Quiero arrodillarme,
en adoración,
que me cierres los ojos
y tomar con mi boca
la obscenidad nívea y coronada que escapa,
la que marca el compás de mi sangre en devoción de
Hembra.
Esa que es Tu necesidad, consuelo y maternidad,
la que pinta de luna noches de lujuria...
y enarena de amaneceres rojos la tibieza de la
piel.
Quiero honrarTe y enaltecerTe,
en la benevolencia de mis gestos
y en la comunión de nuestros anhelos,
el culmen de este sagrado acto de la veneración:
Unción de tu carne prendida en la mía.
Crisma de pleno derecho sobre el cauce de mi alma,
sobre las llagas de fuego que enervan la piel
y enarbolan esta bandera de Sentimiento;
encumbrado desde las preces de Tus Pies
donde miro al Cielo de Mi Señor
y encuentro la razón de mi Destino y
la Dilección,
Amor honesto y respetuoso,
de Mi Maestro.




