Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

viernes, 29 de septiembre de 2017

El primer segundo paso (II)...


Antes...

Volvió a incorporarse y no me atreví ni a moverme a pesar de que estaba libre pero la mano abierta en el centro de mi espalda y sus caderas pegadas a mi trasero me indicaban todo lo demás. Oí el abrir y cerrar de un cajón. Luego, el tacto de una tela suave sobre mis nalgas. Respingué, y respiré tan hondo que hice ruido. 
Me cubrió los ojos con aquella tela, y me volvió a incorporar. En mi espalda su pecho. Su erección pegada a mi piel. Tomó mi pelo en su mano, como un ramal de una yegua que ya estaba medio domada… y tiró suavemente hacia Él. Percibí que me olfateaba. Su respiración me quemaba y el efecto se notaba en toda mi piel, desde la erección de mis pezones hasta la humedad que se filtraba entre mis piernas, pasando por aquellos latidos que parecían tambores de guerra, una guerra que estallaba en mi cabeza y entre sus brazos. 
Yo, que soy mujer de mil palabras y mil suspiros, había limitado mi espacio al sumo silencio. Parecía considerar un sacrilegio romperlo.


Aquella sensación de emociones enfrentadas y confrontadas era una marejada que me perturbaba por completo. No sé si a Él le sorprendía o no mi silencio. No me había educado. No estaba educada por Él. Lo que yo le ofrecía era esencia pura, mujer pura sin artificios, dejándome llevar por lo que creía correcto pero sin pensar en ello… Era puro instinto de entrega pero, al tiempo, de exigencia propia y ajena. 

- Quiero que esto sea sincero. Sabes que no soporto las mentiras ni los dobles juegos. Esto no es por probar y ver qué pasa. Esto es lo que has de desear. Esta noche has dado un gran paso y has de asimilarlo. Sabes que puedes ser muy buena. La mejor que he tenido. Cuando esta noche salgas de esta casa tienes dos opciones: Regresar o no volver jamás. De ti depende. –Y guardó silencio. Este podía cortarse. Volví a respirar hondo, a boca abierta. Necesitaba mucho más aire. En ese momento me quitó la venda de los ojos, y no solo literalmente. 

Tardé unos segundos en hacerme a la luz. Me sentí pálida y creo que realmente lo estaba. No dejaba de agarrarme al mueble y ya no era casi consciente de que continuaba con las bragas bajadas. Respeté el silencio. Le miré a los ojos sin ningún miedo. Tal vez recriminara ese gesto en mí pero tampoco me lo había prohibido. Puso su mano sobre mi pecho, allí donde me estaba estallando. 

- Debes calmarte. Estoy seguro de que tomarás la decisión más adecuada para ambos pero has de pensar en la responsabilidad que adquirirás. No debes preocuparte de la que yo deba asumir. 

Su tono ronco, dominante, se terció más cercano, más cariñoso podría decir. Algo que agradecí porque sabe sé ponerme a su altura y no es falta de humildad, solo de carácter y que digo lo que pienso aunque luego deba pedir perdón. 
Aquella conjunción de sentimientos, de emociones, de sensaciones… provocó en mí algo que ya llevaba conteniendo desde hacía minutos. Mis ojos empezaron a llorar… No lo podía controlar pero Él tomó mi rostro entre sus manos, me miró a los ojos y comenzó a besarme por toda la cara, bebiendo mis lágrimas con toda la ternura que jamás pensé pudiera hallar en Él. 
No es un tipo fácil. Tiene un carácter fuerte. Muy suyo. Un ser de esos con los que confluyes o caes en un abismo infranqueable. No me fue sencillo colarme en Él pero sé que tampoco iba a serlo el separarlo de mí. 

Tomé una bocanada de aire en medio de aquel maremágnum de estremecimientos, y Él me dio su aliento. Primero fue un gesto calmo. Lo que yo necesitaba, y al que me entregué. Luego, su lengua me profanó entera, sin más opción que asimilar, tragar saliva y respirar al mismo tiempo sin dejar de apoyarme en la mesa por miedo a perder las fuerzas.


Me alzó en sus brazos y me sentó en la mesa. Mis bragas cayeron al suelo. No dudó en bajarse la cremallera del pantalón y volver a cogerme de la melena para echarme hacia atrás… Sentí su boca y su lengua bajarme por el cuello, colarse entre las telas que formaban el escote, sobrepasar la zona de mi sujetador…, morder mis pezones, incluso absorber, dejando mojada la blonda. 
Mis dedos no fueron peine para sus cabellos sino dos pinzas para prensarlos, para usarlos como cuerdas y amarrarlo a mí hasta que noté el fuego de su aliento en mi sexo. 
Me lamió, me bebió, me blasfemó… y me hizo maldecirLe desde lo más hondo de mis entrañas. Era como un macabro juego de deseo donde nos volvimos dos ávidos psicópatas del cuerpo del otro. 

Probé mi sabor de sus labios. Jugué con su lengua, la hice mía en todos los sentidos. La lamía, la tomaba entre mis labios y mis dientes y absorbía de ella, follándomela; mientras Él me agarraba las nalgas y mis piernas se abrían más… 
Le recibí golosa y hambrienta. Su carne se hundió en la mía. Hasta el fondo. Ambos, entre quejidos, gemidos y jadeos, bailamos aquella danza de pieles, de flujos, de deseos contenidos hasta ese momento, de necesidades mutuas… Y Le demostré Mi Verdad, con mayúsculas, porque Mi Verdad puede quemar, es puro fuego… y el fuego, este fuego, no engaña. 

Me hice de Él. Era la rúbrica. La rúbrica de que Él también era mío.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Sino bendecido...


Señor... 
Mi Señor... 

Cierro mis ojos en plegaria. 
Solicita para que me otorgues 
el camino de la Humildad 
y en ella, 
hazme crecer. 

Ante Ti. 
Ante mí. 

Señor, por el infinito de Tu Tutela 
alcazaré la libertad, el gozo y la dicha. 

El sino de esta carne bendecida por Ti. 

Me acogeré con docilidad 
a la docta de Tu Requerimiento. 
Exhorto destilado desde Tu mirada, 
desde la calma satisfecha 
por la Entrega de la Hembra sida. 
Erigida…en reverencia. 

Presta estoy,
Mi Señor,
a recibir los estigmas de la Pasión.



domingo, 17 de septiembre de 2017

El primer segundo paso (I)...

No voy a entrar en detalles de cómo nos conocimos ni qué hicimos para que resultara la historia así. Ni siquiera me planteo el por qué. Los caminos del Señor son inescrutables. Los de la Carne hay que vivirlos. A veces se suma un poco de sentimiento y un nada de sentido. Pero nos sobraban ganas y motivos. Así, que aquel encuentro fue un punto de inflexión entre nosotros.

Me dijo algo especial. Algo que no me había dicho antes. Algo que percibí muy dentro de mí. Tal vez no hubieran sido solo las palabras sino, también, todo lo que antes había ido aconteciendo. Eso que no sabíamos cómo definir. Algo solo nuestro. Toda la velada había sido espectacular. Podría decir que exquisita. Cuando llegamos a su casa me sentía cansada pero, al tiempo, muy excitada y motivada por nuestro encuentro. Tan deseado desde hacía tiempo.

- Espérame aquí. Ponte cómoda. No tardo nada –me dijo una vez en la biblioteca. Ese espacio de la plata sótano, encaramado en estanterías repletas de libros de diversas material, todas muy interesantes. Arte, diseño, lectura histórica…, biografías…, una impresionante alfombra cubriendo el suelo y un amplio sofá. Algunos cuadros y un rincón de lectura junto a una zona de despacho. 

Sentí una presión en el pecho. Ese nerviosismo que no siempre se sabe cómo gestionar. Observé todo con atención. Buscando los detalles. Me producía cierta curiosidad saber dónde guardaba sus juguetes. No miré pero intuí. 
Bordeé la mesa. Perfectamente ordenada. Observé los libros. Hubo un par que me llamaron la atención y tomé uno de ellos. Con él en la mano me sorprendió porque no reaccioné de forma brusca para dejarlo en su sitio cuando regresó. Se había quitado la americana y el chaleco. La camisa negra Le hacía perfecto, y las gafas, un aspecto interesante. 
Dos copas y una botella de vino. 

Dejé el libro en su sitio y aguardé sin moverme. Abrió la botella cuidadosamente. Parecía un ritual. Sirvió un tercio de las copas y me ofreció una. 

- Deberíamos brindar… por esta noche especial, ¿no crees? 
- Me parece perfecto –sonreí. Su mirada era una daga directa a mis intenciones pero no por ello me cohibí. Simplemente clavé la mía en la de Él. Bebimos mirándonos. Mi corazón latía fuertemente y aprecié, al dejar la copa sobre la mesa, una erección visible marcando el pantalón. 

Su mano derecha se apoyó en mi cadera. Lentamente, la fue subiendo por el costado hasta situarse a mitad de la espalda. La otra, fue directamente a mi mentón. Volvimos a mirarnos. Sonreí tímidamente descendiendo la vista por su nariz, sus labios, recorriéndolos, su mentón… Y apoyé la mía en su mejilla. Mis dedos acariciaron su barba y los perdí sobre su nuca mientras su pulgar recorría mis labios, dibujándolos, abriendo mi boca. Lamí la yema de ese dedo. Él respiró hondo, emitiendo un sonido ronco. Me apretó contra Él. Me sentí pequeña entre sus brazos. Inmensa en sus deseos. Me giró y me tomó desde atrás, como quien desea sorprender. Solo puede cerrar los ojos y percibir su aliento como una llama... de deseo.


Nuestras bocas se unieron en aquel beso. Nuestros besos nos devoran la boca, nos laceran los labios…. Las lenguas hurgan e invaden todos los húmedos espacios, la oscuridad lagrimosa de saliva.

Nuestras respiraciones comenzaron esa sinfonía in crescendo. Mis manos quedas en su nuca, enredando los dedos entre su cabello. Las suyas, prendiéndome la ropa, erizando la piel que iba descubriendo hasta que una se perdió entre mis muslos. No me importaba que notara la humedad que su presencia ocasionaba en mí, el deseo que se hilaba entre la henchidura de mis labios… No me importaba que mis gemidos cubrieran su silencio ni que callaran los deseos de Su Voluntad ni que estuviera desatando todos mis demonios… porque con ellos, enloquecerían los suyos. No me importaba nada más que sentir sus ganas colmando las mías.


Magreó mis nalgas, arañándolas con las yemas de los dedos, como garfios de carne separándolas. Notaba cómo tiraba la piel, como mi sexo se contraía al tiempo que se empapaba más, como en mi mente se dibujaba la escena de sus dedos invadiendo los estrechos cauces entre mi trasero. 
Pero no. Bajó mis braguitas, dejándolas a mitad del muslo, y me giró enérgicamente, dejándome de bruces contra la mesa y con la falda de mi vestido levantada; con la mejilla pegada al tablero, con mis pechos aplastados… y mis piernas abiertas por el movimiento de su pierna hasta el límite de mis bragas. La presión de su mano en mi nuca me impedía cualquier movimiento de cabeza. Noté ligeramente su pecho inclinado sobre mí, el roce de su barba en mi mejilla, sus labios acariciando mi oreja…

- Sabes cuánto espero de ti, ¿verdad? –me susurró. Aún así, el sonido era ronco.- Y que jamás te haría daño. No puedes cuestionarme aunque sé que lo harás pero eres suficientemente inteligente para guardar silencio. -Mis latidos se contrajeron. Me dolió el pecho.- Tu cabecita me vuelve loco…, y lo sabes… Logras intuirme, adelantarte a mis deseos y pensamientos… -Pareció concluir al rozarme el lóbulo con los dientes, mas prosiguió. En aquella postura, a su merced, iba a recibir el discurso que ya sabía y que nunca había necesitado decir. Intuí que se trataba de una especie de “eres mía y voy a hacer contigo lo que jamás nadie ha hecho y te sentirás como con nadie te has sentido. Prepárate.” 

Mi pulso se aceleró. No sé si estaba realmente preparada pero había llegado hasta allí. No iba ahora a acobardarme. Por alguna razón el sentido era mutuo y, sobre todas las cosas, el límite lo pondría yo porque Él solo podía aceptar lo que Le fuera ofrecido. Yo, a cambio, recibiría lo que necesitaba, incluso aquello que ni imaginaba que precisaba. Como un buen publicista, crearía necesidades en mí. Pero yo… yo también podría crearlas en Él, empezando por mí misma. 
No podía temblar pero era incapaz de detener aquella emoción que me embriagaba de pies y a cabeza y que me impedía, incluso, pensar con claridad. Imagino que se trataba de eso. El tiempo pareció detenerse en ese preciso instante. 

Seguirá...

martes, 12 de septiembre de 2017

Desbordada... Incontenida en ti...



Son tus manos las que se asientan en mis nalgas y tu boca en mi sexo ansiado. Entre todas se conjugan las caricias que invaden los rincones y conquistan las oquedades que se abren al empuje de tu lengua y de tus dedos. Y mis muslos, temblantes, se apoyan suavemente en tus hombros, resistiendo el envite de tus labios en mis labios ávidos de deseo. 

Clavo mis dedos en tu nuca, como finos garfios, intentado controlar el libre albedrío de tu boca… Haces que me agite, entre rebelde y sumisa, que me entregue al placer que circunda mi sexo anegado y recorre mi vientre hasta mis pechos, y mi espalda hasta el cuello… Suspiro el placer y lo exhalo, conteniendo mordidos los gritos en mi boca. 


Acometidas de placer… 
Me siento vencida. Me derrumban sobre ti cuando tu boca somete mi sexo penetrado y tus manos se apoderan de mis nalgas abiertas, ofrecidas para que tus dedos, impregnados de mis jugos de mujer, invadan lentamente el pequeño orificio dejado al descubierto y ensanchado, ensalzado en rosáceo. 

Mi pelo, desplomado como el guerrero en batalla perdida, acaricia tu espalda atravesada por las puntas candentes de mis pechos… 
Mis piernas tiemblan sobre tus hombros… 
Tu boca se llena del torrente vertido de mi sexo expropiado febrilmente por tu lengua… 
Y tus dedos lubricados horadan la estrechez de la gruta que se esconde entre mis nalgas como la tierra virgen sin arar. 


Derramada sobre ti te regalo los ríos ardientes de mi orgasmo… Tiemblo, con los labios apretados en tu piel… Y retumban mis gemidos en el centrado filo de tu espalda…

martes, 5 de septiembre de 2017

Ósculo Sagrado...



Es sepulcro de mi boca 
el martirio de tus besos. 

Un silencio regio, 
esbozado con las hebras de un suspiro. 

Un mar de briznas exudado de espuma. 
Luto blanco en la comisura de los labios. 
Noche plena en la calma de mi gozo. 
Sombras erectas a las oraciones de este Credo... 
de mí en Ti. 

Ósculo sagrado, 
volcado en el Sentir. 
Encaje engalanado de vigilias y deseos. 
Corona regia engarzada en Pecado
por el Don de Mí Señor.



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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.