Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

jueves, 27 de noviembre de 2014

"Fucking" llamada...

Decidí llamar a Nuria para tomar algo a media mañana, aprovechando el tiempo que tiene para desayunar. No tenía pretensión alguna de vez a Pablo -el trabajo de ella y los Juzgados quedan cercanos-. Supongo que ha encontrado lo que buscaba porque no sé nada de él desde hace tiempo. Tampoco yo he hecho por ello demasiado. Con Leo ya ni me molestaba. Pasaban los días y eran eso, solo días, miles de excusas intercaladas con cientos de mensajes que ya no me aportaban nada. Sí, me fastidia reconocer que aquella efusión de los primeros días se está desvaneciendo. Los "bi" seguían por ahí y no me apetecía un polvo de esos. Lucas, Lucas necesita tiempo aunque sí, le gustan los aquí te pillo, aquí te follo... Y me ha pedido ya varias veces quedar para celebrar mi cumpleaños a solas y darme la sorpresa que me tiene reservada.
El sabor y aroma del placer reside en la variedad.

El resto de la mañana pasó con más pena que gloria y me comporté como una buena ama de casa hasta después de comer, cuando decidí que sí, que me iba con Lucas a tomar un café. Tenía más que tiempo hasta que se tuviera que regresar para arreglarme y salir con Nuria.
Supongo que a él también le vendría bien el hablar un rato después de una reunión con Marina y los abogados, así que me acerqué hasta el centro. Quedar fuera de casa haría que me lo tuviese que currar un poco más. Dí por hecho que no se trataba de una fucking llamada por su parte, aunque con lo caliente que andaba tampoco me importaba en realidad.

La primera vez que me acosté con Lucas fue después de un almuerzo, después de un té y la follada fue de impresión. ¿Por qué no repetir los buenos momentos a pesar de las veces que me digo que no?
Yo iba a lo que iba: a tirármelo. Me apetecía y punto. En la ducha que me había dado ya me había calentado lo suficiente y estaba cardiaca perdida. Quería una polla y la de él era perfecta.
Veía que el tiempo me apremiaba conforme las ganas me crecían. Hacía ya unas semanas que no coincidíamos y, entre unas cosas y otras, lo estaba mirando con otros ojos. Y él se dio cuenta.

- Me estás comiendo con los ojos o son imaginaciones mías –entonó.
- Tú qué crees.
- ¿Sinceramente? –asentí con la cabeza. Echó el cuerpo hacia mí y su cara muy cerca de la mía para dejar su boca a la altura de mi oído-. Te follaría ahora mismo hasta que gritarás basta.
- Eso me suena –ironicé.

Así que me levanté, segura de mi victoria. No había que andarse con tonterías a esa altura de la película. No había que seducirle. No era necesario así que, directos hacia su casa. Apenas entramos en el ascensor, me abalancé sobre él. ¿Poner resistencia? Ni poca ni nada.
Mi mano fue directa a su paquete y mi boca, directa a la suya, bien abierta, con la lengua empujando la suya; comiéndomelo, comiéndonos con avaricia. Cogí su mano con fuerza y la llevé directamente entre mis piernas, para que palpara, para que se diera cuenta de cuán mojada me hallaba, y aquel miembro creciera más en mi mano a pesar de los pantalones. Me quedaba piso y medio para que el ascensor se parara en planta. Empujé a Lucas para coger impulso hacia atrás, tanto que casi por inercia reboté. Fui rápida y mis bragas quedaron en la mano como una ofrenda hacia él. Las tomó y las olió. Inspiró profundamente, quedándose con el aroma de ellas. Al pararse el ascensor y abrirse las puertas, las guardó en un bolsillo.

- ¡Estás loca!
- Y te me voy a follar… -le dije, dándome cuenta de que mis gestos eran, no solo provocadores sino también, embaucadores.

Cuando la puerta del piso se cerró, enfilé el pasillo en dirección a la habitación, dejando un sendero de ropa que él complementó con la suya. En otras situaciones, los preliminares podían ser necesarios pero no era éste el caso. Cuando llegué a la habitación solo me quedaban las medias. Mis manos se resbalaron por mis muslos llevándoselas consigo mientras Lucas se terminaba de quitar los pantalones y el bóxer, dejando ante mis ojos la maravilla de su polla en plena erección.
Desnudos los dos, dejé que se acercara hasta dónde yo quería tenerlo. Le empujé sobre la cama y él se dejó caer a peso, boca arriba. Sonrió. Si estaba pensando que me iba a convertir en esa sensual serpiente que reptaría húmeda sobre su piel hasta enroscarse en su cuerpo, estaba muy equivocado. Tal vez luego, sí. De entrada, no. Me convertí en una amazona que saltó sobre él, trincándole las muñecas para dejarle los brazos como arcos escoltando su cabeza. Meneé mi cabeza para retirar un poco mi melena y me incliné sobre él. Me humedecí los labios y le lamí los suyos, sin detenerme demasiado. Fue un lametazo lo suficientemente rápido como para que a él no le diera tiempo de rozar la suya con la mía. Su rostro se convirtió en el lienzo que humedecer antes de la gran obra: desde la nariz, pasando por las mejillas, los lóbulos de las orejas… la frente. Luego me deshice en esos besos quedos, secos, como que pellizcan la piel, mientras levantaba sus caderas y me llevaba en ese subir y bajar, impedido de cualquier otro gesto en el que no tuviera que rebelarse mientras, agradecido, mi clítoris se frotaba sobre su pene.
Me gusta cuando controlo el medio. También disfruto cuando me dominan pero en ese dominio en el que todavía puedo revolverme.

Apoyaba los talones en el colchón y levantaba las caderas, intentado meterse en mí, pero su lucha era en vano.

- ¡Clávatela! –mascullaba jadeante. Sonreí-. ¡No seas tan puta como para mortificarme así! ¡Sabes que te tengo ganas! ¡No me jodas tanto y fóllame de una vez o…!
- O, ¿qué? –le interrumpí-. ¿Sabré lo que es bueno? –continué para cogerle los pezones y pellizcárselos. Fue mi desliz y su castigo, y el preámbulo del mío. Agarró mis tetas y las estrujó. Me trabó las muñecas y me retiró los brazos sobre la espalda. Me miró. Inclinó la cabeza y volvió en busca de una de mis mamas. Su lengua se reveló contra mi pezón, mojándolo, azotándolo, atontándolo para después morderlo, para hacerme gemir, para dejarle vencido mi cuerpo, para entregarme y para dejar que siguiera en aquella cruzada en la que ambos mostrábamos nuestras armas.

Podía notar la humedad saliendo de mi coño. Sus ganas por metérmela.
Él buscando la entrada y yo impidiéndoselo a pesar de que mis fluidos favorecían todo lo contrario.
Mis manos se clavaron en sus hombros y las suyas recorrieron mi cuerpo hasta sujetar mis caderas y guiarme en esos movimientos en busca de la penetración. Por un momento lo logró. Sentí todo el empuje de su polla clavándose, abriéndose paso en mi lubricado sexo. Estaba mojadísima, pringadísima... Sé que podía sentir todo su pubis mojado por mí. Sonrió victorioso pero hay victorias que duran y otras que se desvanecen pronto. Dos clavadas, tres… e hice que su polla se saliera.

- ¡Joder! –exclamó y se contrarió cuando al intentar meterla de nuevo, no le dejé.

Y cuando mis gestos apoyaban su desencanto, empezó su despecho, su venganza. Tomó las riendas de la situación. Me apartó de él y me volteó sobre la cama, dejándome boca abajo; sentándose a horcajadas sobre mi cuerpo. Apretó mis muñecas contra el colchón, medio apoyó el resto de su cuerpo sobre mí  y me susurró al oído:

- ¿Dónde has dejado tu jodida chulería?

Luego, mordisqueó mi oreja. Después, la lamió.
Me apartó el pelo del cuello, dejando libre mi nuca y pasó su lengua. Lo hizo como si fuera uno de esos psicópatas de las películas, deleitándose en el gesto, infligiendo escarmiento ante quien no puede del todo moverse aunque yo tenía seguridad y tranquilidad. Pero no por ello dejé de sentir aquel latigazo que conmocionó mi cuerpo de pies a cabeza. Continuó su juego a lo largo de mi piel. Descendió por el cuello: lamiendo, mordiendo, besando; continuando por el centro de la espalda en esa misma deletérea combinación de gestos, llegando hasta el nacimiento de mi culo. Oprimió con cierta fuerza, como quien estruja una naranja para sacarle todo su jugo. Me separó las nalgas y sentí una ligera acometida de dolor cuando tensó aquella parte de mi piel tan cercana a mi ano. Gemí en protesta y apuré los sonidos cuando sus dedos, sin clemencia, palmotearon sobre mi mojado coño, como poniéndome en alerta.

Sentí sus piernas separando las mías, quedando en esa posición en la que uno manda y la otra se somete. Asió mis caderas, tiró de ellas y quedé arrodillada. Sentí sus besos, el toque suave de sus dientes arañando mi piel, sus dedos actuando como finos garfios, arrastrándola. Y, después, su lengua. Esa máquina de tortura que empezó a sembrar saliva buscando mi coño desde el ano. No podía protestar porque me gustaba, porque estaba tan caliente como una perra en celo, porque me sentía muy puta y quería que continuase así hasta que me perdiera en el orgasmo más brutal.


Un dedo antecedió a un segundo y éste, a un tercero dentro de mi vagina. Un cuarto se abrió paso entre mis labios y acabó haciendo círculos sobre mi clítoris. Me estaba volviendo loca. Sujetaba mis manos a las sábanas. Las arrugaba entre mis dedos, las mordía; escondía la cara en ellas las veces que no echaba la cabeza hacia atrás para ver cómo me trabajaba. Sus dedos entraban y salían de mi coño y  mi mundo, en ese instante era un caos. Un caos por no saber qué era lo que más placer me estaba produciendo: Si aquellos lametazos en el ano, si sus caricias en la vulva o si era el movimiento de sus dedos perforándome.
Escuchaba el chapoteo de su juego. Percibía la sensación de contener la salida inevitable de mis efluvios, las ganas de no quererme ir, de luchar contra la inexcusable llegada de un orgasmo… Mis dientes chirriaban unos contra otros, aguantando, suplicando que mi suplicio finalizara y empezara a follarme como un desalmado.

Sí. Creo que le grité que lo hiciera. Levantaba mis caderas, le ofrecía más si cabía mi sexo; empujaba hacia él, insistentemente… Sí, se estaba ganando mi sumisión. Se puso en pie.  Sacó lubricante de un cajón y un par de preservativos, creo. Tiró de mí para colocarme más cerca del borde de la cama. Palmoteó mis glúteos. Pasó la mano por mi coño, y con ese mismo líquido que los impregnaba y un chorretón de gel, empezó a masajearme mientras su polla se iba introduciendo poco a poco, casi al tiempo que sus dedos lo hacían por mi ano.
Estaba tan mojada, tan caliente, tan cachonda que dudé. Dudé si me estaba metiendo dedos o polla hasta que, en un momento dado, grité. Supe que me estaba follando el culo con su verga. Su dureza, su groso…, el movimiento de su cuerpo en las embestidas…

- ¿Estás bien?

No del todo. No estaba bien del todo. Hacía días que no me la habían metido por detrás y parecía siempre como una primera vez, pero yo quería que no parase así que, apreté los dientes, me clavé las uñas, dije que siguiera y empujé fuerte hacia él. Su polla me atravesó entera. Contuve el aliento, y Lucas empezó a retroceder y a avanzar, despacio, sin prisa, introduciendo sus dedos en mi coño para distraerme de aquellas punzadas de dolor hasta que mi carne cedió y, entonces, todo fue dado.
Sus clavadas parecían más ligeras y su respiración más acelerada. Sus golpes secos al final de cada incursión me gustaban. Jadeaba, gemía…, escondía mis gritos de complacencia entre mis dientes.
Un par de movimientos rápidos, unos segundos de vacío y su polla suplantó a sus dedos con la fuerza de un florete… Y, sin apenas tiempo a reaccionar, me fui en aquel orgasmo que expresé con aquella corrida y con aquel grito que hasta a mí me sorprendió. Y siguió balanceándose hasta que le pasó a él y, en tanto yo seguía corriéndome, noté la quemazón de su leche al final de la espalda y luego el roce de su pene extendiéndolo.
Sí, tremendo polvazo el de esa tarde. Se había asegurado otro, aunque no sepa cuándo va a ser. Ya le buscaré para repetir.
¿Y si sorpresa?
Una preciosa joya: Un anillo con pedrusco de forma ovalada que no pude aceptar. Una pena porque era realmente bonito. Tal vez un poco ostentoso. No podía presentarme en casa con un objeto como aquél, ni poniendo la excusa de que me lo había comprado yo por gusto porque Nacho sabe que no lo haría.

- Le diré a Nacho que lo tenía guardado desde hace tiempo para regalárselo a Marina por si servía de algo, que dejé pasar mucho para poder devolverlo y que es una pena que esté guardado en un cajón.

Tres días más tarde tenía el anillo en mi dedo.

7 comentarios:

  1. Un relato cargado de detalles e intensidad,
    ganandose la sumision con el regalo del placer llenándolo todo.

    me ha encantado la tercera imagen

    Besos dulces y feliz dia

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  2. Wawwwwwww luego me dirás q soy un "no se qué"... por mis imágenes. Anda que tú con esos textos... ardientes

    A tus PIES

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  3. Me encanta Lucas. Me gusta esa mezcla de tarnura y dureza. Esa dulzura inherente al personaje.

    Me ha encantado la historia.

    Besos

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  4. Ay carajo!!!
    Entre tus descripciones y las imágenes... y encima con regalito y to!!! yo es que no sé....
    Yo me voy de viaje unos días para no pensar (recordar) en las "cositas" (qué tierna yo jajajajajajajaja!!!!!!) que hacía con mi ex, y juerrrrr! mira lo que me vengo a encontrar... de nuevo!! jajajjajaa!!!

    Booty call!!!!!

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  5. Maravillosamente sexual. Atravido directo, con la cadencia justa y precisa en el texto. Sexo y sensualidad. (las fotos inmejorables.)

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  6. Vaya, menudo polvazo y encima con sorpresa!!!

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  7. Un relato con MAYUSCULAS.. me ha encantado, puro deseo palpitando tras cada palabra... ganas de ti, busqueda de tu esencia...
    Bss

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.