Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

sábado, 31 de enero de 2015

Bar Nicossiah... (I)

Estaba cansada de leer. Las últimas páginas habían pasado casi solas, sin enterarme de nada. Había hablado un rato antes con Nacho y me sentí algo vacía sin él. Así que me puse aquel CD que me había dado Nico, el dueño del pub "Nicossiah". Es un local de esos muy de moda en los últimos tiempos, uno de esos inspirados en algún tema. Éste era muy bonito y con mucho estilo a mi simple modo de ver.
Era todavía media noche y me sobresaltó que sonara de nuevo el móvil. Era María, una de aquellas universitarias (¡Bendita juventud!, que decía aquél), del bloque de al lado, con las que he congeniado bastante bien, para invitarme a tomar algo a pesar del horario. Dudé unos segundos y estuve a punto de rechazar la invitación, pero me arreglé y, con decisión, me lancé a la calle camino del pub. Llamé a Nacho para anunciarle mi salida. Si le daba por llamarme y  no le respondía... podría "preocuparse"·.

Hacía frío. El invierno había tardado en llegar pero cuando se decidió a hacerlo, había pisado con fuerza. Cuando entré, agradecí el calor aunque enseguida empezó esa sensación de agobio en la que sobra todo.

He ido un par de veces por ahí, pero a esas horas en las que parece que nadie tiene casa o no quiere llegar a ella. Mi madre siempre dice que queda suelto lo mejorcito de cada casa. No iba a ser yo menos. Lo cierto es que siempre estamos cuatro gatos y acaso el de la guitarra que va a su aire. 

- ¡Pídete algo! -me dijo María antes de llegar a la mesa. Me hice un hueco en la barra y esperé a que alguien me viera. Iba a venir una de las camareras pero mientras ella servía una caña, él se adelantó. Se acercó sonriendo y correspondí.
- ¡Hola, guapa!
- Hola -le respondí. Me sorprendió al auparse sobre la barra para llegar a darme dos besos y un poco de conversación antes de preguntarme qué deseaba tomar.

El tiempo pasó volando y al cabo de unas horas, mientras mis acompañantes resolvieron dejar el local por algo más ambientado, yo decidí quedarme. ¿Razones? Aparentemente, ninguna.

Nico es un buen tipo y se peina como lo hacía Elvis Presley, repeinado y con ese tupé rebelde de sus años mozos, aunque Nico tiene el pelo más indisciplinado sobre la frente y se le despeina con más facilidad, dándole un toque muy sexy. Incluso diría que le da un aire. Sí, Nico bien merece un par de polvos, pero no entraba en mis planes esa noche. Sí, es un hombre acostumbrado a que las chicas puedan hacerse algo perseverantes en sus actitudes hacia él. Ahora el papel se podía intercambiar pero yo no soy la muesca de nadie.

- Voy a ir dando las luces para que estos cuatro petardos se vayan ya -me dijo-. Y luego, si te apetece, nos vamos.
- Creo que debería irme ya. Es tarde.
- No te espera nadie en casa. Me has dicho que tu marido está fuera hoy, así que... ¿por qué no quedarte un rato más? Solo son las cinco menos cuarto. Te invito a un bonito amanecer y a un buen desayuno... No puedes rechazar la proposición.
- Voy a pensarlo.
- ¡Luis, vamos a ir cerrando ya!
- ¡Vale!

Las luces se hicieron y la música se apagó. Los cuatro clientes que quedaban se fueron marchando y los que decidieron entrar, al ver aquéllas dadas, se dieron la vuelta, amén de que tanto Nico como su socio les iban dando carrete.
Me sentí incómoda al quedarme a solas con ellos dos y tres camareras, observando cómo recogían. No hablaba. Me mantenía al margen mientras ellos iban haciendo. 
Al cabo de una media hora, después de hacer la caja, Nico desapareció hacia el almacén, regresando poco después mientras se ponía la trenca negra.

- Ya nos podemos ir -me dijo, sonriéndome al llegar a mi altura.
- ¿Habéis terminado?
- Queda ya poco. Luis cerrará. Mañana será otro día.

Nos despedimos y salimos a la calle. La niebla lo cubría todo de repente y la bofetada de frío hizo que mis dientes empezaran a castañetear irremediablemente. Cuanto más intentaba controlar ese movimiento, más sonaban. Nico se subió la cremallera de su ropa de abrigo y se ajustó bien la zona del cuello.
Instintivamente, o no, Nico me tomó por encima de los hombros para darme calor mientras seguí caminando, siguiendo sus pasos. Subimos a su coche y nos dirigimos a otro local. Al llegar, me dí cuenta de que estaba medio vacío, que no había música pero abierto aunque tan solo fuera para ese grupo de amigos que, como imaginé y después confirmé, se reunían después del trabajo a tomar un par de copas y dar bienvenida a la mañana.
Lo cierto es que me recordó a algo vivido con un exnovio que también fue camarero. Cuando me recogí en casa después de salir del trabajo, era eso lo que hacíamos. Luego un polvete y para casa. ¿Era eso lo que me esperaba esa noche? Espero que follase bien, entonces.

Me presentó a unos cuantos amigos suyos y nos quedamos en aquel rincón a charlar de nuestras cosas.
Me perdí en la oscuridad de su mirada, en la curva de su sonrisa..., en sus carcajadas..., cuando tontamente me cogía de la mano o apoyaba la suya en mi pierna... Y sí, me sentí embobaba por un yogurín, como me gustan a mí.
Como dice una amiga: "Soy adicta a los hombres y todos sus derivados lácteos". Yo, también: Queso fresco, sin sal, suave y cremoso...

- ¿Vas a hacerlo? –le pregunté, bajada ya de la banqueta, ante él, ocupando casi el hueco entre sus piernas y apoyando mis manos en ellas.
- ¿Quieres que lo haga? –sonrió. Sentí el deseo brotar de cada uno de sus gestos.

Primero la boca entera en un beso quedo, tranquilo, relajado. Luego trabajé el beso: Primero un labio, el inferior, más grueso, más tentador y provocativo para ser deslizado entre mis labios, humedecido con la punta de mi lengua y, después, ligeramente tensionado en aquella ligera succión. A continuación el labio superior, más difícilmente alcanzable pues el juego de su lengua contra la mía en aquella ávida lucha, impedía un juego más limpio.
Mis manos, una sobre la nuca; la otra, afilando sus dedos entre la noche de su cabello.
Sus manos, perdidas bajo la maraña de mis rizos y tanteando mi espalda bajo la camisa.
Y la quietud del primer gesto vaciada sobre la viveza de su continuación.
Al final, una mirada y un suspiro que evocaban la premura de seguir.

Fuera de ahí, cubiertos por la noche y la niebla, caminamos de nuevo. Ahora más juntos y menos tímidos hasta que las ganas le pudieron y me atrapó entre un coche y su cuerpo. Presionada por él, sus manos tomaron mi rostro y su lengua taladró mi boca. Mis manos sobre su espalda, bajo la trenca; reptando hasta su culo, acercándolo hacia mí para sentir sobre mis caderas la presión de su sexo; en mi pecho, la presión del suyo. Y en mi cuello, la húmeda caricia de su boca buscando un camino entre los pliegues de mi camisa que le condujera hacia el nacimiento de mis tetas.
Sentí su mano sobre una de ella, acaparándola casi por completo. Percibí la erección de mi pezón chocando contra la tela, y la presión de su palma como hundiéndolo.
Y su sexo en busca de mi entrepierna, frotándose, haciendo que mi cuerpo reaccionara inevitablemente, invadiéndome las ganas de dejarlo seguir. Yo quería más y él, también.

Su brazo rodeó la cintura y elevó mi cuerpo en un gesto voluntarioso de apetencia. Excitada, más que sorprendida, correspondí a aquellos labios que se consumían entre los míos mientras la punzada de su sexo bajo el pantalón encontraba un hueco en el triángulo de mis "bermudas". ¡Joer, estaba caliente como una perra! Las cosas por su nombre.
Me contoneé, frotándome contra él, queriendo que me atravesara, que se metiera entre mis carnes como el cuchillo que corta el membrillo. Levantó una de mis piernas y me empotró más contra el coche.

- Será mejor que nos vayamos de aquí... -musitó mientras me comía la boca.
- Quiero que me folles -le pedí. Yo lo dije claro. En tanto, mi mano le oprimió su sexo erguido por encima de su pantalón. De haber estado en otro lugar, menos concurrido, le hubiera echo arrodillarse y que me devorará con la boca. Pero supongo que hay cosas que todavía me cohíben

No podía permitir que el hombre se me enfriara durante el trayecto. Estaba yo lo suficientemente caliente como para impedirlo aunque creo que él no necesitaba mucho roce para encenderse más.

Me miró de reojo y mostró la mueca de una sonrisa. Supongo que no se esperaba que lo hiciera pero sí, lo hice. Abrí el pantalón y saque su polla erecta, incluso los huevos hinchados, y empecé a masajearlos, a apretarlos de manera no tal suave.

- Estate quieta o no respondo -masculló. Lo tenía más que en el bote y él me sabía segura. ¿Por qué había llegado hasta ahí? Nada está ganado hasta que se gana la última batalla... Y ésta, aún estaba por venir.





Sigue...

8 comentarios:

  1. Una história llena de erotismo... He leído de un sólo tiempo....
    El hilo de tus cuentos es de una cadência muy erótica....
    El final es muy tentador... que yo quiero saber como fué la batalla final...
    Muy linda la história...como siempre!!!

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    Respuestas
    1. A veces no se trata de "ir a saco", es decir, de aquí te pillo y aquí te... En ocasiones, hay que crear un clima, preparar el terreno, como un campo yermo durante años: Primero hay que trabajar la tierra, para poder sembrar y luego, cuidarla, para que dé sus frutos.
      Besos de Pecado.
      Gracias por tus palabras.

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  2. Genial amiga, nos has llevado de la mano del erotismo fino y elegante, eso me gusta...
    Besazos.

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    1. Larrú, guapa. Me alegra verte por estos lares. Gracias por tus palabras. En ocasiones soy sutil y en otras, algo más vulgar... aunque no sea ésta la palabra que debiera usar :-)
      Besos de Pecado y gracias por tu comentario.

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  3. Sugerente...sensual y excitante...con el puntito justo de "continuará" que endulza las ganas de seguir leyendo...
    Un beso

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  4. Eres una maga en este campo... como en los otros! ...sabes que admiro cómo escribes, y siempre logras sorprenderme. Sensualmente excitante ...un super beso.

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  5. Amando..., Alma...
    ¿Qué deciros? Simplemente, gracias por vuestras palabras y por vuestra amistad.
    Espero no decepcionar en las próximas entregas.
    Besos de Pecado.

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  6. Uhm... qué decirte. Que por fin he llegado ;)

    Me ha encantado, aunque no creo que sea para menos.
    Me encanta cómo preparas el terreno, como comentas arriba. Sabes envolvernos en la historia para que se nos meta bajo la piel. Ay el yogurín... jajaja.

    Muchos besos y me encanta leerte :)

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.