Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

domingo, 4 de mayo de 2014

Morir... Renacer...

¡Pablo!
El desaparecido, el Guadiana, el que está y no está... Pero cuando aparece, se hace notar.
Un solo mensaje en... ¿un mes? ¿mes y medio? ¿dos? He perdido la cuenta pero también he estado entretenida. Y no hablo solo de sexo. No es una buena temporada para mí en ese aspecto. No, al menos, en la medida en que yo quiero y me interesa. Apenas un par de encuentros nada casuales, a escondidas, debidamente premeditados, como siempre pero como nunca.
Me mandó tres e-mails a mi correo privado antes de que yo respondiera. El primero, muy cordial, muy afectuoso; llenándome de palabras halagadoras y cercanas... En el segundo, me solicitaba que le confirmase un dato. Tras comprobar mi agenda, vi que en esa fecha disponía de dos horas, no libres pero sí para apañármelas y salir del despacho. Incluso podría tomarme la tarde libre si apuraba la agenda los días anteriores. Nacho no iba a objetar nada. El tercero, completamente diferente.No era excesivamente largo. Digamos que más bien, muy concreto y preciso:

- "Deseo compensarte como te mereces. Llevo días levantándome empalmado y pensando en ti. Quiero verte y follarte. Romperte las bragas y atravesarte ese culito para correrme dentro. Quiero montarte sin parar. Oírte suplicar que pare y no escucharte. Quiero que te mojes y torturarte con mis manos, con mi boca y con mi polla... hasta ver como tu corrida se escurre por tus muslos... Y volver a follarte... Una... dos... tres... hasta dejarte extenuada."

Leer eso me supuso un calentón. Un segundo bastó para notarme el corazón acelerado. Dos, para que mi salvaslip impidiera que mis braguitas se mojaran.

- "... Quiero que vayas al hotel Luxury Sweet. Pide la llave de la habitación "Azul", está a nombre de Felipe Casado, y espérame ahí. A las cinco. Quiero que lo hagas desnuda, subida a tus tacones altos, con el pelo suelto... Y con un pañuelo o fular alrededor de tu cuello. Un solo nudo y echado hacia atrás. Quiero tu coño totalmente depilado, sabes que es como más me gusta, y que me recibas con la mejor de tus sonrisas. Estoy seguro de que esta vez podrás..."

¡Joder! Me estaba poniendo cachonda y no había escrito más de cuatro frases. Rocé uno de mis pechos con el brazo al alargarlo para coger algo de mi mesa. Noté el pezón duro e, incluso, la ropa parecía oprimir a ambos. Estaba totalmente empitonada. Levanté la vista y vi a mi marido moviéndose por su despacho mientras hablaba por el móvil y gesticulaba con la mano libre. Me levanté para cerrarle la puerta. No hablaba alto pero en una oficina donde todo está comunicado, las palabras fluyen en el aire. Me miró y me hizo un gesto con la mano, girándola, de modo que entendí que me acercara después. Sonreí, afirmé con la cabeza y cerré la puerta tras de mí.
Comprobé el hotel de la cita. Era un hotel para parejas pero con unas pintas extraordinarias y con los servicios de un cinco estrellas, basándose en la mayor de las discreciones. Me apetecía. Intenté que el resto de la tarde pasara pronto. Ni me acordé de volver al despacho ni Nacho me llamó.

El último empleado se había ido hacia más de media hora. En todo ese tiempo, a pesar de que la puerta que separaba su despacho del mío estaba abierta, apenas habíamos intercambiado cuatro palabras. No era lo más habitual la escasez de comunicación entre nosotros pero según las agendas, podríamos estar unas cuantas horas enfrascados en nuestras respectivas tareas. Oía el teclear de sus dedos en el ordenador. Yo no le iba a la zaga. Decidí levantarme para estirar las piernas y desconectar unos minutos de mi faena.
El despacho es moderno, con los muebles elegidos con gusto. En él se diferencian tres zonas. El área de trabajo propiamente dicha; aquélla presidida por una mesa circular para reuniones; y aquella otra, con sofás y una mesita baja, para aquellas entrevistas o situaciones más informales o que, aún no siéndolo, requerían cierta cercanía. Un amplio ventanal daba directamente a la calle.
Me senté en una de las sillas frente a la mesa. Nacho me miró y sonrió. Mi postura en ella daba evidencias claras de mi estado a esas horas.

- ¿Cansada? -Afirmé con la cabeza antes de confirmarlo.
- Digamos que muerta. Deberíamos irnos a casa.
- Ve tú, cielo. Quiero terminar este análisis antes. No quiero pegarme mañana un madrugón y dormir mal esta noche por tener esta preocupación.
- Entonces, me quedaré contigo y  la terminaremos juntos.
- ¿Estás segura?
- Sí.
- ¿Por qué no pides algo para cenar? Hace días que no pedimos "chino". Aquí al lado hay uno. Ya sabes.
- Sí, buena idea. ¿Elijo yo?
- Es tus manos lo dejo -sonrió. Me levanté para dirigirme a mi despacho pero me giré antes de llegar a la puerta-. Por cierto, ahora que recuerdo, antes me indicaste que viniera... ¿Para qué? -El abrió los ojos, apretó los labios y se encogió de hombros. Ninguno de los dos supimos el motivo.

Cuando regresé del restaurante con la cena, dejé ésta sobre la mesa para reuniones. No sé qué tienen estas comidas que parecen perfume barato de ese que, por más que lo intentes, impregna todo el ambiente.
Me descalcé. Mis pies notaron una liberación que  después pudiera provocar que no pudiera calzarme los zapatos. Me senté de nuevo en aquella silla y observé a mi marido. Camisa blanca, su color favorito, mangas subidas. Ya sin corbata y con varios botones desabotonados.
Se encendió mi "putón" interior. Sentí palpitar mi coño y me entró un arrebato. Me puse en pie y me acerqué a él por detrás. Le abracé, cruzando mis brazos sobre su pecho y empecé a comerle la oreja muy suavemente, mientras colaba mis manos por debajo de la camisa. Habíamos follado aquella misma mañana, antes de que él se marchara al gimnasio y antes de que yo remoloneara en la cama dispuesta para mí sola. Había sido un polvo en toda regla. Uno de esos que no buscas pero que encuentras... Y creo que me había quedado con ganas de más. Con él tengo todo el amor del mundo. Con él tengo el sexo suficiente. Es un hombre diez y medio con una tranca de veintitantos. Más allá, con otros, tengo más sexo y, hoy por hoy, cuatro oportunidades infinitas de disfrutar de algo que la Naturaleza me ha brindado y de la que pienso seguir gozando.
A todos los quiero en mi vida.
Con todos los demás...
Pablo..., quien pretende dominarme y no puede del todo.
Lucas..., la fiera romántica que no termina de despertar.
Sergio..., un provocador que conoce perfectamente su dominio sobre las mujeres.
Leo..., el seductor, el encantador, el galán de película;
y todos aquéllos que ocasionalmente se  han cruzado -y se cruzarán- entre mis piernas para goce y disfrute de mi cuerpo y de mi mente,  mi mundo sexual es más perfecto. Mi cabeza no está hecha para dolores de cabeza, valga la redundancia, ni mi coño para pasar hambre o andar a media dieta. Como decía la canción "mi cuerpo pide más...". ¿Quién soy yo para negarle lo que pide?

- Cariño... -protestó ladeando la cabeza, dejando aquella parte de su cuello libre. Una buena estrategia esa de renegar al tiempo que se pide.
- Sshhh... -susurré a su oído antes de deslizar mis labios desde el lóbulo hasta la base del cuello.
- Vas a hacer que se me suba la sangre a la cabeza.
- Sí... a la de tu polla.  -Me sonó vulgar pero, a veces, es algo que surge por sí mismo.
- ¡Estamos locos! ¡Follar en el despacho! Ahora, cuando esté reunido, no podré quitarme esta imagen de la cabeza. ¿Qué voy a a hacer si se me pone dura en medio de una negociación de millones?
- Comértelos a todos -murmuré en tanto me deshacía del cinturón, del cierre del botón y bajaba la cremallera del pantalón.
El bulto prominente entre sus piernas se marcaba perfectamente bajo la elasticidad de su bóxer. Podía adivinar el tacto de su glande, incluso antes de tocarlo. Aquella piel tostada, brillante, lubricada por la excitación, saltó como un mueble cuando bajé la prenda. Sus testículos, contraídos y elevados, se me mostraban preparados para todo juego. Sabía que poco después podría ser más ruda con ellos y que cuanto más los excitara, más subirían.
Quedé en cuclillas frente a él, entre sus piernas separadas, con su sexo entre mis manos, apretando suave, elevando el falo hasta que le rozara el vientre... como la torre de Hércules azotada en su base por la bravía del mar: mi mar. Y el mar engulló la torre. Aquél, palpitante y duro, asomó arriesgado y mi boca lo engulló. No pude renegar de mis ansias y del calor que me quemaba las entrañas. Una estela de saliva se deslizó bajo mi lengua, de cabo a rabo, de final a principio. Ahí, me recreé en la suavidad de su punta, en la masa blanda que se vencía entre mis dientes, entre mis labios...Y le miré. Y me suplicó. Me suplicó que no parara.
Sus manos atraparon mi cabeza. Sus dedos arañaron mi cabello, echándolo hacia atrás... Y me cabeza con él. Abrí la boca en aquella protesta callada. Sus dedos la penetraron, la recorrieron por el interior... antes de verme abocada de nuevo sobre su sexo, apoyada sobre mis rodillas y con las manos sobre sus muslos, mientras él se encargaba de dirigir tímidamente mis movimientos. Pero, en cualquier momento, gradualmente a su estado de excitación, podía volverse más "agresivo", más desinhibido... El ritmo de su respiración me indicaba qué debía  hacer en cada momento. Levanté mis manos, ascendiendo por su pecho, hasta que las palmas toparon con sus pezones: pequeñas cumbres sobre una planicie. Dos yemas de mis dedos apresaron cada uno de ellos: Primero, caricias. Luego, furia y fuerza. Nacho se retorcía en aquella mezcla de dolor y placer y exaltaba palabras tan vulgares como calientes.

Sus piernas se movían involuntarias por el placer que sentía. Mi boca se adormecía sobre tanta caricia y maniobra. Mis rodillas se entumecían: demasiado desacostumbradas a postrarse.
Nacho me levantó. Abrió mi camisa... Y yo me retiré. Rodeé la butaca hasta situarme entre ella y la pared, a su espalda. Nacho me siguió con la cabeza hasta que le resultó incómodo y se giró en la silla. Quedamos frente a frente.
Me vuelve loca ver esa expresión en su rostro. Toda la paciencia de un mundo sofocada por toda el ansia de otro. Me quite la falta despacio. En ningún momento aparté la vista de mi marido. Recorría mis labios con la lengua. Retiré mi camisa. Me quedé en ropa interior. Me contoneé ante sus ojos, acariciándome los pechos, bajando mis manos por el vientre hasta mis caderas, pasando una mano sobre mi braga, a la altura de mi pubis. Luego, por debajo. Pude percibir la suavidad desnuda de mi coño, la humedad que desprendía y el calor que lo sofocaba. Me llevé los dedos a la boca y los chupé insinuante. Nacho se desquiciaba. Se acariciaba el pecho con una mano. La otra la tenía concentrada  en su erecto miembro. Apretaba los labios, inspiraba con fuerza y dejaba soltar el aire como si le oprimiera dentro.
Le dí la espalda. Me quité el sujetador y me bajé la braga, poniendo mi culo en pompa muy cerca de él, como si pudiera llegar a besarlo. Noté la fuerza de sus manos sobre mis nalgas, presionando con los dedos, amasando abruptamente. Después las besó, las lamió, las mordió...
De pie, me empotró contra el mueble. Sus manos apresaron mis pechos. Distinguí el roce de su polla en mi culo, el calor de sus besos en mi cuello, el tacto de sus dientes en mi hombro... Gemí, creo que también grité. Sentí el palpito de mi sexo bajo su mano, oprimiendo mi clítoris, entreabriendo mis labios..., introduciendo los dedos, explorándome abiertos...
Estaba a punto de irme, sintiendo todos aquellos escalofríos y espasmos que se anticipan a mi clímax.  Y él lo sabía, lo percibía y se detuvo. Me giró. Tomó mi rostro entre sus manos y nos besamos. Un beso denso y profundo, de pleno contacto de nuestras lenguas, de nuestras salivas. Me prendió por debajo de las nalgas, levantándome con energía, con cierta violencia. Y yo  me colgué de sus caderas. Enredé mis piernas en torno a ellas. No dejamos de besarnos, de comernos la boca hasta llegar al sofá.
Se sentó en él, sin soltarme. Abrazados, pegados en cuerpo y alma, desde la boca hasta la unión de nuestras caderas. Sentí como iba atravesándome, como mis labios se abrían ante la presencia de su pene y como éste entraba en mí. En un momento, comencé a galopar sobre él, como una amazona sobre un indomable caballo.
Presa yo, reo él. Acogidos en el abrazo fuerte y en el movimiento de caderas. Sus manos no me sujetaban. Me elevaban en cada gesto contrario a mis embistes, empujando con fuerza hacia abajo cuando se clavaba en mí para que sintiera como su falo, un punzón casi terebrante, me taladraba hasta lo más profundo de mis entrañas; con el límite consensuado de aquellos péndulos llenos de savia que topaban contra mi entrada y sin el que proporcionaba el movimiento rítmico de sus caderas hacia arriba, acompasado con el mío, ascendente y descendente, desesperado; como con rabia encendida, sobre la largura de su viril tronco.

Me sentía llena de él. Era todo mío y no quería nada de mi interior que no estuviera copado por su carne porque siempre somos un encastre perfecto.
Dejó que me fuera, que todos mis efluvios se derramaran entre mi piel y la suya, que ambos tomáramos cierta compostura. Sabía que él no se había corrido, que aguardaba lo mejor para el final. Me levanté. Se levantó. Me situé sobre el sofá, a cuatro patas, enseñándole todo mi sexo: mi coño y mi ano, lubricados, brillantes, abierto uno, cerrado el otro. Me separó las piernas y acarició insolentemente, sin pudor, la parte posterior de mis muslos hasta llegar a mis nalgas. Sus manos, bien abiertas, las agarraron, las estrujaron, las oprimieron... y tras separarlas, metió una de aquéllas por la hendidura que las separaba para perderse sobre mi coño y recrearse en él. Advertí la dureza de su pene en mi culo, haciéndose espacio entre él, frotándose contra mí. Me sentí salvaje. Mis movimientos buscaban desesperadamente que me follara otra vez, que se abalanzara sobre mí, que arremetiera contra la calentura de mi sexo, que atacara y atentara con lujuria su entrada. ¡Dios! ¡Estaba loca porque lo hiciera y me estaba volviendo más loca por su tardanza! Cuando se decidió, no hubo contemplaciones. Sentí su sexo dentro de mí, como una barrena de fuego, y empezó a bombearme. El sonido de nuestros cuerpos chocando, el chapoteo de su polla mojándose en mi bálsamo, la desnudez de nuestros cuerpos, imperceptible ya a esas alturas, mis gemidos y jadeos, el roncar de su respiración, sus palmadas azuzándome como si fuera la yegua más salvaje a la que se estaba montando... El último embiste, la última sacudida... Y se derramó entero dentro de mí, dejándome desfallecida, muerta..., con un momento de eterna palidez que me hizo, por un mínimo instante, perder la noción de lo que estaba viviendo. Había gastado todas mis fuerzas, todo mi espíritu y todo mi cuerpo, como en otras tantas veces pero, en esta ocasión, había agotado toda la fuerza de la vida.
Nacho me abrazó con fuerza. Me deleitó con mimos y caricias... Y me entregó su aliento.
Morí... Renací.
Resucité.

12 comentarios:

  1. GUAU!!! ASI SI QUE DA GUSTO ACABAR LA JORNADA DE TRABAJO.
    SE QUEDA UNO BIEN RELAJADITO,
    UN FORMIDABLE RELATO, MUY EXCITANTE.
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!

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  2. Muchas gracias, Vlador. En ocasiones hay que desfogarse y si es así... No veas. Imagina lo animada que una se puede levantar cada día.
    Besos de Pecado.

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  3. Un duro trabajo bien hecho merece una justa recompensa,y más si es tan placentera como esta.
    Un beso

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  4. No cabe duda, Sandryska. Espero más jornadas así.
    Besos de Pecado.

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  5. Un día duro de trabajo debe acabar a lo grande... Y dejar recuerdos esparcidos por el despacho que en otros momentos hagan temblar el cuerpo con solo pensar en ello... Siempre eres intensa, en cada encuentro nos dejas ver como en una pantalla de cine la escena, por la riqueza de detalles que nos regalas.... y hoy... hoy ha sido diferente al leerte... Eras intensidad, sexualidad, como siempre pero también a pesar de las ganas hay algo que se ha dejado entrever, el amor.... y eso ha sido la bomba de este relato.... Me ha encantado guapa!!

    Montones de besinos!!! :*

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  6. Por fin!! Ayer intenté leerte, bien lo sabes... pero acabé teniendo mi propio relato bajo la ducha. :p

    Me gusta mucho, aunque nos queda la duda de qué quiso decirle en el despacho... o a mí me queda. No puedo creer que ese despacho no hubiese acogido encuentros previos. Mmmm... si yo tuviera un despacho... jajaja.
    Me gusta!!

    Un besazo!!

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  7. Mi querida lady PI..., quizás aquí vendría a cuento aquel viejo refrán castizo que dice aquello de "donde tengas la olla, no metas la polla",
    Pero está visto que con usted no sirven ni refranes, ni leyes, ni normas....
    Quizás por eso resulte tan atrayente...
    De lo que si estoy seguro es que no me gustaría trabajar en el mismo lugar que usted... No duraría ni una semana antes de que me despidieran por "conductas improcedentes".
    Aunque, bien mirado, creo que eso no quedaría mal del todo en mi curriculum...
    Disfrute de su despacho, como bien dice Tatuada, y de su marido, aunque, como usted bien sabe, mi personaje preferido sigue siendo Pablo.
    Si, si, ya sé que usted duda de él..., pero yo aún confío en que conseguirá lo que persigue :-)

    Besos desde el despacho..., perdón, quise decir... desde la mansión :-)

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  8. Uhmmm si supieras las de veces que terminamos asi cuando voy a ver a mi pareja a su estudio, pero es que tenerle cerca y no "aprovecharle" parece pecado ¿verdad?

    Besitos

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  9. Con un remate de jornada laboral así, da gusto
    ir a currar.
    ¡Eso son incentivos!

    Besos

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  10. Siempre hay amor en mis textos. No puede faltar. A veces se viste de una manera y otras, de otra pero no deja de ser amor...
    El Pecado es mi vida :-) y hay que cuidarlo.
    Besos de Pecado para todos.

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  11. Un relato muy intenso y atrayente, me ha gustado mucho....
    Besos

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  12. Esas primeras líneas, donde describes cómo unas cuantas líneas pueden ponerte a mil... eso es algo que yo entiendo a la perfección... Las palabras pueden llegar a ser tan pero tan poderosas... si las saben usar... eso sí...

    Yo morí y resucité mil millones de veces.
    Ahora espero volver a la vida una vez más.

    Tocada por tus letras, hoy, muchísimo, te dejo un gran beso, preciosa.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.