Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Caucelingus...

Entre mis labios húmedos hundes la falange de tu lengua, 
vibrante, torpedea mi hendidura y tú te enjuagas de mí,
intenso, bruto, salvaje, 
con toda la sed de los desiertos 
mientas me hago lluvia entre tus dientes y tus labios…

Y repta tu lengua entre mis canales 
en busca del precipicio en el que hundirse 
o en busca de la cúspide en la que trepidar… 
en tanto te asías con los dedos como garfios, 
desgranando la flor,
mientras graniza tu respiración y quema tu aliento… 
en esta llamarada líquida que soy yo en ti.

jueves, 4 de febrero de 2016

Tuya... Mío... Nuestros...

Adormilada, boca abajo, como cada amanecer, te siento a mi lado moverte, acercarte a mí… Siento tu beso en mi hombro y tu mano en mi espalda, bajando despacio sobre la tela que me cubre y bajo la que solo vive mi desnudez.


Atisbo con los ojos cerrados el peso de tu mano entre la calidez de mis piernas, buscando en su norte el rocío de la mañana y tus dedos, como pétalos sedientos, se bañan de él, en esa humedad caliente que mana en suave gemido.

Dulce oscuridad la que cubre tu paso, que se cierra en torno a ti antes de que bebas de ella en ese beso compartido de tu boca y la mía.
Y es así, como siento tu cuerpo sobre mi espalda, como una segunda piel, y el roce de tu enclave limitado a mis estrecheces, humedeciéndose al hacerse camino.

Es mi espalda la ladera por la que te enfilas, el cauce de tus manos hacia mi cuello, hacia mi nuca donde, férreo domador, amarras mi melena y tiras de ella, obligándo a erguirme, a gemir tu nombre en plegaria maldita.
El chasquido de tu mano me pone en trote con las rodillas bien asentadas, con el pecho empinado, mostrado y entregado al clamor de tu mano.



Libre me cabalgas. Libre siento tus embates cuando amarrado a mis caderas mi pose se convierte en oración al este y el tuyo proclama al cielo. Tu aliento quema mi boca sabiéndome tuya…

Tuya en cada envite.
Tuya…
Tuya…
Toma… Cojo…
Tuya…
Tuya…

Y cuando más tuya me haces, más Mío te sientes.

Mío…
Mío…
Mío…
Dame... Tomas...
Mío...
Mío...

Mío en cada golpe, en cada derramamiento… Mío… Tuya...
Y es mi sexo la flor que se abre a tu paso, canal fortificado de deseo, de la lujuria desvestida.


Último alarido. Último grito.  Último aliento bañado en tus tibias esencias, blancas e impolutas, que se resbalan sobre el canal que deriva en el centro de mi cruz, en tanto tú eres honrado con la bendición de mis aguas, las que purifican lo desvirgado, lo sacralizado en ese último verbo que somos tú y yo en este Divino Pecado de sernos y pertenecernos. 
Y es tu cuerpo volviendo a descansar sobre mí, rendido, abatido... Resurgido y resucitado mientras yo bebo todavía las mieles de esta pasión .


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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.