Quod si vivere in delectatione est Peccātum gloria est infernum.

El Tacto del Pecado

He aquí el Pecado, enarbolado en el Ser y en el Sentir, encumbrado en su gloria y en ella, sacralizado.


lunes, 28 de febrero de 2022

Excelsius...

Sedúceme y búscame...
hasta que mi más pequeño pensamiento no calle de Ti,
hasta que el último poro de mi piel clame Tu Nombre
y se desgarre suplicando una penúltima caricia
porque mi desvelo es jaculatoria y plegaria de Tu Hecho.

Hazme gritar, renegar e implorar al mismo tiempo,
cuando Tus Manos me eleven en éxtasis 
y resbalen mis esencias en el cruce de Tus Dedos...
avivando el fuego que se consume entre mis costuras,
tañendo suspiros que gimen ante Tu Boca vientos de tempestad profunda, 
mares de lluvia derramada en los confines de mi existencia, 
como el algoritmo infinito que se brinda en perfecta armonía de Entrega. 
Mi carne ante Tu carne.
Mi Alma ante Tu Alma.

Haz que enloquezca,
que escupa todas las maldiciones en Ti,
que arañe, rompa... en jirones Tu Vestidura
cuando en mí Te hagas.

Hazlo
 y seré lo que Tú deseas que sea...
porque yo sé quién quiero ser...
—a Tus Pies—
La libertad de mis cadenas, 
la sensación trémula de mi piel y mi aliento, 
sostenido en un arrebato callado desde mi boca,
al Verbo blanco de Tu excelsa Perversión.


sábado, 5 de febrero de 2022

Canallas...

La conversación deja de ser lo importante y las miradas pasan de insinuantes a canallas. El mundo deja de existir al insistir tu mano por debajo de mi falda, arrancándome algún improperio que se disimula bajo la picardía de mi media sonrisa y la tenue luz hace más enigmáticos tus susurros. Para entonces, ya estoy perdida, más aún cuando tu lengua roza mi cuello como si me chuparas la sangre, anticipándose a un beso a boca abierta de esos que profanan hasta el cielo.
Y entonces, en la locura del morboso momento, tus dedos se convierten en un falso Moisés reclamando mi atención entre las piernas, sin vergüenza alguna, desatando esas ganas de follarnos, sabiendo que la tortura se alargará hasta el último de nuestros alientos, la que me hará reclamarte y pedirte... y tú regocijarás en todo ello.

Las miradas ajenas encienden la sangre y los pulsos. Las palpitaciones van más allá del pecho y las tentaciones, estudiadas en mis labios con la yema de tus dedos, mojados de nosotros, musitan silencios que se agarran a la fuerza contenida de los gemidos. 
Tu frente pegada a la mía. 
Las bocas, a un suspiro cortado. 
Provocas mí esa sensación de fuego, el que ya se aviva entre tus caderas y se lanza sobre mi piel. Y logro vislumbrar tu mirada de lobo hambriento y sediento...  con mirada de cordero degollado y ojos encendidos. Te delata y me enreda esa sonrisa granuja que atiza en mi boca justo antes de morderme, marcando territorio. Entonces, entre dientes, sin separar del todo tus labios de los míos, eres capaz de decirme: «Cielo, prepárate para ser la diosa de mi infierno...». Solo me queda respirar hondo y empezar a arder como una tea mientras mis grietas hacen agua, mis pensamientos dejan de existir y la respiración se hace bandera perdida. 

Y acabamos en la noche, al amparo de las sombras, como los gatos callejeros, descubriéndonos en este encuentro de centros desequilibrados donde mi mirada se vuelve albina hacia las estrellas y la tuya se pierde en la oscuridad de mi horizonte enhiesto.



La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.

La táctica del Pecado es enredarse hasta hacerte sucumbir.
Llegar al final tiene su interés. Puedes sorprenderte con sus pasos.