Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

viernes, 6 de junio de 2014

Polvo Real...

Nunca he entendido muy bien el tema de los fetiches... ¡pero es que entiendo tan pocos temas! Supongo, que es como coleccionar ositos de peluche... Pero esta mañana, leyendo la prensa, me he dado cuenta de que el tema tiene para hablar de él largo y tendido. Un articulo me ha puesto al día (tampoco es muy complicado dado mi grado de ignorancia) pero he pasado un buen rato con la lectura.

- ¿Qué miras tan atenta? -me preguntó Nacho mientras entraba en la cocina. Estaba recién duchado. Su cuerpo, en un instante, despertó mi piel y me hizo palpitar. Le observé mientras se servía un café y se asomaba a la ventana para contemplar la mañana. La barba le sienta bien y, su cuerpo cada día mejora.
- ¡Estás buenísimo, chico!
- Gracias -rió divertido.
- Estoy leyendo un artículo sobre el gabinete erótico de Catalina la Grande. (click)
- La historia dice que era una gran fetichista y una ninfómana muy poderosa...
- Eso parece. Yo la tenía en estima por otro tema: por expandir y modernizar el Imperio Ruso durante su reinado... y de ahí, lo de "grande"...
- Sí. Por eso también pero es que le gustaba todo grande... y a lo grande -respondió irónico tomando un sorbo de su café.
- Sí -reí-. Según parece, en uno de sus palacios, había una habitación decorada en un estilo erótico muy explícito. Dícese que una de las paredes estaba forrada de enormes falos de madera de diferentes formas... ¿formas? Será tamaños... - dije enseñándole la página con las fotos-. Por lo visto, la mayoría se perdieron en el fuego de la Segunda Guerra Mundial. Hay mesas, sillas, escritorios... con escenas pornográficas.... -fui relatando sobre la marcha, hasta que llegué al final del artículo sin haberlo leído. ".. la leyenda cuenta que falleció mientras era penetrada por un caballo".
- La mesa se sostiene por pelotas -dijo haciéndome reír a carcajada abierta- y su vida, de dentro hacia afuera no sé pero, dentro debía ser, literalmente, la leche...
- ¡Ostras! –exclamé-. ¡Caramba, caramba! –dije para ponerme en pie y acercarme hasta la encimera donde me serví un poco del zumo que había dejado fuera de la nevera. Nacho se acercó hasta mí tan apenas tomé el primer trago. Se colocó detrás y sentí su cuerpo pegado al mío… Sus labios besaron despacio, como otras tantas veces, mis hombros y la parte alta de mi espalda.
- ¡Qué buena estás, “joia”! –advirtió colocando sus manos sobre mis caderas. El tacto de la tela de mi camisón hizo que la prenda se resbalara sobre mi piel como una seda al sentido de sus manos sobre mi cuerpo. Las noté subiendo por mi cintura hasta mis pechos, apoderándose de ellos. Mis pezones erectos se marcaban bajo el tejido, siendo una llamada de atención para las intenciones de mi marido.- ¡Haces que me ponga verraco! –No pude menos que echarme a reír. Lo hice de forma poco aparatosa pero es que, en ocasiones, es como un chaval. Somos como dos chiquillos, es cierto. Seguimos teniendo ese puntillo de rebeldía, de juego a veces infantil en el que nos entregamos para acabar, en hagas desbordados por la pasión y, en otras, pidiendo la paz…

Sus manos se colaron por mi escote en dirección a mis tetas. Las acarició con la palma abierta, estimulando mis pezones para luego jugar con ellos de forma descarada. Mientras, él verraco y yo, yo subiéndome por las paredes. Sentía mi coño palpitar y humedecerse y como el corazón se aceleraba sin poderlo controlar.
No nos movimos de aquella posición: los dos de pie. Él detrás de mí. Yo, entre él y la encimera, sin escapatoria, sin salida… y, aunque la tuviera, tampoco la quería.
Sus manos volvieron a mis caderas para deslizarse hacia los muslos, subiendo de nuevo pero llevándose consigo la prenda que los dejaba al desnudo. Percibí la cercanía de sus dedos en el borde de mi braga… Deseaba que se metiese bajo ella, que percibiera el calor que sentía y la humedad que desprendía… aquélla que casi sentía resbalar por el interior de mis piernas.  Una mano se perdió hacía mi boca, rozando mis labios; la otra, se perdió entre los otros, entre los de abajo, rozándolos al mismo tiempo, buscando la perla oculta y erecta que se perdía entre ellos, hasta que la alcanzó…
La tomó entre las yemas de sus dedos mientras yo succionaba entre mis labios su dedo, se lo follaba pensando en su sexo y en la entrada de otros en mi coño…

- ¡Mmmmm…! –se limitó a expresar cuando pasó la mano entre aquellos labios calientes y sus dedos resbalaron sobre la humedad, más que evidente, de mi sexo… Se apartó ligeramente. Con una de sus piernas separó las mías. Lo hizo con rapidez premeditada, empujando hacia los lados mis tobillos con su pie y tiró de mí para dejarme ligeramente vencida hacia delante, sobre la encimera. Un par de suaves manotazos, de abajo hacia arriba, en sendos glúteos y mi braga, furiosamente, se desprendió hacia mis rodillas… ¡Cómo me gusta cuando saca esa especie de rabia sexual contenida!
Y sus dedos hurgando en mi interior mientras me abría consentida a aquellas sensaciones; mientras visualizaba como se desprendía de su bóxer y dejaba al descubierto la erección de su miembro, aquél que en unos segundos se estaría rozando con mi piel, separando mis nalgas para el roce más profundo...
Y llegó hasta mis pechos, de nuevo, estrujando y amasando como artesano para trabajar la mejor de las masas. Sus manos son grandes, en cambio, no llega a abarcarlos por completo. Metió las manos por el escote, desde los lados hacia el centro con avivada rapidez, y los sacó, asiéndolos de los pezones y haciéndome brotar un gemido antes de morderme los labios. 
Me giró y mis senos, curiosos y proyectados hacia él por encima del escote, quedaron como colgados en un imaginario balcón para permanecer amparados al martirio de sus caricias... Me estremecí con su cara encajada entre ellos y la sensación húmeda de su lengua en la hondonada que se abría entre ellos, mientras los apretaba bajo sus puños cerrados. Parecía quemarle el deseo. A mí, me quemaba todo lo demás... Su pierna, entre las mías, empujando hacia mi sexo, moviéndose..., en tanto su boca se convertía en el "gota a gota" de mi sentencia... Mis pezones succionados entre su saliva, pendientes entre sus dientes, perdidos en el azote de su lengua... ¿Y qué podía hacer yo? Limitarme a arañar con suavidad su piel, a presionar su cabeza contra mí, a rendirme ante su empuje.

Con una mano parecía apretarme el cuello por la nuca, incluso la presión de sus dedos llegaba a ser molesta pero me podía más la excitación por lo que hacía con su otra mano. Con ésta palpaba mis labios vaginales, los apretaba entre sus dedos, los pellizcaba y los tomaba a la par cerrándolos sobre mi clítoris, presionando con fuerza, llegando casi a retorcerlos... como si fueran de goma. Luego, introdujo los dedos casi con brutalidad y brinqué sobre su palma. Su mirada clavada en mí parecía estudiar cada una de mis reacciones. Mi boca se abría y cerraba como la de un pez, intentando tomar aire, controlando la sensación de cada embestida, de la presión de aquellos dedos abiertos explorando mi interior.
Mis dedos se prendían de sus hombros, apoyándome, sujetándome... mientras me vencía ligeramente hacía atrás para dejarle disfrutar de mis pechos, bañados ya en el jugo de su saliva.
Enredé mis piernas en torno a su cintura, sintiendo la fuerza de su sexo entre ellas, rozándome sin penetrarme, mientras me tomaba en volandas para llevarme hasta la mesa. Dos pasos apresurados con besos encadenados formando solo uno... hasta que quedé con la espalda pegada al tablero de la mesa, sobre la prensa y cerca de una taza de café vacía que, de un manozato involuntario, volqué un poco más allá. Él la cogió. La colocó bien y la dejó a una distancia más prudente. Su boca comenzó a comerme el cuello mientras me aferraba a él con ganas de sentirlo mucho más cerca y más profundamente. No dije nada. El ritmo acelerado de mi respiración era suficiente aliento para que él continuará sin más que decirle. Continuó bajando sobre mi piel, arrastrándose por la garganta, llegando al centro de mis pechos, esos que sus manos fajaban y estrangulaban mientras llegaba hasta mi sexo.
Me moría de ganas..., de placer.
Jugaba con mis labios y mi clítoris, y su mirada se perdía fijada en mis tetas y en mi boca, entre los juegos de sus dedos en mis pezones o en la expresión de mi rostro cuando bebía de sus dedos con sabor a mí.

Sentir como su polla se hacía paso entre mis hinchados labios, como abría el húmedo sendero de mis entrañas... Sentir esa firmeza, esa dureza en su sexo empujando despacio, buscando el punto más profundo hasta golpear con fuerza en él.
Y entraba...
Y reculaba... Sin llegar a salir.
Y, cuando salía, era para comer mi sexo, para abrir más mis labios y embeberse de mis jugos, disfrutando de la tersura de mi excitado clítoris... Tremendo placer el que me proporcionaba. Su lengua se movía hábil, sabia, con experiencia. Sus labios hacían presión sobre él, absorbiéndolo; succionando, tirando hacia él... Y con el dedo, no sé cuál, hacerlo temblar, palpitar mientras yo me deshacía en un fluido que no quería que se desbordará del todo... No en ese momento. Estaba cachonda de verdad. Quería que me devorara entera. No tenía que pensar en otro. Me bastaba él.
Sus dedos volvían a follarme y cuando su acto era relevado por su pene, aquéllos regresaban a mi boca... Y yo chupaba... como él chupaba mis pezones, tan erectos, tan tiesos que parecía que fueran a  reventar.... Cuando no, con sus brazos, mantenía elevadas mis piernas haciéndoles tope a la altura de mis corvas y me hacía percibir cada una de sus impetuosas cometidas como una puñalada de fuego que me quemaba el centro de mis entrañas.

Cerré fuertemente las piernas, cruzándolas por mis tobillos, rodeando su cuerpo... como quien pliega las velas de cruz, asegurándolas sobre las vergas y las de cuchillo o empavesadas sobre sus nervios... Me sentía un barco entregado sin remedio a la  peor de las tormentas, con las olas saltándome por encima, asaltándome el alma. 
El suave pero enérgico sentido de su sexo enclavado en el mío, sus testículos chocando contra mi piel, como vigías de las atalayas que escoltan las puertas del gran paraíso al que nunca podrían entrar, parecía ser todo un perfecto ósculo de reverencia ante mi coño. 
Comenzó a moverse lentamente, sacudiendo magistralmente sus caderas, entrando y quitando su pene que cada vez se deslizaba con mayor facilidad, surcando totalmente empapado por el placentero túnel en el que se había convertido mi vagina. Nos besábamos y acariciábamos todo lo que podíamos… labios, cuello..., todo..., en una frenética carrera por aplacar tanto fuego. Mis ganas de correrme eran casi incontrolables... Y él iba frenando, desacelerando el ritmo, parándose incluso, para no correrse conmigo... Para llegar juntos o casi a la par al culmen de todo aquello que nos estaba embriagando; en todo aquello que nos envolvía en una capa de sudor salida de dos cuerpos entregados a la pasión, a la lujuria de sus sentimientos, hambrientos de más y más... 
Envueltos en aquellos mini orgasmos preludio de aquél otro mayor, de la erupción de aquellos dos volcanes que eran nuestros sexos.
Metido él en mí. Enlazada yo a él; disfrutando de su polla como él gozaba de mi sexo, mientras nos mirábamos, mientras sabíamos que no había nadie más que pudiera ser mejor; se mordió los labios y apuró aquel embate que me hizo gritar... Aceleró el ritmo de tal manera que mis tetas se movían al unísono como campanas volteando en día fiesta.
Buscó mis manos y las entrelazó a las suyas intentando conservar el ritmo pero, como yo lo hice sobre él, se derramó dentro de mí.
No le dio a tiempo a pedirme que me corriera con él... Solo tuvo que dejarse ir conmigo.
Después, se venció sobre mi cuerpo sudoroso. Nos abrazamos. Nos besamos. Continuamos sintiéndonos hasta que su polla, descargada, abandonó el refugio de mi sexo.

- ¡Por Catalina la Grande! -rió antes de estampar un sonoro beso en la sonrisa que se dibujó en mi boca.



17 comentarios:

  1. Ay Dios... que hora más insana para leerte... Que calor más grande... jejejeje...
    Vaya con Catalina la grande... para que luego digan de la realeza... anda que no sabían na'... pájaros!!! :p
    De lo demás que te digo sin parecer repetitiva???... Hummm... uffff... ahhhh... ainsssss... que vivan esas mañanas tan completas!!!... jajaja...
    Chapó guapa, que me llevas donde quieres en cada lectura!!

    Montones de besinos!!

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  2. Caliente comos siempre,guapa. Había oido algo sobre Catalina la grande,mucha reina mucha reina....pero al final....xD
    Un beso guapa

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  3. Muy bueno. La idea del fetichismo (si yo te contara...) es grande y para escribir muchas paginas... y bien calientes.

    A tus PIES

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  4. Muchas gracias.
    Al final, de arriba o de abajo, todos tenemos los mismos vicios: Un@s los llevamos a cabo y otr@s, no. Un@s a lo grande y otr@s hemos de conformarnos con algo más factible.
    Besos de Pecado.

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  5. Buffff que calor hace hoy, y que calor después de leerte.
    Yo tengo mi propio fetichismo, pero schhh, es un secretito.
    Besos!

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  6. Uf, que placer de lectura, que bueno sabe el cafe con esa bolleria :p
    un beso :-)))

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  7. VAYA CON LA KATA,,,, JEJEJEJEJE,,, SE LA CARGÓ UN CABALLO, JEJEJEJE,,,,
    PERO ESA HISTORIA HA HECHO QUE SE ANIMARA LA MAÑANA, :P
    UN BESAZO PURAMENTEINFIEL!!!

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  8. Real polvo y polvo muy real
    anda que ya me vale venir aqui hoy
    besos grandes srta !!

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    1. ¡Hoy se ha elevado la temperatura de un modo que me ha sorprendido! Veo que no soy la única que andaba con calenturas hoy.
      Besos de Pecado.

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  9. História fetichista.... llena de erotismo....
    Y cu´wntame... hubo una segunda vez???

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  10. Peque, aquí puede pasar de todo o de nada... El Pecado es tan previsible como inesperado. Pero, vamos, no se suelen conformar con poco.
    Besos de Pecado.

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  11. Maravilloso arte culinario! Tus letras saben…se saborean desde el paladar, hasta cada poro de la piel…

    Un placer degustarte! ;-)

    Feliz y caluroso sábado…Muacksss!

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    1. Me alegra que te gusten estas degustaciones, valga la redundancia, y te deje tan buen sabor de boca. Besos de Pecado.

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  12. Por fin he llegado. Para leerte hay que venir con ganas de tener ganas. Y desde luego me ha encantado.
    Yo de Catalina no sabía nada, aunque te digo que si eres reina... al menos que te hagan sentir como tal, jajaja.

    Me gusta mucho Nacho (prefiero a Lucas, pero eso ya son detallitos) y me ha encantado la historia.

    Un beso enorme :)

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  13. Mucha reina era ella, es cierto.
    Lucas tiene un encanto especial, la verdad. A mí me gusta mucho. En el fondo no es muy diferente de Nacho. Sí, solo pequeños detalles que tienen que ver más con el vínculo que les une que con otra cosa. Lo cierto es que cada hombre tiene su aquél y su personalidad. Yo no sabría decantarme por uno... por eso me quedo con todos... :-), al menos con los fijos. Aquellos más esporádicos, bueno... fruto del momento y que aportan grandes experiencias.
    Besos de Pecado.

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  14. Waaooo..ke palabras..nadie se duerme pensando toda la noche en ellas..bellas .si aprendemos a interpretarlas le encontraremos un util uso a esta lectura.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.