De mil demonios calumniada,
palabra negada de herejes,
me brindo a Ti,
velada por los Pecados incumplidos.
Preñame de todas esas sensaciones que la piel erizan,
la del Alma,
no la de la carne...
(el tiempo borra sus huellas).
Hazme, con tus yemas,
esos senderos que irradian suspiros,
que germinan desde el fondo de la garganta
como diablos beatificados desde el más profundo averno.
Sé Tú,
el Dios glorificado que devora en el quicio de su boca,
los ángeles caídos que me llaman
Magdalena,
y prende llama a los arcángeles oscuros con Tu Báculo.
Bendíceme y derrama en mí
Tu Verdad.
Y, acendrada en Ti,
seré Magdalena Acrisolada...






