Adormilada,
boca abajo, como cada amanecer, te siento a mi lado moverte, acercarte a mí…
Siento tu beso en mi hombro y tu mano en mi espalda, bajando despacio sobre la
tela que me cubre y bajo la que solo vive mi desnudez.
Atisbo
con los ojos cerrados el peso de tu mano entre la calidez de mis piernas,
buscando en su norte el rocío de la mañana y tus dedos, como pétalos sedientos,
se bañan de él, en esa humedad caliente que mana en suave gemido.
Dulce
oscuridad la que cubre tu paso, que se cierra en torno a ti antes de que bebas
de ella en ese beso compartido de tu boca y la mía.
Y es
así, como siento tu cuerpo sobre mi espalda, como una segunda piel, y el roce
de tu enclave limitado a mis estrecheces, humedeciéndose al hacerse camino.
Es mi
espalda la ladera por la que te enfilas, el cauce de tus manos hacia mi cuello,
hacia mi nuca donde, férreo domador, amarras mi melena y tiras de ella,
obligándo a erguirme, a gemir tu nombre en plegaria maldita.
El
chasquido de tu mano me pone en trote con las rodillas bien asentadas, con el
pecho empinado, mostrado y entregado al clamor de tu mano.
Libre
me cabalgas. Libre siento tus embates cuando amarrado a mis caderas mi pose se
convierte en oración al este y el tuyo proclama al cielo. Tu aliento quema mi
boca sabiéndome tuya…
Tuya
en cada envite.
Tuya…
Tuya…
Toma…
Cojo…
Tuya…
Tuya…
Y
cuando más tuya me haces, más Mío te sientes.
Mío…
Mío…
Mío…
Dame... Tomas...
Mío...
Mío...
Mío en
cada golpe, en cada derramamiento… Mío… Tuya...
Y es
mi sexo la flor que se abre a tu paso, canal fortificado de deseo, de la
lujuria desvestida.
Último
alarido. Último grito. Último aliento
bañado en tus tibias esencias, blancas e impolutas, que se resbalan sobre el
canal que deriva en el centro de mi cruz, en tanto tú eres honrado con la
bendición de mis aguas, las que purifican lo desvirgado, lo sacralizado en ese
último verbo que somos tú y yo en este Divino Pecado de sernos y pertenecernos.
Y es tu cuerpo volviendo a descansar sobre mí, rendido, abatido... Resurgido y resucitado mientras yo bebo todavía las mieles de esta pasión .