Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

lunes, 27 de julio de 2015

Sobre tus piernas...

Te oí abrir la puerta de casa. Silbaste como de costumbre esa canción que anuncia tu llegada. Llegaste al salón y yo estaba en el sofá, con mi té en la mano y el libro abierto boca abajo sobre el asiento que quedaba libre a mi lado.
Dejaste tus cosas en la silla y en la mesa, y te acercaste hasta mí. Apoyaste una mano en el respaldo del sofá y la otra en una de mis piernas. Tu boca se estrelló contra mis labios y el perfume de tu piel se coló hasta mis pulmones. La sensación de ese beso me supo a poco y quise más. Alargué ese beso cuando querías alejarte. Tu lengua se prendió entre mis labios y empezó a jugar con la mía.

Te sentaste a mi lado. Me abrazaste. Tus manos se aliaron con mi cuello y mis mejillas. Mis brazos se cruzaron sobre tu espalda, aferrándome a tu cuerpo cuando te inclinaste sobre mí, quedando sobre mi cuerpo: Tu pecho pegado el mío. Y ese beso en la frente, que me vuelve loca. Y luego, tu boca clavada sobre mis labios. Mis piernas se abrieron para acogerte en el hueco que dejaron hasta que tus caderas se apoyaron en las mías.


Sentí como crecía tu deseo bajo tu pantalón, sobre mi ropa. Tus manos me recorrieron, desde la garganta, con tu boca entreabierta; hasta mis pechos, donde tus manos los coparon; donde tus dedos desabotonaron mi camisa y dejaron mi piel al descubierto. Sin trabas, sin telas que la escondieran.
Tu respiración se aceleró. Tu voz se perdió en un gemido. Tu saliva se revolcó con la mía en aquel beso denso, profundo, que parecía querer atravesar el hueco de mi garganta.

Te ayudé a abrirte la camisa y, mientras yo tiraba de mi pantalón, tú, de pie al lado del sofá, te quitabas el tuyo. Tu sexo emergió con fuerza tras retirar tu bóxer. Te acercaste hasta mí. Me tendiste la mano para levantarme. Te sentaste y me invitaste a hacerlo sobre ti… A horcajadas me coloqué sobre ti, percibiendo la erección de tu miembro rozando mi sexo, sin dejarlo entrar.

 

Nuestras bocas jugaban a ser una. Yo me movía encima de ti, dejando que tu pene profundizara en la línea que forman mis labios henchidos de deseo, mientras el vértice de mi sexo, la femineidad hecha perla, crecía con mi excitación, al roce de tu piel hecha músculo…
Sentía tus manos agarrando mis nalgas, oprimiéndolas, juntándolas y también separándolas, aupándome sobre tu sexo, intentando clavarlo en mi carne. Esa altura, favorecida por mi impulso, permitía a tu dedo buscar el anclaje al final de mi espalda y  tener mis pechos al alcance de la boca.
Erectos mis pezones, llamativos timbres en alerta, se hundieron entre tus labios. Primero uno. Luego, se vencería el otro. Tus dientes los aturdían. Los labios los consolaban. La lengua los bendecía… Y tu boca entera, los enterraba.
Pero mi excitación provocaba que mi sexo se llenara de esencia, que mis efluvios exudaran de mis carnes, mojándote, confundiéndose con tu borrachera de sensaciones, hasta que en ese grito vestido de gemido, con la garganta seca pese a la saliva de tu boca, fuera la llamada de guerra en la que tu cuerpo y el mío se fundieran por completo.

Mis alzadas sobre tu sexo. Las clavadas del tuyo en el mío. Tus líquidos. Mis fluidos. Mis pechos arrugados bajo tus manos, presas hinchadas de deseo. El retorcimiento de mis pezones bajo las yemas de tus dedos.
Y las miradas perdidas y al mismo tiempo, fijas la una en la otra, como mareadas, como incandescentes… Vibrando de deseo, de entrega, de calor, de fuego…, de esencia tuya… y mía.
Tus gemidos… Mi respiración entrecortada.
Tu respiración ronca y mis jadeos.
Y mi sexo inundado del tuyo. El tuyo impregnado de mis jugos, de la esencia de tu vida y de la resurrección de la mía.
Y en ese abrazo, ese que nos separaba apenas un pálpito, te derramaste en mí, escupiendo esa savia blanca que se fundió entre mis paredes calientes, oscuras y mojadas, lavadas tras un instante con ese río de lava transparente que nació de mí…
Y en ese orgasmo compartido, en ese cúmulo de espasmos, de sacudidas inflamadas de sonidos parpadeantes, tu cuerpo exhalado y el mío padecido, perecieron juntos en resurrección postrera.

Sí, ese fue mi recibimiento… Un momento de arrebato que tenía que estallar entre mis piernas sobre las tuyas.

12 comentarios:

  1. Emprezastes con el cariño entre los amantes.. el cariño, el deseo.. y eso fué cresciendo.... los fluidos salindo de los amantes, los liquidos del amor.... y todo fué un encatamiento.... el clímax glorioso.
    Como siempre, un história de amor completa....
    Besos amiga!!!

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    1. Delitos, hola, guapo!!!
      Sí, empecé con amor porque el amor nunca debe faltar. Ya ves que siempre hay un halo de romanticismo hasta en mis entradas más pasionales. Es algo innato en mí.
      Y de los fluidos del beso se pasa a algo más, y es ahí donde radica la esencia de este amor.
      Besos de Pecado.

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  2. Respuestas
    1. ¡Fénix! Me alegro mucho de verte. De tanto en tanto paso por tu casa y podría decirte las mismas palabras que tú me dices.
      Besos de Pecado.

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  3. Rezaste el credo en él, de rodillas ante el sagrario de su sexo, clavándote la vida, retorciendo el placer, gimiendo el grito en tus adentros, bebiendo tus pechos en el vaivén de ese baile de cuerpos enterrando y hundiendo el placer en vuestra carne.

    Me encantó tu sensual texto, como todo lo que escribes, siempre te lo digo, porque así es.

    Un beso muy grande, preciosa.

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    1. Aich, María, Marieta!!!!
      ¿Qué voy a decirte ya que no sepamos las dos? Somos fuego, somos ternura... Y en eso nos movemos.
      Y un hombre así, se merece todo... porque también sabe darlo todo.
      Besos de Pecado.

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  4. ¡Menudo recibimiento! Un relato excitante, caliente y sensual, tanto como tú y tu estupendo blog. Gracias a ti voy a acostarme más caliente de lo que ya estoy... Enhorabuena por tu escrito.

    Besos Carnales.

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    1. ¿Acaso no se merece un recibimiento así? Y bueno, ella es así. Fuego y pasión siente por ese hombre.
      Bueno, si te acuestas más caliente, cuando nos encontremos en el Infierno no pasaremos tanto calor y lo disfrutaremos más :-)
      Besos de Pecado.

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  5. Ese tipo de arrebatos son lo que hacen de lo inesperado algo placentero. Hay un fragmento que me gustó mucho: "Tus dientes los aturdían. Los labios los consolaban. La lengua los bendecía ...Y tu boca entera los enterraba"

    Besos de dulce y dulce semana.

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    1. Dulce...
      Me gustan los arrebatos. Me gusta sorprender. Me gusta que nuestra "chica" se entregue, se dé... porque siempre recibe lo que merece. Sí, ella es así. Siempre espera todo pero nunca lo dice. Y sabe agradecer todo cuanto le dan.
      Sí, ahora que lo dices, las frases son buenas :-) A veces escribo, me gusta cómo queda pero no le doy la importancia que tiene. Le haré un post en G. Me has convencido.

      Besos de Pecado... Y permite que hoy sean dulces también por el día que es.
      ¡¡¡¡Feliz Día!!!!

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  6. Esta lectura a estas horas es peligrosa... bueno, a estas horas y a cualquiera. Delicioso y excitante.

    Besazo!

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    1. La cosa no es la hora... es la mente que lo necesita y se deja llevar.
      Gracias por pasarte.
      Besos de Pecado.

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Ver y sentir siempre es pecar... Y me encanta que lo hagas.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.

Bajo esta serpiente que abraza hallarás todas las PECAMINOSAS IMÁGENES que nos concede el Pecado.
Deja que su Tacto encarne las pupilas de tus ojos.

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Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

Te acercarás despacio a mi espalda para hallarme bajo la sábana...

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

En nombre de ti, de mí y del polvo que somos y en el polvo que echaremos. Amén.

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Traza sobre mí arabescos con tus manos y tu lengua...

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

Y marcaré sobre tu piel la señal de la putísima mujer.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.