Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

martes, 7 de julio de 2020

Sánscrito...


Tus besos, palabras en mi cuerpo, 
tatuados hasta la umbra de mi esencia. 
La historia más preciada entre las curvas de mis bocas, 
aprehendidas al deseo, 
mientras rubricas en blanco el final de tu anverso.

Magia vítrea cada uno de tus grafemas,
caricias húmedas de tu lengua en los renglones
que hilvanas con cuerdas de seda sacra
y amarras táctil al sufragio de mi aliento.

Un solo sonido
palpita como puntos suspensivos.
cardinales marcando el ritmo de este recital
de piel de piel.
Y entre dos,
los arabescos que nos sortilegan
que nos cosen la carne
cual trepadora errante que nos enreda
y se hace autarquía
en la Palabra, el Sentido y el Silencio
para perderme en el sánscrito verso que evoca tu boca
y, así, de tu gloria, renacer lienzo.



miércoles, 1 de julio de 2020

ImPulso...



Mía, me dice mientras me corta el aliento en el callado de su mano, bajo la que vibra mi pulso y no le tiembla a él cuando de hacer se trata. Siento sus latidos en mi nuca y la presión en los míos. Las entrañas se condensan en ese impulso que las henchía como sismos a punto de quebrar la tierra y elevar las aguas hasta cubrirla. 
Se erecta la piel y se descubre a la irreductible pasión por la que su fuerza me mantiene en el aire, en vilo, subyugado mi deseo al momento en que él lo decida. Y yo, arrebolada en un enjambre infinito de placer, suplique.

Trepa sobre mis costados. Rompe la tela y la cordura se vuelve locura al son de una boca perdida en el tormento de la otra, sin remordimiento y con hambre. De la comunión de salivas y  la conjunción de los alientos nace la esencia que vibra, que ensalza la piel que tiembla sin resquebrajarse  hasta que su forma se adapta a la mía, su carne abre la mía.

Sus clavadas parecen reventarme por dentro sin concesión alguna, abalanzándose sobre mi pecho, lamiéndolo, hincando sus dientes con mesura precavida sobre el vértice sonrosado… Siento que vuelo en ese gemido, contorsionándome como alma poseída mientras sus dedos son ganzúas en mi boca, arracándome quejidos que inundan sus ganas y atraviesan las mías en ese último sentido vestal, cuando el orgasmo sobreviene sin que él deje de balancearse, de embestirme como quien pone bandera y se convierte en la bestia que expira guturalmente el pecado que la consume... o la bendice.


Y reina la paz que con orgullo se cuida y se deleita. 
Entre su boca y la mía. 
Renace el suspiro clamando el último gemido que germina. 
Entre su piel y la mía. 
Y la carne se vuelve mansa y se enreda en el círculo sagrado que loó el Pecado.


martes, 23 de junio de 2020

Llamas en la Boca....


Tus manos, garfios que se enredan en las olas de mi pelo.
Mi boca, silencio armado a las juntas de tu carne.
Vibro
en un alarido que congoja la quietud
y rugen, desde tus abismos,
los demonios que adoro.

Delirio.

Gimes
en un estallido que se hace volcán
en los angostos que nacen bajo mis uñas
y tarascas
el aire que se escapa
mientras exabruptas verbos que conjugo
con oficio de pecado capital:
Gula en la destreza de mi lengua
y lujuria en los hálitos perversos
que visten mis intenciones y hechuras.

Destilo con mi saliva rocíos de gozo que tu boca susurra,
y medro con mi aliento estigmas blancos. 
Pájaros errantes de flama viva
que arden raíces y son rimeros de hambre.

Y yaciente pira de exudos y crisoles,
los cuerpos que se azogan y trepitan
probos de placeres y honras.



martes, 16 de junio de 2020


Sentí su cuerpo pegado al mío, irrefrenable. Tibia su piel al roce de la mía. Temblorosa su boca al contacto de mi aliento. Podía percibirla temblar, extenderse y arquearse como una ola que viene brava y yace sobre la arena. Su nombre remembraba en la agitación de mi respiración. 

Pasó su mano por mi pelo, sujetándome y supe en ese preciso instante que me comería la boca. Su lengua jugueteaba con la mía, mientras mis dedos exploraban la humedad de sus labios. Hambre. Ella había dado otro significado a esta palabra. Y supe que nunca había deseado tanto a alguien como hasta ahora. 


Descubrir lo que me provocaba, no solo erizaba mi piel, sino que corrompía mi alma en un auténtico demonio que me avocaba a entregarme a ella sin pensar en nada más. Era puro deseo lo que sentía por ella. Una necesidad que se colmaba cuando nos enredábamos en aquellos abrazos, cuando nos devorábamos la boca hasta dolernos, cuando el fuego de nuestras miradas acallaba todo lo demás... 

Me tomaba. Lo hacía con cada centímetro de mi cuerpo, porque ella había alcanzado a tocar rincones que no sabía siquiera de poseer. Abrí mis piernas y mi ser entero. Temblaba. Estaba siendo presa de la fiebre que me provocaban sus caderas y deseaba liberarme. Quería sucumbir ante ella; la abolición total de todos mis límites bajo el influjo de su tacto; que claudicara hasta el último de mis tabúes cuando su voz pronunciaba mi nombre. 

Percibí su calor en la comisura de mis labios. Sus piernas eran el postigo al infierno, un infierno en el que no dudaba en arder, en el que me bebía sus demonios uno a uno, los martirizaba y golpeaba con mi lengua, apoderándome de sus almas. Me aferraba a ella. O ella se vencía sobre mí. Me hundía en sus pliegues y se entregaba al caudal que me enloquecía. gemía y maldecía. Se retorcía mientras mis dedos profanaban y arremetían contra ella, se expandían en su interior... La miraba desde el arco de sus piernas. Sus pechos, erguidos; sus vórtices, erectos... 


Maldije en todos los idiomas que conocía. No daba crédito a lo que salía de esos labios; lo que su lengua me estaba provocando. Mis manos se enredaron en su cabellera, haciendo que su boca comulgase con la mía. La mezcla de perfumes, de sudor y de sexo era el más potente afrodisíaco. Me fue natural querer lamer su seno, hundir mi rostro entre ellos y morder sus pezones. Ese aroma que desprendía su piel; la suavidad de sus manos sobre mi cuerpo; el sabor de sus pechos; el ritmo alocado de su corazón; la luz que desprendían sus ojos... Me dejé ir y ella se venía conmigo; una y otra vez. Ella había liberado un demonio y ahora debería domarlo o quemarse en su fuego. 

Se arqueaba y exudaba como si estuviera sometida a posesión. Clavaba los talones en el colchón, me presionaba hacia ella. Se elevaba exultante, totalmente entregada mientras sus dientes provocaban en mí esa necesidad de venganza. Dominar o ser dominada. Alzarse o sucumbir. Mis demonios y los suyos cabalgando en la misma consumación. Nuestras piernas abrazando al otro cuerpo. Nuestras bocas embebiéndose del sabor de la otra, las lenguas usurpándose el propio espacio... Las pieles ardiendo, las entrañas rezumando pálpitos húmedos, viscosos, dulces... Un solo giro y cayó bajo las fauces de mi fiera. Ella, conmigo a su alcance. Matemática perfecta. Sus sexo a la altura de mi boca. El mío calado por su aliento. Sus manos abriéndome. Las mías, clavándose... ofrecidas y ofrenciéndose al placer de sabernos nuestras, de disfrutar de nuestros cuerpos. Gozar de la carne de hembra, del sabor a mujer... Empapándonos sin nombrarnos, gimiendo y maldiciendo mientras nos impregnábamos de la otra camino de ese clímax que nos llevara al más profundo de los abismos y elevarnos sobre él para entregar a la otra el fruto logrado: El éxtasis, y nos quedamos juntas, gozando de la serenidad, luego de ese huracán que había arrasado con nosotras y con nuestro lecho.


Tengo el enorme honor de poder compartir la creación de estas letras con mi queridísima Alma, una amiga con la que compartimos muchas cosas desde hace mucho tiempo. Hemos creado juntas un bonito mundo de amistad y grandes sentimientos que han aguantado frente a todas las tempestades del mundo. Algo que no es sencillo pero, juntas y fuertes, aquí seguimos. Juncos a merced del viento pero que no se rompen. Así son los pilares que sostienes esta bella amistad.
Y me es tremendamente grato, que nuestras letras de presentación hayan  coincido.
Alma, millones de gracias por tanto, por todo y por más.

Dos estilos diferentes, dos formas distintas de expresarnos pero un sentimiento común que hemos aunado con todo nuestro cariño y entusiasmo en este texto que espero, esperamos, disfrutéis tanto como nosotras a la hora de escribirlo.
Os invito a visitar su blog:
 donde podréis deleitaros con esta entrada, a su manera, y con todas aquellas otras que le salen desde el alma.

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El Sexto Mandamiento...

Este blog puede ser un atentado contra el Sexto Mandamiento, aquel que nos han inculcado en la tarea de no cometer actos impuros, es decir, aquello que es diferente del disfrute, en este caso, de la carne sin obviar el respeto por nuestra mente y por nuestro cuerpo. Aquí vengo a reflejar la fantasía o la realidad de una mente, de un cuerpo y de un alma que no se reprimen.

Soy condescendiente en pensamientos, deseos, caricias íntimas y entregas del cuerpo, y lo que es más importante, del alma a algo llamado Pecado. Una religión confesa de la que muchos reniegan pero que nadie es ajeno. Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección.

Dicen que el mayor de los Pecados es la Lujuria, el origen de todos los demás. De pensamiento, palabra u obra, y un ansia desmedida por la satisfacción sexual más allá de la carne, del placer por el placer, del Deseo de Entrega, de la capacidad de Ser…

Y ahora que ya lo sabes, eres digno o digna de pecar porque se te otorgó la capacidad del Libre Albedrío, el que llevó a los demonios a huir de un paraíso donde eran sometidos, el que llevó a los ángeles a revelarse y el que llevó al Hombre al Placer.
Amén.

El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

Si piensas seguirme... Quédate y confirma que eres parte del Pecado. Mi Tacto te lo agradece.