Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

martes, 29 de diciembre de 2015

¿Gato o ratón?

Te advertí... Y sabes que no miento.
Juegas conmigo al gato y al ratón, 
y pretendes marcar tus reglas,
pues gato es el que caza
más yo la que araña.
Ladrón o no,
con guantes blancos o negros,
Ya sabes cómo puedes acabar...

lunes, 21 de diciembre de 2015

¡Omnia bona precor!


Que el Pecado nos vista con sus siete  bendiciones y nos llene de orgías de felicidad.

Que el Pecado sea ese Amo y Señor que nos engendre las ganas de sentir, de vivir…,
de ilusionarnos, de perdonar, de recapacitar, 
de saber retirarnos con dignidad
y saber dar la vuelta sin mirar atrás...

Que el Pecado se convierta, también, en la Reina y Señora de nuestros deseos 
y en la paz de nuestra alma 
y de nuestro corazón.

Desde aquí, desde Mi Pecado, latiendo fuerte, con tacto, con pasión, con lujuria, con gula, con avaricia y algo más..., con todos los sentidos y sentimientos a flor de piel,


Feliz Navidad y Año Nuevo

Besos de Pecado





sábado, 12 de diciembre de 2015

Tierra Virgen...


Vestida con mi desnudez
y en plegaria silenciosa os aguardo, Mi Señor,
plena de entrega y deseo.
Hundidas mis rodillas en el suelo,
símbolo de mi reverencia a vos,
rectos los anclajes de mis hombros,
enervados mis senos para vos
y mis manos postradas sobre los velamen de mis muslos,
atiendo con fingida calma el enaltecimiento de vuestras órdenes
mas no hay tales sino silencio y,
desde la pleitesía de mi baja mirada,
como espuma sobre la arena,
señal de respeto merecido,
atisbo vuestros pies.

Como sierva vuestra me inclino a besar y agasajar
como solo vos alcanzáis.
Carne de Pecado soy
y dispuesta a complaceros estoy.     
Cuerpo entregado,
Mente consentida,
Alma dispuesta…
Y os hacéis Carne, Señor.
De las cumbres de vuestros mástiles,
entre las velas oscuras que os cubren,
emerge digno y erguido
gallardete que me señala.



Mi boca anhela ser tierra en la que penda,
se enarbole y bata,
desde mis bordes hasta mis adentros.
Y vuestras manos me dominan y dirigen,
prendidas en los arreboles de mis mejillas
y en las olas de mis cabellos,
hasta que mi tierra, húmeda, embebida y exhausta,
bendecida sea, honrada es,
por las blancas y espumosas aguas de  Vuestra  Gracia Plena.
Tuya soy, Mi Señor de las Aguas.
Tierra siempre virgen que a vos se entrega sufrida.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Dos vestales a Sus Pies...

Sierpes vestales que a Sus Pies acuden
pues Él, Su Señor es,
Dios Todo Poderoso que en ellas engendra la dicha de servirle.
La una está bendecida de Pecado;
la otra tiene la Virtud que la vanagloria;
dos hembras tentadas y usurpadas de su voluntad,
bautizadas con la pureza de Su Savia, de Su Guía.
La primera todo lo ve, todo lo controla.
La segunda todo lo siente, todo lo expresa.


Y en Santa Trinidad,
quien TODO lo sabe,
quien TODO lo dice,
quien TODO para Él es,
 somete, inquiere,
impone, doblega y ordena...
con su mirada, con su silencio,
a sus siervas silentes, esclavas sometidas y subyugadas
que honradas se sienten de sus embestidas y arrojos,
rindiendo gozo y obediencia a Su Cabeza que inhiesta se eleva.

Con la furia de Su Sangre,
con el coraje del Idolatrado
 a Sus Pies las tiene venerándolo,
sedientas de Su Maná, postradas a su llegada,
maldicen y blasfeman con sus lenguas, y Él,
 lava candente sobre ellas derrama
bramando lluvia de tempestades que las azotan,
llenando sus bocas, quemándolas, bendiciéndolas...


Y, en santa comunión, toman de Su Cuerpo
la hostia líquida en Su Nombre, Su Señor.

Son esas dos sierpes tentadas,
dos serpientes del pecado glorificadas bajo Su Mando
y usurpadas de su voluntad con el deseo de Él, Señor Suyo.
estremecido en seducidas, domadas y violadas carnes.
Y es Él, Dios enaltecido de aviesas y perversas bondades,
quien se erige sobre sus cabezas
mientras ellas, hembras dominadas, fieles siervas de Su Señor,
loan, aclaman y ensalzan Su Voluntad.
Bienaventuradas sean ambas en la dicha de ser Suyas
y dignas las hace cuando a Sus Pies yacen en la plegaría de complacerle.
Amén.

martes, 17 de noviembre de 2015

A Ti, Nuestro Señor...

Ante Ti, de rodillas, Mi Amo y Señor,
marcada Tu Diosa como Tu más Fiel Sierva,
a tu siempre esclava voluntad,
prisionera del deseo de tus dominios,
obediente de tus más lujuriosas perversiones,
que me llevan al delirio del placer.
María

Aquí me tienes, digna de Tu Voluntad,
Mi Señor eres y a Ti me debo pues tuyas son
las marcas tatuadas en mis entrañas;
atada estoy a tus deseos, desatada de mis dominios;
desnuda en vergüenzas, perdidas las incertidumbres.
Tuya soy y en tu placer está mi gozo.
Mis límites son tus límites.
Yo

Me muestras a Tu Reina y Señora,
Dueña de tus deseos más fervientes,
incitándome a las más lascivas perversidades,
castigándome a la voluntad de tus deseos,
sometiéndome al dominio infernal del pecado,
y desde Ti descubrir el placer lésbico desconocido.

Soy yo, quien de tu silencio comprendo el juego
de hacernos nuestras pensando en Ti
Soy yo, quién del modo más impúdico,
asciende desde sus pies hasta su vientre 
arrastrando mi lengua en busca de sus aromas y jugos,
de esos que impregnen mi boca... 

Agitación acelerada de mis sentidos 
al escuchar tus ardientes palabras, Mi Señor,
contemplando ante las pupilas de mis ojos 
la auténtica belleza de Tu Sierva Reina,
desnuda, vendada y atada para ser usada por mí,
con húmeda ansiedad arranco sus botones,
dejando al descubierto la voluptuosidad de sus pechos erectos,
succiono de ellos hasta la saciedad de tu voluntad,
lamo con apetito sus labios, bebo a sorbos sus jugos,
con mis dedos penetro su cielo infernal,
arrancándola el placer entre gemidos,
mientras a gritos me pide: 
¡¡¡dame más!!! ¡¡más!!! ¡¡quiero más!!! 

Paciente aguardo mi momento entre los jadeos y gemidos,
y en los "más" que pido se esconde el fuego
ese que desvelará la dulce venganza de mi deseos,
más Reina y Señora soy, más no sierva de mujer.
Pero de Ti, Maestro, he aprendido de las perversiones y las paciencias,
y en mí has sabido despertar tacto y fusta, rueda y látigos,
pues sí soy acólita de tus designios y de tus enseñanzas.

Pruebo de los dedos de tu esclava los jugos de mi propio placer
y de ellos me embebo como el veneno que resucita a la serpiente.
Siento en las erectas atalayas de mis senos
la presión de sus labios.
Goza, gime y se excita la sierva mas ahora es su tiempo,
luego, al mío se someterá.

Y mientras nos observas sentado, Tú, Mi Señor, 
excitado al ver nuestros placeres más perversos,
ella más me implora, yo más la doy, más gimo,
y más inyecto en ella la lujuria que hay en mí,
toda la que Tú, Mi Señor, me provocas,
mientras de rodillas me inclino hacia Ti,
 te acercas adentrándote en mí alma de Diosa, 
a probar las mieles de mis labios desbordadas,
saboreando tu lengua hasta la última de mis gotas,
apartándote al suplicarte de rodillas Tu Reina y Señora,
la penetres con fuerza por detrás, 
embestida tras embestida, azote tras azote,
entrando y saliendo, saliendo y entrando,
gimiendo y jadeando exaltada entre alaridos y lágrimas,
profundamente enloquecida de placer por Tu Falo,
y yo de rodillas ante Ti, Mi Señor,
esperando la comunión de vuestra consumación,
pruebo de Tu Empuñadura vuestras mieles, 
con mi boca ardiente de Diosa,
hasta ser gemido en mi garganta.

Cohabitadas todas tus ganas en mí,
aún cuando jadeo y entre mis piernas discurre Tu Savia,
ese beso que me otorgas en la frente con tu hálito exaltado,
bendice mi entrega a Ti y, en respeto y humildad,
con gracia dada,  mi boca los pies te besa en pleitesía, Mi Señor.

Y mientras ella observa, deseosa de tu posesión,
erigida digna mi cabeza y mi mirada en la tuya,
Tú me otorgas los derechos sobre ella.
Santas y Maestras Tus Palabras, Mi Señor:
“Tú eres la Reina y Señora, doblégala para mí.
Ahora, ella a ti te debe obediencia…
Compláceme, Mi Sierva.”
Y en mi mano entregas la fusta de castigo,
dándote las gracias por ello.
Diestra mi mano, perversa mi mente,
consentida soy.


Entregada Tu Diosa a Ti, Mi Señor Amo, 
Tu Más Dócil y Dulce Sierva, 
Esclava de tus más perversos placeres,
en ella me entrego por Ti, Mi Señor, 
en alma, cuerpo, mente, piel, y latido,
complaciéndote hasta mi último aliento, 
para ser usada a tu antojo y capricho,
dominada por ella para satisfacer tus deseos,
en esta lujuria que me desgobierna
y me desata de inmenso placer;
a ella me entrego en obediencia por Ti, Mi Amo,
Todo y Más por Ti, Mi Dueño y Señor,
esperando de ella la fusta de castigo,
siendo para mí la del gozo consentido.

 
Y tú, su sometida, te inclinas sobre la mesa
 con la sola orden de mi mirada.
No necesitas Su Aprobación.
Nuestro Señor te ata cómo solo Él sabe, cómo Él desea.
Cuerdas que te amarran, que acrecentarán tu obediencia.
A tu postrera me sitúo y
la fusta vuela en el aire pero solo acaricia tu piel,
Suave, calmada, precisa… se desliza sobre ella,
y Nuestro Señor, de pie ante tu cuerpo, nos observa.
La fusta baila en el aire, silba la melodía que alaba tu piel
y se estrella kamikaze sobre tu cuerpo.
Te estremeces y sin compasión,
pero como me ha enseñado Él,
te rozo la piel una y otra vez
hasta que tus lágrimas desbordan tus ojos
y tu piel reclama benevolencia…
Y la obtiene cuando Él, Tu Señor y el Mío,
se acerca y eleva tu rostro.
Te ordena y abres la boca
para sentir en ella la mordaza que se anuda a tu nuca
y ahoga tus gemidos.
Seguro Él, se acerca hasta mí, dejándome a Su Diestra.
Palmotea tu carne enrojecida y te contraes,
antes de sentir la embestida salvaje de su hombría,
de su dote…  abriéndote las carnes
Y reclama mi atención.
Clava su mirada en mí…
Y en mi frente y en mis labios recibo la bendición de su boca.

Y yo, Tu Sierva, entregada adorándote y rendida, 
a Ti, Mi Señor, en esta ferviente placentera agonía,
profundamente sintiéndote gozarme glorioso, 
eyaculas tus aguas benditas encima de mis nalgas, 
bautizando mi piel sedosa de Diosa, 
sellando en ellas, con tus labios, Tu Nombre.


María Perlada   Lady PI, Mag
Podéis ver  la otra versión en la
Casa Perlada de María, 



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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.