Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

jueves, 12 de junio de 2014

Dos para una y una para los dos...

Estaba en casa. Un sábado tarde, después de comer. 
Tumbada en el sofá, sin ver la televisión aunque la tenía como fondo a un volumen que me permitía concentrarme en la lectura. Hacía calor. Había encendido unos minutos antes el aire acondicionado pero al cabo de un rato empecé a sentirme incómoda a pesar de haberle elevado la temperatura. No me apetecía ver a ninguno de "mis chicos". Ni tampoco pasar un rato entre los niños de mis amigas. Tal vez no me hubiera importado estar con Leo pero su mujer le tenía atado en corto aquel fin de semana. Además, también necesito algo de tiempo para mí.  Nacho se había ido a jugar a fútbol con Lucas y sus amigos. No vendría hasta más allá de media tarde. Tenía todavía dos largas horas para mí solita.

El móvil me sobresaltó con la alarma de aviso de mensaje entrante. Seguramente, publicidad. No, Sergio:

-"¿Te hace un café? ¿Te invito? Sé que estás sola. Tu marido me ha dicho que se iba a jugar al fútbol. Me ha invitado a ir pero yo prefiero jugar con su mujer ;-) ".

¡Qué cabronazo es! Pero no pude evitar sonreír mientras pensaba qué responder.

- "¿Necesito ponerme guapa?"
- "Tú siempre lo estás. Además, no voy a fijarme en tu ropa".

No tenía muy claro qué iba a suceder. Lo que sí tenía presente es lo que no sucedería. Si subía, ¿tomaría café? Dejé el libro sobre la mesita, apagué la televisión, recogí las llaves y el móvil, y tal y como iba, me subí a su casa. La puerta estaba entornada. Oí música al poner el pie en la casa. Desde la mía no se oía nada. Y la penumbra lo arropaba todo. Hacía más calor que en mi piso.

- ¡Hola! -anuncié-. ¿Se puede?
- ¡Pasa! -avisó desde el fondo. Cerré la puerta tras de mí y me encaminé hacia el salón. Pasé antes por la cocina y vi a Sergio, desnudo, preparando unos mojitos... Verlo no me sorprendió. Sonreí y me acerqué. Me tomó por la cintura y se inclinó para darme dos besos en sendas mejillas. No pude evitar dirigir mi mirada a su miembro semierecto-. ¡Estoy haciendo mojitos! ¡Están flojitos! -aclaró.
- ¿Para que no haga locuras?
- No, para que te des cuenta de que las haces -ironizó-. ¿Tienes calor?
- Hace más calor que en mi casa -dije mientras sentía un extraño subidón de temperatura.
- Puedes desnudarte. Ya ves -invitó, abriendo los brazos y mostrándome las palmas abiertas de sus manos, como un cristo en plena excusa de "yo no he sido". Había un paño sobre la mesa y se lo lancé.

Pudo, simplemente, alargar el brazo y hubiera llegado a alcanzar el vaso que me ofrecía. Sin embargo, optó por caminar aquellos pasos... Tonta, fui a cogerlo y él desvió el brazo dejar el vaso sobre la mesa mientras se apoyaba con la mano libre en la pared que quedaba a mi espalda, acercándose tanto que su piel quedó a dos dedos de mi boca y sus piernas atrapando las mías entrecruzadas. Levantó mi barbilla y mi mirada se estrelló contra la suya tres segundos antes de que su boca rozara mi cuello; cuatro segundos antes de que notaba la caricia de su lengua sobre mi piel... Un poco antes de que sus manos se volvieran traviesas bajando por mi escote.
Percibí pasos e mi espalda pero no fui consciente de la presencia de Diego hasta que éste, como en un arrebato, me cogió desde atrás, obligándome a elevar el rostro... Y si antes habían sido los labios y la lengua de Sergio quienes invadieran y acosaran a los míos y a la mía, respectivamente; ahora se trataba de la boca perteneciente a Diego.
Y recordé, como en un flash, como una estrella fugaz perdiendo el norte, las palabras de Sergio unas semanas antes cuando estaba a punto de abandonar mi casa después de aquel polvazo: "Imagínate cogida en el aire por dos tíos y que uno te folle el coño mientras el otro te folla el culo". (Click) Y sí, me reconocí ingenua en aquel momento y ahora estaba a punto de confirmar que lo fui. "Nada es imposible...".
Sobraban, por lo visto, palabras y faltaban hechos porque en un abrir y cerrar de ojos, me encontré con Diego tumbado sobre la cama, tan desnudo como había aparecido en la cocina... ; con Sergio detrás mía, sujetándome por los hombros, invitándome a acomodarme en la silla, como si fuera a ser la protagonista pasiva de algo...
Nunca había visto follar en vivo y en directo a dos hombres. Curiosidad no sé si era la palabra en ese momento pero tenía un morbo especial. Dicen que a las mujeres nos pone ver a dos tíos cascándosela o zumbándose... y a ellos, les pone a dos mujeres magreándose y darse gusto. La verdad es que puede ser, porque a mí no me ponen dos mujeres pero sí sentía un cosquilleo especial ante la circunstancia de dos machos trajinándose. 
Pero también me sentí un poco perdida en aquel momento. Percibí algo que no sé explicar cuando los observé besarse. ¡Esas dos bocas me han besado a mí! ¡Se han comido mi coño y relamido mis tetas!
No sabía lo que me podía poner el ver a dos hombres comerse a besos pero, por otro lado, reconozco que me alertó un sentimiento idiota observando la escena.  Sé que me estaban provocando. Podía ver sus labios unirse y sus lenguas jugar antes de tocarse. Era única espectadora en primera fila. Sergio es un cabrón con todas las reglas y en el mejor de los sentidos. Creo que sabía cómo me podía sentir y estaba disfrutando con aquel juego. A Diego lo percibía un poco más cortado de entrada pero cuando nuestro amigo empezó a comerle la polla, a masajearsela y yo empecé a verla crecer más... Ufff... Qué sofoco... Qué subidón... Creo que me sobrevino un pequeño orgasmo con el que no contaba. Los pezones casi me dolían y sobresalían por debajo de la tela de mi prenda...
Ante mis ojos se pusieron a tono y de paso, me pusieron a mí tan caliente que solo deseaba que aquellas dos armas del pecado formaran parte de mí. En las  películas porno todo parece, no fácil, sino, demasiado sencillo. Todo sale a la perfección: ellos tienen unas trancas de impresión, ellas parecen... no sé lo qué parecen... y todos tienen unas corridas y unos orgasmos que dan terror. Pero, en carne y hueso, y yo metiéndome en faena... no me lo parece tanto, la verdad.

Mientras Sergio le agarraba la polla y le metía la suya por aquel espacio embadurnado de lubricante y mucho más adaptado que el mío a ser penetrado, Diego me miraba. Se pasaba la lengua por los labios y se tocaba el pecho, haciendo hincapié en sus pezones, pellizcándolos con las yemas de sus dedos y distraía su mirada entre quien le follaba y quien le observaba, es decir, entre Sergio y yo.
Notaba mi sexo mojado, palpitando, y a unos metros más allá, la polla enfundada de Sergio entrando suavemente, sin resistencia, entre los pliegues arrugados y cedidos del ano de Diego, colocado boca arriba con las piernas levantadas. ¡Qué visión!
Tal vez sera una fantasía subliminal pero es que, al igual que cuando tuve aquella aventura con Diego y aquella desconocida, no había pensado en la posibilidad de ello; y, al igual que ocurrió cuando tuve la experiencia con Lucas y Nacho, por mucho que tenga mis dudas -y pienso, ¿se puede tener duda de algo así? La falta de costumbre en la toma de alcohol y la profundidad de un sueño, puede llevarnos a límites insospechados... Ahí quedó la cosa porque no daba el tema para más, seguí sin pensar en la realidad de un encuentro sexual con dos hombres. Pero, tal vez no hubiera que pensar tanto y bastaba con seguir adelante. Hay puentes que se han de cruzar sí o sí, que una vez has empezado a caminar es tan estrecho que no puedes darte la vuelta, y la única opción posible es atraversarlo y llegar hasta al otro lado.
Si cualquiera de mis amigas supiera de un pequeño ápice de esta vida mía, o, me ponían un altar o me crucificaban en él.

Solo sé que aquella escena me estaba poniendo cardíaca. Entre el calor exterior y el que me brotaba desde mis entrañas, aquéllo era un sin vivir. Separé mis piernas y pasé mis manos por los muslos: primero por el exterior y luego por la parte interna, hasta llegar al vértice que las unía. Rocé mi sexo por encima de mi braguita, ésta estaba empapada, y al pasarlos por debajo de la tela, ya estaban mojados los extremos de los vellos. Y al profundizar y alcanzar la piel suave que protegía mi clítoris... qué puedo decir... Mis dedos se impregnaron de aquel abundante elemento que se desbordaba desde mi interior.
Me desprendí de mi liviano vestido, dejando a la vista mis pechos. Me quité la braga y la dejé a un lado. Separé bien mis piernas, dejando ante sus ojos el brillo de mi sexo y la voluptuosidad de mis tetas. De nuevo aquel hormigueo me recorrió entera y fue inevitable que mi mano frotara mi sexo y que la otra se recreara en uno de mis pechos. Mi pezón estaba crecido y henchido. Lo retorcí y tiré de él, mordiéndome los labios, mirando a aquellos dos hombres que se daban el uno al otro...

Diego me llamó mientras Sergio se desprendía del preservativo. Titubeé unos segundos y me dirigí hacia la cama. Dos cuerpos de hombre excitados y el de una mujer, el mío, camino de estallar. Mi cuerpo, antes de caer sobre la cama, fue recibido por besos, besos múltiples, gestos a cuatro manos, a dos bocas...
 El sentir el aliento de aquellos dos hombres tan cerca de mí, el palpitar de sus sexos también tan cerca... El saber que  estaba formando parte de un juego nuevo cuyas reglas desconocía pero que, evidentemente, no significaba que las ignorara.
Creí enloquecer y no quería gritar, aunque tal vez fuera lo único que me aliviara. Pero cómo hacer ante aquella dulce tortura que era sentirme atrapada entre dos hombres. Mientras uno me mantenía apoyada sobre su pecho, apretaba una de mis tetas y con la otra mano frotaba mi clítoris, con tanta energía que me quemaba; el otro, Sergio, se abría paso bajo él, follándome una y otra vez, haciendo fuerte cada uno de sus envites. No podía decir que no estuvieran por mí, que no estuvieran enfocados en hacerme gozar, en deleitarme en un juego que, de verdad, me estaba enloqueciendo.

Sergio me había subido sobre sus caderas. Diego se había puesto a horcajadas sobre mi cabeza, dejando su sexo sobre mi boca y quedando mis tetas al alcance de sus manos. Observé como levantaba su pene, como lo alejaba de mí y cogía sus testículos, apretándolos, dándomelos a comer... Hizo que los lamiera antes. Estaban duros y con aquella tonalidad fruto de la presión. El mismo movimiento de las embestidas de Sergio, entonaban el ritmo de mis lamidas sobre los duros huevos de su amigo. Y mi clítoris se enervaba bajo el movimiento rápido y castigador de los dedos de Sergio que, aún así, apuraba aquellos empujones que me cortaban la respiración, amén de que el duro caramelo que colgaba entre las piernas del otro, no dejaba de introducirse en mi boca. Debía ser la postura, pues no entendía que pudiera tragarme semejante tranca.
Sergio, que se había apoderado de mi retaguardia -estaba claro que a él le gustaba dar-, llevó sus manos a mis nalgas, abriéndolas cuanto pudo, hasta que protesté por la tirantez que sentía en mi ano. Parecía aquel gesto una invitación para Diego, una invitación para un festín de carne que había empezado un buen rato antes. No sé exactamente cuánto, pero sí me pareció suficiente. Yo me estremecía de gusto con aquel vaivén mientras Diego me horadaba el sexo con su lengua. Creía derramarme a cada instante, incapaz de controlar aquel montón de sensaciones que me hacían tambalear desde mis más profundos cimientos. Sentía mi vulva tan caliente, mi punto más estrecho, abierto sin remisión, fornicado con vehemencia, que mi cuerpo temblaba como una hoja al viento. Me la metía tan adentro que estoy segura no dejaba nada fuera. Me ardía. Sentía las acometidas de dolor, pero el placer era tan sumamente intenso que yo me limitaba a gemir y gritar como lo haría una perra en celo pidiendo que la monten porque todo le quema por dentro. A mí, simplemente, ya me estaban montando.

Me sentí como una marioneta consentida entre aquellos brazos, serpenteando entre aquellos otros dos cuerpos... Y cuando fui consciente del intercambio de favores, mi cuerpo todavía tenía presente el placer que mi agujero trasero había sentido. Cambio de guardia. Diego se quedó atrás. Volví a quejarme, un quejido extraño porque no era de dolor, era de gusto, de placer, de querer más a pesar de todo. Empecé a sentir como los pliegues volvían a dilatarse, como el miembro erecto se hacia paso en aquel canal impregnado de lubricante, el cual había envuelto la habitación con un aroma a frutas del bosque o algo parecido. Parecía una loba aullando. Con Sergio clavado entre mis muslos, asido a mis pechos, Diego me tomó por los hombros, con fuerza, y me dejé. Me dejé hacer porque me sentía muy perra, estaba muy cachonda y quería todo de aquellos tipos. No había ya nada que me dijera de echar marcha atrás. Clavé mis uñas sobre los hombros de Sergio y éste me tapó la boca cuando iba a gritar mientras, con la otra, oprimía suavemente mi garganta. Y ya estaba cubierta por detrás.
Por detrás y por delante. Lo que nunca. Esa sensación me era extraña pero la estaba disfrutando. Aquellos movimientos eran intensos y producían en mí, sobre todo cuando coincidían y parecían reventarme por dentro, una extraña mezcla de dolor agudo y de intenso placer.
Me dejé llevar. Parecía no ser yo. Parecía desquiciada, cono si hubiera perdido todos los nortes posibles. y como si lo hubiera hecho miles de veces. Solo quería sentir aquel fuego tan vivo por aquellos orificios cedidos. Dos hombres, dos machos, me estaban surtiendo de carne y yo, como buena carnívora, engullía todo cuando me entraba. Vale, podía ser muy puta pero ante esa oportunidad y ante el hecho de no verme cohibida..., había que disfrutar.
A veces la carne resulta un poco seca, por lo que hay que sacarle el mayor jugo posible o aliñarla con algún tipo de salsa. El por qué lo sé, el cómo todavía lo estoy pensando, pero empecé a mover mi culo, empotrándome en aquellos mástiles que me tenían por bandera.
Parecíamos tres locos; tres animales en estado puro. Yo, una salvaje saltando sobre uno. El otro empujando con fuerza, clavando sus dedos en mis nalgas. El segundo haciendo juegos malabares con mis tetas o haciendo de ellas el panel de sus bocados.
Las palabras salían de sus bocas con el mismo ímpetu que mis gemidos: los que lograban salir de la garganta y los que se ahogaban en ella, en aquella especie de agonía que era la presión sobre mi cuello. 
No me importó correrme sobre Sergio porque él siguió bombeando. Los exabruptos de Diego detrás de mí y aquella especie de alarido que lanzó al aire como si dejara el alma en lo más profundo de mi ano, al final,  no era más que la confirmación de que él me había seguido. 

Quedé tumbada sobre Sergio, con mi respiración entrecortada, con mi vista nublada por la excitación, por la sensación de ahogo salpicándome todavía la garganta. Sentí la retirada de Diego de mis cuartos traseros. Le miré. Le vi arrodillado en la retaguardia, con las manos abiertas sobre sus muslos, como observando aquel espectáculo. Su rostro estaba contraído y por él se resbalaban casi a chorro, las gotas de sudor. Su pelo estaba mojado y él, agotado.

Y, de pronto, dentro de toda aquella consternación, nos echamos a reír los tres. Supongo que sería la visión de aquella escena tan poco profesional. O el hecho de que habíamos montado un espectáculo de ruidos que habría alterado la paz de más de uno y de una.

- Te dije que no había nada imposible -habló Sergio mientras intentaba zafarse de mi peso. Mis piernas estaban entumecidas y mi cuerpo gastado.

Tuve que salir de ahí corriendo. Nacho no tardaría en llegar y no podía dejarme sorprender de la manera en la que estaba: oliendo a lo que no era yo y con aquellas pintas.

20 comentarios:

  1. Esto... yo... me voy a la ducha... jajajaja...

    Madre mía de mi vida, que me dan ganas de clamar al cielo y a todos y cada uno de los santos que pululan por el.... Tremendo, tremendo relato, he leído tríos, pero no donde entre ellos había tema también y que decir... No se darle forma a la sensación que se me ha quedado, eso si muy buen sabor de boca...
    Vamos que espabilas a cualquiera, venir aquí es un chute de energía para el día... y a estas horas pues... ainssss necesito un hombre!!!... jejeje...
    Genial guapa!!

    Muchos besinos!!! :)

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    1. Aich.... ¡Si supieras a quién y quiénes me encomendé yo! ¡Y, anda que no tardaron en responder! Pero veo que la espera bien ha merecido la pena, que el esfuerzo ha tenido su recompensa...
      Y me alegro de haber sido la primera que te haya "mostrado" esta aventurilla a tres bandas. ¡Sí es que a veces se me va la cabeza!
      Besos de Pecado.

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  2. ¡TREMENDO POLVAZO A TRES BANDAS! ¡Qué envidia estar con dos a la vez...y más si estan buenos! Que suerte jajaja.

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    1. Ya que nos ponemos, Sandry, y como soñar es libre, al menos que nos deje buen sabor de boca. "Mis hombres", por supuesto, no pueden estar por debajo de las perspectivas por eso da gusto imaginarse cualquier cosa con ellos. No suelen decepcionar.
      Besos de Pecado.

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  3. Qué excitante, eso que te llegue un mensaje de invitación ufffffffff Y ese polvazo tan minuciosamente descrito y explicito con esas imágenes, encantador.

    A tus PIES

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    1. Es que el vecino del cuarto es muy cuco. Sabe más que los ratones "coloraos". Y fíjate, que pese a no ser el más dominante de todos, que ese papel se supone que es para Pablo, consigue de ella todo lo que le da la gana.
      Besos de Pecado.

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  4. Una ducha fría? o caliente, eres una gran escritora erotica, gracias!! Besos!!

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  5. Puro y duro, fuego en el cuerpo…la mente se dispara…

    Un placer…

    Beso en llamas! ;-)

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    1. El placer está en saber degustar cada sentido, cada sentimiento, cada estrato de lo que los personajes sienten.
      Las duchas frías no sé si sirven demasiado. La mente no se relaja con una ducha tan fácilmente.
      Puro y duro...
      Ginebra, Juan Carlos... Besos de Pecado para ambos.
      Vlador, ya sabía yo eso de participar tres te iba a gustar, lo que no esperabas era que hubiera tema masculino... jajaja... Me gusta sorprenderte y sé que, al final, te gustará.
      Besos de Pecado también para ti.

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  6. ME HA GUSTADO MAS LA PARTE FINAL,,, JODER QUE FINAL,,, PARA DERRETIR LOS POLOS.
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!

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  7. Leí este relato de una sola vez y me encanto, cada detalle y como relatas la experiencia muy real por lo demás, que decir me has tenido todo el día caliente...jaja...cariños.

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    1. Bueno... Bueno... ¿Qué voy a decirte que no hayamos dicho ya todos? A mí me encanta dejaros con ese buen tino para todo el día o, al menos, para un buen rato. Mi intención es haceros sentir y transportaros hasta el más mínimo detalle. Nada más. Si lo consigo... me congratulo.
      Besos de Pecado.

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  8. Vaya vaya!
    Tu casa es una caja de sorpresas
    Con este calor, y estas escenitas tan detalladas... para derretirnos como helados al sol

    Besos triplicados

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  9. Hola, Uly. Ya sabes que a mí, de vez en cuando, se me va la cabeza... A mí también me afecta el calor. :-)
    Besos de Pecado.

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  10. Han dicho.... tu casa es una caja de sorpresas...
    Fuerte história y bién escrita por una mujer que a ella le gustan las fuertes emociones...

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  11. Y luego me dices, jajaja...

    Si en el fondo mis relatos son para todos los públicos. Esto ha sido un sólo acto, pero explosivo.
    Una historia fuerte, es cierto. Aunque demasiada pasión en ciertos puntos... creo que algunas cosas son más de intensidad controlada que desatada, pero eso es opinión personal, jajaja.

    Voy a por el siguiente :)

    Beso!

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  12. Es que yo soy muy prudente :-) Supongo que peco de eso pero bueno, alguna vez, me suelto...
    Besos de Pecado y mil gracias por todos tus comentarios que siempre son positivos y productivos., Tatu.

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  13. ¡Qué me he estado perdiendo! Un relato muy excitante... y es sólo el primero que leo en semanas!!! No me resisto a leer más... Gracias por compartirlo

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  14. Joder!!!! Y no lo habia leido!!!!!....mortal de necesidad!!!!...uffff...uffff...y mas ufffff....y si...por supuesto que al final todo es factible con la voluntad...de tres en este caso...jijiji...
    uffffff.... sin palabras....mi imaginacion esta volando demasiado!!!...

    Un besote

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.