Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Oblatio...


Mi Señor,
son en Tu Cruz mis velos,
desaojados de hastíos yermos
y de mis manos afloran espliegos trenzados
que aroman Tu verbo.

Crucificadas nuestras carnes
sutil la llama que desangra
este deseo (in)surgente contenido
en ánforas de nácar.
Pasión sacra de vicios insurrectos
que se desgrana
Virgen al tacto
inundando los acerbos de mi piel.
Y el baladre en mis costados
cose los estigmas que me laurean
y me consagran sepultura
para hacerme, de Tu Carne, refugio.

Lasciva la Savia que unge mi relente
cuando, latiente mi espíritu renace por Ella
siendo, yo, en cuerpo, rendición
y en alma, Esencia de Mi Señor.

Albaquía cada una de mis ofrendas
expiadas por la comunión de Tu Sangre
y en los grimorios de mis pliegues
alabado eres, Mi Señor,
Sustento de mi Pecado.

martes, 8 de septiembre de 2020

Elixir...


En Tu silencio…  me invade el susurro punzante de mi deseo. Una insinuación que rasga el arcano latido de mis abismos, miel efímera que bulle al borde de mis comisuras. Una provocación que alimenta la puridad de mi aliento versado en cada pensamiento que, impávido, no reniega del impulso de servir(se).

Hay sedas de aromas estridentes que acogen mi seno en Tus Manos y voltean mis ansias hirientes para ahinojarlas al servicio de Tu Voluntad. Crepito y maldigo. Mis palabras son cuchillas que henden Tus sentidos y celebran con anuencia de Tu impulso hecho néctar en mi néctar. 

Mi cuerpo reacciona y pule el manto de mi piel que se erige como puntas de pino sobre un bosque húmedo y, mis dedos son cinceles que tallan filigranas sobre mis costuras incitando al recorrido de Tu pluma. 
Aedo épico de letras eróticas que mojan y enervan, que sacuden y gimen…, adentrándoTe en mis claroscuros, donde emanan, sin quebrar, los vientos que Te elevan y, al tiempo, inevitablemente, Te hunden siendo yo la tierra hambrienta y sedienta de (Tu) agua, de Tus colores, de Tus pinceladas…, de la erosión de Tus arados en mis campos, abonanzando la ventura de postrera cosecha donde los alientos se postran mientras el deseo se cruza ardiente entre los valles de nuestra carne.


Y nuestros latidos, emergentes como espuma hirviente, se condensan en el halo que nos envuelve. Fulgor de batallas laudatorias donde nos ensalzamos mártires y morimos armígeros. Fluyen, en tregua huidiza, Elixires de Pecado, de Vida suprema que expiran en nuestras bocas y se rinden, clementes, al destino innato de morir.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Febriles...

Cada latido de tu mano es un golpe de látigo que me retuerce. Tus embates, la osada voluntad que profana el aguacero de mis entrañas. Sin conocer mesura, dibujas círculos, trazas rectas de entrada y salida y pintas acuarelas con las yemas de los dedos, perfilando con las falanges, espátulas traviesas que bailan al compás de la fricción. Sinfonía sádica de tu carne inyectada en mi, queriendo hacerte saliva entre mis labios: Saliva blanca en agua cristalina. 

Delineas presiones sobre mis montes. Tumultos de latidos erizados que se desollan desde mis poros. Y ses tu brea, relicario que preña gemidos aullantes en mi boca, exhalando veneno que derramo como cura.
Me rizo como serpiente atrapada por la boca, maldiciendo tus silencios y el tañido de tu miembro predicando entre mis pliegues.
Más gimo. Más muerdes.
Más convulsiono. Más te eriges.
La carne, tributo de la carne.
La saliva, esencia que moja la piel y es mistura de exudos acompasados y cerriles en este canto de rugidos y quejidos agrestes que se hacen milagro en un vuelo de simientes.


Locos, ebrios, soberbios y tiranos... Nos quebramos el alma, nos arrancamos la piel a tiras y nos confabulamos en una lid febril.  Nos enzarzamos como hienas hambrientas que devoran sin cordura,  por instinto avaricioso, movidos solo por el ebúrneo deseo de llenarnos, de descarnarnos como dos infieles sacrificados.

Nos movemos poseídos en los acordes de una danza excelsa desde el agarre de tus manos sobre mis caderas, como quilla en mar bravío aproándome hacia ti, hasta el verbo callado de mi aliento sobre la testuz arrugada de la sábana, clavándote con la impronta de servirte de la altamar que se desangra entre mis piernas.

miércoles, 26 de agosto de 2020

El último sorbo...


... Y el fuego me prendió la piel. Sentí las llamas entre los cruces de mis piernas, bombardeando mis entrañas de forma punzante, subiendo esa sensación doliente y de hormigueo hasta las sienes. En el pecho brotaron chispas que irremediablemente me encendían de Ti. Mis pezones eran esquirlas de placer, tentación para mis dedos que, como pinzas, los laceraban y enervaban entre los gritos de mi piel.

Mi boca era un manantial de sutiles gemidos que se resbalaban entre mis labios —húmedos, secos— pendientes de la saliva que florecía en un juego la inminente sumersión. Cerré los ojos, ajena a Tu presencia al otro lado de la puerta, y me envolví en ese infinito de percepciones dejando que mis propios embates fluctuarán entre los pliegues de mi carne, deseando, hurgando, profanando... su silencio oblicuo. 

Me sobresalté al sentir Tu Mano sobre la mía, haciéndola a un lado y abiréndome Tú en cada vaivén, en esa danza de piel y jugo, apurando el fondo mientras Tu Sexo lubricaba la pasión, tan cerca de mis labios que la tentación de probarTe emergía poseyéndome.

No era fácil evadirse de ella, respirarTe en el hondo del sabor, paladearTe con la holgura desatada de mi boca. Caer era imprescindible y sentirTe dentro de ella, hollándola con firmeza, fue la comunión perfecta para el ritmo trepidante de Tus Dedos ungiendo mis centros, haciendo fuego de la sepultura, llama líquida que aviva y bendición del cuerpo sacro germinado de deseo y capricho, culminado de lujuria... Ahí, en el último sorbo donde todos los placeres se hacen reliquia.

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El Sexto Mandamiento...

Este blog puede ser un atentado contra el Sexto Mandamiento, aquel que nos han inculcado en la tarea de no cometer actos impuros, es decir, aquello que es diferente del disfrute, en este caso, de la carne sin obviar el respeto por nuestra mente y por nuestro cuerpo. Aquí vengo a reflejar la fantasía o la realidad de una mente, de un cuerpo y de un alma que no se reprimen.

Soy condescendiente en pensamientos, deseos, caricias íntimas y entregas del cuerpo, y lo que es más importante, del alma a algo llamado Pecado. Una religión confesa de la que muchos reniegan pero que nadie es ajeno. Lo que unos llaman Pecado, yo lo llamo Libertad de Elección.

Dicen que el mayor de los Pecados es la Lujuria, el origen de todos los demás. De pensamiento, palabra u obra, y un ansia desmedida por la satisfacción sexual más allá de la carne, del placer por el placer, del Deseo de Entrega, de la capacidad de Ser…

Y ahora que ya lo sabes, eres digno o digna de pecar porque se te otorgó la capacidad del Libre Albedrío, el que llevó a los demonios a huir de un paraíso donde eran sometidos, el que llevó a los ángeles a revelarse y el que llevó al Hombre al Placer.
Amén.

El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

Si piensas seguirme... Quédate y confirma que eres parte del Pecado. Mi Tacto te lo agradece.