Sedúceme y búscame...
hasta que mi más pequeño pensamiento no calle de Ti,
hasta que el último poro de mi piel clame Tu Nombre
y se desgarre suplicando una penúltima caricia
porque mi desvelo es jaculatoria y plegaria de Tu Hecho.
Hazme gritar, renegar e implorar al mismo tiempo,
cuando Tus Manos me eleven en éxtasis
y resbalen mis esencias en el cruce de Tus Dedos...
avivando el fuego que se consume entre mis costuras,
tañendo suspiros que gimen ante Tu Boca vientos de tempestad profunda,
mares de lluvia derramada en los confines de mi existencia,
como el algoritmo infinito que se brinda en perfecta armonía de Entrega.
Mi carne ante Tu carne.
Mi Alma ante Tu Alma.
Haz que enloquezca,
que escupa todas las maldiciones en Ti,
que arañe, rompa... en jirones Tu Vestidura
cuando en mí Te hagas.
Hazlo
y seré lo que Tú deseas que sea...
porque yo sé quién quiero ser...
—a Tus Pies—
La libertad de mis cadenas,
la sensación trémula de mi piel y mi aliento,
sostenido en un arrebato callado desde mi boca,
al Verbo blanco de Tu excelsa Perversión.