Me hago templo colmado de letanías,
esclava de anhelos de carmesí deshielo
y, en el sigilo oculto de un aliento,
te reviento esas ganas de Hembra,
derrumbándote...
mientras gimes un nombre que no comprendes.
Ardo sobre las brasas que evocan tu boca
y danzo entre tus dedos.
Callada.
Réptil.
Desprendiéndome de mis glorias para sucumbir ante Mi Pecado,
ensartada en espada líquida que desvirga mi ansia nueva.
No me vence el suspiro pero me agita el callado sepulcro de tu voz.
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