Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

jueves, 23 de octubre de 2014

El Sueño del Diablo...

El exceso de comida y, sobre todo, de vino, removía las entrañas de aquel hombre que, además, hechizado por las contorsiones y miradas de la muchacha, veía pasar ante sus ojos la sonrisa del Pecado.
Su hombría, perdida tanto tiempo bajo la sombra de sus hábitos, parecía despertarse y vengarse de aquel olvido. Sus pensamientos célibes se enfrentaban contra los pensamientos de un hombre normal, y en su calvario, parecía alejarse de Dios y cercarse al Diablo.
Apuró otro sorbo de vino, el que dejaba vacío su vaso y llenaba su estómago. Aquella vieja de la marmita se encargaba de que no se vieran los posos.
Para sacar los demonios del frío, le decía cada vez que se lo llenaba. La mujer le repugnaba: sin dientes, aunque parecía adivinarse uno partido y ennegrecido en la encía superior; unos pelos canosos que parecían un nido de picarazas; un rostro ajado más por la vida que por los años, y unos ojos tan hundidos y lacios que parecían cuencas vacías. Aquella incipiente catarata le daba un aspecto todavía más espantoso. Aquellas uñas largas y con más mierda que en el palo de un gallinero, tan ennegrecidas como los extraños harapos que vestían su esquelético cuerpo, escarbaban en otros cuencos en busca de algo que echar el puchero.

De vez en cuando, el rítmico sonido del maniobrar en la marmita –a saber Dios qué potaje o brebaje andaría guisoteando- se interrumpía con el regurgitar áspero de su garganta y un asqueroso y espeso esputo se estrellaba contra el suelo, sin que eso la despistara de su faena.



Al pobre fraile se le revolvían las tripas pero era mejor todo aquello que pasar al sereno aquella espantosa noche llena de niebla, frío y alimañas. El frío y el cansancio ya le habían hecho tener visiones inquietantes y extrañas. y la sensación de que sus pasos se veían acompañados por otros ajenos. Había sido ya una locura atravesar el bosque. Aquéllo era ya un vago recuerdo. La danza, aquel soniquete y la mística y hechicera joven le tenían más atrapado. Se preguntaba, a duras penas, si no sería en realidad otra vieja desdentada a la que ascendía en diosa gracias al abuso del vino. El solo recuerdo de la soledad allá afuera le producía escalofríos.
Un nuevo trago le rasgó el gaznate y cayó al fondo, elevando un ardor desconocido en sus entrañas. Cuando su mirada se estrelló de nuevo contra los enigmáticos ojos turquesa de la muchacha, volvió a debatirse entre sus deseos más oscuros.



La danza tenía un ritmo hipnótico, de palos de madera, de huesos de animal y cáscaras de caracoles, de golpes sobre piel de cabra curtida… Y el vaso de barro llegó de nuevo a sus manos. Probó una vez más el contenido. No sabía si era por los tragos en demasía, por lo extraña de la situación o por que a ratos se olvidaba de quién era y de su propósito, pero cada trago pasaba mejor y sabía más embriagador, como embriagadora era la joven que se contoneaba ante sus ojos, convertida en una mujer vestal que le tenía deslumbrado. Las llamas del fuego parecían dibujar  serpientes que se enroscaban como cuerdas de esparto alrededor de su cuerpoÉl, un hombre de Dios, dado a los vivos y, en ocasiones, también a los muertos, se estaba viendo abocado al camino de la perdición de un modo totalmente irremediable, de un modo que no podía controlar.
De la garganta del fraile salían, balbuceantes, rezos y plegarias y mil y un perdones, maldiciones y reniegos y, como si dos fuerzas contrarías tiraran de él, se debatía entre la lujuria y la morigeración.
Sin un cómo ni un por qué explicables  y lógicos para su sacralizada mente, llevó una de sus manos a su entrepierna. Allí, su sexo se había enervado y tomado un tamaño considerable. Su mano empezó a moverse sobre su miembro como si estuviera majando, desde la base y hacia la punta descapullada. Aquel maldito vino, aquella maldita mujer y a saber qué más hazañas maliciosas le estaban llevando al límite, a un límite inexplorado.

La joven, de frondosos cabellos rojizos, cuál Salomé, de pronunciadas curvas y de unos generosos pechos, se acercaba hasta él reptando como la mismísima serpiente del Pecado, como si la repudiada Lilith se hubiera reencarnado en ella para vengarse de la palabra de Dios. Incitadora, sacrílega y descarada, amparada por las rojizas llamas de la fogata, anulaba la realidad del pobre fraile, dado a oraciones y buenas obras, a sacrificios de austeridad y celibato, y le llevaba, inevitablemente,  al ineludible destino del peor de los pecados: la lujuria.

Y cuando aquella hembra venida a salvaje e incontrolable, demonio de carne y huesos, se postró ante él y hurgó bajo su vasto hábito en busca del virgen miembro del cenobita, éste sintió como si todo el fuego del infierno ardiera dentro de él y todos los demonios, mayores y menores, saltaran sobre su pecho. Aquello era infame, inmoral, depravado e indigno. Era el pecado, la lujuria, el oprobio, pero qué dulce y seductivo resultaba el Pecado, y qué extraordinario su disfrute. Más cuando la duda y el reniego duraron apenas unos instantes, el tiempo justo para descubrir las curvas y los espléndidos pechos de aquella joven venida a sacerdotisa de alguna extraña paganidad. Embriagado y seducido, mientras la mujer bañaba en vino su erecta polla, empezó a acariciarla, a perder la vergüenza que en otro momento sería insalvable, a tocar aquellos senos que apenas cabían en sus manos, a retirar aquel cabello, fiel reflejo de su brujería. Y, tal vez, por primera y única vez en su vida se sintió dueño y señor para abalanzarse al légamo del placer.

Risas, cantos inteligibles y danzas se movían a su alrededor, inconsciente de su bajeza y sereno de su gozo, se dejó cabalgar por aquella mujer. Sentía en carne viva el exceso de su sexo y sus manos intentaban alcanzar cualquier porción de piel femenina, como si así bendijera aquella falta.
A cada instante se sentía más vivo y, al mismo tiempo, pedía perdón a Dios pero no podía menos que bendecir aquella creación. Aquella hembra, hija del mismísimo demonio o el más bello de los ángeles que montaba a horcajadas sobre él, empezó a ascender en su cabalgada hasta dejar su sexo, mojado, abierto y sin vello, como si fuera virginal, amparado sobre su cara. Aspiró la intensidad del olor a hembra, del olor del sexo… Nunca antes había tenido tan cerca el Pecado. Levantó el rostro con desesperación, para beber e impregnarse de aquellos jugos. Sacó la lengua. La joven se movía en balanceos hacia delante y hacia atrás dejando que el músculo del hombre la hiciera gozar hasta perderse. Aquellos aspavientos y gritos, aquellos gemidos y jadeos, eran como un cántico  hechizador que le convulsionaba y le hacía pronunciar el nombre de Dios en vano.
Su miembro, vertical y firme, era trabajado por la boca de alguien. El dance de la joven le impedía averiguarlo. Daba igual si era la vieja desdentada o no, pero el placer que sentía con aquellas chupadas y aquellas maniobras húmedas y angostas, le estaba permitiendo conocer el paraíso, abrir la puerta a los placeres más terrenales. Daba igual que su alma estuviera en peligro de muerte. Ya no era dueño de ella.

El fraile sintió como todo su interior parecía explosionar, como si un chorro de fuerza caliente lo reventara por dentro y saliera en la boca de aquella otra, mientras sobre su rostro sentía el líquido elemento del orgasmo de la mujer que le había hecho cometer aquel santo error, embebiéndose de aquel éxtasis.  Como si todos, ángeles y demonios, se concentraran en lucha en el mismo lugar, se llenó de sensaciones, convulsiones y placeres que jamás había sentido o percibido, llenándole cuerpo y alma.  Una mixtura de sentidos y conmociones se mezclaba en su espíritu, dejándole castigado en aquella benignidad que quemaba sus labios.

Cuando abrió los ojos, la vieja seguía dándole a la marmita y la salomé de cabellos de fuego atusaba con una gruesa rama la hoguera. ¿Qué había sucedido? Su hábito estaba tan lleno de broza y barro como lo había estado antes y bajo la hosquedad  de la tela su miembro estaba flácido, pero le perturbó aquella sustancia que le salpicaba su vello púbico. Levantó la vista para buscar a la joven. Por encima de las llamas y de las chispas ella le sonrió inocente.

17 comentarios:

  1. Menudo pecado y menuda bendición, me dejaste sin palabras
    un relato que no le faltaron detalles, ambientandonos en ese mismo momento y lugar...

    el fraile gozó del placer de aquel angel a la vez demonio
    aunque entre sus labios desapareciera la esencia, quedando el recuerdo
    y el delirio de una fuente inagotable de placer.

    La imagenes me encantaron, la ultima la tengo creo en blanco y negro
    lo plasma todo :)

    Besitos dulces para tu dia

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  2. Es posible que la tengas. Supongo que más o menos todos usamos fuentes de origen similares. Y sí, lo dice si no todo, casi todo. Sé que hoy recibiré todos los beneplácitos de los dioses del Infierno y del Inframundo porque he hecho pecar con alevosía y nocturnidad... La premeditación va implícita en el Hombre.
    Besos de Pecado.

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    1. jajaja ese pecado tiene perdon seguro, quien se negaria a tal placer ...

      Besitos niña , estar en tu blog es como tomarse un cafe
      en buena compañia

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  3. Pues aunque no sea yo ningún dios del Infierno ni del Inframundo, cuente también con mi agradecimiento y mi beneplácito por tan maravillosa historia, digna de un cuento de Allan Poe.

    Siempre he pensado que hay que tener cuidado con las mujeres, y más con las de cara inocente, pues toda mujer lleva en su interior una bruja, entendido como una mujer con magia, y el deseo de vengar a Lilith, la repudiada por no someterse a los designios de su Dios y no haberse convertido en una sumisa Eva. Y si no le es posible vengarse en el mismo Dios, al menos lo hace quebrantando la voluntad de sus emisarios en la tierra que, desde mi punto de vista, poco pueden hacer por no caer en el pecado, pues no hay fe humana ni divina que sea capaz de resistirse a los encantos de una hembra decidida y lujuriosa.

    Así que, como decía el gran Oscar Wilde, en casos así es mejor no resistirse, pues, la mejor manera de vencer a una tentación, es someterse a ella y de esa manera eliminarla...

    Gracias por tan maravillosa historia, lady PI. En pocas palabras ha conseguido crear el ambiente ideal y, leyéndola, me he imaginado estando allí, en una vieja cabaña en medio de un bosque galaico, rodeado de brujas y espíritus súcubos.

    Muy propio para las épocas a las que nos acercamos; y me refiero, por supuesto, a la noche mágica de Todos Los Santos, y no a ese invento moderno de Halloween con sus brujas de plástico y sus calabazas vacías.

    Besos desde la mansión y, si por casualidad va a volver esa entrañable cabaña, no se olvide de llevarme con usted :-)

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    1. Supongo que nos veremos... No sé si en esa cueva o en otra similar. No sé si con hábitos o con ellos... pero sí con hábito.
      Según nos han dicho, nuestros pecados están perdonados desde hace más de 2000 años. ¿Qué nos ha de preocupar?
      ¿Recuerda que le dije que me iba a pervertir? Esta es la prueba de que cada día sucumbo más a los delirios del Pecado.
      No soy partidaria de Halloween. Eso es un invento americano cuando aquí, nuestros ancestros, llevan celebrando la noche de Todos Santos de maneras muy mágicas.
      Besos de Pecado y gracias miles.

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  4. Lo que hacen el "hambre" y la "necesidad" y claro... el alcohol y el cansancio jejeje

    Aunque lo que más me ha atraído de tu historia es la contraposición de sensaciones: el escupitajo y la cara de inocencia, el frío que podría haber sentido y el calor del "combate", lo desdentada y la mamada... Es decir... de un lado para otro ha ido mi cabeza formando mil imágenes en la mente,

    Me ha encantado. Esperemos a ver qué dicen los "dioses" xD

    Kiss.

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    1. Me gustan mucho las contradicciones que aparentemente parecen eso, contrarias, cuando en realidad es un sumo de lo mismo. No hay noche sin día, no hay oscuridad sin luz... Todas esas cosas que son necesariamente complementarias.
      Los dioses no sé qué dirán... Hace días que no me dejan acercarme al gran caldero.
      Besos de Pecado.

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  5. rico leerte...
    interesante,
    intensa,
    contradictoria...
    codicia entre dioses, inimahinable y eterna ambiguedad, del bien... y el delicioso mal...
    gracias por compartir... saludos!!!

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    1. Spoon! Qué alegría verte por esta casa.
      El Pecado es así: puro vicio, pura codicia... No hay perdón de Dios.
      Besos de Pecado.

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  6. Excelente relato
    No es común encontrar tal calidad narrativa
    Un beso grande

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    1. Alejandro que me digas eso supone para mí mucho pero creo que no es para tanto. Vale, escribo bien pero... como pongas las expectativas tan alta seguro que te defraudo algún día.
      Mil gracias.
      Besos de Pecado.

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  7. En ocasiones es imposible no caer en la tentación.

    Me ha encantado el relato, enhorabuena y disculpa lo que he tardado en visitarte.

    Besos.

    Lunna.

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  8. Hola, Lunna. No te apures por llegar o no llegar. Tenemos muchas obligaciones y no podemos seguir a todo el mundo como quisiéramos. A mí me pasa igual, así que no hay nada que disculpar. Bienvenida siempre, cuando puedas y cuando quieras.
    Y me alegra que te haya gustado este relato corto. Y sí, las tentaciones están para caer. Es lo que nos hace más humanos.
    Besos de Pecado.

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  9. Uf, cómo voy a dejar de leerte siempre que encuentro un hueco... consigues remover lo más profundo.
    Me ha encantado el ritmo, y me has envuelto en la bruma hechizante del humo de esa hoguera, la humedad de la saliva y el destello del orgasmo.

    Un beso guapa :)

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    1. ¡Cómo agradezco cada segundo que sacas de tu tiempo para invertirlo en mí!
      Sabes que tu presencia me halaga en esta casa.
      Besos de Pecado.

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  10. Muy buen relato, me has recordado algún libro de esos que son imprescindibles, motivadores y porque no turbadores a más no poder, tal vez por el ambiente y los personajes del tuyo..
    ahora me sonrío a buenas horas se me ocurre leerte jaja
    un beso !!

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    1. La verdad es que mientras iba escribiendo sobre la marcha de irme imaginando cada escena y el paisaje en el que se desenvolvía pensé casi lo mismo que tú. Parecía uno de esos libros de conjuras, de monasterios, de tramas extrañas donde mundos opuestos se encuentran en el mismo camino.
      Espero que no tengas pesadillas o que un monje se te presente en la noche ésta.
      Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.