Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Su Hetera...

Daba igual dónde me rozase, con qué me rozase… Mi piel recibía sacudidas como las que produce una descarga eléctrica. Eran tantas las sensaciones que se iban acumulando que cuando explotaran sería como un volcán dormido durante siglos que acaba de despertar. Sí, he sentido sensaciones parecidas pero cada una de ellas es diferente a cualquier otra. Supongo que fue cada uno de los pasos ocurridos desde la mañana hasta ese mismo instante. Fue como una historia de amor predestinada. Una de esas historias dulces e ingenuas que empiezan con una mirada y acaban con un polvo. Sí, polvo y de los buenos. De los que te mojan hasta el alma. Y es que él es uno de esos hombres que cuando te follan te abren en canal la mente, la carne y, sí, el alma. Inevitablemente. Uno de esos pocos que te hacen sentir tan Puta que te santifican.


Me apoyé en las plantas de los pies y separé mis piernas para parir todas aquellas sensaciones que descontrolaban mis sentidos, todas aquellas que sus dedos, su boca y su lengua cosquilleaban, mordían y rastreaban dentro, fuera y alrededor… Hasta que el deleite me consumió y el vivo manantial de mis entrañas afloró sobre su mano, impregnando y mojando no solo a ella si no, también, la tela que cubría el sofá del sofá… Él sonrió y se inclinó para empezar a beber del fruto de sus actos, volviéndome a encender con aquellos gestos. Se acomodó. Sujetó y tomó una de mis piernas, elevándola y abriéndome, al tiempo que me hacía presa entre su abrazo y del peso de su cuerpo, ejerciendo toda la fuera de su rostro contra mi boca mientras con movimientos enérgicos, entraba y salía de mí, haciendo chocar sus huevos en la abertura de mis piernas. Mis fluidos hacían su papel y la penetración era tan fácil como ágil hasta que me corrí de nuevo. Fue tan abundante que temí que su verga saliera de mí con la misma embestida… pero no: acentuó sus envites, presionó su boca contra la mía hasta casi dolerme, y percibí aquellos espasmos que me aseguraban su corrida.

Exhaustos, dejó bajar mi pierna. Estaba tan entumecida como extremadamente excitada. Hubiera querido que me follara de nuevo y, de hecho, alcancé a coger su todavía erecto miembro y sacudirlo en mi mano. Estaba recubierto de la textura de nuestras corridas. Desde la base hasta la punta, no dejé de agitar… —Baja… —me dijo. No tenía que esperar demasiado. A pesar del entumecimiento provocado por tanta presión sobre el cuerpo, me acoplé y comencé a devorarla con tanta ansía que tuvo que frenarme— Calma… Despacio… 




Me empapé de él, absorbí hasta la última gota y me comporté como la Zorra, cortesana, hetera, o cómo deseara llamarme, que yo sentía y él deseaba, la mayor de todas, sin importarme otra cosa que no fuera el gozo de sentirme viva y matarlo de gusto. Las gotas se resbalaban entre las comisuras de mis labios y me deleite de uno de los sabores que menos gracia me hace, verdaderamente. No deje de mirarle a los ojos y podía ver la expresión de disfrute en ellos y la expresión desencajada de su rostro cuando se desbocó en mi boca, cuando me salpicó de su blanca esencia y cuando, en aquel beso, la compartimos.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Estigma soy...


Todos los Pecados quedan sacrificados en mi piel... 
—y en mi mente, donde viste la noche—:
Estigmas de Deseo y de Saber. 

Trémula, los comulgo entre los labios 
y,  asiéndolos a la firme convicción del Maestro, 
me convierto en lo que (Te) Soy. 
Bebí... y contuve, 
en el cáliz de mi boca, 
el alabastro fundido de las comisuras de tu carne... 
Y descubrí el verso de Tus Manos 
en la quietud convulsa de mi alma. 


miércoles, 5 de septiembre de 2018

Mi cuerpo, mi mente...

y hasta mi alma: Un lienzo para el Maestro



Aparezco ante Sus Ojos con la impronta de un velo que me desnuda, con mi piel arrancando cada paso, con la mirada clavada en el Maestro. Vengo dispuesta a vestirme de lienzo, encarnándome en el deseo que se vislumbre en las yemas de Sus Dedos, en cada verbo de Su Aliento, en cada pincelada de Su Pensamiento. Me apetece, igual que me apetece Él, ser Su inspiración y, al tiempo, la confirmación de Su Obra.

Le quiero borracho de ganas de mí, ávido de sentirme clavada entres sus piernas, cabalgado al trote en un sinfín de trazos: Rojo carne, trasparente sudor, blanco saliva… Besos con sabor a humo y a brandy, a restos de pasado y hambre de futuros. Me descubre tela virgen, en un respirar lento, percibiendo su aroma y el anhelo de perdernos bajo la piel. Siento que cada paso que da es un requiebro para mi alma, un latigazo de crines salvajes arrematando contra mis entrañas. Y bebo, del tiempo de espera, la gracia de perderme entre Su abrazo, entre el gemido rezumado desde lo más hondo de Su Garganta.




Mide en caricias la tibieza de mi piel y lo hace con la templanza de quien controla y sabe lo que hace. Puedo rendirme en cualquier momento. Tal vez sea este, cuando su boca traza el lascivo sesgo entre mis pechos, bordeando las cumbres con las yemas de los dedos, forjando un hilo entre ellos antes de tallar con los un matiz en erección que succiona y escupe, tensando mi lienzo en el vaivén de estos quejidos que le enloquecen y le animan, irremediablemente, a seguir con la siguiente pincelada… Sé que mis labios, no mi boca que comulga como abismo de sus dedos, se hallan entre los velos negros, clamando ya su atención… pero el Maestro se toma Su tiempo y se deleita en su misión mientras amarra mis muñecas con las sedas y Su Lengua es un manantial de suspiros enhebrados desde lo profundo de mi ser, siendo ese quemazón en lo más hondo de mi carne, ahí donde mi mariposa de carne, tímida, tiembla ansiosa como la estrella sobre el horizonte. Una caricia, una precisa caricia y el néctar que destila será su honra, la firma de su obra, esa que beberá y de la que se impregnará como el pincel se prende de los mis colores de su paleta…


martes, 28 de agosto de 2018

Dilección...


Quiero arrodillarme,
en adoración,
que me cierres los ojos
y tomar con mi boca
la obscenidad nívea y coronada que escapa,
la que marca el compás de mi sangre en devoción de Hembra.
Esa que es Tu necesidad, consuelo y maternidad,
la que pinta de luna noches de lujuria...
y enarena de amaneceres rojos la tibieza de la piel.

Quiero honrarTe y enaltecerTe,
en la benevolencia de mis gestos
y en la comunión de nuestros anhelos,
el culmen de este sagrado acto de la veneración:
Unción de tu carne prendida en la mía.
Crisma de pleno derecho sobre el cauce de mi alma,
sobre las llagas de fuego que enervan la piel
y enarbolan esta bandera de Sentimiento;
encumbrado desde las preces de Tus Pies
donde miro al Cielo de Mi Señor
y encuentro la razón de mi Destino y
la Dilección,
Amor honesto y respetuoso,
de Mi Maestro.


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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.