Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

sábado, 28 de febrero de 2015

Por curiosa...

Vi aquella chica puesta en una especie de potro o de altar, boca abajo, con las piernas abiertas amarradas de los tobillos y de los muslos, con todo su sexo abierto a todas las tentaciones y perversiones consentidas, con el juego de la cera caliente de las velas que se derramaban sobre su sexo Cuando no caía la cera, venía el golpe de aquel artilugio parecido a un cepillo para el pelo, que la hacía convulsionarse y moverse sobre sí misma a cada uno de los embates recibidos.
Sus gritos, gemidos y jadeos, difícilmente libres bajo la mordaza que mantenía su boca abierta.
El paso de la fusta por la erección de sus pechos apretados entre los nudos de unas cuerdas, combinados con un golpe de la mano y un tirón, intenso, de sus pezones.
El collar, como una argolla alrededor de su cuello, y una cadena asida a la anilla que era tirada por uno de aquellos hombres que la mantenía bien cerca de su miembro mientras con él le daba en el rostro.

Aquella otra contemplaba toda la escena, sacrificada con cuerdas a una cruz de madera con los travesaños anclados en forma de aspa. Sus brazos abiertos como sus piernas. Atada de los tobillos y de las muñecas, con restos de cera sobre sus pechos y las marcas aún visibles de azotes sobre sus muslos.

Una tercera, arrodillada ante la chimenea, con las piernas separadas e inmovilizadas a la altura de los tobillos, mantenidas a distancia justa por una barra de madera asida a ellos y los brazos abiertos, en cruz, encadenada a unas argollas que salían de la pared y que tiraban de sus muñecas.
Una cuarta, tumbada sobre una mesa vestida con un velo, sobre la que un hombre al que los reflejos de luces me impedían ver el rostro y ataviado con túnica negra, soportaba la cera de vela que se vertía sobre su pecho mientras apretaba los dientes o gritaba y se retorcía... extrañamente, de placer.
Y aquella quinta, ante el único hombre que descubrí vestido, parecía divertirse ante la palabrería y poesía de un cuarto hombre.
Aquellas vergas erectas, aquellos rostros cubiertos por las máscaras y las manos enguantadas. Los utensilios de tortura sexual como alineados sobre aquella mesa: fustas, cuerdas, cadenas, abrazaderas; como si fuera la mesa de un matarife o de un ebanista, de un maestro de algún arte manual.

Y yo, escondida tras la cortina dorada, aguantaba la respiración  y notaba palpitar el corazón bajo mis manos hasta casi dolerme por aquella agitación. Al tiempo que sentía cierta repudia por aquellas escenas había algo que me hacía permanecer a observarlas a hurtadillas.
No moví la cortina más de lo que con uno de mis ojos podía llegar a atisbar. En cambio, no fui lo suficientemente cuidadosa en mis gestos.

- Credo che ci sia qualcuno lì –oí que pronunciaba uno de ellos.

Los nervios se precipitaron desde el estómago hacia la garganta, intentando salir en forma de grito. Mis piernas comenzaron a temblar y a pesar como si estuvieran enfundadas en unas altas botas de barro seco. Las palpitaciones de mi corazón empezaron a ser más intensas y más agudo aquel dolor que hasta entonces había intentado controlar con mis manos sobre el pecho.

-Dove? –preguntó el otro
- Là… -supongo que señaló con algún gesto-. Vai a vedere.

En menos de un segundo tuve que pensar, tuve que decidir qué hacía. Me arremangué el vestido y sin tomar aire, salí corriendo. El sonido de mis tacones se vio amortiguado por la gran alfombra que cubría el suelo de aquella estancia de decoración un tanto exagerada, la cual crucé como alma perseguida por el demonio.
Abrí la puerta y ante mí, una nueva habitación, muy similar a la anterior. Al fondo, otra puerta. Otra habitación Otra puerta Otra habitación.
Sin salida.
Con el miedo ahogándome. Con los ojos enrasados de lágrimas. Con los nervios a flor de piel; tanto, que me costaba acertar a mover la manilla para abrir las puertas que estaban cerradas a mi paso.
En mi huida ni siquiera miré atrás. A lo mejor no era necesaria y, en cambio, no podía dejar de correr. Y, por fin, una salida: La luz del día, el sol, la esperanza de mi ansiada conquista de libertad, mi salvación.
Un pasillo abierto formando un cuadrado. A mi izquierda, puerta tras puerta. A mi derecha, una continua arcada que daba a un patio interior al que no vi medio por el que poder llegar. No había escalera o, de existir, mi azoramiento me impedía reconocerla.

No fui consciente de que mi carrera ya era innecesaria pero seguía ofuscada en alejarme de ahí. En mi empecinamiento seguí empujando puertas. No todas estaban abiertas y en una de las que sí lo estaban, era tanta la energía que puse en el gesto y tanta la inercia que llevaba mi cuerpo que me vi vencida hacia adelante y a punto estuve de caer al suelo.

Me quedé sin respiración cuando noté que alguien me cogía del brazo para ayudarme a ponerme en pie. No me atrevía ni a mirar. Vi los zapatos negros con una hebilla plateada. Vi los pantalones: blancos y partiendo desde la rodilla dejando ver unas calzas blancas. Vi una casaca, una guerrera: como la de un ejército: roja y con cierres dorados. Y vi el rostro de aquel hombre que me sonreía y a quien no había visto antes.

- Non temere... Stai bene?
- Sì, grazie. –Pero no confiaba en él. ¿Y si era un secuaz de aquellos otros hombres? ¿Si era uno de ellos y me atrapaba, amablemente, para llevarme a una sala y hacerme lo mismo que a aquellas chicas?- Devo andare. Devo uscire di qui –exclamé, dando vueltas como una leona enjaulada, sin tino.

- Seguimi. Ti porterò via di qui. –Me quedé quieta y vio la desconfianza en mi rostro y el miedo en mi mirada-. Hai due opzioni: Seguirmi e arrivare sulla strada per dimenticarti di ciò che hai visto, o bene, provare ad uscire per conto tuo senza sapere quando ci riuscirai sappendo che ti possono prendere.

Ante aquello no me quedaba otra que aceptar su propuesta. Le seguí por aquella galería corrida de arcos de medio punto soportados por columnas abalaustadas y que estaban ornamentadas con figuras humanas a modo de cariátides o estípites.

Él era un desconocido y era uno. Los otros eran también desconocidos pero eran varios. Caminamos por ella siguiendo la dirección de la derecha hasta llegar a una puerta. Tras ella, una escalinata de mármol, con hermoso barandado, al final de la que había una puerta de madera labrada.


- Lì cè la strada –me indicó. No dije nada. Le miré y descendí escalón a escalón evitando una carrera. Abrí la puerta y ahí estaba, efectivamente, la calle.
- Grazie –le sonreí, aliviada. Hizo un gesto con la cabeza y cerré la puerta tras de mí. Quería apartarme de ahí cuanto más mejor y cuando antes, mucho mejor.

Me fui alejando de aquel palacete en el que me había adentrado por curiosidad. Esos días previos al Gran Carnaval  muchos nobles solían dejar ciertas puertas abiertas. Solo había que ser valiente o descarado. Yo era más descarada que valiente.
No estaba lejos del aquel otro en el que mi padre me había dejado al cuidado de su gran amigo, el duque Albertti, mientras permanecía alejado de Venezia para resolver unas cuestiones.


Crucé el puente de piedra que unía ambos lados del estrecho canal y me metí por el Vialetto delle Anime, donde mis pasos llegaron en un determinado momento a no parecer míos. Un ir y venir de callejuelas para llegar al palazzo y las voces de las gentes iban quedando como un murmuro al fondo.
(1)
Continuará....


12 comentarios:

  1. Muy bueno...sublime...y deja con tantas ganas de más....
    Describes con tanta fluidez...y ésas imágenes precisas.... que logras canalizar ésa sensación contradictoria que todos tenemos de querer saber más y llegar más allá hasta en aquello que nos pueda producir cierto "rechazo"...siempre que nos remueva un poquito...
    me ha encantado....quiero mas...
    un besote

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  2. Ufff... Creo que ahora contendré la respiración como si estuviera situada tras la cortina y escuchara pasos que, pensando que se acercan, se alejan y los nervios van in creccendo.
    Sí, esa sensación de huir y querer quedarse, del ver qué pasa pero me da miedo, el por si acaso... eso que nos mantiene en alerta del mismo modo que nos baja todas las percepciones y nos envuelve en dudas...
    Eso es. Tú lo has definido...
    Un beso enorme, de Pecado mortal, Amando.

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  3. Me ha encantado vi una sesión llena de detalles en tu relato, me han encantado
    las fotografías, con ese que pasará detrás
    en lo desconocido cuando quiere escapar ... pero el placer seguro
    la envuelve ... seguiremos ese final

    Besos dulces

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    1. Hola, guapa. Me alegro que puedas ver cada cosita que se describe y mucho más.
      Espero no decepcionarte con la continuación... Paciencia :-)
      Besos de Pecado Mortal para ti y para Dulce. Cuidaros muchos.

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  4. Ufffffffffff... delicioso. Si esta es la primera parte y me pone el corazón a 1000/h cómo será la continuación.

    Grandísima como siempre.

    A tus PIES

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    1. Creo que puedes necesitar visita con el cardiólogo... porque sin decirte nada, ya te he dicho todo.
      Besos de Pecado.

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  5. Me encantó es poco... describes tan bien cada mínimo particular, que haces que uno lo viva, que se le entrecorte la respiración, sintiendo de estar detrás de esa cortina o escapando por esos pasillos... mi aplauso de admiración, como siempre, y espero ansiosa el resto!
    Besos infinitos hermosa.

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  6. Uffff!!!
    Qué atmósfera!
    Espero con el alma en vilo la siguiente entrega
    Besos

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  7. Menudo comienzo de historia... la tensión disparada!!
    Mi enhorabuena bella Magadalia;))
    Un besazo.

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  8. ¡ay madre! Que suspense, y ese idioma, hace la historia mas sensual si cabe... con ganas de mas :-)
    Un beso

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  9. Excelente y sensual relato. Estoy deseando leer la continuación. Creo que eres una persona capaz de transportar a quien te lee exactamente a la situación que estás escribiendo, eso es maravilloso.

    Un besazo.

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  10. Gracias a todos. Pensé que con el diálogo en italiano resultaría un poco... no sé... pesada pero veo que tenéis buena opinión, así que seguiremos... y a ver qué sucede, que le pasa a la virginal Magdalia.
    Besos para tod@s. Y mil gracias de nuevo.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

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La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.