus palabras. Siempre me dan ánimo. A veces, una no siempre está motivada y cuesta más arrancar.
      Besos de Pecado.

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  8. Voy atrasada con todas tus entradas...pero te digo que si tengo que leer más como esta...
    sola no puedo estar...y yo te aseguro que suplico lo que haga falta...
    UN GRAN BESAZO!!!
    Jolín!!! entre tú y Haydeé...no hay quien respire libre de pecado...

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    1. La verdad es que coger a varias de estas personas que vamos siguiendo en un día malo :-) Es para echarse a volar y quedarse pequeño el cielo. ¡Imagina en un día bueno! :-)
      Creo que todo lo que se hace con gana e interés, siempre merece la pena.
      Ya te pondrás al día. A mí me lleva horas hacerlo con todos los blogs.
      Besos de Pecado.

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  9. Esta noche has conseguido ponerme muy cachondo. Un beso.

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    1. Algo es algo :-) Me alegro.
      Besos de Pecado.

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  10. No sé si e preferible leerte de día o de noche, lo que tengo claro es que en relatos, eres la mejor que he conocido.
    Un beso preciosa.

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    1. Esas son palabras mayores, Ame que te agradezco desde lo más profundo. Para mí es importante gustaros en todos los aspectos. Éste es solo no de ellos.
      Besos de Pecado y sumamente agradecida.

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  11. Si tus relatos son excitantes,éste es puro fuego.Con relatos así, una se pone en tu piel y arde jaja.besitos

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  12. Buenos días, princesa. Bienvenida a mi casa, que es la de todos (como en misa pero aquí pecamos todos). Me alegro de que puedas meterte en esta piel porque eso significa que transmito cosas.
    Besos de Pecado y espero verte pronto.

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  13. Que decur q no hallan comentado antes. Hn relato genial, aunque creo q te han dejado para pocos trotes... pero bendito goce verdad!!! Veo q gusta lo fuerte
    Saludos

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  14. Uf, uf, uf... y uf. Calentita me dejas.

    Me gusta mucho tu forma de narrar. Me haces reir a la par que desear un buen polvo. ;-)

    Un beso :)

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  15. ;-) La verdad es que me gusta ser así. El humor no hay que perderlo nunca. Es lo que, en muchas ocasiones, da sentido a cualquier realidad. ¿Quién no se ha reído en medio de un polvo? Yo no pongo la mano en l fuego por mí. ¿O quién en el momento más extraño no ha soltado algo que rompe los esquemas y no queda otra que echarse a reír?
    Besos de Pecado.

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  16. Me ha pasado, me ha pasado... y juro que hasta lloré de la risa. Pero luego a la faena, jajaja.

    :)

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.