Si el placer es Pecado, yo vivo en la Gloria del Infierno.

Pecado es todo aquello prohibidamente placentero:

El Tacto del Pecado

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Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

martes, 27 de marzo de 2018

Soga...


Se arrancan los suspiros 
que en tu nombre rugen 
cuando en mi carne arremetes 
como clavos de martirio.

Soy la encrucijada de tus brazos, 
 el lascivo ósculo de tus labios compulsivos
que de sangre alimenta tus latidos.

Inclusa en el abismo níveo. 
Capricho desmedido de tu mente,
del juego creciente desde tus cerriles instintos.

Soy tus llagas,
la soga de la que pendes;
el llanto que bebe tu boca.
el aliento que vive en tu último gemido.

Tu último recurso.

El arrebato de tu sangre.
Tu mejor lamento.



domingo, 18 de marzo de 2018

Rendición...

de mis ángeles ante tus demonios


Me viene el estallido de tu boca a romperme las salivas, a estrellarse de indecencia profanando mis canales. Ni mis dientes pueden frenar la fuerza con la que me atrapas en la enredadera de tu lengua. Ni escaparme puedo de los látigos de tus brazos que me escoran y me asaltan. Y tus manos, ¿qué digo de tus manos si parecen bestias hambrientas de mi carne y sedientas de mi aguas? Y tus dedos... arpones atravesando mi piel, deshaciéndome en lamentos de placer, donde ya no tengo más aire que tu aire, ni más mirada que el abismo del deseo rescatado de tu cuerpo. 

Y en esta batalla, donde todos tus demonios la toman con mis ángeles, los vapulean, los humillan y se ríen de ellos quemándoles las alas y abriéndolos en canal, dejando al descubierto la vulnerabilidad de su dios..., te impones legión sin medidas ni reservas, sin contemplaciones. 

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Tan salvaje es tu osadía que ni clemencia me otorgas, y me llenas de la sangre blanca que borbotea de tus entrañas como huestes resurgentes en mi boca, desbocadas en perfecta dicotomía: O dentro o fuera… Pero nada queda al derroche y tus dedos se afanan, con ímpetu delincuente, a usurpar la capa de mi piel donde se delatan… Y aún así, en un último escarceo, tus demonios y tu sangre, mis babas y tus dedos, (de nuevo tus dedos) y la constante agonía de mi lengua partida por mi aliento se abocan al infinito de mi cuello donde reverberan... mi hambre y tu exceso, mis efluvios, atragantados e imprecados, y la soberbia consentida y oportuna de tu desafío...


domingo, 11 de marzo de 2018

En Tus Manos, al antojo de Tu Voluntad (II)...

Sed 



Su respiración sonaba ronca, acompasada con la mía, entretanto Le sentía detrás de mí, acariciando mis costados, buscando mis manos, elevándolas por encima de mi cabeza, mientras Su Pierna separa la mía en la distancia precisa y yo, en el deseo de un aparente orgullo, apretaba mis entrañas para evitar que el jugo de mis ganas me delatara en demasía. 

- Dime qué quieres que te haga… (¡Y condenado el nombre que pronuncias que me enerva la sangre!)… 
- Aquello que desee… 
- Te voy a follar hasta que caigas de rodillas, hasta que te mees de gusto… y luego me darás las gracias como tan bien sabes… (Y odiado el nombre que no deseo). 

Me giró con la determinación que Le caracteriza. Mi mirada se tuvo que elevar para alcanzar La Suya mientras Su Mano seguía atrapando mis muñecas y Su Cuerpo se apoyaba en el mío, mientras sentía la otra recrearse en los arrecifes de mi boca, con Sus Falanges acariciado mi silencio, siguiendo por el resto de mi piel, arreciando el gesto ahí donde se erigía altiva y arrogante. Sus Yemas se convirtieron en una mordaza que sujetaba y presionaba, y mi lengua… mi lengua era un abanico en nervio queriendo devorar la de Él. Sus labios, dos cítoras ungiendo el deseo y el aire, proclamando la necesidad de bebernos…


Mi cuerpo se fue convirtiendo en una entrega al límite, erguido sobre Su Boca. Crucificado en Su pasión. Mis labios gemían agua bendita y se encauzaba hacia el final de Su Garganta. Cogía Su Pelo como si atraparlo entre mis manos fuera la salvación para Él. El Dios se volvía hombre mortal, anclado entre mis piernas, profanando mi carne, mi humedad, con Sus Dedos y Su Lengua, con el arsenal de Su lujuria pendiente de mí. Y yo, pendiente de que su orden fuera cumplida, que no me convirtiera en el manantial salvaje, incontrolado y dulce que brotara entre los pliegues de mis labios enrojecidos, no solo por el apetito colmado, sino por el roce regio de su barba canalla, de sus pulgaradas y de esos golpes de timbal serenos. 



- Aún no… 

Aún no…” Eso siempre resulta una pequeña tortura. Centrar todos mis sentidos en ello mientras desean ir como caballos salvajes, desbocados y libres… Se detuvo y atrapó mis labios con toda su mano, como si fueran una pequeña sutura que con una grapa dejara de gotear. 

- Quiero que me hagas una lista de cinco nombres. De entre ellos, elegiré el que te corresponderá. También he de complacerte. 
- No es necesaria una lista, Mi Señor. Quiero mi nombre. Ese es el que me define. 

Tal cual lo pronunció, antes de que pudiera darme cuenta de ello, me vi abocada sobre la mesa, con las manos sobre el final de la espalda, inmovilizadas con fuerza, con mis pechos presionados contra el tablero, con las piernas atrapadas en el nudo de mis bragas y sintiendo el embate de su carne, atravesándome, hundiéndose hasta el fondo de las entrañas, permaneciendo ahí como quien desea echar raíces y, a continuación, someterme a un maremágnum de sensaciones, de gemidos y jadeos condescendientes para con Él. Me llevaba a ese estado de locura donde la luz se hace oscuridad y viceversa. Controlaba mi respiración como si estuviera aprovechando cualquier momento de debilidad. Tan pronto, profunda. Tan pronto, agitada. Nunca liviana. A Su antojo, logrando que mi cuerpo temblase y necesitase aquellas acometidas como aire para respirar… hasta que sin control alguno, con el sudor ondeando sobre mi piel, embebida en el sin sentido, entregada en cuerpo, alma y mente, sintiéndome una mera coima empotrada en cualquier portal, me hice a Él, inundándoLo de mí, dejando, como deseaba, que el placer fuera tan egregio que fui zumo entre mis piernas, encastrada por Él tantas veces como letras tiene el infinito de mi nombre en Su Boca. 

Congestionado en el aroma de hembra, en la esencia de quien desea, berreó el suspiro que exhalaba el placer supremo de perderse entre mi carne, de mezclar su derroche en el ansia de mis pliegues. Salvaje, con el instinto consumado en quien posee, y envuelto en aquel convulso espasmo, me regaló su alma vestida de blanco puro y el beso en mis pulsos con el roce de su último aliento…



martes, 6 de marzo de 2018

En Tus Manos, al antojo de Tu Voluntad (I)...

Origami


Como si fuera una colegiala de antaño y Él, el Maestro, me señaló la pared donde debía permanecer mirando a mi infinito. Mis manos reposaban como mariposas de origami al final de mi espalda, bajo la ensenada de mis glúteos, prendidas en un gesto dócil y pausado mientras mi cabeza descansaba apoyada en la pared como si orara a un dios de Oriente… y medimos nuestros tiempos, que coinciden entre estas cuatro paredes tan desnudas como yo, bajo el tic-tac de los cubitos de hielo que bailaban en el coñac que saboreaba mientras Se ensalzaba en el deleite de observarme.


El silencio es ese acompañante que juega a poner al límite los sentidos, las sensaciones y el instinto. Me llamó…, por ese nombre que no me gusta y bien lo sabe. Tanto que está seguro de que no voy a moverme. Lo eligió para mí pero no aceptaré lo que no me gusta. Y ese nombre no me identifica por más que Se empeñe en argumentarme que sí. Sé que, al final, dejará que decida sobre “mi otro nombre”. Y ese no será otro nada más que el Mío. Ese que se Le escapa entre los labios, el que Le hace Dios mortal, el que se enreda en Sus pensamientos más allá de las paredes de juegos, de los artilugios de placer, de los designios incoados.

Puedo oírLe mover en la silla. Tomar otra posición. Escuché el sonido de los hielos nuevamente y cómo la copa era posada sobre la mesa. 


Me esperaba la llamada al orden y la consiguiente corrección que reparase mi actitud. Pero hay de ser paciente. 
Los pasos que nos separaban eran solo la antesala de lo que me sucedería de Su Mano. Sentía Su respiración en mi nuca y el tacto de Sus Manos colocando las mías paralelas a mis caderas. Respiré hondo. Exhalé el último aliento coincidiendo con el principio de Su gesto. Me estremecí entera al sentir la palma de Su Mano en una de mis nalgas. No hice mueca alguna, y esperé el siguiente… Lo sustituyó por una caricia en el mismo lugar del impacto y por un recorrer de Sus Dedos por el centro de mi espalda, desde la nuca hasta el final… Y volvieron a chocar Su Piel y la mía… Y el ritual se repetía como en un bucle de finitos. 

- Debería castigarte por tu insolencia, por esta actitud tuya… Es lo que mereces pero esta rebeldía tuya es lo que me enciende, lo que me pone… ¿Por qué me desafías? ¿Por qué me provocas? –inquirió mientras tiraba de mi pelo obligándome a retirar la cabeza hacia atrás. 

Y Su pregunta se quedaba en el aire. Mi respuesta se hizo esperar. Mido mis tiempos. Sí, Le reto, porque quiero y porque puedo, porque es una de mis armas, porque Le conozco mejor de los que Él desearía, porque bajo ese traje a medida, bajo esa camisa de marca, bajo esa piel… hay alma y corazón… y esos los controlo yo. Le desarbolo aunque Él sea quien doma, quien guía, quien me enseña a sacar de mí lo que podía intuir, lo que no sabía que existía en mi interior pero… todo muro tiene sus grietas, su punto flaco por el que ser atravesado… Y por ahí me cuelo, dejándoLe tan desnudo que Se enorgullece de ese poder que Le concedo y que, al tiempo, nos hace crecer. 

Y es que Él sabe que conmigo no funcionan ciertas cosas, que hay que aplicar inteligencia, conexión mental, química…, dar valor al extremo de mi sensibilidad y saber dirigir ese toque borde que le define. 

- No hagas que me enfade… 

Y volvió a mencionar ese nombre maldito. Tantas veces como impactos en mis nalgas, tantas veces a mí oído como pasos daban Sus Dedos entre ellas, buscando la prueba de que Sus actos tenían consecuencias más allá del sonrojo de mi piel y de la profundidad de mis silencios.


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El Beso del Pecado

El Beso del Pecado
La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.