Declama siendo perfil en los aromas de sus aristas,
en los vórtices que
no yerran
y que cruzan las
yemas de sus falanges.
Me sentí hiedra
enroscada en los pilares de sus peanas,
en las cruces de los
horizontes de sus cardinales.
Ignota de Ofitas
deslizándome entre
los cálices de sus labios.
Compartí sus verbos en hálitos alabados
de esta lujuria desmedida
de carne eterna.
Sacro Ofidio,
libérame, los pies de su lábaro,
libérame, los pies de su lábaro,
de estas ligaduras,
encintadas sogas de
sauces,
que me desnervan estas
ansias
desmembradas de piel
salina.
Sierpe sacra de
profeta.
Maldecida por
impuros.
Predicada por
herejes.
Silente bífida de
Pecado
enclavada en mis entrañas,
encastrada en sus pupilas,
arremetida de
lascivia,
preñada de deseo…
Grial de redención.




