Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

jueves, 18 de junio de 2015

En mi casa... y en la tuya... (1)

Recibí una llamada al móvil de un número desconocido. No suelo coger ese tipo de llamadas, así que esta vez no iba a ser diferente. Pero quien llamaba siguió insistiendo unas tres veces más, pero seguí sin responder. De ese modo, recibí un mensaje.

- "¡Hola, preciosa! Soy Tristán. Te estoy llamando. El número es nuevo. Perdí el móvil en las  maniobras, como sabes… -Recuerdo que recibí un mensaje de él desde el móvil de un compañero- y tuve que cancelar todo. Han sido unos días muy raros... ¿Te viene bien que te llame? Así puedo contártelo todo con pelos y señales..."

Ni qué decir tiene que le hice una llamada perdida para que me la devolviera.. Me daba igual qué me contará. Simplemente me apetecía oírle. Me acomodé en el sofá. Estaba sola y no había riesgo alguno. No tardé en ver ese número nuevamente reflejado en la pantalla. 

- Hola, preciosidad... ¿Cómo estás?
- Bien. ¿Tú?
- Perfecto. Perdona que no te llamara estos tres últimos días. He llegado a casa esta madrugada. Estuve a punto de llamar a tu puerta –sonrió- pero no podía ni con el petate. He ido con el tiempo pisándome los talones. Además, a primera hora he tenido que ir a buscarme otro móvil pues no sé ni dónde lo perdí… ¡Menudo lío! -Noté que hablaba como nervioso, como precipitado, como que quería contármelo todo para disculparse por su ausencia.
- Calma... No corras. Te escucho.
- Perdón.  -Y percibí su sonrisa. Estuvimos un rato hablando trivialmente. Sus maniobras militares, mi día a día... Sus pensamientos... Los míos... Y, enseguida, surgieron arrumacos y ganas... Los besos se sucedían de forma espontánea, resonando los míos en el salón. Y sentía que mi cuerpo se estremecía, que tenía ganas de esos besos y esos abrazos que me llegaban desde el otro lado de la línea.
Luego, su voz me llegaba como la voz de un poema: calmado, tranquilo, sintiendo cada palabra... Y yo, yo sentía flotar... Perderme en cada una de esas palabras, en el sonido de cada beso volado... En cada uno de sus "ven, quiero abrazarte, sentirte en mi pecho...". Pensé, ¿qué está ocurriendo? Sentí emoción, chispa dentro de mi cuerpo, ganas de gritar, de salir corriendo para ir a su encuentro...

Parecíamos dos adolescentes jugando a conquistarse pero ninguno de los dos somos unos niños.

- Preciosa... He de dejarte pero antes te quiero invitar a cenar... Si puedes.
- ¿Esta noche?
- No sé, si estás sola... Si te puedes escapar...
- Me parece perfecto. Ningún problema... -acepté. Nacho se había ido la tarde anterior de viaje y estaría fuera un mínimo de dos días.
- Entonces, sube cuando quieras pero hasta eso de las siete no llegaré a casa.
- ¿Las ocho y media?
- Te daré un toque en cuando entré por la puerta...
- Puedes pararte en la mía si quieres... Estaré sola.

¡Cómo sonó aquéllo! Nada subliminal la invitación.

- Siempre puedo hacer un alto para descansar. Un beso, preciosa.
- Otro para ti.

Me puse muy tonta, la verdad. Un tipo así era lo que yo necesitaba y dejarme de tonterías de con unos y con otros. ¿Por qué no decidirme a estar con uno solo? ¿Repartirme entre mi marido y Tristán si él estaba de acuerdo? ¿Si quería algo conmigo?

Me estuvo mandando mensajes toda la tarde. Entre los que me enviaba y yo le remitía, las ganas por vernos no hacían más que incrementarse por momentos. Aprovechaba cualquier momento para decirme cualquier cosa, para hacerme saber que pensaba en mío o, bien, que me quería a tono para la cena. Pero es que me daba igual. Me hacía sentir. Me hace sentir bien.

Siete y media de la tarde. Estaba a medio arreglar: Duchada, cuerpo perfectamente depilado, maquillada a medias. Solo me faltaban los últimos retoques…
Y desnuda, dado el calor que hacía aunque tenía a mano una bata de esas asedadas en color berenjena oscura que me cubría entera, hasta los pies…
Más de tres horas sin saber de Tristán. Pero yo tampoco le dije nada. Lo que tenía claro es que no estaba en casa.

Sonaron unos nuditos en la puerta del piso. Me pasé la bata y me dirigí a abrir, mirando antes por la mirilla. Sonreí y mi corazón empezó a bombear fuerte.

- Hola –musitó con una amplia sonrisa dibujada en su boca. Me sentí tímida y tonta pero mi cuerpo reaccionaba al verlo. Ya lo hacía solo con imaginarlo… Le respondí con mucha alegría, como si hubiera visto la luz por primera vez en mi vida. Instintivamente, me hice a un lado y él pasó sin más. Él mismo cerró la puerta tras de sí y vino directamente a por mí, salvando aquellos dos pasos que le separaban de mí.

Colocó ambas manos en mi cuello, tocando parte de mi rostro, y elevó éste. Nuestras miradas se cruzaron y se mantuvieron. Respiré nerviosa. Él parecía calmado.


- Hola… -musitó justo antes de unir sus labios a los míos. Un beso suave, atrapando con los suyos cada uno de los míos, por separados para, después, apretarlos y hundir su lengua en mi boca, buscando la mía. Me agarré con todas mis fuerzas a su cintura, subiendo mis manos por su espalda, pegándome a él, sintiendo la dureza de aquel cuerpo bien trabajado.

Me pegó contra la pared. Me separó las piernas con una suya, clavándola, haciendo que notara su muslo en mi sexo. Levantó mis manos por encima de mi cabeza, sujetando ambas con una sola de sus manos. En ningún momento dejó de besarme. Era como si no quisiera que yo pudiera pensar cualquier movimiento que siguiera.

Mi bata se abrió por los movimientos. Tampoco había hecho muy bien el nudo. Mi cuerpo quedó desnudo ante el suyo. Sentí su mano libre en mi muslo, subiendo por mi cadera, perderse en mi espalda, cruzar por debajo de mi axila y llegar hasta uno de mis pechos… Lo atrapó por completo con su mano, buscando mi pezón ya erecto, atrapando éste entre  sus dedos índice y anular, oprimiéndolo entre ellos.

Sus manos son grandes. Todo él es grande hasta el más pequeño de los detalles…

Sentí que entre mis piernas resbalaba toda mi excitación....

- ¿Estás caliente?- susurró a mi oído.

No sé si lo preguntó o lo afirmo. En todo caso, pregunta más que evidente, sobre todo si estaba atento al ritmo de mi respiración, al gesto de mi boca abriéndose para comerle la suya con desesperación y más, cuando después de pasar dos dedos por la cara interna de uno de mis muslos, los empapó de mí antes de llevarlos sobre mis labios…
Los acarició, dejando mi jugo en ellos, y los introdujo en mi boca, profanándola una y otra vez, juntando nuestras bocas, degustando y mezclado ese sabor con nuestras salivas. Ese gesto… ¡Ufff…!, provocó que mi coño palpitara más… Se mojara de tal forma que llegué a pensar que me vendría un orgasmo en ese momento…

- ¡Me vuelves loco! Te voy a follar ahora mismo… No voy a frenarme… -dijo, apretando los dientes por la excitación que le embriagaba.

Se apartó. Se quitó la camiseta que dejó caer al suelo, y siguió con el pantalón y la ropa interior. Su sexo apareció tremendamente erguido, apuntándome.
Se lo acarició unos segundos antes de abalanzarse sobre mis pechos, con mis pezones tan erectos como su miembro. Sentí sus labios apretando uno de ellos, lamiéndolos, arañándolo con los dientes, en tanto una mano se recreaba en el otro pecho, y la otra jugaba con mi mojado coño, separando los labios en busca de mi clítoris.
Hurgó dentro de mí sacándome gemidos que ahogaba en su boca. Su lengua era como un látigo azotando la mía. Notaba su polla tocando mi carne, humedeciéndose, y yo solo tenía ganas de que me follara ya.

Mis manos se perdían en su espalda, en su nuca. Lo arañaba con mis uñas, le clavaba los dedos, reclamando…

Llevó sus manos a mi culo, apretó las nalgas; les dio un par de palmadas, me elevó en sus brazos para apoyarme contra la pared y anclarme en sus caderas… Sentí su miembro buscando mi sexo, rozándolo… y entró casi de golpe, haciéndome exhalar un grito de gusto.
Me solté de Tristán, llevando las manos a la pared, deshaciéndome de aquellas ganas, de los embates de sus caderas, perforándome una y otra vez con fuerza, diciéndome palabras que lejos de ser obscenas me ponían más a mil.


Y esa barba, deslizándose en mi suave piel… hacía que sus besos fueran más intensos. Imaginármelo entre mis piernas, degustando mi sexo húmedo, visco y totalmente erizado  mientras me saboreara, y percibir el roce de su barba… excitándome más…

Sí, este hombre me pone muy perra. Me hace ser más puta. Siempre me han dicho lo soy y mucho. No lo puedo evitar. Ha entrado en mi vida como un huracán, no sé sin proponérselo, y lo cierto es que creo que yo he entrado en él de un modo muy similar, pero todavía tengo que confirmarlo.

Nuestros encuentros han sido escasos pero intensos hasta decir basta. En cada uno de ellos han saltado chispas. En una atracción sexual que creo que va a ir un poco más allá. Espero que siga así durante mucho tiempo y sea él quien haga que pierda interés en otros hombres.

Me mantenía bien agarrada. Mi espalda daba una y otra vez contra la pared pero me sentía segura en sus brazos. Me agarraba a él y era como tocar una roca.
Sus embestidas me elevaban en mil gemido que me hacía clavarle las uñas. Y cuando más clavaba, cuando más gemía, más fuerte eran sus acometidas. Más fuerte la aplicación de su boca en alguna de mis tetas, la fuerza del mordisco en el pezón… Y yo me volvía loca…
Más loca aún cuando me bajó. Cuando en medio del pasillo me dio la vuelta, me cogió las manos a la espalda y las agarró fuerte, obligándome a inclinar. Separó mis piernas con rapidez. Me dio un par de azotes con la mano. Me tibió y yo, lejos de protestar, deseaba más… Más… Más…
Tanto que cuando sentí su polla penetrarme con tanta fuerza me corrí sin más…
Los brazos parecían que se me iban a desencajar de los hombros. Las muñecas se montaban la una sobre la otra. Mis tetas, una de ellas, era dominio de su mano libre. La tortura de mi pezón, tirando de él, retorciéndolo al tiempo que entraba y salía una y otra vez. Conforme más me inclinaba, más profunda era la acometida..., más abierto mi coño para él.

Sentía su respiración fuerte entre mis gemidos… Sentía el sonido de hacer fuerza, incluso apretando los dientes. Sus huevos chocaban contra mi carne, como queriéndose meter y ese chapoteo de mis líquidos lo excitaba más…

Golpes secos… Hasta el fondo. Y todo mi cuerpo se meneaba al mismo ritmo. Mis tetas pendían al vacío en ese movimiento de ida y venida.
Tomaba mi pelo, tiraba de él como si fuera yo una yegua a la que había que dominar o controlar… Y yo, relinchaba de gusto, de placer, de sentir aquellas atacadas...


- No te duches ni te laves… -inquirió-. Quiero que huelas a mí y me pongas tan perro que vuelva a follarte como un loco… Ni te vistas, tampoco, hasta que vayas a subir a casa… Túmbate en la cama y piensa en mí. En tres cuartos de hora sube. Es el tiempo que necesito para tener todo preparado –concluyó mientras se acercaba hasta la puerta. Antes de cerrarla, ya fuera, y yo desnuda en medio del pasillo, me dijo: -Me gusta que seas tan puta… No sabes lo que aprecio eso en una mujer…

Me mandó un beso volado y cerró la puerta. Me miré en el espejo del baño. ¡Dios! ¡Qué cara! ¡Qué pelo! Y ese olor a sexo brotando de todos y cada uno de los poros de mi piel…
Y me pregunté que por qué le iba a hacer caso. ¿Quién era para ordenarme? Era el hombre que había estado soñando durante mucho tiempo… Así que si quería hacer de mí SU PUTA, estaba dispuesta a jugar. Esta vez sí.

Evidentemente, lo de tumbarme en la cama lo hice y lo de pensar en él, inevitable… Era algo ante lo que no podía luchar. Seguía teniendo ganas de él. Imaginármelo, sentirlo, vivirlo…


11 comentarios:

  1. Excitante como siempre...
    Un hombre que sabe lo que quiere, que no pide..., que toma lo que ya considera suyo.
    Una mujer entregada al placer que se deja llevar sin preguntarse que será lo siguiente...
    Una relación que promete muchos encuentros fogosos, muchas escenas libidinosas, muchas batallas sin victoria clara...
    Como ya le dije una vez..., cuando la alumna está preparada, el Maestro aparece...
    ¿Será este el maestro de nuestra querida amiga?
    Yo espero que si, pues me va a ser muy fácil identificarme con él...

    Impaciente esperando que nuestra heroína suba al piso de nuestro buen Tristán, oliendo a sexo, excitada, preparada y expectante para vivir nuevas y acaloradas aventuras con su vecino.
    ¿Le hará olvidar a los demás hombres de su vida?. No lo se, pero lo que si se es que a este no lo olvidará nunca...

    Besos desde la mansión, mi querida amiga, y no se demore demasiado con la continuación, por favor :-)

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    1. Creo que Infiel estaría encantada de dejarse gobernar por un hombre así. Voluntad tiene y sí, como bien dice usted, cuando la Alumna está preparada, aparece el Maestro...
      A ver qué nos plantea D. Tristán...
      Besos de Pecado y encantada de tenerle siempre, D. Sayiid.

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  2. Qué exquisito, sensual y erótico relato; y tanto, pues que me han entrado unas ganas de llamar a mi agente inmobiliar y buscar un apartamento. Aunque si no creo que hayan muchos como tu Tristán!

    Me quedo por aquí a pecar, leyéndote.
    Besos misticamente tentadores.

    PS: Gracias por tu visita y apreciar mi historia con Dav.

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    1. Hola, Misthyka. Bienvenida a esta Casa. Hállate como en la tuya. No lo dudes.
      Bueno, este Tristán es mucho Tristán... Imagino... pero no hay dos sin tres, dice el dicho, así que el no ya lo llevamos. Hemos de ir a por el SÍ.
      Y respecto a lo del blog con mi amigo Dav, nada que agradecer pues es merecido el reconocimiento.
      Y disfrutar de tu presencia también lo es.
      Besos de Pecado. Aquí son así los besos.

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  3. Imposible quedar indiferente ante esta pléyade de argumentos bien trenzados y exquisitamente afilados para hendir la piel y el aliento...

    Un placer leer-te.

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  4. Y le hizo caso porque era Su Puta, y le deseaba lujuriosamente, y él Su Maestro que ardía y la empotraba hasta tocar el infierno.

    Me encantó el relato, la primera parte, por lo que veo, y ya estoy deseando saber cómo sigue, un placer leerte.

    Un besazo, guapísima.

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  5. Me vuelves loco cada vez que te leo, es tan real, que cada pelo de mi piel se mueve. Irradias sensualidad en cada escrito... simplemente magnífico.

    Besos Carnales.

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    1. Sonrío sin poderlo evitar. ¿Volverte loco a ti con lo que tú eres? Realmente me halaga porque con tu forma de hacer sexo que alguien te eleve... Uffff....
      Pues espero que "mueras" de locura...
      Besos de Pecado.

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  6. Yo creo intuir lo que sigue, pero ese hombre tiene un problema creo yo (si lo fuera claro) debe cambiarse el nombre de Tristán.

    Besos de dulce.

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    1. ¿Tan previsible soy?
      Mmmm.... Dulce :-) Igual logro sorprenderte.
      ¿Cambiarle el nombre? Me gusta Tristán. Es un nombre con mucha simbología, con gran personalidad. Podría significar "roble"... ¿Y qué es el roble? :-)
      ¿Qué nombre crees que debería tener?
      Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

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La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.