Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

viernes, 31 de julio de 2015

En tu casa... Y en la mía... (3)

Una pausa. Un ligero momento de tregua aunque su mano seguía en mi pecho anclada, presionando con sus yemas mi pezón, tirando de él
Mi boca estaba seca. Respiraba agitada.


Unas gotas frías cayeron sobre mis labios obligándome a sacar la lengua. Y luego el frío líquido prendió entre los míos, lentamente, hasta llegar a percibir el roce de los suyos como en un impasible beso en el que se dormían las bocas.
El hielo jugaba dentro de la mía, entre su lengua y mi lengua, mientras sus manos seguían jugando con mis pezones, elevándolos más, profundizando en aquellas punzadas, haciéndome gemir pero aquella sensación, al tiempo que me ponía a mil, me estrangulaba



Quitó el hielo de mi boca. Después hundió su lengua de nuevo en mí, retorciéndola en torno a la mía, succionando como si quisiera arrancármela.
Mi cuerpo se tensionó entero y mi espalda se arqueó cuando aquellas gotas, convertidas en un pequeño caudal, se derramaron sobre mi escote en busca de mi pecho Alrededor de mi pezón Suave, lentamente. Y ese vértice, torturado de aquella manera, extenuándolo tanto que hasta me dolía su erección antes de volver a ser chupados, mordidos y estirados.

 

El agua fría se escurría por mi piel en el descenso del cubito por mi cuerpo: costados y centro, deteniéndose en dibujar la aureola alrededor de mi ombligo mientras sus labios besaban mi pubis y sus dedos acariciaban mi clítoris suave, tan suave que casi no lo notaba Pero mi cuerpo reaccionó con un respingo, con un arqueamiento cuando el hielo llegó a mi sexo; cuando empezó Tristán a mover el taquito sobre mis labios depilados, separándolos con los dedos para ir, lentamente, con parsimonia, hacia los interiores, acariciando mi centro. Noté el agua escurrirse, mezclarse con mi flujo Y me lo llevó a la boca para que saciara mi sed, sorbiendo el hielo con sabor a mí.

Yo me retorcía de gusto Gemía Al tiempo que era reticente al contacto, lo buscaba. Me estaba mortificando, negándome los órganos una vez tras otra. Era un auténtico cabrón y me estaba haciendo vivir un verdadero martirio.

Frío Calor


Aquel descarado juego en mi coño, amasándolo, abriéndolo y estrujándolo sin piedad alguna, sabiendo muy bien, eso sí, qué estaba haciendo: Repartir mi flujo antes de empezar a follarme con el hielo en mis entrañas. Notaba como se metía en mí hasta que lo percibí quemándome, heléndome, completamente encajado ahí. Me apretó los labios, impidiendo que saliera Mi sexo palpitaba y él lo animaba con algún que otro manotazo que me mantenía en alerta.

Sorda, ciega y solo podía gemir porque si protestaba alguna palmada en mis carnes recibía sin esperármelo. Sé que mi cuerpo es de su propiedad y que yo soy su voluntad hecha carne. Por mí y por él. Pero también sabe que soy una serpiente que, en cuanto me soltara, la terrible venganza de mi esencia se volverá contra él y, tal vez, no en ese momento en el que podría esperarlo.

De mi garganta salió un gemido a camino de un grito cuando noté sus manos abriéndome los glúteos y, a continuación, sin más, sus dedos entrarme por detrás ¡Dios! Mi grito ensordeció la habitación y no se hizo esperar su mano en mi carne con el sonido conjugado de un ¡Plass!

Uno Dos
Círculos
Entrar Salir

Y mi cuerpo se retorcía de dolor y de placer. No podía contener los pálpitos de mi coño, la imperiosa necesidad de correrme. Y lo hice al tiempo que Tristán aceleraba sus movimientos y acrecentaba más mi delirio introduciendo sus dedos en mi coño

Dentro Fuera

Más y más La más puta en ese momento. La mujer más satisfecha del mundo. Follada por detrás y por delante, atada de pies y manos, ofrecida en sacrificio al Señor del placer, de la infinita tortura del delirio. Y mi única bendición hacia él era demostrarle el goce que me proporcionaba en gemidos, jadeos, gritos y corridas.

Sus dedos dejaron paso a su miembro. Jugó antes de entrar. Ya sabe lo que me gusta, y me provoca con ello. Primero la punta, mientras presionaba mi clítoris Un mete-saca en el que yo apretaba para retenerlo y corresponderle en el placer mientras aquellos dedos que me habían penetrado antes, ahora usurpaban el espacio de mi boca

Dentro Fuera

Embestida tras embestida. Un volcán en plena erupción animado por mis gemidos, por el tragar de mi saliva escurriéndose por sus dedos mientras me convertía en marea
Hacia arriba Hacia abajo
Aquella sensación del hielo deshaciéndose dentro de mí y el empuje de su miembro era algo indescriptible, una sensación desconocida que me hacía emitir gemidos, alaridos de placer, en cada uno de aquellos vaivenes Me agarraba tan fuerte que ya me daba igual estar atada o no. Yo solo quería gozar, disfrutar de aquellas sensaciones que me hacían sentir una reina, una reina muy puta, sí, pero una reina a la que tenía tomada por abajo y por arriba
Sus manos en mis tetas, apretándolas, estrujándolas, fustigando y acosando a mis pezones O, pellizcando mi clítoris mientras su pene entraba con fuerza en mi interior.

Soltó las ligaduras y me sentí aliviada. Tenía los brazos ligeramente entumecidos y las ingles parecían haberse anquilosado Un suave masaje con tacto de aquellas manos maestras Un beso La profundidad de aquella mirada clavada en mis ojos. No me había fijado tanto. Era como la mirada de un felino a punto de comerse a su presa. Me entró un escalofrío por todo el cuerpo que se sumó a algún resto de mi última corrida
Me quitó los cascos Me besó. Lamió mi boca de una sola pasada. Me besé el pecho, los pezones y tiró de mí y me puso a cuatro patas sobe la cama. Antes de darme cuenta, ya me había dado un par de azotes en mis nalgas y dejado de nuevo a su merced. Ese gesto me hizo emitir un sonido de queja que no me sirvió de nada pese a intentar revolverme:

- No te quejes Eres una buena puta Tendrás tu premio Pero antes, haré que te lo ganes con creces

Tuve la sensación de que lo decía apretando los dientes, como con rabia contenida o, más bien, con todo el deseo acumulado, con todas las ganas de follarme

Me acomodó con fuerza. Me puso en posición y empezó a follarme con fuerza con sus dedos, sin contemplaciones, sin dejar de decirme cosas que me ponían a mil y me provocaban para sentirle más, para conjurarle mis entrañas, mi fuego, mis ganas de ser la puta que él buscaba, deseaba, preparaba


Me sentí como una muñeca en sus manos. Enredó mis brazos a los suyos y me dejo inmóvil. La tirantez de los músculos era constante y el empuje de su polla entre mis nalgas avisaba de lo que me esperaba
Deseaba que me follara una vez más... o veinte..., que hiciera correrme, sentir ese miembro erecto, firme, grande en mi coño y en mi ano porque sabía que lo había estado preparando para eso para metérmela una y otra vez.

Y se frotaba, paseaba su miembro entre la humedad de mi coño y la preparación de mi retaguardia, empujando mi clítoris. Introducía la punta y se retiraba, provocando más mis ganas al tiempo que masajeaba mis glúteos, los palmoteaba, los apretaba, abría
Y cuando lo estuve, su polla entró en mi ano con tal fuerza que me hizo gritar a pesar de lo dilatado que lo tenía. Empezó con sus envites sin parar, como si quisiera meterme hasta los huevos. Podía escuchar el sonido de su carne chocando contra la mía, y cuando más intentaba zafarme, más fuerte me la clavaba; amén de cómo estrujaba mis tetas con la mano libre o cómo la colaba entre mis piernas para introducir los dedos o pellizcarme el clítoris y obligarme a levantar el culo; a hundir la cara en la sábana, apresada yo bajo su fuerza, y golpear una y otra vez con las manos el colchón en busca de clemencia.

Me hacía gritar en cada embate, cada vez que su polla entraba directa en mí, en mi más profunda oscuridad, abriendo canales Y empezó a moverse con fuerza, con ritmo, agarrándose a mis tetas, a mis pezones, cogiendo mi pelo como si fuera el ramal de un animal, haciéndome gritar, maldecirle Y cuanto más lo hacía, más fuerte eran sus golpes dentro de mí, más acusadas sus palabras hacia mí, volviéndome loca, sacando de mí la puta que llevo dentro Hasta que me fui..., hasta que aquella corrida nos mojó a los dos
Pero continuó…
Fuerte Duro Salvaje Hasta que se vino en mí. Hasta que llenó con su lefa todo mi interior Me dejó vencerme sobre la cama y él se venció sobre mí: 

- Buena puta –me susurró al oído antes de besarme, de acomodarse, de protegerme en sus brazos, de soltar ahora toda la ternura que antes le había convertido en un salvaje-. Mi reina...


14 comentarios:

  1. Uffffffffffffff por dios con el calor que hace y me tienes frito con tus escritos... pero me encanta freirme leyéndolos.

    A tus PIES

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  2. Pues ya sabes... Hielo... y ganas... Y no dejes de sentir... Eso es bueno y me dice mucho a mí.
    Besos de Pecado.

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  3. ¡Ahora si que me voy a dormir bien caliente! Hay que ver... vaya pedazo de relato. Me ha encantado, desde la descripción hasta las imágenes. Aunque me gustaría destacar como logras transmitir la sensación de esos instantes.

    Besos Carnales.

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    1. Pecados... Vivir, recrearse, sentirse dentro... Ponerse en la piel, empatía... Cómo tú lo haces. Y, sobre todo, la imperiosa necesidad de hacer vivir a los demás.
      Mil gracias por tus palabras.
      Besos de Pecado...

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  4. además..no te comento

    pones solo los comentarios mios que tu quieres

    pues mira,que te comente tu abuela

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    1. ¿Sabes por qué borro tus comentarios? Porque están siempre fuera de lugar. Me merezco un respeto y las personas que pasan por aquí también. Si quieres comentar, comenta, pero en condiciones. Un "me gusta" o "un no me gusta" puede servir, pero demás palabrería fuera de lugar como que no. Siempre te los he pasado y cuando eres educado los dejo, pero cuando pierdes el norte con las palabras, como comprenderás, no las admito.
      Saludo.
      Si tu comportamiento es el que yo requiero, perfecto. Si no, no. Siempre he sido amable contigo, aún dedicándome palabras inadecuadas, pero llega un punto en el que todo cansa.

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  5. Bueno.. déjame decir que tus palabras me tocan como el frío y el calor....
    Después.. la dicotomia sensible y fuerte... duro y tierno.... eso me hace soñar con un momento como ese...
    Delícia venir acá y leerte....

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    1. Muchas gracias, Delitos. La verdad es que viniendo de alguien que escribe tan bien y cuyas imágenes en su blog son tremendas, que me digas algo así me hace sentir orgullosa de mi trabajo.
      Besos de Pecado.

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  6. Fuiste la Reina de Su Trono, te elevó, desde su salvaje dominio, abrasándote en el fuego de su perverso infierno, directa entre gemidos alcanzaste el cielo.

    Un beso.

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    1. Y espero que siga siendo así, María, porque se ha entregado convencida de dónde se está metiendo, pero estoy segura de que él es una buena mano de la que dejarse llevar.
      Reina y Señora... y lo otro, solo para él.
      Besos de Pecado.

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  7. Juegos perversos que llevan a extremos, curioso como un hielo puede provocar fuego. El final es el acertado para mí.

    Besos de dulce.

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  8. No hay que dejar la dulzura, la ternura, el recogimiento, la protección... en ningún momento. Ella se ha entrado sin reservas a Él. Él la ha glorificado y le ha hecho sentir lo que lleva dentro.
    El final también es el adecuado para mí.
    Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.