Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

jueves, 2 de julio de 2015

En tu casa... y en la mía... (2)

Tuve que apresurarme en el último momento pero me quedé como nueva con aquellos impresionantes orgasmos: con él y sin él. Se me echaba el tiempo encima y, la verdad, no quería hacerme esperar pero tampoco parecer demasiado impaciente.
Así que me puse solo el sujetador y me pasé el vestido negro que se ajustaba a mi cuerpo como una segunda piel. El escote parecía el mirador a un acantilado. Sí, no me puse bragas. Y, aunque me hubiera gustado darme una ducha, aquél olor a sexo, a mí, a él... me ponía a mil. Me hacía sentir muy perra, ciertamente.
Me calcé mis taconazos, recogí el pelo como quien no tiene arte. Me queda bien de esa manera...

El corazón se me aceleraba al ritmo contrario que el sonido de mis tacones al subir los escalones hasta la planta superior. Mis pasos parecían seguros pero, en realidad, tenía el cuerpo totalmente estremecido.

Toqué con mis nudillos en la puerta. Tristán tardó en abrir, o eso me pareció a mí. Cuando lo vi, un latigazo me recorrió entera, una corriente eléctrica de extremo a extremo de mi cuerpo. Solo le faltaba la chaqueta del traje para decir que no le faltaba detalle: Pantalón de vestir, camisa planchada, corbata...; unos zapatos que ya no podían brillar más... Y le envolvía un aroma que me evocaba aires morunos.
Sí, por eso a veces eso de llamarle Sr. Tristán tenía connotaciones algo más que cariñosas. Era muy intencionado a pesar de ir casi siempre de sport o con el uniforme, siempre me gustaba imaginármelo vestido de traje, como un ejecutivo, como un Señor... Y mi mente se perdía en escenas.
Me vuelve loca un hombre que sepa vestir un buen traje.

Me sonrió. Me saludo. Alargó su mano derecha y la cogí, llegando al interior. Me empujó suavemente contra la pared de la derecha. Pegó su pecho al mío y con una mano se apoyó en la pared. Acercó su rostro. Me sentí temblar en ese momento. Mi boca se abrió involuntariamente y, mientras me besaba, la mano libre se coló entre mis piernas... Apretó más su boca contra la mía. Sabía que le había gustado aquello con lo que se había encontrado. Me faltó el aire en aquel segundo en el que sus dedos se abrieron a mi sexo y se deslizaron entre ellos.
Se separó lo justo para que pudiéramos mirarnos a los ojos. Esos dedos impregnados de mí se quedaron entre su boca y la mía... Y los degustamos juntos...
El movimiento de sus dedos, los de nuestras lenguas rozándose, el gusto de mi sexo en aquéllos, y éste volvió a palpitar.


-Me gustan estas sorpresas...

Volvió a besarme. Su lengua chocó de nuevo con la mía. la retiró y me obligó a sacar la mía de la boca, de forma tan natural que no me dí cuenta hasta que empezó a absorberla. Y de pronto, se detuvo. Descansó su frente en la mía:

- Vamos a brindar con un poco de vino.

Me cogió de la mano y pasamos al salón.
Dos copas altas de cristal y un vino de reconocido nombre. Indudablemente, sabía elegir. Descorchó la botella y sirvió para alcanzarme una de aquéllas.
Me gustó todo aquel ritual que hizo con el vino. El agitarlo de forma circular, el percibir su aroma, el degustar un pequeño sorbo...
Sonreí cuando me miró.

- Por ti...
- Y por ti -proseguí.
- Gracias, pero siempre por ti.  -Y  golpeó suavemente su copa con la mía, sin dejar de mirarme. Me sentí atravesada.

Tras dos pequeños sorbos, el vino estaba realmente bueno, retiró la copa de mi mano y me cogió para bailar. Apenas nos movimos, mansamente, parecíamos balancearnos. Intenté apoyar mi rostro en él pero me mantuvo erguida, con la cabeza elevando, mirándole...

- Esta noche, solo baja la mirada cuando te lo diga... -me murmuró al oído, rozando con sus labios mi piel. Sentía su mano abierta al final de mi espalda y la otra, recostada en él, a la altura casi del hombro, se enlazaba a la mía. Mi corazón no era capaz de acompasarse al suyo en aquellos momentos.

No estaba segura de qué era lo que esperaba este hombre de mí, y no solo en esos momentos, sino de entonces en adelante, aunque tonta tampoco soy. Pero estaba dispuesta a embarcarme en esa aventura tan desconocida o, más bien, intuida. Algo en mi interior me decía que debía dar el paso, cogerme a su mano y caminar segura. Esta vez sí. Con todas las consecuencias.

Nos pusimos a cenar. No me senté frente a él, sino a su derecha. Trajo la fuente que había sacado un rato antes del horno, dejando que se atemperara.

- ¿Te importa si sirves tú? -me preguntó.
- No, por supuesto que no -acepté para ponerme en pie.

Durante la cena charlamos de forma relajada. En cambio, me dí cuenta de su actitud, de su forma de dirigirse a mí. No era distante pero era como en una posición diferente. Sus palabras no parecían órdenes directas pero yo las intuía así y de ese modo las atendía. Y lo hacía por complacencia. Y no era por qué lo indicase, sino porque ya salía de mí. Me gusta ser servicial y más ante alguien que realmente me atrae y me interesa serlo. En otras ocasiones, soy más de "hazlo tú".

En un momento dado, ya estábamos rozando lo que sería el momento del postre, Tristán se ausentó, cerrando la puerta del comedor tras de sí, aunque no del todo. Le observé salir. Me fije en su culo... Me entró un escalofrío: Duro, redondo... Y esa espalda...
le vi, como una sombra, pasar hacia el fondo. A su regreso, se colocó detrás de mí. Puso sus manos sobre mis hombros y me besó en la mejilla antes de acercar su boca a mi oído.

- Ven. El postre lo vamos a tomar en otro lado...

Todo un caballero cuando acompañó la silla hacia atrás para que yo me pudiera poner en pie. me tomó de la mano y caminamos por el pasillo hacia su habitación. Había decorado ésta muy sensualmente. No comprendí cómo le había dado tiempo a todo si había estado fuera de casa durante todo el día.
Unas cuantas velas en un rincón, en el suelo, que daban ese clima sensual e íntimo. Aroma a madera en el ambiente. Una cubitera plateada con una botella de cava en el interior, envuelta en una servilleta blanca; sus dos copas y un bol de cristal con unos cuantos fresones. Así como, un pañuelo colgado de una de las esquinas del cabecero.
Sonaba música a través del I-pad puesto en aquel aparato, junto a unos cascos.

De pie ambos, uno frente a la otra, tomó mi rostro con la mayor de las dulzuras y nos unimos en aquel beso que empezó suave y acabó como si algo nos hubiera poseído. Empezó a acariciarme por encima de la ropa hasta llegar a mis pechos. Los apresó fuerte en sus manos y besó mi escote antes de seguir por el cuello hasta mi boca. Aquel beso volvió a agitarme. La presión de su lengua, de sus labios, la cercanía de su cuerpo, el calor de su aliento..., el recorrido de sus manos sobre mi piel descubriendo cada rincón...
Terminó desnudándome. Tan solo me dejó con los zapatos. Sirvió algo de cava y volvimos a brindar pero está vez no me dio copa. Bebió un sorbo mientras me mantenía cogida por la cintura, muy cerca de él. Al unir su boca a la mía, el cava se intercambió y nuestras lenguas se bañaron en él.

Todo parecía formar parte de un juego, de un rol pero me sabía mantener expectante. Mi curiosidad también me animaba a preguntar con lo que él me selló la boca con los dedos y después, un nuevo beso.

Engatusada en tanta caricia, en tanto movimiento... acabé tendida en la cama.

- Confía en mí... Procuro solo tu bienestar..  -Y volvió a fundirse conmigo en un nuevo ósculo. Tomó el pañuelo y con cuidado lo colocó sobre mis ojos, anudándolo con cuidado-. Eres Mía. No lo olvides nunca-. Mi cuerpo se agitó por completo. Esas palabras siempre me han llegado hondo pero, seguro, esta vez las sentía más reales que nunca o, al menos, me las creía.
Los cascos me transmitieron el sonido que él había programado. No estaba elevada pero me obligaba a estar ausente de todo aquello que me rodeaba.

La oscuridad iluminó mis sentidos. En ese momento, mi cuerpo empezó a escuchar, a sentir y a vivir una sensación... La excitación de la incertidumbre. Mil  preguntas con una respuesta: Su hacer, su maestría... Y mi entrega de voluntad. Y, solo en ese momento, creo que se disiparon las dudas.

Notaba el corazón palpitar con fuerza. Había instantes en los que sentía ganas de gritar, ganas de pedir que me soltara y salir corriendo de ahí, pero una fuerza me hacía permanecer y obedecer.
Extendió mis brazos por encima de la cabeza. Sentía unas suaves correas, cintas... dando vueltas alrededor de mis muñecas y la tensión de permanecer amarrada al cabecero. Percibí sus dedos mariposear sobre mi piel, erizándola, mientras descendía a lo largo de mi brazo, saltándose la axila para llegar a mi pecho, dibujar mi pezón..., sin detenerse.



Mi cuerpo reaccionaba y yo mantenía la respiración. Estaba totalmente vendida.
Sentí sus yemas sobre mi pierna izquierda hasta el pie. me imaginé cómo se estaría recreando en mí... Y yo me aceleraba en segundos. Creía que mi propia respiración me ahogaba.
Sus manos cogieron mis tobillos y separó mis piernas. No fue brusco pero sí rotundo. Replegó mis piernas para dejarlas flexionadas.

- Relájate... Disfruta... -murmuro casi en un bisbiseo. Este tono tan calmado chocaba realmente con el de unas horas antes, cuando me había dicho aquello de "...me gusta que seas puta..."

Volví a sentir el contacto de las cintas de cuero, o de lo que fueran, sobre mi cuerpo. Mis piernas quedaron abiertas, sujetas a la cama desde la altura de mis muslos... por los tobillos. No sera fácil moverse ni escapar a su voluntad.
Sus manos recorrieron la cara interna de mis extremidades hasta llegar a mi sexo, sin tocarlo. Lo bordeó y se aplicó sobre mi vientre, subiendo hacia mis pechos.. Y tras sus manos, la boca.. Una a un pezón. La otra, al contrario.
Mi espalda se arqueó y de mi boca salió un gemido. Me mordí los labios y contraje mi sexo que notaba muy mojado.

Aquella sensación me parecía diferente a cualquier otra que hubiera podido vivir antes, incluso aquellas "sesiones" con Pablo. Tal vez porque ahora me la creyera de verdad. No me parecía un juego como entonces. Ahora quería vivirlo de verdad. Me apetecía pero todo un abismo se abría ante mí. Sin embargo, me quería dejar llevar.

Su aliento me quemaba... Y era agradable...
Aquel gesto, con su dedos rozando suavemente mi cuello, me transportaba. Mi boca se abría y se cerraba, como masticando. Levantaba la cabeza, intentando alcanzar su boca. La intuía encima de la mía ya que percibía el calor de su respiración. Me sorprendió el roce de sus labios, apenas tocando los míos, sin llegar a convertirse en un beso.

Todo parecía llevar su ritmo. Mi cuerpo se venció al movimiento del cuerpo de Tristán. Dejé de sentir su contacto pero sabía que estaba a mi lado. Conjeturé que estaba buscando algo. No. Solo era una pausa. Su mano me tapó en hueco la boca. Respiraba mi propio aliento en tanto mi cuerpo convulsionaba bajo aquel reptar de la otra desde el centro de mi pecho hasta el centro de mi coño.
Aquello era una auténtica tortura. Agradable, loca pero tortura para mis sentires, para mis deseos..., para mis ganas...
Me estaba llevando a desear más... Todo... Fuera lo que fuera, pero TODO.

Respiré aliviada cuando apartó la mano de mi boca. Creí recuperar el equilibrio pero me estremecí al sentir el toque frío y ligeramente rugoso de algo con lo que dibujó la aureola de uno de mis pechos, rozando, suavemente, el pezón, excitándolo.

Seguía respirando fuerte, fruto de aquel cúmulo de sensaciones y de la excitación que mi cuerpo empezaba a tener o, por lo menos, a exteriorizar.
Aquellos dedos jugando con otro pezón me pusieron en alerta. La caricia suave se transformó en más densa hasta que sentí un pequeño tirón y luego la frotación de aquellas yemas, retorciéndolo, aprisionándolo...
Mi respiración se volvió mas gutural, emergiendo de mi boca gemidos más profundos que se mezclaban con apretar los dientes o tensar mis labios...
Aquella atmósfera me envolvía por completo. Me hacía perder la noción del tiempo y me centraba en sentir todo aquel juego. La música también me despertaba sensaciones no vividas. Nada tenía que ver con aquella experiencia vivida con Lucas. Ahí era libre para is movimientos. Aquí estaba a la merced de Tristán.
Él sabía, sabe, lo que quería, lo que quiere y, en aquel momento, me lo estaba reclamando. No, no lo reclamaba. Lo estaba tomando.
Me apartaba de los pensamientos. Me llevaba solo a disfrutar. No me reconocía en ese papel,en cambio, no dejaba de ser la protagonista.

Tristán me conducía lentamente a un momento de locura, a las ganas de más, de disfrutar de todo cuando pudiera ofrecerme... Quería ser SUYA, con todo cuando ello sabía o desconocía que pudiera implicar, con la cantidad de reservas y con la cantidad de entregas.



No reconocí la textura que estaba tocando mi piel, rozando mis labios. La música no me dejaba pensar. Lo que fuera estaba tibio. Abrí la boca por inercia... Reconocí el aroma, el sabor de una de aquellos fresones. Tristán la metió en mi boca hasta que rocé la suya...
Cada uno comió un poco, sin separar nuestras bocas, haciendo sitio a la lengua del otro..., mientras sus manos, aplicadas sobre mis tetas, apretaban y soltaban, y sus dedos se enganchaban a mi pezón como uno de esos ganchos de máquina de feria queriendo sacar el peluche...

¿El siguiente movimiento? La incertidumbre me embriagaba del mismo modo que el placer, la desesperación ante el siguiente gesto.
La música tenía un ritmo que hacía que me moviera en una marea de sensaciones, como de envites, acometidas de cuerpo contra cuerpo. Me sentía húmeda, muy húmeda. Sentía ganas de ser follada... por sus dedos...
Por su lengua...
Por su polla.

¿La expectación? Tan grande como una eternidad.
¡Dios!
¿Qué sería lo siguiente que me aguardaba?


15 comentarios:

  1. Siento que la entrada sea tan larga, pero no me gusta dejar a medias escenas completas.
    Besos de Pecado.
    Feliz Jueves lleno de Pecado, por supuesto.

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  2. Uffff... Esto si que es forma de dar los Buenos días... No te preocupes por la longitud del texto, que es la justa y necesaria para contarnos tan sensual historia. Desde luego el Sr. Tristan sabe hacer de las suyas con el cuerpo de una mujer. Esas caricias que incitan a todo agudizando los sentidos.

    Besos Carnales.

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    1. Hola, Pecado. La verdad es que sí. A mí me gusta mucho este Tristán. Tiene todo cuando me gusta d ehun hombre :-)
      Y también es verdad que sabe manejar las situaciones, provocar los instantes y sacar lo mejor de una mujer... Todo eso que ella lleva dentro y que desconoce.
      Besos de Pecado.

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  3. Esas sorpresas son alucinantes... y los que las hemos vivido, inolvidables.

    Por cierto, estas entradas no se pueden hacer más cortas... sería imperdonable jajajaja

    A tus Pies

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    1. Gracias, Gude, porque es que me resulta muy complicado abreviar. No estuve en esas clases o me las pasé por el forro de la chaqueta pero es que dejar algo a medias me sabe muy mal...
      La siguiente igual tengo que pedir audiencias :-)
      La sorpresa no termina aquí... Este Tristán sabe lo que tiene entre manos y lo va a cuidar porque sabe qué quiere.
      Besos de Pecado.

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  4. No me extraña que ella notara palpitar con fuerza el corazón al sentir los dedos de Tristán mariposear por entre su cuerpo, es para desbordarse a mares y gritar gimiendo de placer y lujuria deseando sentir todo y más de EL.

    Un besazo, preciosa.

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  5. Creo que cualquiera lo sentiría. Ya su sola presencia hace mucho.
    Besos de Pecado.
    ¡Guapa, tú!

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  6. Este Tristán es todo un artista del placer. No cabe duda alguna.

    Besos dulces.

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    1. No sé si es un artista... Todavía no lo sé... Pero sí te puedo asegurar es que es detallista y le gusta recrearse en cada detalle.
      Besos de Pecado.

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  7. Buenas noches, mi querida lady PI.
    Ya sabía yo que Tristán no me iba a defraudar, y, desde luego, no lo ha hecho.
    Sin duda, sabe como manejar los tiempos, los espacios, los sonidos y las esperas...
    Todo un arte que no siempre es fácil de dominar...
    ¿He dicho dominar?
    En que estaría yo pensando :-)

    No se lo que pensaran los demás de la longitud de este delicioso capítulo, pero le aseguro que a mi, personalmente, se me ha hecho corto, y ya estoy deseando degustar, con una copa de buen vino en la mano, la continuación...
    Por favor, no nos haga esperar demasiado, mi querida amiga, se lo ruego :-)

    Besos rojos como fresas desde la mansión, milady.

    PD: Mañana mismo llevo mi traje a la tintorería..., por si acaso... ;-)

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  8. Aich, mi querido, D. Sayiid... Espero no decepcionarle y que merezca la pena llevar el traje a la tintorería, aunque usted está siempre muy elegante.
    Agradezco siempre sus palabras, pues sabe que le admiro muchísimo, aparte del aprecio que le tengo, mi querido amigo.
    ¿No le ha parecido largo? No sabía por dónde abreviar...
    Besos de Pecado.

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  9. No sé qué decir. Hacía mucho que no pasaba por este lugar. Y me quedé sin palabras además de con alguna que otra reacción más. ¿Largo? Por favor, hubiera seguido leyendo horas. Y voy a preparar mis trajes para el tinte, y mira que es algo que me da mucha pereza.
    Un beso

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  10. Hola, Mark. Sabes que me alegra verte y siempre eres bien recibido en ésta (tu) casa.
    A veces no hace falta decir nada para sentir... Basta con dejarse llevar. Y ya leerás la continuación. Tristán no te va a decepcionar :-)
    Ponte guapo para la ocasión... No te dé pereza.
    Besos de Pecado.

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  11. Creo que voy a hurgar más bajo la falda del blog..

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  12. Vaya escenas las de Tristan... delicado pero firma... muy sensual y excitante, y espero leer el final.
    Beso

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

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El Beso del Pecado

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La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.